La Provincia
Miércoles 03 de Febrero de 2016

Los adolescentes de Anacleto Medina necesitan atención urgente

Están viviendo una ola de violencia inusitada que se mezcla con el consumo de Alita y un cocktail nuevo de pastillas. La mayoría se queda en el barrio y desconocen la realidad de la ciudad.  

Los adolescentes de Ancleto Medina necesitan atención urgente porque "están viviendo una guerra que no saben cómo y por qué comenzó", aseguran profesionales que llegan todos los días para trabajar en las instituciones del barrio.

Los chicos desde los 13 años se acostumbran a llevar pistolas o facas que las utilizan para cerrar problemas que comenzaron con sus padres o sus abuelos. Muchas veces desconocen porque se generó la discusión. Después de tomar algunas bolsas de alita (un polvo blanco que es el resultado de productos químicos y se aspira como la cocaína)  y mezclar un nuevo cocktail de pastillas (que hasta los médicos desconocen), la decisión de apretar el gatillo depende del enojo que transite en ese momento.
Desesperante es la situación en la zona de Paraná que, según el último viven 15.000 personas de las cuales 2.500 son adolescentes. Pasaron seis años y seguro que estas cifras aumentaron pero es un buen parámetro para tener en cuenta.

Un gran porcentaje de esos 2.500 chicos y chicas se quedan dentro del barrio y no conocen lo que sucede en otros sectores de la ciudad.
Contención

Mañana a las 17 volverán al Salón de Usos Múltiples de Anacleto Medina algunos de los profesionales del Cepla que continúan trabajando mientras esperan que se solucione la situación institucional.

Lo primeros días de diciembre UNO publicó una nota describiendo la situación del Cepla y el trabajo que hacen con los pibes y las pibas del barrio. Los adolescentes de Anacleto Medina buscan salidas  fue un grito desesperado antes de comenzaran las muertes que nutren las estadísticas 2016.  
El miércoles que viene se vuelven a reunir los actores involucrados (políticos, profesionales, religiosos)  para tratar de solucionar las cuestiones institucionales. Mientras tanto, siete días parecen una eternidad para alguien que vive el día a día entre la violencia y las drogas.

 

 

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