A Fondo
Lunes 08 de Junio de 2015

Los argentinos son los huéspedes que más roban en los hoteles del mundo

Turismo y tendencias. Así lo revela un estudio entre cinco mil viajeros hecho por Hotels.com. Los argentinos lideran la tabla con el 73%, seguidos por Singapur.

Los huéspedes argentinos son los que más roban en los hoteles, según revela una encuesta de Hotels.com realizada entre cinco mil viajeros, El estudio determinó que los pasajeros argentinos son los más propensos a apropiarse de objetos pertenecientes a los hoteles donde se hospedan. Es decir, de robarlos.

El sondeo, que tuvo amplia difusión en medios tanto locales como internacionales, aclara que los resultados fueron obtenidos en base a la admisión de culpabilidad. O lo que es lo mismo, luego de que el 73% de los encuestados argentinos admitiese haberse llevado alguna vez cosas de las habitaciones de hotel, entre las que no se cuentan -sorprendentemente- las toallas. Ni tampoco las pantuflas o los amenities, todos cortesía del hotel.

Según el ranking, los turistas de Singapur (71%), España (70%), Alemania (68%), Irlanda (67%) y Rusia (59%) completan el top five. México está más cerca de la media (59%), seguido por Italia (57%), Japón (56%) y Estados Unidos (53%).

En el otro extremo de la tabla aparecen los colombianos, los menos propensos a llevarse cosas o a admitir tal robo (sólo el 31% ha reconocido hurtos en los hoteles), seguidos de Noruega, Corea del Sur, Hong Kong y Dinamarca.

Los británicos también están detrás en el ranking (20%), pero han admitido llevarse mucho más que el jabón o el champú: alfombras, espejos y hasta cortinas fueron algunos objetos declarados.

¿Qué es lo más robado? Las toallas no fueron incluidas en la lista porque, según responsables hoteleros, “todo el mundo se las roba”. Pero casos hay de todo tipo, en todos lados. De los más insólitos, Colin Bennett, ex gerente general del grupo Starwood, recuerda que una vez entró en el lobby del hotel y notó que faltaba algo, pero no podía darse cuenta de qué. Resulta que tres personas habían irrumpido en la recepción vestidos de operarios y retiraron el piano de cola por la puerta principal como si nada, para desaparecer hasta el día de hoy.

“Tuvimos que pegar las jaboneras a la mesada del baño porque se las llevaban”, reconoce una responsable de un hotel boutique en el barrio porteño de Palermo, donde todos los objetos son de diseño.

“También recuerdo un caso de un huésped que entró con una caja enorme y pesada en un hotel de lujo, en plena avenida 9 de Julio, en la ciudad de Buenos Aires -continúa-. Los empleados lo ayudaron a subirla a la habitación y también a bajarla, unos días después. Cuando se hizo la inspección de la habitación se había llevado el televisor y debajo de la cama había dejado una piedra pesadísima. Fue un robo totalmente premeditado”.

Un huésped del Sofitel Buenos Aires, años atrás, tampoco se anduvo con chiquitas. Según comenta el director de Operaciones, el cliente descolgó un cuadro y se lo llevó al cuarto. Las cámaras de circuito cerrado lo captaron, le golpearon la puerta y gentilmente le solicitaron su devolución. También cortesmente el hombre accedió y no hubo mayores problemas.

¿Pero qué pasa cuando el huésped se lleva algo y, al mismo tiempo, deja los datos de su tarjeta de crédito en recepción? ¿Se le cargan los gastos del retiro involuntario a su cuenta?

“No es tan fácil”, se sincera una ejecutiva del hotel Emperador, en el barrio porteño de Retiro. “Primero hay que contactar al huésped y preguntarle si se llevó tal o cual cosa, porque de lo contrario puede desconocer el gasto. Algunos dicen que sí, que por favor lo carguen a su tarjeta, y otros se hacen los sorprendidos o lo niegan”.

La responsable asegura que los libros con fotos de la Argentina, esos que claramente indican Property of the hotel, es el suvenir más extraído. “Un huésped incluso lo mandó de vuelta por Fedex, lo que le debe haber salido más caro que comprar el libro en sí. Y a veces, si el huésped es un cliente habitual de una empresa que también figura como cliente, lo dejamos pasar”, admite.
Además, también suele haber giros inesperados con la tarjeta. “Un hombre que se alojó durante varios días en nuestro hotel de Palermo -recuerda la responsable del hotel, el mismo donde encastraron las jaboneras junto a la bacha- dijo que tenía que ir en forma urgente a la farmacia justo en el momento en que estaba haciendo el check-out. Como seña dejó su valija, pero nunca más volvió. La valija estaba vacía (sólo se encontró un cepillo de dientes), había saqueado el minibar y resulta que la tarjeta era robada”.  También están los casos de las llamadas termitas. Es decir, señoras y señores de lo más emperifollados que se presentan a algún hotel 5 estrellas, oh casualidad, en los días en que suele haber un cóctel o degustación. Se comen absolutamente todo y desaparecen tan raudamente como llegaron.
“Una vez entro al baño en la mitad de un evento multitudinario, donde al Hyatt venía todo el barrio de la Recoleta”, agrega una ex responsable de prensa de ese hotel. “Había tres señoras muy paquetas que pegaron un salto cuando me vieron. Yo no registré bien por qué. El tema es que a las señoras las engancharon en la salida con cuatro copas de champán cada una en la cartera. ¡Estaban haciendo el famoso juego de copas!”.
La misma ejecutiva también recuerda otro caso más pesado en el Hyatt: “Una vez robaron una caja de seguridad. Literalmente. Entraron con una amoladora y se llevaron la caja dejando el hueco en la pared. Después vimos por las cámaras de seguridad de los ascensores a un señor bien vestido bajar con un bolsito de gimnasio normal, y a la hora bajar con el bolso gigante arrastrándolo”.

 

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