Iglesia Católica
Miércoles 19 de Julio de 2017

Vecinos reclaman la restauración de la estatua del padre Bottegal

En honor a "Pochocho". El sacerdote, fallecido en 2004, era muy querido en las colonias. En los últimos días, en las redes sociales circularon fotos revelando el estado calamitoso de la figura que le rinde homenaje en San Benito

En los últimos días circularon por las redes sociales fotografías dando cuenta del estado calamitoso en que se encuentra la figura del padre Orlando Bottegal, el popular sacerdote que falleció en 2004 y que era muy querido en las colonias, y sobre todo en San Benito y Hasenkamp, localidades en las que vivió muchos años y caló hondo en los corazones de la gente. Fue precisamente en San Benito donde originalmente se colocó esta escultura en honor al querido cura, al que todos conocían como Pochocho.


Pasó el tiempo y por un accidente de tránsito que la averió, la Municipalidad la retiró para restaurarla, cosa que hasta ahora no ocurrió. La dejaron en las afueras de un galpón y siguió arruinándose, ante la consternación, la impotencia y la bronca de muchos de los seguidores del párroco.


En las fotos se ve la estatua del cura a la intemperie, sin un brazo, con la sotana derruida y otras roturas. Quien la observa hasta podría asegurar que tiene una expresión afligida, ya sea porque su autor la hizo así o porque los reiterados embates que afectaron al monumento que le rinde homenaje se fue desfigurando por las inclemencias del tiempo o por la desidia de quienes debían custodiarlo hasta que lo repararan.


En un principio, la imagen estaba en la plaza que lleva el nombre del sacerdote. Pero tras un incidente en 2009 definieron mudarla. Ubaldo Pellarini, quien fundó junto al padre Bottegal el movimiento Scout de San Benito hace 53 años, recordó el hecho y comentó: "Primero se la colocó en la placita, pero por hacer una broma un grupo de chicos le sacó un brazo, porque había uno de la barrita de amigos que tenía un brazo quebrado, cumplía años, y entonces le llevaron el brazo de Bottegal como regalo. El papá de ese chico trajo de vuelta el brazo y lo arreglaron. Estaba Ángel Vázquez de intendente y decidió ponerlo en la entrada, frente a la comisaría, cosa con la que no estuvimos de acuerdo".


"Ahora el actual intendente, Exequiel Donda, lo hizo retirar porque en un accidente de tránsito un camión lo chocó y volvió a romperse", agregó el hombre, que a sus 72 años aún dirige el grupo de Scout de la localidad de Paraná Campaña. A su vez, señaló a UNO: "Me enteré de que habían dejado afuera a la estatua y fui a la Municipalidad y protesté. Pedí que la dejen bajo techo y que los empleados municipales dejen de ponerle bufandas, sombreros. Sé que no lo hacían como una falta de respeto, sino que así era Bottegal, que chacoteaba con todo el mundo", aclaró con simpatía.


Pellarini adelantó que en la Municipalidad le dijeron que harán una comisión para restaurar la estatua y ponerla en valor, y lo invitaron a participar en esta iniciativa. Entusiasmado, confió: "La estatua se va a recuperar y se va a poner de nuevo en la plaza. Son varias las personas que tenían que haberse movido antes adentro de la Municipalidad, pero ahora se dieron cuenta de lo que significa para el pueblo".


Si bien en la comuna están proyectando realizar obras en la plaza Bottegal para trasladar luego la figura del sacerdote, curiosamente se desentendieron de pagar el arreglo de la obra, sino que asumieron que son los vecinos los que se están ocupando. Rubén Palacios, el viceintendente de la localidad, manifestó al respecto: "Hay un grupo de gente grande, encabezado por un señor de apellido Cogno, que ha encarado la restauración de la imagen del padre. Nosotros ahora comenzamos a trabajar en la plaza Bottegal, dentro del plan de plazas inclusivas, con fondos que provienen de la Nación. Hay que hacerle varias modificaciones. Cuando se termine nuevamente con eso, la imagen del padre va a volver a su lugar, porque esta imagen se hizo exclusivamente hace unos cuantos años para que estuviera ahí. Desconozco los motivos por los que se la trasladó después a la rotonda".


Carlos Cogno es el vecino que se hará cargo. Conoció al padre Bottegal y como tantos de su generación forjó una amistad y sintió una profunda admiración por el párroco. Es jubilado y de su propio bolsillo decidió pagar el arreglo, no porque le sobre el dinero, sino por la pena que sintió al ver el estado en que estaba la figura: "Hablé con un señor que es profesor y se va a encargar de la reparación, pero me dijo que este tipo de trabajos, con los materiales que hay que usar, hay que hacerlo cuando está bien el tiempo", dijo, y reafirmó: "Me hago cargo de pagar la restauración porque me da pena que una estatua como esa esté tirada".



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Dicharachero. Así lo recuerdan quienes lo conocieron. 
Dicharachero. Así lo recuerdan quienes lo conocieron.



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El cura que caló en el corazón de toda la gente



Ubaldo Pellarini recordó que el padre Orlando Bottegal llegó a San Benito en 1958 para reemplazar al padre Laurencena, que también hizo mucho por el pueblo. "Llegó para suplantar a Laurencena y encontró que toda la juventud de entonces jugábamos al futbol en la parroquia y que la misa era el lugar de encuentro de la gente de las colonias. Ahí crea l movimiento Scout y hace además el movimiento rural", recordó, y agregó: "Fue uno de los primeros grupos rurales con los que se organizó toda la colonia y atrajo a mucha gente. El padre Bottegal era el alma mater de todo lo vinculado con la juventud de la zona rural. Organizó capacitaciones para sacar leche, para hacer queso. Hizo una movida muy importante en San Benito y sus colonias".


Laura Meroi, oriunda de Sauce Montrull, lo recuerda como un pilar fundamental en su vida y en la de su familia: "El padre Bottegal marcó la vida de todos los que crecimos en la fe de su mano. Él nos enseñaba que la fe es cosa del alma, no de los protocolos. Desde sus gestos nos enseñaba a vivir con alegría. Si están enamorados 'cuchi cuchi' están alegres –decía–, cuánto más al sabernos amados por Dios", rememoró.


A su vez, contó: "Durante las misas, que duraban más de una hora, no volaba una mosca. Durante el sermón nos bajaba la palabra de Dios a nuestro nivel, la explicaba con ejemplos claros y reales. Hacía chistes y 'nos daba cascotazos'. Llegaba el momento de la consagración y parecía que era otra persona. Lo hacía de tal manera que todos sentíamos la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Era un hombre que no solo tenía fe, sino que vivía su fe. Estaba presente en el pequeño gran gesto. Era común ver a la gente a su alrededor y un montón de gurises con la cara sucia dándole besos y abrazos. Él a todos los saludaba por igual". María Inés, una de las hermanas de Laura, expresó: "El padre Bottegal significaba todo para los colonos. Él se preocupaba por el crecimiento espiritual de cada uno, especialmente por San Benito".


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