La Provincia
Domingo 22 de Noviembre de 2015

Las elecciones de hoy bajo el faro de Artigas y López Jordán

Comparar el balotaje con momentos clave de la historia en que el poder constituido mandó cortar cabezas 

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar


Entre Ríos no logra sobreponerse todavía del sacudón que le provocó la invasión resuelta por Domingo Sarmiento para anular los votos que hicieron gobernador a Ricardo López Jordán, tras el asesinato de Justo de Urquiza. La guerra entrerriana ocurrió hace siglo y medio, casi, y esa derrota que aún nos pesa atraviesa los más diversos ámbitos, no se circunscribe a la política partidaria.

Cómo serán las resonancias del cimbronazo de los Remington comprados por Sarmiento a los Estados Unidos, contra la carne de los panzaverdes, que tras décadas de gobiernos peronistas aún se sostiene en las aulas la Marcha que hace soñar a los niños con Urquiza, cuando el mayor de los peronistas entrerrianos, Fermín Chávez, demostró con creces el despotismo del estanciero, y su total desprecio por las inquietudes del pueblo.

Los otrora revolucionarios radicales, que tanto le deben a López Jordán, y los peronistas llamados justicialistas, rindiendo tributo a Urquiza en la Marcha, en pleno siglo XXI: he ahí el más pleno testimonio de la resignación. 

* Gran discriminador

Las elecciones son nacionales, entonces parecerá un desatino enfocar la provincia. Pero el federalismo tienen raíces milenarias y nació con Artigas para el cono sur, no para encerrarse en lo local.

Las repercusiones de la derrota se notan incluso en los docentes (con escasas excepciones), que no se han animado todavía a revertir la mentira, y así le cantan a Urquiza como celebran su Día del Maestro con Sarmiento, principal entre los racistas argentinos (racismo genocida en las provincias, en la Patagonia, en el Chaco y en el Paraguay), y enemigo declarado del federalismo que vio la luz en el Espinillo; no con una volanteada precisamente.

Lo cierto es que en tiempos del encuentro de Urquiza con Sarmiento (que desembarcó del buque llamado Pavón, nada menos, en febrero de 1870), había unos blancos, mayoría, que no aprobaban al uno ni al otro, como se comprobaría con sangre dos meses después, un 11 de abril.

¿Por qué cayó Urquiza? Que lo diga Chávez: “falta de libertad electoral, administración personalista de la justicia, arbitrariedad en la compra-venta de tierra y hacienda, desvalorización agraria, arbitrariedades del contrato Fragueiro y supresión de las Municipalidades”.  (Vida y muerte de López Jordán).

El déspota había sido capaz de privatizar hasta las rentas del estado (contrato Fragueiro), con irritantes efectos sociales. Sin contar aquí los silencios, agachadas y negocios urquicianos en torno de Pavón, el crimen de Peñaloza, el ataque a Paysandú, la guerra al Paraguay, en fin. Hasta los popes del Colegio del Uruguay fogonearon el jordanismo, Alberto Larroque entre ellos.

Tal vez se explicaría en algo la Marcha (los últimos versos: “para hacer de la heroica Entre Ríos/ la Entre Ríos que Urquiza soñó”), si aceptáramos que los partidos mayoritarios no ven del todo mal la actuación de Urquiza en ese listado de acusaciones: patrimonialismo, despotismo, arbitrariedades, negocios incompatibles, traiciones, guiños al unitarismo, enriquecimiento, manipulación de jueces, aprietes, oligarquía…

* Paraguay y Entre Ríos

La otra razón posible: ignorancia. Y una tercera: no nos da el cuero todavía para decirles a los jefes de Buenos Aires que sus próceres de allá fueron asesinos acá como en el Paraguay.

“Después de destruir al Paraguay el partido Liberal necesita destruir a Entre Ríos, última rama del viejo árbol federal, y eso es lo que comienza a ejecutar Sarmiento”, dice Fermín Chávez. Y repite como una síntesis el pensamiento del empresario banquero Antonio Fragueiro ante la invasión que anhela: “por primera vez van a ponerse frente a frente, la levita que representa la civilización y el chiripá la barbarie”. Entonces Fermín llama a esa generación “la civilización de la levita que destruyó al pueblo paraguayo y también al entrerriano”.

Y bien, esa civilización de la levita puede ofrecer un par de candidatos enfrentados en apariencia, sin dudas, en el siglo XXI.

López Jordán fue votado según la Constitución. Poquitos votos, pero eso era norma entonces. Como se ha dicho, cuando los votos amenacen cambiar algo profundo serán prohibidos: pues Entre Ríos lo comprobó, sangría mediante, con el todavía “padre del aula”. Hoy ¿cambian algo?.. Vayamos a votar con tranquilidad. Que la conciencia es (todavía y demos gracias) inexpugnable.

* Hipocresía

Para describir la situación provincial en tiempos de invasión sarmientista, dice el gran Alejo Peyret: “la palabra fue dada al hombre, como decía Talleyrand, para disfrazar su pensamiento. La verdadera traducción de liberales aquí, sería opresores. Así volvemos por un circuito al sistema unitario, menos con la franqueza, pero sí con refinada hipocresía”. Peyret habló así en épocas de Sarmiento y sus palabras cobran vigencia tras el “debate” presidencial reciente y las propagandas. 

