La Provincia
Sábado 04 de Junio de 2016

La trampa de los noviazgos violentos en tiempos violentos

Los comportamientos agresivos, tanto verbales como físicos, están bajo un sistema de poder: el patriarcado. La noción de amor romántico legitima prácticas que establecen roles al interior de la pareja. Testimonios en primera persona.


Lucila Tosolino/De la Redacción de UNO
ltosolino@uno.com.ar

El día en que Guadalupe, de 32 años, decidió separarse de su novio, él la esperó en su casa, la arrastró de los pelos, le pegó patadas en el cuerpo, le lastimó un brazo, una pierna y le dijo de todo menos linda. Ella hoy está bien, recuperada y su historia sirve como testimonio de lo que fue estar atrapada en una compleja telaraña de violencia verbal, psicológica, económica y física.
Así como Guadalupe logró reaccionar y cortar la relación con un hombre golpeador luego de estar siete años de novia con él, hay mujeres que lamentablemente no pueden frenar ese círculo infinito de violencia que puede terminar en un triste desenlace como el femicidio. Por eso, hay que tener en cuenta que la violencia, muchas veces, toma carrera desde el noviazgo y si la relación no es saludable y se detecta a tiempo se puede volver tóxica.
Ruth Lemos, profesional en cuestiones sobre la problemática de género y quien lleva adelante un proyecto de extensión en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) que se denomina Juventudes  y amores del S. XXI. Prevención y abordaje de violencia en relaciones de pareja,  hacia  la equiparación de género, cuenta que “la violencia siempre va creciendo y los conceptos de amor romántico y patriarcado son los que condicionan este tipo de relaciones entre parejas en la actualidad”.
“El amor romántico es un ideal cultural que ofrece al individuo un modelo de conducta organizado alrededor de factores sociales y psicológicos, en donde hay sacrificio por el otro, generalmente es la mujer la que renuncia. Mientras que el patriarcado es una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón sobre las mujeres, se trata de un poder histórico por parte de los hombres”, explica Lemos, y quien adhiere a esta noción es Silvina Garay, docente de la Facultad de Trabajo Social de la UNER y que también hace años aborda de manera comprometida la problemática de género: “Hay que estudiar el contexto de los hechos y no las particularidades. Es necesario hacer una reflexión social e institucional de lo que está pasando y asumir la responsabilidad. Con la problemática de violencia que hay entre las relaciones de pareja estamos en una posición histórica en donde nos atraviesan términos como patriarcado y amor romántico, de los cuales hay que despegarse para reconocer los derechos que tenemos todos y que no debe haber dominio de unos sobre otros, sino respeto”.
“A mí lo que me pasó, es que siempre pensé que el amor era para siempre, eterno y así lo idealicé. Creí que iba a estar siempre con él, que íbamos a ser felices juntos, pero no fue así. En nuestro noviazgo, siempre era él el que tenía poder sobre mí, el que tomaba las decisiones y me controlaba y no respetaba, y uno, como tiene baja autoestima y no quiere perder al hombre que quiere, se esmera para que la cosa funcione”, relata a UNO Guadalupe. Al respecto, Lemos agrega: “Cuando hay conductas violentas en una de las personas que integran la pareja, generalmente son del varón hacia la mujer. Esta desigualdad de poder, sumada a la necesidad de las chicas por conservar el amor, no perderlo y sacrificar todo para tenerlo, es lo que hace a una relación tóxica, conflictiva”.

