A Fondo
Viernes 06 de Febrero de 2015

Las heridas que no cierran

Mauro Meyer / De la Redacción de UNO
mmeyer@uno.com.ar

 


Leyendo diferentes medios digitales me encontré con la noticia de que esta semana se suicidó Martín Cisneros. Muchos preguntarán quién era. Este chico era uno de los sobrevivientes de la tragedia de Cromañón, quien tomó la decisión de quitarse la vida y las circunstancias de su muerte están relacionadas con el lamentable suceso de diciembre de 2004. Según denunció la Coordinadora Memoria y Justicia por Cromañón, ya son 17 los sobrevivientes que prefirieron quitarse la vida luego de vivir aquella tragedia. Como dicen siempre, las heridas son difíciles de cerrar. Y en nuestra querida Argentina, esta frase se utilizó mucho a lo largo del tiempo.


Salvando las distancias, para los veteranos de Malvinas también hay heridas que no cierran, al igual que para los familiares de las víctimas  de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA. Paro acá hay más ejemplos.


En el caso de Cromañón, esta semana se juntaron 10.000 firmas para pedir a la Cámara de Diputados una ley nacional de asistencia integral a las víctimas de la tragedia, porque la norma sancionada en la ciudad de Buenos Aires “no está reglamentada en sus partes más importantes y deja afuera a muchas familias”, señaló el comunicado de la Coordinadora Memoria y Justicia. Pero ¿cómo? ¿Todavía no hay una ley que ampare a las víctimas o a los familiares? Está claro que no y eso debería haber sido un tema primario, junto con la búsqueda de los culpables ante tamaña tragedia. Las dos cosas debieron ir a la par y 11 años después todavía se está pidiendo por ayuda, por solidaridad, por conciencia a la hora de pensar en el trauma que viven los que lograron escapar del fuego y el humo esa fatídica noche.


“Martín no soportó tanta desidia solo”, afirmaron desde la Coordinadora, integrada por sobrevivientes y familiares de víctimas de Cromañón. La noticia me hizo volver en el tiempo, recordar a los que estuvieron involucrados como Omar Chabán (ya fallecido), la banda Callejeros, los socios del empresario, el manager de la banda, los gobernantes de turnos, el chico de la bengala, en fin, muchos que en menor o mayor medida fueron protagonistas ese día. Declarar culpables a todos no hará borrar el dolor que viven los sobrevivientes y las personas que perdieron a un familiar en la tragedia. Pero se puede hacer algo para ayudar, no para mitigar el dolor, simplemente para ayudar.


Está muy claro lo que se pide: “Es vital que las familias y sobrevivientes de la tragedia contemos con los servicios y recursos necesarios para poder recuperarnos y vivir una vida plena: contención psicológica, apoyo económico, oportunidades laborales y talleres para víctimas”.


Parece sencillo, para nosotros que lo miramos desde lejos, pero para ellos es algo tan vital. En estos temas también deberían poner sus ojos los políticos, los que tienen la responsabilidad de encontrar soluciones ante estas circunstancias. Tampoco vi muchos canales de televisión gastando minutos en difundir este reclamo. Debe ser porque no es un tema de candente actualidad. Insisto, reconozco mi ignorancia al pensar que ya existía una ley que ayudaba a las víctimas y familiares de la tragedia de Cromañón. Pero debí pensar antes cómo se dan las cosas en nuestro país. Donde insistimos en no olvidar algo que pasó, pero tampoco debemos olvidar las secuelas, lo que queda. Habrá que pensar que, como dice la canción, vivimos en “un país esponja, se chupa todo lo que pasó”. Cada vez estoy más convencido de esto.

 

 

Comentarios