La Provincia
Sábado 27 de Febrero de 2016

Las costumbres versus la ley

Daniel Caraffini/ De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar

Las normas y leyes en Paraná no han podido imponer cambios en determinados hábitos ciudadanos. Poco han importado amenazas y hasta algunas que otras multas, cuando años atrás los vecinos sacaban la basura fuera de horario; tampoco encontraron eco las campañas de concientización para ser más respetuosos con nuestro ambiente, nuestro entorno, y nuestros vecinos.

El triste historial de microbasurales y quemas de residuos en la vía pública recién comenzó a quedar atrás, a partir de la instrumentación del sistema de contenedores –metálicos y plásticos–, que se inició allá por 2010 y se profundizó en los últimos años.

Ello mejoró significativamente la situación en las calles, pero no se modificaron mucho las conductas de los vecinos. Más bien tuvo una consecuencia peor: es como que se escondió la basura, debajo de la alfombra, y el problema sobre qué hacer con los residuos, mantener limpia la ciudad y no atentar contra la calidad ambiental y sanitaria, se trasladó y agravó otra etapa de ese proceso de tratamiento y disposición final.

Los contenedores, en la actualidad, son utilizados para eliminar todo aquello que un frentista quiere quitarse de encima. Sin pudor ni sonrojarse, vecinos del centro y de los barrios, de la periferia y de las zonas “más acomodadas”, arrojan no solo las bolsitas de residuos domiciliarias, sino restos de podas, escombros, materiales de construcción, televisores, electrodomésticos, artefactos tecnológicos, etc.

Así entonces, la resolución del problema de la basura a través del sistema de contenedores y del funcionamiento de una planta reciclaje es inalcanzable, con solo el aporte de los trabajadores que allí se desempeñan.

Las sociedades más conscientes ambientalmente han gestado, hace tiempo, otro camino: la separación de residuos en origen, que obliga y compromete a cada uno, en su hogar, a involucrarse.

En la capital provincial, esa acción aislada comenzó a ser experimentada hace más de 10 años en la zona sur, pero avances y retrocesos fueron marcando un derrotero que impidió su progresiva expansión.

Por estos días tomó estado público la decisión de la jueza de Primera Instancia Civil y Comercial Nº 8 de Paraná, María Andrea Morales, para que a partir del 1 de abril, se proceda a la separación domiciliaria y recolección diferenciada de los Residuos Sólidos Urbanos, en el marco de una causa iniciada en 2008 por el Foro Ecologista de Paraná, contra el Estado municipal.

No se trata de una medida inédita: sacar residuos inorgánicos un día, y orgánicos otro, es un hábito ya internalizado en muchas comunidades de la provincia y de la región. Hay ciudades del país, incluso, que hasta eliminaron el uso de bolsas de polietileno –uno de los elementos más contaminantes y de más tardía degradación– en los supermercados, y nadie dejó de ir ni disminuyeron sus compras. Hubo aquí algunos intentos –como cobrar las bolsas–, pero eso no alentó su suplantación.

Los hábitos se encarnan a través de la repetición de actos. Y nuestras costumbres hicieron naufragar muchos intentos de avances, hasta ahora. La fuerza del cambio no vendrá solo de la ley, sino de una verdadera idea de conciencia ambiental forjada paciente y lentamente desde la educación y compromiso comunitario que hoy, nos muestran hasta nuestros arroyos urbanos, aún no tenemos.

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