La Provincia
Lunes 31 de Agosto de 2015

Los avances tecnológicos exigen nuevas políticas públicas y más profesionales calificados

La investigadora del Conicet Susana Finquelievich habló de la reducción de la brecha digital en el país, de los déficits en calidad educativa y de los desafíos. Dijo que ser “ciudades inteligentes” es atender las demandas de los ciudadanos  

Daniel Caraffini/ De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar

Esta semana comenzó en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), un curso de posgrado denominado Políticas Públicas en Educación para la Sociedad del Conocimiento. Una de las docentes a cargo es la doctora Susana Finquelievich, investigadora principal del Conicet e integrante de distintos institutos de investigación en la Universidad de Buenos Aires y en la UNER.
Especialista en educación, en nuevas tecnologías, arquitecta, socióloga urbana, reflexionó sobre los avances tecnológicos en la sociedad, a la que se conceptualiza como “sociedad del conocimiento”.
En la entrevista con UNO trazó la magnitud de la importancia del conocimiento y la información al citar que las exportaciones basadas en conocimientos ocuparon el tercer lugar en el país, detrás de la soja y los automóviles. Habló de la reducción de la brecha digital, del éxito del programa Conectar Igualdad, pero marcó las deficiencias del sistema educativo actual en la formación. Y también dijo que faltan profesionales para la nueva época que vivimos y que es baja la matrícula universitaria.
Avanzó sobre el concepto “ciudad inteligente”, y tras cuestionar ese modelo impuesto por consultoras europeas, sentenció: “No es la tecnología, sino el manejo de sus recursos financieros, tecnológicos también, y de sus recursos naturales que va consumiendo, y las necesidades de los ciudadanos, lo que las hace inteligentes”.
—Está a cargo del posgrado Políticas públicas en educación, en la sociedad del conocimiento. Se trata de nuevos desafíos que la educación debe afrontar frente a las demandas y exigencias de la nueva sociedad que vivimos, marcada por los avances tecnológicos.
—Es una instancia para abordar los elementos a considerar cuando se quieren evaluar este tipo de políticas. Se trata de saber bien qué es la sociedad del conocimiento, en qué contextos se desarrollan estas políticas de educación, y luego los elementos a tener en cuenta para esta generación y evaluación de políticas, teniendo en cuenta el desarrollo de la economía del conocimiento, en la cual el conocimiento y la información son insumos de creciente importancia. Hay que tener en cuenta que por ejemplo, en Argentina, en 2014, la suma de exportaciones basadas en servicios de conocimientos ocuparon el tercer lugar después de la soja y los automóviles y autopartes, por encima de los cereales que siempre habían sido un factor estrella de las exportaciones. Por servicios basados en conocimientos hablo de servicios contables, programas de información, software, arquitectura, diseño, todos servicios intangibles. Entonces estamos sumergidos en esta economía del conocimiento; esta economía necesita cada vez más profesionales calificados en la economía del conocimiento, sobre todo más ingenieros, programadores, técnicos y diseñadores, y las universidades no los están produciendo con la suficiente rapidez. Por lo tanto puede considerarse que en este momento hay una carrera entre empresas y universidades en la sociedad del conocimiento. Y las universidades y la educación deben ponerse al día en esto.
—¿Por qué las universidades no están produciendo esos nuevos recursos humanos calificados?
—No están entrando suficientes estudiantes, sobre todos mujeres, a pesar de que se han dado muchas becas. Los estudiantes argentinos tienen muy mala formación en Matemáticas, eso hace que tengan miedo a las ingenierías y programaciones. En segundo lugar, te diría que la educación en argentina, en comparación con otros países del mundo, los programas educativos son muy largos. O sea que una persona termina acá una licenciatura o ingeniería con un nivel que en Europa sería de Master. En Europa tenés dos o tres años para una carrera, y luego seguís la especialización, pero con el título habilitante ya podés trabajar. Acá tardamos cinco o seis años. Entonces estamos en desventaja.

