A Fondo
Viernes 11 de Marzo de 2016

La vida es eso que pasa entre mensaje y mensaje de...

Sebastián Gálligo/ De la Redacción de UNO
sgalligo@uno.com.ar

Están los grupos de padres y madres de la escuela, el de los amigos de la primaria; el de los amigos de la secundaria, si te cambiaron de escuela y no seguiste con los mismos compañeros; el de los vagos de fútbol, el de amigos, el de amigos de la “facu”, el del equipo con entrenador incluido y sin entrenador; el de los novios de las amigas; el de los compañeros de trabajo; el de los compañeros de sección de trabajo, el de los ministros de Macri, según confesó la Patricia Bullrich; el de los que se fueron una vez de vacaciones y no se vieron nunca más y así podríamos seguir…

La demanda diaria depende de la cantidad de los grupos que whatsapp que tengás y por más indiferencia, es prácticamente imposible abstraerse de mirar el teléfono durante del día. Más aún cuando se forman cadenas de solicitudes por algún tema sensible, importante o indistinto.

Están los mensajes inevitables que tienen un plazo para la respuesta porque sino llega la insistencia, tales como ¿Mañana hay clases? ¿Qué tienen que llevar al acto los chicos? ¿Nos juntamos el viernes? ¿Quién tiene franco el jueves para cambiárselo?

Los mensajes no tiene noción del tiempo, están abiertos las 24 horas, lo que ha originado decenas de interrupciones del descanso. Y abandonar el grupo sin ningún motivo o argumento puede generar un impacto tremendo en el resto de los integrantes con interpretaciones de todo tipo.

La posibilidad de compartir momentos únicos, como contar que sacaste el número 1995 en la cola del Iosper y va por el 1350 o que estás por entrar a rendir la última materia de la facultad, da pie a decenas de comentarios acompañados de consignas.

En los “diálogos”, sin ningún de dato científico o estudio serio, prevalecen, al menos en el de los hombres, fotos triple xxx, cargadas de uno hacia otro de manera cruzada en aquellos que no tengan un protagonista tomado de “punto” y reiteradas anécdotas que la mayoría conoce. El de las chicas se los debo, para no generar conflictos, viste.

La ansiedad por contestar no conoce límites y los riesgo son permanentes. Desde dejar de prestar la atención al tránsito, entre los más graves, a los “transgresores” que esperan que el guardia del banco se dé vuelta para meter el dedo. En esos caso prevalece el ícono para salir del paso para registrar tu presencia.

Independientemente de las “necesidades comunicacionales” están los que tienen el dedo full time, sumado a los manipuladores permanentes, que en su momentos tendrán otra columna de opinión.

El whatsapp ha generado una dependencia sin precedentes y forma parte de nuestra rutina de manera permanente. Es una realidad incorporada más allá de las recriminaciones. Y la vida parece eso que sucede entre mensaje y mensaje. Tal vez sea una moda, no sé, pero debo confesar que mientras escribía este artículo miraba de reojo el teléfono.

Al final la vida es eso que pasa entre mensaje y mensaje de whatsapp.

Comentarios