A Fondo
Sábado 12 de Marzo de 2016

La reflexión que las mujeres no debemos eludir

Hoy por hoy. Opinión.


Vanesa Erbes/De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar


Cuenta la leyenda que Dios creó primero a Adán y luego a Eva, los primeros seres humanos de la Tierra. Con el tiempo se arraigó en el imaginario colectivo la historia de que ambos miembros de la pareja andaban desnudos por el Edén sin problemas, practicando el nudismo sin complejos, hasta que la serpiente tentó a Eva a probar la manzana prohibida y que, desde entonces, Dios retribuyó la deslealtad expulsándolos del paraíso y los castigó con la muerte, el dolor, la vergüenza y el trabajo.
Más tarde la Historia –escrita por los que ganan– se encargó de difamar a la mujer, desprestigiarla y estigmatizarla. Otro tanto pasó con el cuerpo, objeto que se fue transformando, según las culturas y las religiones, en algo peligroso. Por eso hubo que cubrirlo, para descubrirlo siglos más tarde, estereotipado a fuerza del marketing de las firmas que comercializan anabólicos y siliconas, y de los cirujanos plásticos y otros tantos que viven de la industria estética y cosmética, que gana espacio ante la ansiedad de hombres y mujeres por encajar en modelos impuestos, aún a base de sufrimientos corporales y sacrificios económicos, de cuerpos sin celulitis, alejados de la edad real y la panza y la flacidez que la fuerza de gravedad moldea sigilosamente.
Hay partes del cuerpo que deben ser tabú todavía para favorecer el negocio. Y el morbo, por supuesto. Por eso se genera un súper escándalo cuando cada tanto las fotos íntimas de alguna mediática (por lo general son mujeres las afectadas) se filtran en el ciberespacio. Cabe reflexionar cuántos se enterarían si no fuese por la hiperreproducción en diarios, revistas, páginas, programas de radio y televisión, que contribuyen a exacerbar la perturbación de los interesados en estos temas. 
Ayer, saturada por el tratamiento de la pseudonoticia sobre del infortunio de Ivana Nadal, asistí a la jornada “La comunicación como herramienta para la igualdad de género”, enmarcada en la primera conmemoración del Día Nacional de Lucha contra la Violencia de Género en los Medios de Comunicación. En este contexto, fue inevitable reflexionar que, más allá del archiacusado Marcelo Tinelli y otros más que promueven un lugar cuestionable para las mujeres, también haya mujeres que en los medios fomentan la humillación y la violencia contra sus congéneres. No cito casos, porque no hace falta.
Desaprender prácticas machistas, dejar de ser cómplices de la violencia física y simbólica, correrse de ese lugar mojigato que alienta y arenga lugares preestablecidos para las mujeres, que supuestamente no pueden viajar solas ni de a dos ni usar faldas cortas, que de acuerdo a ciertas posturas de la sociedad no deberían decidir sobre sus cuerpos ni sobre sus roles, ni hacer lo que les da la gana, es un compromiso social que también nos atañe a nosotras en nuestras prácticas cotidianas. 
Más allá de la responsabilidad que incumbe a los hombres en este proceso, dejar de lado las hipocresías que las mismas mujeres sostenemos y reproducimos y que incitan juicios de valor y alientan con más ahínco la violencia de género es una reflexión que todavía nos debemos.

Comentarios