La Provincia
Domingo 06 de Marzo de 2016

“Las personas sordas están fuera del sistema”

Diálogo Abierto. La especialidad de Gabriel Clariá son las lenguas y entre ellas ocupa un lugar de privilegio la de señas, un medio no lo suficientemente difundido, vital para un colectivo de personas que permanece invisibilizado  

Julio Vallana/De la Redacción de UNO
jvallana@uno.com.ar

Los amantes del fútbol y entre ellos especialmente las personas sordas, seguramente lo identificarán porque es el intérprete de señas del programa El Pelotazo –que conducen Washington Varisco y Sebastián Gálligo, por Canal 11 de la capital provincial. Gabriel Clariá –estudiante de licenciatura en Letras y quien se desempeña en el Instituto Provincial de Discapacidad– explica las posibilidades de este sistema y enfatiza que las personas sordas tienen la necesidad de un contexto lingüístico apropiado, en el cual todo sea visual.
Barrio, fútbol y cambio
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, en la zona de calle Victoria y después –cuando tenía un año– nos mudamos para San Agustín.

—¿Qué barrio?
—Paraná XIII, a cuatro cuadras de la plaza Eva Perón.

—¿Hasta cuándo viviste allí?
—Hasta los 22.

—¿Cómo era Paraná XIII en tu infancia?
—Un barrio bastante típico, casas del estilo monoblock, rojas y gente con sentido comunitario. En la esquina de donde estaba mi casa teníamos una plaza –donde confluían chicos, jóvenes y grandes. El barrio tiene entradas y salidas.

—¿Notaste algún cambio abrupto en lo urbanístico y social?
—Se renovó bastante quienes vivían porque muchos se fueron a estudiar, les resultaba poco cómodo y seguro, y otros fallecieron. Los que quedaron, hasta hoy nos seguimos encontrando y disfrutando del encuentro. Se perdió un poco lo comunitario ya que era casi familiar, se dejaba abierto y ni siquiera tocabas el timbre para pasar. En mi casa vivía mi abuela y cuando no estábamos, pasaba algún vecino a verla.

—¿Cuándo comenzó a sentirse la inseguridad?
—Es una lectura que hago ahora pero en su momento no me di cuenta. Habré tenido trece años en 2002. Veías muchos jóvenes por la noche en los locales comerciales, fumando o consumiendo drogas, y había algunos tiroteos en zonas más peligrosas. Comenzó a haber muchas rejas en los ingresos a los pasillos y eso fue un cambio. Mi familia nunca sufrió ningún robo u otro problema.

—¿Coincidió con la llegada de gente nueva?
—Sí, porque hubo casas que se desocuparon.

—¿Qué actividades laborales desarrollaban tus padres?
—Mi papá falleció hace 16 años, fue jugador de fútbol –en Atlanta y Colo Colo– y mamá es ama de casa.

—¿A qué jugabas?
—Al fútbol, a la escondida y a la rayuela. Mientras vivió mi viejo nos juntaba y nos hacía practicar en un campo que está detrás de nuestra casa. Nos separaba en grupos por edades, y una vez nos consiguió remeras de ESCO y pelotas.

—¿Qué imagen te formaste de tu papá como futbolista cuando niño?
—Mi conocimiento es anecdótico en cuanto a su historia futbolística porque ya era grande. Luego fue a través de fotos y registros de periódicos antiguos. Teníamos un álbum colmado de fotografías en blanco y negro, y recortes de diarios –con lo cual construí su figura futbolística. Usaban pantalones arriba de la cintura y camisetas de mangas largas.

—¿Qué contaba él?
—Era fanático, siempre estaba mirando fútbol y haciendo críticas. Yo le preguntaba si había errado penales. La mayoría de las personas que lo conocían, resaltaban su calidad humana y algunos que jugaron con él me decían que fue un jugadorazo y mejor personal todavía. Tenía sentido del humor. Todavía tengo un contacto de cuando jugó en Colo Colo, un señor de Chile que cada tanto me manda una fotografía o me cuenta alguna historia.