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Amor eterno 
Eliana es una paranaense de 48 años que sufrió violencia de género por parte de su pareja durante más de siete años. Luego de superar esos años oscuros, actualmente ella vive feliz con sus hijas y nuevo novio en otra localidad de Entre Ríos, que no es la capital entrerriana. Al igual que Guadalupe, habló con UNO e hizo una revisión de su pasado: “El día que mi exnovio me quebró una costilla me di cuenta de que había tocado fondo. Lo que pasa es que uno piensa que hizo algo para merecerlo, que actúo mal y por eso se enojó su pareja y este empieza con los insultos y la agresiones verbales y después pasa a los golpes, el tirón de pelos y las patadas”.
Ambas mujeres –por Guadalupe y Eliana- insisten es que todo tipo de violencia es terrible, pero la peor es la psicológica. “Si bien la violencia física duele porque hay dolor y deja marcas en el cuerpo, como un moretón, la peor de las violencias es la psicológica y la verbal, porque el daño mental que te hace es tremendo y uno no sabe qué hacer ante esa situación hasta que llega la ruptura. Cuando me di cuenta de que vivía con un hombre violento, fue cuando estaba en el trabajo y me agarró un ataque de pánico, así que pedí licencia por tres meses, fui al psicólogo y después tomé la decisión de separarme”, relata la mujer de 48 años. Y la joven de 32 años agrega: “La idea del amor eterno, el amor romántico, tiene mucho peso porque uno no quiere fracasar en la relación. Al principio uno se siente mal si la cosa no funciona, pero luego se da cuenta de que no todo está perdido, que se puede volver a empezar y no hay que quedarse con el tipo violento porque no es sano”.
Guadalupe y Eliana fueron entrevistadas por UNO de manera separada, aunque ambas coincidieron en que “el hombre violento te aísla de tus amistades y tu familia”. “Él me separó de mis amigas y de mi familia. Siempre estaba con él y en todo momento me controlaba, desde qué ponerme hasta con quién hablaba”, cuenta la más joven de las mujeres consultadas, y amplía la más grande: “Los celos y la manipulación se vuelven moneda corriente en la relación. Se trata de que el hombre está constantemente sobre una y le dice qué hacer, con quién juntarse y qué ponerse. Como una cede ante estas situaciones para que no haya pelea, porque lo que se busca es armonizar la relación, por eso una termina renunciando a sus actividades con tal de que ‘todo esté bien’”. 


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Control absoluto 
Laura Ecker tiene 42 años y es de Concordia. Ella sufrió violencia de género por parte de su pareja durante muchos años. Hoy su experiencia de vida sirve para ayudar a quienes más lo necesitan y por eso creó hace tres años la Fundación CARIDAD cuya sigla significa: Contra el Abuso, Rechazo, Indiferencia, Discriminación de Argentinos Desprotegidos. En diálogo con UNO, la mujer explica que en los noviazgos violentos siempre hay una notoria tendencia a poseer al “otro”, a controlarlo. “Casi siempre es el varón el que se vuelve un sujeto e intenta apoderarse de la mujer, la toma como un objeto. El hombre es quien ejerce mayor poder sobre la mujer y esta cede porque quiere sostener la relación y no estar sola. Es por eso que renuncia a sus deseos y sacrifica todo”.
En el mismo sentido, Jesica, una estudiante de 25 años de Paraná, charló con UNO y detalló que estuvo cuatro años conviviendo en pareja con un hombre que la manipuló y golpeó durante ese tiempo. “Siempre discutíamos y él me insultaba verbalmente hasta que se sacaba de quicio y me pegaba. Me controlaba todo el tiempo y yo estaba a merced de él. Fue algo horrible que ya superé y recién ahora, dos años después de esos años oscuros, puedo asimilar lo que pasó. Sé que fue tremendo, y no tan solo por lo que él me hacía, sino porque yo no me podía dar cuenta, uno termina no reconociéndose y asustándose de hasta dónde llegó”. 
Cuando una mujer queda atrapada en una red de violencia es porque hubo un proceso previo que no logró percibir, se trata de una serie de conductas que se van dando de manera progresiva y que generalmente empiezan con un sutil insulto y terminan de la forma más brusca, con un golpe -sin descartar el asesinato-. “La violencia en los noviazgos arranca con maltratos insignificantes que de a poco se va instalando, aumentando. Por ejemplo: el varón se burla sobre lo que dice o hace la mujer, hay gritos y amenazas bajo la excusa de que hace las cosas mal. Después le sigue el enojo y el momento de la agresión física. La situación culmina cuando él le pide perdón y promete que no va a volver a actuar así. Entonces la relación vuelve al comienzo, regresa la confianza, pero en realidad el círculo empieza de nuevo, se habla de un círculo de violencia ilimitada, en espiral”, cuenta Lemos. 
“Una muchas veces está cegada, no puede ver lo que pasa hasta que alguien de afuera del círculo violento de la pareja lo advierte y a una le hace ‘click’. Pero creo que a veces se llega al límite del golpe porque antes, con la violencia verbal, psicológica e incluso simbólica, una no puede reaccionar”, agrega Jesica, al tiempo que remarca la importancia de tener amigos y familiares cerca porque “a veces una se encierra en la pareja y no sale del círculo vicioso. Hay que tener en cuenta que si el hombre te controla y te aísla, ya la cosa está mal”.
De esta manera, Ecker destaca lo hermoso que es enamorarse, tener pareja, disfrutar del cariño entre pares y celebran cada minuto la sensación de sentir mariposas en la panza. “Aunque es necesario no confundir el amor con la obsesión, el acoso y el control porque cuando se pasa el límite y se vuelve manipulación y ahí aparece la violencia”, apunta la directora de la Fundación CARIDAD, a lo que agrega Lemos: “Cuando aparece la violencia psicológica y verbal, es cuando estamos en la puerta de la tormenta, cuando hablamos del comienzo del círculo infinito de violencia en los noviazgos y si no se percibe a tiempo, se está en un grave problema”.
La compleja telaraña de violencia verbal, psicológica, física, entre otras, avanza como hiedra y si no se corta a tiempo se puede llegar a una muerte no cada 30 horas, sino a una por hora. Es por eso que para evitarlo hay que fortalecer la educación en todos los ámbitos de la vida social, empezando por casa y la escuela.

