La Provincia
Domingo 07 de Junio de 2015

Las listas oficialistas, hechas a criterio del conductor Urribarri

Blindado. Todos los candidatos le deben al gobernador estar donde están. Impuso una lógica férrea para los que se bajaron. El justicialismo está cerrado y con todos los dirigentes adentro.  

Carlos Matteoda
De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar


Urribarri será el padre de la victoria, o de la derrota. En el armado de las listas del oficialismo para las elecciones de agosto y octubre, el gobernador ejerce el rol de conductor  en plenitud y asume las responsabilidades.
Hacía mucho tiempo que no le tocaba la situación de construir para que otros ocupen los principales lugares de las listas; no se cuentan las legislativas de 2013 porque más que cualquier apellido el candidato era “el proyecto”, también y su proyecto presidencial. Pero ahora, como Jorge Busti en 2007, empeña su prestigio político en busca de triunfo que le permita seguir conduciendo la dinámica política provincial desde un rol institucional menos significativo, seguramente una banca en la Cámara de Diputados y la presidencia en caso de que el oficialismo gane en octubre.
Sergio Urribarri es el jefe del peronismo entrerriano, lo conduce, y hace ocho años que escucha a toda la dirigencia decir que nadie lo conduciría mejor que él. Eso fue lo que le recordó a un grupo de legisladores e intendentes que el martes pasado, en la cena aniversario de un club de Viale, le plantearon dudas sobre el orden de los componentes de la fórmula provincial. Sobre el orden de la fórmula, no sobre quienes ni cómo; sino simplemente el orden.
Una duda que sobrevuela el oficialismo, y cuya respuesta ahora se ha vuelto anecdótica, apunta a determinar que tan pensada fue la estrategia del oficialismo para terminar ungiendo al binomio Gustavo Bordet – Adán Bahl. 
Tras la declinación de su candidatura presidencial, luego del planteo público de Cristina Fernández; Urribarri redireccionó la estrategia local y condujo a los precandidatos ya lanzados a un diálogo del que surgió una fórmula. No hubo posturas irreductibles; de hecho, todos se bajaron; pero fue necesaria su decisión para la determinación definitiva. ¿Por qué dejó correr tanta agua debajo del puente para determinar que sería Bordet y no Bahl el candidato a gobernador? Pocos creen que haya sido por indecisión, o porque esperaba una encuesta. 
El conductor maneja los tiempos, y Urribarri ha dado muestras de ser un tiempista destacado. Quién podría negarse a desistir de una precandidatura si todos los precandidatos vienen hablando de un mismo proyecto, y de un mismo plan de continuidad de la actual gestión gobierno. Han dicho incluso que entre ellos hay solamente una diferencia de matices.
Por eso también se explica el rigor con que Urribarri manejará -de modo restrictivo, claro- el permiso de pegado con la lista oficial que solicitan algunos precandidatos a intendentes que pretenden enfrentar a las listas de consenso en las PASO.
Para el urribarrismo no se discute que quien adhiere al modelo respeta la lista de consenso, tal como la establece/ induce el conductor. Sino no se está dentro del proyecto, y entonces para qué pegar con la boleta provincial. Así planteada, la situación es clara; no se puede ser urribarrista en la provincia y disidente en la municipalidad. 
Ya en 2011, con menos asechanza electoral opositora, la cuestión se manejó igual, y desde el llano nadie pudo derrotar a los candidatos urribarristas. Solo Luis Erro lo consiguió, pero siendo ya intendente de Gualeguay.
Hasta ahora la chance de que el oficialismo vaya a internas en las principales ciudades está atada a que algún retobado en serio no se ajuste al planteo, lo que lo excluye del ánimo del consenso oficialista, y de la idea que lo inspira que es preservar el proyecto. La otra posibilidad es que exista la intención de fortalecer a algún candidato urribarrista con vistas a la general, permitiéndole competir en una interna para ganarla y así fortalecerse. Algunos dicen que ese podría ser el caso en Paraná, con la candidata todavía no lanzada Blanca Osuna enfrentando en las PASO a otro justicialista.
Analizada la situación desde la lógica tradicional del peronismo -y sin consideraciones de valor- lo normal sería pensar que tal como se dieron las cosas, todos los candidatos (o al menos los principales) le deben a Urribarri estar donde están. Desde el candidato a gobernador para abajo, todos. Ninguno podrá decirle “yo gané la interna”, sino agradecerlo por haberlos bajado a fulano y mengano. En la general, será otra cosa, pero la figura de Urribarri seguirá siendo central en la campaña.
Según viene trascendiendo, a todos los precandidatos que declinan en favor del consenso, Urribarri les reconoció su cuota parte de poder político en el armado de las listas. 
Por ejemplo, al intendente de Gualeguaychú Juan José Bahillo lo incluyó en la lista de candidatos a diputados, en el segundo lugar, y con chances de presidir el cuerpo si  él termina desempeñando otra función. Al diputado Marcelo Bisogni le garantizó la reelección, ubicándolo en los primeros puestos de esa misma lista. A Julio Solanas le propuso que vuelva a ser candidato a diputado nacional y que nomine a dos candidatos a diputados provinciales, además de mantener la viceintendencia de Paraná.
Este esquema es mucho más que un reparto de cargos y funciones probables, es la construcción de un armado electoral que contenga a todos y represente a todos. Por supuesto que Urribarri quiere ganar la elección. Esta nota apunta –si estuviera bien escrita no sería necesario aclararlo- al manejo del poder político que despliega el gobernador en esta instancia. Es improbable que se pueda  comprobar si el gobernador no forzó antes el desistimiento de algunos candidatos para que los elegidos estén más en deuda con él, pero los peronistas más recelosos lo piensan. Claro que hay otros que creen que dejó macerar un proceso de diálogo y reflexión para que las decisiones fueran menos forzadas y no tener que escuchar después -tan a menudo- el reclamo de los candidatos porque  los bajaron. El resultado puede parecer el mismo, pero este proceso apunta a dejar menos heridos. Alguno podrá quedar un poco ofendido, pero todos saben que estar debajo del paraguas del urribarrismo es tan importante que, fuera de él, no hay nada. 
Hoy Urribarri tiene el justicialismo cerrado por todos lados, con todos adentro. Las protestas por los candidatos que se bajaron no pasaron hasta ahora de algún reproche en las redes sociales. Los dirigentes justicialistas lo saben claramente, hoy  estás con Urribarri o solo. Y la gran mayoría sino  todos los candidatos le deberán a Urribarri estar donde están. Los candidatos presidenciales no van a venir a armar por afuera del urribarrismo, porque el oriundo de Barú ejerce su condición de conductor.
Obviamente que se puede discrepar, pero afuera del paraguas. Y si hubiera un sector afuera del urribarrismo-kirchnerismo pero dentro de la estructura del PJ, no va a andar pidiendo el pegado con los candidatos del oficialismo. Hoy no lo hay; la disidencia peronista está en el Frente Renovador.