—¿Te gustaba el fútbol?
—Cuando era chico iba obligado y de grande comencé a juntarme con amigos que me invitaban a jugar. Me gusta ir cada tanto al fútbol 5 y veo partidos.

—¿Tu papá no te orientaba como para que te dedicaras?
—No, a ninguno de nosotros. Tal vez por alguna frustración o quizás veía el fútbol de su época distinto a la actual. Yo era chico cuando falleció.

—¿Qué aprendiste de él en esta materia?
—Me enseñó a patear, que usara bien el empeine –sobre todo en los penales– y apoyara firme la pierna con la cual no iba a patear. Como no era bueno cabeceando, me decía que no me quedará en los centros, porque le cagaba la jugada a otro, o me daba la pelota en la cara.

—¿Cuál era tu visión respecto al “centro” de la ciudad?
—La secundaria la hice en la Escuela Normal, tenía compañeros que estaban en muy buena situación económica, viviendo en muy buenos barrios, y eran realidades y posibilidades distintas. La zona del centro era como de paseo, para tomar un helado, ir al cine o porque te compraban una ropa –lo cual era eventual. Había mucho más movimiento y presencia policial, lo cual marcaba esa especie de seguridad en cuanto hay cosas que pasan en los barrios y no pasan allí. Hoy vivo en el centro y entiendo por qué determinadas situaciones suceden en los barrios y no en el centro, muchas veces originadas por la “gente del centro” y los resultados de sus idas a los barrios.


Leer y estudiar, siempre
—¿Desarrollaste alguna disciplina regularmente?
—No, lo único que sostengo y me gusta es leer y estudiar. Durante mucho tiempo me formé estudiando idiomas: Inglés, Francés, Alemán y un año de Chino y Ruso –con profesora particular.

—¿Qué lecturas fueron determinantes en distintas etapas?
—El Principito fue uno de los libros que más tempranamente leí. Después, una colección completa de Gabriel García Márquez, Haruki Murakami, Milan Kundera –que también hace una escritura muy filosófica– y en la academia me encontré con otros autores como Michel Foucault y Pierre Bourdieu –que me ampliaron un poco más el panorama. Mi familia es religiosa así que desde chico tuve acercamiento a lecturas bíblicas y eso da cierta estructura positiva –aunque no profeso ninguna religión– y otras que hay que romper.

—¿Había biblioteca en tu casa?
–No, dos o tres libros, la mayoría los conseguía en la escuela o comprados.

—¿Qué imaginabas ser?
—Me veía como un científico en un laboratorio, inventando y produciendo cosas. No sé por qué.

—¿Cómo se generó el interés por los idiomas?
—El Inglés me encantaba desde chico por curioso y por mi hermano mayor. Cuando tenía diez años traduje con un diccionario inglés-español una canción de Bon Jovy, cuando tuve por primera vez Inglés se lo mostré a una profesora y me dijo que tenía mucha capacidad para entender y que fuera a una institución donde pudiera aprender más. La realidad económica de mi mamá no lo permitía, entonces me dijo que la escuela pública que tenía el mejor nivel de Inglés era la Normal –donde ingresé por promedio. Luego me di cuenta que me gustaban otros idiomas, en ese transcurso comencé a tener contacto con la comunidad sorda y comencé a aprender lengua de señas argentina. El Alemán me gustó por la literatura y el cine, y a los 22 años comencé la carrera de Letras –en Santa Fe.

—¿Qué universos te habilitaron el Inglés y el Francés?
—Cada lengua es una nueva forma de ver el mundo. Por el Inglés accedí a la música, series de televisión y películas, pero también pude tener contacto con personas de otros lugares de habla inglesa. Y me dio uno de mis primeros trabajos formales porque trabajé como intérprete de una empresa norteamericana dedicada al armado de plantas generadoras de energía eléctrica –en Paraná y en Buenos Aires. Venía gente de Estados Unidos, daba las indicaciones y se iban, en lo cual trabajé seis meses y fue una experiencia enorme. También entender lo distinto que se ve el mundo cuando uno es el rico y el que maneja todo, y explicarles nuestras realidades a personas con otras posibilidades económicas.