Determinante. Poner masivamente en estado público la crisis es un modo de arribar a las soluciones. (Foto: UNO/Juan Manuel Hernández)

¿Cuántas más?
Ayer se cumplió un año de la primera movilización nacional bajo la consigna  #NiUnaMenos. Al respecto, el Observatorio de Femicidios Marisel Zambrano de La Casa del Encuentro hizo un relevamiento desde el 1º de junio de 2015  hasta el 31 de mayo de 2016  e indicó que a un año de la primera marcha contra la violencia de género, fueron 275 las mujeres asesinadas en el país, lo que significa que mataron a una cada 30 horas.
De esta manera, 317 son las personas que se quedaron sin madre y 35 son los varones que murieron intentando salvar a las mujeres de los femicidas. 
En el trágico listado de mujeres asesinadas, hay una bebé, 11 niñas de entre 2 y 12 años y 29 adolescentes comprendidas en la franja etaria de 13 a 18. También, nueve adultas mayores.
Los femicidas utilizaron como metodología las armas en 66 crímenes; apuñalaron a 57 mujeres; las mataron a golpes a 40 de ellas, las estrangularon a otras 21 y quemaron a 20, siendo la incineración una de las formas más cruentas de matar mujeres en Argentina.
Como cada año, este noveno informe de La Casa del Encuentro demuestra que la vivienda sigue siendo el lugar más peligroso para ellas en situación de violencia de género, ya que 171 asesinatos ocurrieron dentro de casas.
Del total de víctimas, 39 tenían denuncias judiciales, exclusión del violento y prohibición de  acercamiento del maltratador.
Entre otros aportes, el informe elaborado a un año de la primera vez que la ciudadanía argentina salió a la calle multitudinariamente a repudiar los femicidios, consignó que cinco de las víctimas estaban embarazadas, seis estaban en situación de prostitución y trata, una era originaria y que hubo cinco travesticidios.
En cuanto a las características de los femicidas, 23 pertenecieron o son parte de una fuerza de seguridad y 36 se suicidaron luego de matar.
Las provincias con los índices más altos de femicidios son Buenos Aires (102), Santa Fe (23), Salta (21), Córdoba (20), Ciudad de Buenos Aires (13), Santiago del Estero (11) y Mendoza (10). 
Estos números son mujeres que no están porque un hombre decidió matarlas y dejar huérfanos a 216 niños y niñas menores de edad. Por eso, La Casa del Encuentro insistió en el reclamo del tratamiento legislativo de una ley de pérdida automática de la responsabilidad parental del femicida condenado. 
También reclamó que se avance con el ante proyecto de ley “Brisa” para otorgar un reconocimiento económico a hijas e hijos de víctimas de femicidios hasta la mayoría de edad. El nombre de la norma es el de una niña cuya mamá fue asesinada por el padre. 
De esta manera, Ada Rico, presidenta de la ONG, pidió que se concrete el asesoramiento y asistencia jurídica a las víctimas, tanto mujeres, como niñas y niños y exhortó a los gobiernos a entregar una asignación consistente en un subsidio económico equivalente a una jubilación mínima por tres años a las mujeres en situación de violencia. 
Otra de las necesidades planteadas por Rico fue el otorgamiento de una licencia por violencia de género en todos los ámbitos laborales, no menor a 20 días anuales, y su inclusión en los convenios colectivos de trabajo.