—Eso quiere decir que deberían acortarse las carreras?
—Probablemente. Que deben acortarse teniendo en cuenta que luego viene una especialización necesaria. Esto no significa que todas las carreras van a estar basadas en la técnica o tecnología, y que se pierdan factores más humanos, artes, lógica de razonamientos, materias vinculadas con historia y cultura general. Pero el hecho es que en este momento la educación debe ponerse al día con un montón de cosas, es necesario. Hay políticas públicas a nivel nacional como el Plan Nacional Argentina 2020, que trata de asociar a empresas y universidades, pero también es posible propiciar políticas públicas a nivel provincial y municipal.
—Volviendo al acceso de estudiantes a la universidad, además de las consideraciones sobre la formación, ¿hay una baja matrícula?
—Sí, aunque muchas empresas dan becas a estudiantes, digamos también que a veces no se alcanzan a cubrir las cuotas. Sin embargo fijate que el sector de servicios basados en el conocimiento, en esto incluye ingenierías, diseño, servicios contables, arquitectura y demás, dio trabajo en 2014 a 120.000 personas declaradas ante la AFIP, y se espera que en pocos años llegue a 150.000 siempre declaradas en blanco. Es un nicho muy importante para elegir carrera y actualizar. Entonces también debe haber políticas que alienten esto.
—Ello requiere que desde chicos se vayan adquiriendo determinadas prácticas de conocimientos. Por ejemplo la inclusión digital. ¿Qué balance se puede hacer sobre Conectar Igualdad?
—El programa Conectar Igualdad ha sido uno de los programas más importantes que se ha hecho en Educación en Argentina. Fue una revolución en educación, sobre todo en lo que se llama la E-Educación. Ya se han distribuido unos 4 millones de computadoras, se superaron largamente las 3 millones previstas inicialmente, y lo importante es que se redujo la brecha digital, no solo por el acceso de los chicos a las computadoras, sino que esas computadoras, como se la llevan a la casa, también las familias acceden a ello y se apropian y aprenden a usarla. O sea que ha sido un efecto viral. No mejoró por el momento la calidad de la educación, pero sí para acortar mucho la brecha digital.

—En términos comparativos, ¿cómo está el país respecto de otros en materia de accesibilidad a las nuevas tecnologías?
—Está muy bien ubicado. Argentina, según la última cifra que he leído, está en el 67% de penetración de Internet en los hogares. Antes se hablaba mucho de la brecha digital y se ha reducido mucho en los últimos años en todo el mundo. Es como un proceso, en que los gobiernos y las empresas están interesados en reducir la brecha digital y tener ciudadanos preparados en las habilidades de la sociedad del conocimiento, no solo como recursos humanos para las empresas en el presente y futuro, sino como ciudadanos participativos y consumidores que consuman en la sociedad del conocimiento. Hay un interés general en reducir esa brecha. Argentina es uno de los países con más alta penetración de Internet en los hogares, en el universo de los países latinoamericanos.
—¿Está solo Conectar Igualdad o hay otros programas?
—Hay otras medidas que no necesariamente acompañan. Hay provincias y ciudades que establecieron sus propios programas. Por ejemplo la provincia de San Luis, antes de Conectar Igualdad había distribuido computadoras a todos los chicos de escuela Primaria, y había preparado docentes para esto. Tienen un programa bastante innovador que son las escuelas públicas digitales. También San Juan tiene un plan de distribución de computadoras y preparación de alumnos y docentes, denominado Joaquín V. González. En Ciudad de Buenos Aires hay un programa similar, el Sarmiento. Pero también hay ciudades de provincias, como Junín, donde fue el intendente que promovió e hizo financiar entregas de computadoras incluso en escuelas especiales: estuve visitando escuelas con niños con problemas físicos o mentales y podían aprender con estas tecnologías y por intermedio de docentes especializadas.

—Hay una necesidad de mayor compromiso de los padres, ¿pero las escuelas están con herramientas a su alcance para estos cambios?
—Las escuelas están teniendo cada vez más herramientas. Por supuesto que hay escuelas en pueblos pequeños o ciudades remotas que no, o les falta conectividad. El plan Argentina Conectada que le tenía que dar conectividad a todas las escuelas todavía no les da a todas, falta, pero eso no quiere decir que va a faltar toda la vida. Y se está acortando también la brecha del conocimiento.
Pero volviendo al hogar, tiene que ver mucho, y su inserción social: si vos tenés un chico de clase media con computadora y un chico de una villa con una computadora, el uso probablemente sea diferente, porque la clase de estímulos intelectuales sea diferente. Eso tiene la escuela que compensar; probablemente, los padres de los chicos de la villa no estén tan educados como los de la clase media, y no hagan los mismos estímulos. Eso también tiene que ser considerado en la educación.
—Debería asumirse el cambio desde los chicos, desde más pequeños, que ya nacen con las nuevas tecnologías. ¿Cómo estamos en la incorporación de esos conocimientos desde el nivel Inicial?
—No estamos bien. El terreno de la educación es de los más lentos y conservadores. Es reacio a aceptar innovaciones; los docentes han presentado muchas resistencias también porque todo esto significa un esfuerzo extra, aprendizaje extra; lo que pasa es que lo chicos demandan a los maestros estas cosas. En San Luis se enseña a los chicos a jugar ajedrez desde el jardín, por la lógica, hay competencias y se ha estimulado mucho. La lógica es un paso fundamental para que no le tengas miedo a la Matemática. Pero también la educación empieza desde que los chicos aprenden a leer. Lo malo que tenemos en Argentina es que los chicos no saben leer aún cuando entran en el Secundario; leen mal, con dificultades, no están acostumbrados. Eso no es culpa de la tecnología, es culpa de los padres, de los maestros, de falta de modelos que los hagan interesarse por otras cosas. ‘Ah, los chicos no leen porque están con la tablet’. No, viene de mucho antes que la tablet.