—¿Autores ingleses?
—Me gusta mucho Charles Bukowsky, y Jack Kerouak y Allen Ginsberg, quienes hacían poesía beat –vinculada al jazz.

—¿Y el Alemán, que es tan distinto?
—Todavía es complicado, si bien el léxico es bastante similar al Inglés –por ser lenguas sajonas, pero conserva los casos –como el latín y el griego– que el Español perdió. A veces es complicado saber cómo es la terminación para cada caso, porque cambia todo, y tiene marcado el género totalmente distinto a nosotros.

—¿Qué te motivaba seguir estudiando otras lenguas?
—El interés por la cultura, porque entendí que lo que nos figuramos y representamos es gracias a una lengua. Es poder entender un poco cómo entienden el mundo otras personas, debido a su lengua.

—¿Y en el caso del chino, cuya cosmovisión del tiempo es totalmente distinta?
—Fue trasladarme “al otro lado” porque la mayoría de las lenguas eran de occidente. Me ayudó mucho a desestructurar la cabeza y dejar de pensar tan cuadrado, ya que todas las otras lenguas responden al paraguas occidental. Las lenguas orientales tienen algo totalmente distinto, incluso una carga ideológica totalmente distinta. También un aprendizaje en cuanto a dejar de utilizar el abecedario y reemplazarlo por los caracteres chinos.

—¿Cuál fue la primera impresión en tanto cosmovisión oriental?
—Para mí lo más importante es que cuando comienzan a enseñar su lengua, se preocupan más porque entiendas algunas cuestiones básicas de su cultura.

—¿Por ejemplo?

—El respeto por hacia el adulto, por la sabiduría que representa, cuando para nosotros es descartable o despreciable. Lo llamamos “pasivo” y eso da cuenta de mucho. A un adulto ellos le hablan distinto y eso se refleja en los caracteres. También cuestiones propias de sus actividades y romper algunos mitos.

—¿Algo revelador en cuanto a la propia lengua?
—Me pareció interesante que los tiempos verbales no los tienen dentro de la palabra –como nosotros. En su caso, siempre están en infinitivo y hay otra palabra que define si es pasado, presente o futuro, o también pregunta o afirmación.

—¿Se relaciona con esa visión distinta que tienen del tiempo?
—El tema del tiempo es muy loco en la mayoría de las lenguas. En el caso del chino, no estudié mucho tiempo. No sé si lo entendí bien como lo entienden ellos, pero tenés que cambiar el enfoque que tenemos nosotros. En el caso del chino, no profundice en cuanto al aspecto cultural de esto, aunque sí en el caso de otras lenguas de oriente –más ligadas a las señas. Algunas culturas piensan el futuro como lo desconocido, entonces siempre está simbolizado a la espalda, porque es lo que no se ve ni se sabe mientras que el pasado es lo que está hacia adelante, porque ya se vivió. En el caso de la lengua se señas significa hacer los gestos y movimientos hacia adelante del cuerpo, cuando se habla de pasado, y hacia atrás, cuando se habla de futuro, cuando en Occidente es todo lo contrario: el futuro está adelante –porque es a lo que se proyecta– y el pasado, atrás, porque es lo que se recorrió. También significa una visión y entendimiento del tiempo como algo lineal, donde la línea va hacia adelante. En el caso de las culturas orientales es más como cuando uno está remando y en realidad hace el movimiento hacia atrás para ir hacia adelante.


