A Fondo
Sábado 29 de Agosto de 2015

Los amigos virtuales por sobre los reales


Javier Aragón/De la Redacción de UNO
jaragon@uno.com.ar


La historia del crimen de Josefina López en Concordia es terrible, angustiante y dolorosa por donde se la mire. No solo por el hecho en sí, sino también porque hay cuestiones para replantearse desde todo punto de vista. Juan Carlos Acuña por estas horas está preso en la Unidad Penal Nº 2 de Gualeguaychú, pero lo que me contó ayer en una entrevista la madre de corazón de Josefina, me dejó estupefacto.
¿Quieren saber cómo llegó El Víbora a Concordia? Muy sencillo, la tía de la víctima, Nelly Gómez, al igual que muchos, está enviciada con el uso de las redes sociales. Es así que se contactó con esta persona en Buenos Aires.
Siempre partiendo de los dichos de Rosa Blanco, Acuña se hizo pasar por una buena persona, con necesidades, y la mujer le creyó. Vino, ingresó a su casa y la enamoró. Por supuesto que escondió su pasado violento, lleno de condenas por abuso y maltrato. Con el bendito Face, ató a Josefina, la envolvió y de esa manera la asesinó de la peor manera.
Ahora pregunto, ¿por qué diablos la gente tiene necesidad de conocer a gente que no sabe si es verdad lo que le están contando, informando? 
Cuál es la acción que a las personas las lleva a “meterse” en las redes sociales, para no sé qué. Lo único que les importa es estar contactado con alguien de modo virtual.
Tomamos conciencia de la cantidad de hechos delictivos que vemos a diario en Paraná, la provincia, el país o el mundo por esta moda de estar en las redes sociales. Desde privaciones de la libertad, abusos, robos, asaltos y crímenes espeluznantes como el de Josefina. No es para tenerles miedo, es tomar los recaudos y bajar un poco la ansiedad virtual.
Una profesional de la psicología me decía días pasados: “Estamos muy mal como sociedad, porque estamos dando un preponderancia al uso de las redes sociales, no justamente para formarse, estudiar o entretenerse o comunicarse, sino como un pasatiempo, encerrándonos nosotros mismos y apartándonos del mundo que nos rodea”.
“Hay mucha gente que está en contacto con gente de otros países o provincias, y por esta acción muy llamativa, nos alejamos del mundo real y concreto que tenemos cerca nuestro”, añadió, e hizo una consulta y hasta un desafío: ¿cuántos de los que están en estos momentos en Twiter o Face saben a ciencia cierta quién es su vecino, qué hace, cómo se compone su familia, o bien cuáles son sus actividades? Claro, es mucho más fácil contarle a un desconocido qué ropa me pongo o qué perfumo uso a la noche.
En definitiva, decía esta profesional, tendríamos que emprender los contactos directos, normales y reales y dejar de lado tanta “onda virtual”, que en definitiva, desde el punto de vista de la seguridad, hoy se transforma en un verdadero inconveniente. Cuando el problema se hace realidad muchas veces es tarde para arrepentirnos.
El debate está abierto y son más que entendibles los defensores de estas nuevas formas de comunicación. Lo único que se pide es tener cautela, cuidado y mayor precaución.

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