Ciudades inteligentes, no necesariamente hipertecnológicas
—Usted además es arquitecta y especialista en urbanismo. Se habla de ciudades digitales en los últimos años: ¿adónde deberán apuntar las ciudades para adaptarse a esta sociedad del conocimiento?
—Las ciudades se pueden transformar en educadoras, que provean museos interactivos, parques interactivos, que provean elementos para la educación de la gente. Un ejemplo es Tecnópolis en Buenos Aires, que es un elemento educador para una cantidad de gente, mucha de bajos ingresos y que no tendría posibilidad de ver esas cosas que ve en otros lados, sin pagar. Estaba pensando en Medellín, el Parque Explora, que se construyó de acuerdo con vecinos de una villa miseria, que fueron relocalizados cerca, y se construyó un parque científico y tecnológico, un poco del estilo de Tecnópolis pero más en edificios: allí la gente puede interactuar con programas distintos, como ver el universo y los astros que circulan alrededor tuyo; interactuar con robots. Se llevó el metro hacia esa zona que era marginal. Los vecinos del barrio tienen entrada gratuita, y van. Es bastante interesante.
También en Medellín está el Parque de los pies descalzos. Es un lugar en el que te tenés que sacar los zapatos y está sembrado con hierbas y plantas de distintos lugares de Colombia. Entonces vos tenés que sentir en la planta de los pies, leer eso con la planta de los pies, y terminás sumergiendo tus pies en una especie de agua termal colombiana. Eso es también un ejemplo de parque educativo.
Pero hay otros elementos para que una ciudad sea educadora, de distintas formas. Como la facilitación de cuestiones de educación permanente: actualmente la educación es toda la vida; no es como antes, que aprendíamos una carrera, terminábamos a los 25 años los que teníamos la suerte de ir a la universidad y esa carrera la íbamos a seguir toda la vida. Ahora ya no es así; sabemos que vamos a cambiar muchas veces de saberes, tener que aprender nuevas cosas, nuevos trabajos. Es una vida que tiene mucho más incertidumbre que la anterior, pero justamente una parte de la educación debe adaptarse positivamente a esa incertidumbre.
—El concepto moderno en las comunidades es plantearse en términos de ciudades inteligentes.
—Se habla mucho de las ciudades inteligentes. Yo las miro con un poco de escepticismo, porque pasa que así como antes ciudades europeas te vendían planes estratégicos con llaves en mano, sin importar el contexto, ahora muchas consultoras europeas sobre todo, están vendiendo planes para ciudades digitales, haciendo hincapié en que las ciudades inteligentes son aquellas totalmente provistas de tecnología. Para ser inteligente, una ciudad debe estar centrada en los ciudadanos, en la necesidad del medio ambiente también, pero no necesariamente debe volverse hipertecnológica. Las ciudades inteligentes no dependen de la tecnología, sino de atender las necesidades; no todas las ciudades necesitan lo mismo en tecnología. Probablemente Buenos Aires consuma más tecnología que Paraná o Concordia. No se tienen las mismas necesidades, aunque sí hay cosas que se pueden mejorar para la cuestión ciudadana, todo lo que es trámites, participación ciudadana en los presupuestos de la Municipalidad, el control que los ciudadanos puedan ejercer sobres sus gobiernos, una cantidad de servicios que les pueden ser útiles. O por ejemplo sistemas como el existente en la ciudad de Bahía Blanca, que tiene aplicaciones para que desde tu teléfono puedas ver dónde podés estacionar el auto y pagarlo desde el teléfono. Todas esas son aplicaciones que facilitan la vida cotidiana, pero que no hacen que una ciudad sea inteligente; no es la tecnología, sino su manejo de los recursos financieros, tecnológicos también y recursos naturales que va consumiendo, y las necesidades de los ciudadanos lo que las hace inteligentes.
 

Comentarios