Aprender
—¿Cómo te aproximaste a la lengua de señas?
—Cuando estaba haciendo el último año del secundario, en el colectivo me encontraba con dos personas sordas que hablaban con las manos. Le pregunté a una amiga que estaba haciendo un curso y me enseñó el abecedario. Un día tomé coraje, los toqué, los saludé como pude y les dije mi nombre. Ellos me deletrearon sus nombres, les dije “yo escuela”, me dijeron cuál era la seña de “escuela” y así incorporé esa primera palabra. Les pregunté si trabajaban, me dijeron que sí, incorporé esa nueva seña y otras. Fue una comunicación diaria y fui aprendiendo de esos hablantes nativos.

—¿Cuál fue la vivencia?
—Buenísima, porque eran dos personas muy buenas y abiertas. Al principio tenía miedo pero me acobijaron en el sentido de mi inquietud por su cultura y su lengua. Internamente fue como que se encendió una llama de algo que hoy en día es una de mis motivaciones más importantes para estudiar y trabajar.

—¿Cómo encaraste el estudio?

—Nunca fui a estudiar un curso sino que fue en contacto con ellos, con los encuentros periódicos que teníamos en el colectivo. Luego me invitaron a la Asociación de Sordos de Paraná, fui, conocí más personas sordas, observaba y me repetían los gestos.

—¿Cuándo entendiste la lógica y la estructura?
—Primero sentía que no entendía lo que decían –por falta de confianza– y después dejé que mi cuerpo se expresara sin vergüenza –algo que cuesta porque nos han enseñado a controlarlo. Es una lengua expresada a través del cuerpo.

—¿Cómo te integraste a su comunidad?
—Uno entiende que puede hablar la lengua de señas muy bien pero nunca será un hablante nativo –como sucede con otras lenguas que aprendemos– y tampoco integrará lo que ellos denominan la comunidad sorda –con la cual se identifican porque su lengua natural es la de señas. Hay que entender ese límite y muchas veces los consulto para explicar determinadas cuestiones y trabajar en conjunto para expresar los mensajes que queremos transmitir.

—¿Qué ventajas y desventajas –siendo un estudiante de Letras– tiene haberla aprendido con los sordos y no académicamente?
—El contacto es lo más importante porque lo aprendés directamente, sin tener que sistematizar todo de manera consciente. Hay muchos estímulos que la mente los recibe inconscientemente. Cuando hacemos los cursos, siempre decimos que tengan contacto con personas sordas, hay que animarse ya que hay algunos mitos. La lengua de señas es como cualquier otra. Ellos necesitan que la comunidad los integre, pero la integración no es un trabajo de uno o de otro, ni tampoco alguien que pone al otro en la bolsa donde están todos. Tampoco es la escuela convencional diciendo “también vamos a aceptar niños sordos o con discapacidad, como cualquier niño”, porque eso da cuenta de una relación de poder que está por encima. La integración es un trabajo de cada uno, de acercarse al otro, y entender que a veces hay imposibilidades –como en el caso de los sordos. Por más que les hablemos a los gritos y modulemos, su lengua es otra. Imaginate que viene un senegalés y me pongo a gritarle, a hablarle lento o con palabras fáciles en español. No hay caso, porque no es su lengua. Lo ideal es que podamos respetar la suya –aunque en este caso no son extranjeros. Paradojalmente, son extranjeros en su propia tierra porque están fuera de todo sistema. Una manera de acercarlos es que cada uno se interese por esta lengua, sean comerciantes, operadores de turismo, docentes, terapeutas, etc. No hay que pensar que la inclusión es cuestión de otro o estatal. El Estado puede promoverla pero la real inclusión la hacemos cada uno de los ciudadanos, por ejemplo, no poniendo un aire acondicionado a un metro veinte de la vereda, y pasa una persona ciega que no lo puede detectar. O que estaciona en la vereda o donde hay una rampa. O en los medios de comunicación que tienen intérpretes y ponen los sócalos encima de su caja, y no se ve nada.

Una comunidad aislada
—¿Hay una estadística en cuanto a la población sorda?
—No… en Paraná debe haber unas 2.000 personas –incluyendo Paraná Campaña.

