Espectaculos
Martes 07 de Junio de 2016

Letras, música y nostalgias con el maestro Abel Schaller

El paranaense ofrece también otros frutos en versos y fue distinguido por eso con el Fray Mocho

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar


Llega por fin la obra De fulgores y sepias, de Abel Schaller, Premio Fray Mocho 2012. Con una tapa un tanto otoñal de resplandores inaugurales, en el pincel de Luis Gervasoni, la obra de la Editorial de Entre Ríos nos cita para mañana a las 20 en el museo histórico Martiniano Leguizamón. 

Será un encuentro de voces y poesías, un oasis entre las crispaciones y el apuro cotidiano, para que el poeta “Schaller Zamora”, como dice para honrar sus vertientes, esta vez nos presente un coro, sí, pero de inspiraciones propias, de poemas.

El maestro nos ha acostumbrado a su presencia en grupos musicales con su voz “de tenor ligero”, como la define, una voz melancólica que hace juego con sus versos. Y su amplio repertorio en la dirección de coros en que ha hecho carrera por décadas, o sus arreglos corales.

***
Aire fresco


A quienes lo frecuentamos en los intercambios diarios personales o a distancia ya no nos sorprenden sus cucharaditas con nostalgias de futbolistas, ajedrecistas, atletas, boxeadores de antaño. Porque Schaller es un maestro en armonizar los versos, los deportes y las melodías en un mismo pentagrama.

Invita la Asociación Mariano Moreno, en el Museo de la calle Buenos Aires, y la velada promete bocadillos artísticos, como quien dijera aire fresco para el corazón de Paraná. 

El poemario De fulgores y sepias fue seleccionado entre casi 80 obras por un jurado integrado por Antonio Requeni, Orlando Van Bredan y Francisco Senegaglia, con opinión unánime. El Premio Fray Mocho es una alta distinción, sabemos, del estado entrerriano. Esa noche será presentado por Graciela Iannuzzo y Mario Alarcón Muñiz.

“El poema del Negro, mi amigo, se acerca. Me arrima percepciones comunes a partir de lo inmediato. Los padres, la casa, la infancia, la siesta, el río, el pueblo, el árbol, el campo, es decir la vida que nos circunda y nos concierne”, dice Alarcón Muñiz en un breve prólogo. 

“Un aire nostálgico inspira la poesía de Abel Edgardo Schaller. Destellos de luz antigua iluminan cada poema de exquisita factura. Son instantáneas de esa hora del alba o del ocaso, que nos descubre la sonrisa y la lágrima”, añade Iannuzzo.

Y los versos lo confirman. En “Boliche”, por caso. “La noche se amodorra en el camino/ junto a una cruz surera y estrellada,/ y casi sin querer, como si nada,/ junta a unos hombres y unos lacios vinos./ Afuera, masticando sus destinos,/ de encimera y caronas aflojadas,/ con las riendas, de plata endomingadas,/ un zaino, un alazán y dos barcinos”, comienza el poema a la luz del candil. 

***
Gustos de poeta


En una mateada con Abel Schaller uno conoce de antiguos boxeadores y futbolistas, pasa por los récords mundiales en velocidad y termina en los grupos vocales de los 70 y los atardeceres de pesca en el arroyo junto a Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, Juan Manuel Alfaro, Mario Francisconi y otros amigos que no anotamos en la entrevista pero él recuerda bien.

Coro, ajedrez, poesía, nada escapa a la mirada honda del maestro que ha dirigido tantas agrupaciones de canto como campeones de natación.Tampoco faltarán, claro, las inquietudes sobre el neoliberalismo y otros males. Con vastísima trayectoria en el arte y la educación, el paranaense no vive de añoranzas. Está bien al tanto de las noticias del día, le pesa el gobierno, pero eso no le presentará una valla al poema de mañana, uno redondito que merezca sobrevivir a su propio juicio el mes que viene.

***
La soledad buscada


¿Qué lo atormenta? Integrar el querido grupo Melipal, nada menos, y no tener contratos semanales para gozar de esos arreglos del inolvidable compositor Eduardo Gómez, el bajo de Los Trovadores. “Hay como una máquina de impedir instalada”, se lamenta el poeta y cantor.

¿Y qué disfruta? En el arte, la soledad, fuente de inspiraciones. “No la soledad impuesta, la soledad buscada, donde uno se encuentra con su mismidad”, comenta y reconoce que una estrofa puede presentarse en consulta con la almohada al amanecer, o en un momento de lo más sencillo, aparentemente sin historia, pero que resume quizá toda una vida. 

En la educación disfruta encontrarse con alumnos y conversar en la vereda. “Saludarnos con cariño, así de simple, eso no tiene precio”, dice.

***
Los Jangaderos


Prolijo en la “salud vertical”, como le llama, hace deportes, sigue estudiando canto (y ajedrez), escribe a diario, comparte poemas con amigos de un centro de estudios bajo el seudónimo Eldi Acá, e invita a  recordar talentos locales y mundiales del deporte con el mismo reconocimiento que le rinde a un Borges.  

Con décadas en el canto desde aquellos Jangaderos que compartió con Miguel Ángel Martínez, Walter Heinze, Beto Gómez, Horacio Vera, Polo Valentinuz.Décadas en las escuelas como profesor de educación física, y en los clubes (el Rowing, el Estudiantes), preparando jóvenes en la natación.

Abel registra varios maestros en su haber, “que lo han sido sabiendo o sin saberlo”, y nombra a Juan José Echayre en Paraná, César Ferreira, director de coros en Córdoba; Luis Sadi Grosso “en la poesía y en los silencios”, Graciela Iannuzzo, Juan Manuel Alfaro, Graciela Chisty entre otros.

Le preguntamos desde cuándo escribe, y recordó que tenía esa inclinación bien marcada ya en la escuela primaria y con el tiempo fue integrando esos gustos por la composición con el canto y la música, en sintonía con su oficio docente. Periódicamente se corre hasta Coronda para ensayar con Melipal.El grupo fue fundado en 1982 por Eduardo Gómez, y se reúne en Coronda porque les queda más o menos a mitad de camino. Allí vive el pianista Juan Aneiros Monti. De Rosario viajan el primer tenor Eduardo Impellizzeri y el primer barítono Gustavo Gentile, de Esperanza Eduardo Catena y de Paraná Abel, segundo tenor.

Además de participar en la Junta Abya yala por los Pueblos Libres, dirige el coro vocacional Son Mayor en Santa Fe, con cantantes experimentados. 

A Abel Edgardo Schaller le gusta el sepia. Hay una línea desde Las altas horas, que publicó antes en Ediciones del Cle. “Entre las luces últimas del día/ el monte es como un mar recién brotado,/ frágil se escucha entonces la armonía/  semitonal de su misterio alado”, dice en Crespín.

Así le vuelven en De fulgores… el delantal de mamá, la choza de ramas florecidas que le construyó papá, el rincón de las violetas, las letras rurales, pero que no lo toreen porque a los 78 el Negro está para los 110 con vallas en que, cuentan, supo avergonzar a los ñanduces, como dice el poema.

Comentarios