La implementación del plan nacional de protección a mujeres con un presupuesto acorde, la apertura de Oficinas de Violencia de la Corte Suprema en todo el país, el aumento de refugios, de botones antipánico para la mujer y tobilleras para controlar a los agresores y las capacitaciones en género en todos los ámbitos del Estado son otros de los pedidos de la organización social. 
“Seguimos interpelando a los distintos poderes del Estado para que multipliquen el esfuerzo y se generen aún más políticas públicas que permitan evitar los femicidios. Que acompañen a las víctimas. Que las escuchen. Que las contengan. Que este tema sea considerado un tema de agenda y prioritario”, solicitó Rico. 
Más allá de las falencias de los distintos poderes del Estado, también hay que hacer un replanteo a nivel social. Evaluar la situación en el hogar y la escuela y apostar a mayor educación en todos los ámbitos de la vida porque efectivamente la violencia de género contra las mujeres está avanzando y no en vano este 3 de junio de 2016, fueron 275 las que no pudieron marchar. 
Y así lo ejemplifica Ecker para que quede clara la labor del futuro inmediato: “Hay mucho trabajo por hacer y todo empieza por la educación. El sistema patriarcal está condicionando a la sociedad en muchos aspectos y no debe ser así, los ciudadanos tenemos que reflexionar y el Estado tiene que actuar y generar políticas públicas para que se revierta esta situación. En Concordia no tenemos una oficina de género como hay en Paraná y eso ya demuestra el interés del Gobierno por erradicar esta problemática”.

Para debatir
El lunes 6 de junio a las 15 se realizará el panel Los jóvenes: interrogantes sobre los noviazgos violentos y las características de la trata con fines de explotación sexual en el Auditorio Rodolfo Walsh de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, ubicada en Buenos Aires 389. Esta actividad está organizada por el Proyecto de Extensión Periodismo en la Universidad y la Escuela Secundaria.
El panel estará integrado por Leandro Dato, fiscal de la Unidad Fiscal de Violencia de Género y Abuso Sexual de Paraná; Ruth Lemos, directora de Proyecto de Extensión Juventudes y amores del siglo XXI de la Facultad de Trabajo Social de Paraná; Silvia Primo, integrante del Equipo de Educación Sexual Integral de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y del Consorcio Nacional de Derechos Sexuales y Reproductivos (Conders). 
Se sumará además Elena Moncada, integrante de la organización Santa Fe en Actividad, una organización que asiste a mujeres en situación de prostitución y autora del libro Yo elijo contar mi historia en la que relata cómo se inició en la prostitución a partir de la trata y los abusos que sufrió cuando era niña. También estarán presentes Dina Bulacio, vicedirectora de la escuela Secundaria N° 511 Juana Azurduy y Gladis Sividini, docente e integrante del Foro Santa Fe Contra la Trata.
Incluso, en el panel, se presentará la 10ª edición de la revista Mal de Ojos, mirar fuerte los temas que nos comprometen, que en esta oportunidad aborda la problemática de los adolescentes y las relaciones violentas que hay entre ellos. Esta publicación es producida y editada por estudiantes y docentes del Taller de Producción Periodística de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNER y uno de sus objetivos editoriales es acercar textos que sirvan para educar y concientizar.

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