—¿Todas dominan el sistema?
—Algunas sí, otras no. Algunas no tienen contacto con la comunidad, entonces no pueden adquirir la lengua. La mayoría de las personas sordas está metida en un entorno lingüístico que no las favorece porque los estímulos no son visuales, sino auditivo-orales. Entonces no los incorporan, ni tienen una lengua de señas buena y formada –como la que se logra en su comunidad y en una escuela de sordos. Es una necesidad de contexto lingüístico apropiado en el cual todo sea visual. Muchos padres se niegan a eso porque piensan que la lengua de señas es “de monos” y que los aísla, entonces los someten a tratamientos de fonoaudiología, los mandan a escuelas comunes sin intérpretes y no permiten que tengan contacto con otros niños sordos. Todo esto responde a un paradigma médico hegemónico normalizador, que intenta “corregir” al niño que no escucha y dice que si se lo estimula, escuchará y aprenderá a hablar. En realidad, quedan aislados porque no pertenecen a ningún lado.

—Igualmente no son criterios incompatibles.
—Los mayores logros se dan en niños sordos que adquirieron como primera lengua, la de señas, y luego pueden aprender una segunda. Pero si no tienen la primera, es imposible que llegue a entender cómo funciona otra lengua.

—¿Hay programas o legislación específica?
—No hay. En el Senado Juvenil hubo un proyecto que propuso que se incorpore como materia en las escuelas secundarios –lo cual es muy ambicioso e interesante– aunque antes se necesitaría facilitar a las personas sordas que se puedan formar, para lo cual hay que hacer carreras y facultades accesibles –como cualquier otro estudiante universitario.

—¿Qué oferta desarrolla el Instituto de Discapacidad?
—Tenemos cursos de señas argentinas y garantizamos niveles básicos porque nos enfocamos fundamentalmente en quienes trabajan con atención al público en el Estado. Consideramos que es importante que las personas sordas tengan autonomía para hacer sus trámites y consultas, sin necesidad de que vaya la madre o un familiar como intérprete. Es una comunicación básica porque entendemos que las asociaciones de sordos son sin fines de lucro y se mantienen por el ingreso de los cursos, entonces no queremos hacer competencia sino ser facilitadores. Garantizamos los dos primeros niveles y después los interesados en el tercero y cuarto nivel, los invitamos a que se pongan en contacto con la Asociación de Sordos.

—¿Dónde debe concurrir quien quiera iniciar el aprendizaje?
—Acá o a la Asociación de Sordos de Paraná.

Tiempo al tiempo
—¿En qué lapso estimado se pueden dominar las herramientas básicas para comunicarse?
—Los dos primeros niveles son cuatrimestrales, así que en un año la persona puede tener un manejo básico de información, cómo llenar una planilla, decir qué se tramita en su dependencia, orientar a alguien, etc. Además está el intérprete –que es necesario en muchos ámbitos– el cual requiere más que esos niveles.

—¿Qué países están a la vanguardia y qué experiencias te parecen innovadoras?
—El año pasado estuve en Suiza y tomé contacto con asociaciones de sordos e intérpretes, y, obviamente, tienen toda la plata del mundo para poder hacer mil cosas. Me encontré con que no estamos tan mal: tenemos la Ley de Medios, la cual exige la presencia de intérpretes y la ampliación de la franja horaria en la cual se contaría con ellos. Mientras que en la mayoría de los países europeos solamente tenés los noticieros y en el caso de Suiza, su repetición en lengua de señas. Hay una pantalla grande detrás y en primera plana el intérprete. En cuanto a la modalidad de trabajo estamos a la vanguardia porque ellos trabajan solos y nosotros acá fomentamos el trabajo entre el intérprete y la persona sorda, más que nada en los medios –en los cuales no tenés la respuesta del espectador. En materia de investigación, Estados Unidos continúa a la vanguardia porque es donde nacieron los estudios lingüísticos de la lengua de señas. España también tiene buenos avances en materia de traducción, interpretación y Lingüística, Finlandia y Suecia tienen una inclusión impresionante. Conocí un muchacho sueco que da clases de Inglés en lengua de señas en la universidad, a personas oyentes, con su intérprete. Ahí hablamos de una real inclusión. Necesitamos un reconocimiento legal de esta lengua y hay muchas escuelas de sordos que responden al oralismo y se obliga a no usar las manos a las personas sordas, solo la boca y la lectura labial. La educación inclusiva es un derecho y yo no puedo obligar a una persona sorda a que vaya a una escuela donde no se habla la lengua de señas, aunque puedo dejar que elija. Los padres debieran pensar en el interés superior del niño en cuanto a estar en un contexto lingüístico apropiado, para formar sus mentes y su subjetividad.

