Mundo
Sábado 07 de Febrero de 2015

Le dan un auto al hombre que para ir al trabajo caminaba 34 kilómetros

James Robertson, de 56 años, trabaja en una fábrica en el suburbio de Rochester Hills, en el estado de Michigan, en la que registra una asistencia perfecta a lo largo de 12 años.

Un hombre de la ciudad estadounidense de Detroit que camina unos 34 kilómetros en total cada día como parte de su trayecto hacia el trabajo ha recibido, hasta ahora, 300 mil dólares en donaciones por internet luego de que un periódico relatara su historia y que un estudiante lanzara en las redes sociales una colecta.

   James Robertson, de 56 años, trabaja en una fábrica en el suburbio de Rochester Hills, en el estado de Michigan, en la que registra una asistencia perfecta a lo largo de 12 años. El hombre suele cubrir parte de su recorrido en un ómnibus, pero el resto debe completarlo caminando. Y ayer tuvo un justo premio a su sacrificio, ya que una concesionaria de Ford le regaló un Taurus cero kilómetro.

   Luego de que el domingo pasado el The Detroit Free Press publicara una nota acerca de Robertson, aparecieron muchas personas ofreciéndose a ayudarlo. Evan Leedy, estudiante de 19 años de la Universidad Wayne State, leyó la historia e inició una campaña en el sitio GoFundMe con el objetivo de recaudar 5.000 dólares. Ahora, el monto recaudado supera los 300 mil dólares.

   Cuando su auto dejó de funcionar (un Honda Accord) hace diez años, Robertson comenzó a hacer su viaje diario a la fábrica Schain Mold & Engineering, donde trabaja amoldando repuestos automotrices. Pero poco después llegar a la fábrica se le complicó aún más ya que dejaron de prestar servicio varias líneas de colectivos, por lo que no le quedó más remedio que completar el trayecto de ida y de vuelta a pie, unos 34 kilómetros.

   “Establecí nuestro estándar de asistencia por este hombre”, dice Todd Wilson, gerente de planta de la fábrica. “Suelo decir, si él puede llegar, caminando todos esos kilómetros a través de la nieve y la lluvia... Bien, le diré que tengo gente que conduce un Pontiac y está a diez minutos de distancia y dice que no puede llegar acá a tiempo”.

   Blake Pollock, un banquero que desde hace un tiempo veía a Robertson en su trayecto, hasta que un día le preguntó por qué caminaba tanto. Desde ese momento comenzó a llevarlo en su auto cada vez que lo encontraba. Ahora, Pollock fue más allá y se ofreció a administrarle el dinero de las donaciones.

   En estos doce años la vida de Robertson no fue fácil. De lunes a viernes, se levantaba a las 8 para poder llegar a las 14 a la fábrica para tomar su turno, que termina a las 22. Llegaba a su casa a las 4. Dos horas después, comenzaba a prepararse para regresar a la planta.

   “Estoy aturdido”, confesó Robertson a la revista People el martes. “¿Quién habría imaginado que un simple paseo terminara en esto? Hace días les había dicho que ustedes estaban locos. Me tomo esto como una señal de que es momento de volver a conducir de nuevo y dormir más de dos horas por las noches”, aseguró.

   En declaraciones a la CBS explicó cómo se mentalizaba para caminar tanto cada día y dormir tan poco. “Lo hago sin excusas. Si quieres algo, tienes que ir por ello”, afirmó.

   Ahora, con la cantidad de dinero recaudado, Robertson se podría comprar un coche lujoso, pero él prefiere alejarse de eso. “Me gustan los Ford, me acuerdo del Taurus. Parecen cómodos, son sencillos por fuera y robustos por dentro”, indicó. Precisamente una unidad de ese modelo fue la que la consecionaria le entregó ayer.

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