Parecido pero diferente 
Algunos creen ver una reedición de la situación política de 2007, cuando Busti entregó la Gobernación a Urribarri y se fue a presidir la Cámara de Diputados. A criterio del autor de esta nota son más las diferencias que las similitudes, lo que no quita que Urribarri haya aprendido de esa experiencia.
Si bien el gobernador podría repetir el intento de Busti de conducir desde Diputados la dinámica política de la provincia -siempre en la hipótesis de un triunfo oficialista- las estrategias son diferentes. (Lo mismo si integrara una fórmula presidencial o fuera funcionario de un eventual gobierno justicialista después de diciembre).
Está claro que Busti no pudo. Urribarri, electo en marzo de 2007 y asumido en diciembre, no estuvo subordinado a la conducción política de Busti. Lo apretaba más contra el sillón el conflicto del campo que la figura de Busti, pese a que este tenía la Convención Constituyente para mantenerse en primera plana.
Busti apeló a una estrategia legislativa, con la sanción de la denominada Ley Castrillón, que dificultaba la presentación de otras listas y obligó a Julio Solanas a ir por fuera del PJ, con la recordada Lista 100 para enfrentar en la elección general a la “continuidad positiva” encarnada en Urribarri.
Urribarri apeló a una estrategia de muñeca  política, incluso pese a que la reforma de la ley electoral sancionada en mayo, parecía ir en el sentido contrario y promover la existencia de varias listas en las PASO. 
La estrategia de bajar a los otros postulantes recordándoles que están dentro del proyecto es bien diferente a mandarlos a pelear a la elección general. Muchas veces se dijo que el justicialismo trasladaba sus internas a la general, pero no es este el caso. Y menos aún si se considera que la disidencia peronista massista está cerca de competir en elecciones primarias compartidas con la UCR y el PRO.
Las listas legislativas
La orfebrería política no concluyó. Hay legisladores a los que el gobernador les sugirió que bajen a sus pueblos a pelear la intendencia. En algunos casos será porque de ello depende en gran medida la chance de ganar; en otros, tal vez para despejar lugares en la lista de diputados y senadores. Se sabe que  lo mullido de las bancas genera una fuerte adicción y casi nadie quiere abandonarlos.
Hoy los desvelos de muchos tienen que ver con esas listas. Sobran especulaciones del tipo de las que plantean que ante un eventual arranque emancipatorio del gobernador  Bordet, bien le vendría al presidente de la Cámara baja Urribairri tener un grupo de diputados y de senadores incondicionales, y paradójicamente, los incondicionales no suelen ser los que han sido reelegidos o los que mejor han estado con Urribarri. Tómense solo a modo de ejemplo los agrios reclamos hechos ( que trascendieron públicamente) por el presidente de la Cámara José Allende a la estrategia de Urribarri. Allende transita por su cuarto mandato de diputado. De esos cuatro, a Urribarri le debe al menos dos y medio, e incluso ser presidente del cuerpo; y sin embargo, no forma parte de los supuestos como leales.
La forma en que el gobernador armará las listas también reflejará el reparto de poder político que va realizando.
Si bien las versiones cambian cada hora, en el Senado serían más los que se van que los que siguen (nueve y ocho). En Diputados los 18 lugares expectantes no alcanzan ni para repetir el reparto tradicional.
Por lo pronto se supone que esa lista tendrá a Urribarri, Bahillo, Bisogni, Rosario Romero, Daniel Ruberto, Juan Navarro, alguien de Nogoyá (posiblemente Allende para alcanzar las dos décadas como diputado) , dos solanistas, dos o tres de Paraná Campaña (incluyendo al intendente bordetista Miguel Torres),  un representante de La Paz, otro de Colón (se menciona al intendente vecinalista de San José Pablo Canalis), alguien de Feliciano (dicen  que Osvaldo Viano repetiría) y ya los números no cierran. Menos si se considera que debe haber una mujer cada tres varones (hablan de una mujer del grupo del diputado gualeyo Hernán Vitullo). Y menos todavía si se entiende que Urribarri podría incluir algunos tapados de su riñón
La expectativa mayor está puesta en los anuncios que el mandatario irá haciendo en las próximas horas, especialmente respecto de las candidaturas a intendente en las ciudades más pobladas. Se seguirán bajando en nombre del proyecto varios candidatos y se estima que el panorama de pelea en las primarias será bastante acotado.

Comentarios