El desinterés de los empresarios
El intérprete de El Pelotazo calificó su experiencia en dicho programa como “magnífica” y opinó sobre los motivos de la falta de servicios similares en la mayoría de los formatos televisivos, desinterés que se evidencia en el ámbito político.

—¿Cómo evaluás tu experiencia en El Pelotazo?
—Ha sido magnífica y con mucha repercusión. Cuando recién comenzamos, recuerdo que un muchacho sordo que trabajaba conmigo me dijo que al fin podía saber lo que pasaba con la actividad deportiva en Paraná –porque es muy hincha de Patronato. Hubo comentarios muy positivos.

—¿Y como “gimnasia” profesional?
—Los medios de comunicación me encantan y me encantaría que en Paraná lo podamos hacer también en los informativos. Me gusta por el tiempo, porque manejo una velocidad rápida tanto para hablar oralmente como con señas –acorde con los tiempos que manejan los medios. Me gusta esa adrenalina que se genera por la falta de tiempo y todo lo que hay que decir; también el medio está muy politizado y me encanta la política.

—¿Qué influye para la poca difusión de este servicio: costos, prejuicios, desconocimiento, desinterés?
—En primera instancia, desinterés y desconocimiento. Desconocimiento porque puede ser que a algún que otro empresario de los medios no se le haya ocurrido la contratación de un servicio de interpretación. Pero si trabajás en los medios te debe resultar familiar. Si la amabas u odiabas a Cristina, todos sabíamos que había una persona interpretando la lengua de señas. Si trabajás en los medios, también lo hacés en las redes sociales, en las cuales la muda fue “ten topic”. Obviamente, también, se piensa como un gasto, entonces se trata de evitar.

—Se puede pensar como la incorporación de un segmento de mercado.
—Absolutamente, pero es un sector de la población que está invisibilizado. Ni siquiera está aprovechado por los dirigentes políticos ni los candidatos. Nunca una pauta publicitaria o propaganda política ha tenido intérprete. Si el Washi (Washington Varisco) con un presupuesto mínimo puede tenerlo, responde más a una cuestión de voluntad que a otra cosa.