Millones y millones de pesos nos costó este año de campañas, cuyos frutos están sintetizados en el llamado “debate”, esa farsa. Algún día podremos analizar cómo los poderosos desairaron al pueblo, para luego mandar desobedeciendo. Los candidatos a presidente (a quienes se les debe exigir méritos), no contestan. En cualquier reunión preguntamos y contestamos, es natural en las ruedas de mate.  Pero eso no se aplica en las reuniones preparadas exclusivamente para que los pretendidos presidentes pregunten y contesten. 

La burla bastaría para descartarlos y convocar a los que salieron tercero y cuarto, pero no nos extenderemos sobre esto en plena veda. Hoy podemos ir a sufragar en paz: el establishment no corre riesgo alguno. Muy lejos de aquella elección del sobrino de Francisco Ramírez en que Sarmiento, quizá con exceso de prevenciones, advirtió que resucitaba la llamada “barbarie”, los cabecitas negras, y abortó.

Han pasado 145 años, y los entrerrianos seguimos anclados en la dispersión de Ñaembé que lloró López Jordán, y que le dio a Julio Argentino Roca un envión hacia la presidencia. Con la cabeza de los entrerrianos, los mapuches y los guaraníes, construyó  Roca su escalera.

Seguimos inclinados aún ante la posterior carnicería de Don Gonzalo, el escarmiento unitario, medio obligados a votar entre sarmientos y mitres (por la línea unitaria y de alta burguesía, no por el talento que es un ilustre desaparecido en la política argentina).  

*Voto peligroso

El atropello del poder unitario encabezado por Sarmiento, destruyendo a nuestros paisanos con sus Remington y Krupp, se explica en que el triunfo de Ricardo López Jordán o alguno de los federales no les convenía. Una especulación electoral destruyó entonces la autonomía. 

Buenos Aires había sabido sacarse de encima primero a Artigas y en seguida a Ramírez. Luego lograría terminar con Urquiza (con su fantasma, digamos), y en seguida con López Jordán.Ahí se mostró la disposición del poder constituido para erradicar el voto, si el voto molesta. Ni la renuncia que ofreció el gran entrerriano (nacido en Pasyandú) podía aplacar la sed de sangre del “padre del aula”.

* Las dos cabezas

Los poderosos están de fiesta. Sus intereses están bien cuidados, gane quien gane. Y los temas que nos interesan no entran en “debate”. 

Por ejemplo: la mercantilización de la tierra, que tanto daño genera en las familias por el destierro, el hacinamiento, la desocupación, la muerte. ¿Postulados a la presidencia sin hablar de la tierra? Vaya debate. Los periodistas porteños no les preguntaron tampoco, es obvio. Pero sí dijeron “Malvinas”, y los candidatos evitar también una respuesta. Como quedó a la vista, todos respondemos cuando nos preguntan, menos ellos. Entonces, ¿qué más hace falta para comprender el momento?

José Artigas, en vez de esquivar el tema de la tierra lo encaró con visión revolucionaria. Se han cumplido 200 años del incomparable Reglamento provisorio.  Cosa que ignoran olímpicamente los niños bien de la facción que mandó por las cabezas de Artigas y de López Jordán.

Frente al poder de los españoles de Javier Elío y a los porteños del Triunvirato, que parecían enemigos pero habían pactado entregar Uruguay y parte de Entre Ríos a España en 1811, Artigas no se quedó con Elío ni con Buenos Aires, ¿nos explicamos? Y acompañó a las familias orientales al Ayuí. Ni unos ni otros: los valientes dan batalla cuando quieren, y jamás en la cancha y con las reglas del enemigo.

*Aborto de la revolución

Llegada su hora, los blancos entrerrianos no acordaron con Urquiza ni con Sarmiento. 

Las coplas del cancionero popular jordanista que canta Ricardo Maldonado, preguntan: “Dónde están los blancos lirios,/ qué se han hecho, dónde están,/ dónde están los entrerrianos,/ dónde está López Jordán”.

Dicen esos versos antiguos sin dueño que canta el paisano de Galarza: “De azahares tengo coronas/ pa’ regalarle a Jordán/ y a todos los que defienden/ el derecho provincial./ Yo vi venir a Jordán/ en un caballo tordillo/ gritándole a los salvajes/ que se aten los calzoncillos”.

Hoy se votará por Mauricio Macri, por Daniel Scioli, o en blanco. Los que llegaron (por razones largas de analizar), no responden preguntas, como no responden los interrogantes que dejó planteado el aborto de la revolución federal nunca muerta, sólo inconclusa.

“Corona de blancos lirios/ se ponen sobre el altar/ para que salve la vida/ a la patria y a Jordán”, canta Maldonado y agrega en la Antigua litoralera de Martínez Paiva: “De Entre Ríos a Misiones/ no almitimos unitarios, por desliales y arbitrarios/ los echamos a empujones”. 
 

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