Las inmensas posibilidades del cuerpo que se expresa
Clariá –quien desarrolla actividades como voluntario en la Asociación de Sordos de Paraná– estableció los puntos de contactos y diferencias entre el sistema de señas y otras lenguas, y explicó los alcances y riqueza no sólo de los gestos sino de todo el lenguaje corporal al momento de establecer una comunicación.
—¿Hay algo más que los gestos cuando las manos hablan?
—Generalmente se asocia con las manos, pero va más allá ya que interviene la postura, la posición de los pies, etc. Si estás en la televisión, sólo es hasta la cintura. Con un giro del cuerpo hacia atrás, indico que es información del pasado, y los matices de la conversación se expresan a través de distintas partes del cuerpo.
—¿Cómo modificaste este aspecto?
—Hay que dejar que el tiempo transcurra y someterse a algunas prácticas, como por ejemplo pararse ante un público a interpretar en lengua de señas. Tal vez no me gusta pero lo hice igual, porque entendía que no primaba mi comodidad sino una cuestión de derechos en cuanto acceso a la información. Si no transmito eso, hay un grupo de personas que se quedan sin saber qué pasa. No hay que dejar vencerse por los prejuicios.
—¿Qué puntos de contacto y diferencias hay en cuanto a la estructura sintáctica y otros aspectos de la lengua hablada?
—Son lenguas totalmente distintas. Las lenguas de señas son distintas en cada país, independientemente de que en España, Uruguay, Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia y demás, se hable español. No es una relación uno a uno de la lengua que se habla con la de señas, incluso hay países que tienen dos o tres lenguas de señas. Las diferencias son grandísimas; quizás tienen más facilidad para entenderse dos personas sordas porque pueden explotar otros recursos –como los de utilizar más el espacio y exagerar algunos rasgos para que el otro pueda entender. Como en el caso de uno que utilizaría palabras más sencillas para entenderse con un extranjero.
—¿No hay un tronco común?
—No. Nosotros hablamos español –y casi tota Latinoamérica– por una cuestión de conquista de los españoles, y luego se dan las particularidades por el uso de la lengua. En el caso de la lengua de señas, no, porque las lenguas de los grupos de personas sordas emergieron simultáneamente –sin una cuestión de conquista de una a otra. Sí hubo en cuanto a la educación de las personas sordas especialistas solo en Francia, Italia, Estados Unidos e Inglaterra. A los colegios de sordos de acá vinieron docentes italianos y franceses, entonces enseñaron con su lengua. Si bien la comunidad sorda argentina tenía un sistema, no estaba muy firme, y al tener contacto con otras lenguas de señas, comenzó a amalgamarse.
—¿Cuál fue la primera sistematización?
—En Argentina comenzó a investigarse en 1980 pero los estudios lingüísticos en el ámbito mundial son de 1960, en Estados Unidos. A partir de ahí, tiene –académica y científicamente– el rango de lengua –con la confirmación de los mismos criterios que cualquier lengua.
—¿Se puede establecer un momento de la primera comunicación?
—No.
—¿Porque es propia del ser humano?
—Exactamente. Hay un cuerpo de historia muy pequeño y en una de sus narraciones dice que había un soldado en un extremo y otro en otro extremo, separados por un gran espacio de tierra. No podían escucharse pero se veían, entonces comenzaron a hacer señas, y uno de ellos le interpretaba al rey lo que estaba diciendo. Es el primer vestigio de algo como la lengua de señas y la interpretación.
—¿Qué transmite el lenguaje de señas?
—Conceptos, de la misma manera que cualquier otra lengua. No hay una correspondencia uno a uno con el español, y ahí es donde más se entiende cuán lengua y hasta idioma, es. Siempre cuento que los esquimales tienen diez tipos de blancos para diferenciar. Seguramente si le decimos “blanco como la nieve” –para representar pureza, limpieza o transparencia– a nosotros nos representa esa pureza, pero para los esquimales el “blanco como la nieve” no le representará nada. La lengua de señas, por ejemplo, tiene menos colores o distintas maneras de representarlos que en el español, también en el caso de la familia y el parentesco, y está denotada la preocupación por los niños sordos –en cuanto sentido de su comunidad.
—¿En cuanto a lo pedagógico se aprende como cualquier otra lengua?
—Es bastante diferente aunque tiene similitudes. Es una lengua que está poco estudiada, entonces no contamos con una Gramática y resulta difícil poder sistematizar la lengua. Estamos en ese proceso y lo ideal es contar con personas sordas formadas en Lingüística, para que observen cosas que a nosotros se nos escapan. Igualmente es complicado lo de tomar notas para describir una seña, porque hay que tener en cuenta muchos detalles de las manos, los dedos, hacia dónde se mira, etc, lo  cual para estudiarlo es muy engorroso. Por eso es una lengua que necesita práctica y contacto con hablantes nativos –como si fuera un trabajo antropológico.
 

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