Crónica urbana
Lunes 29 de Mayo de 2017

Una esquina histórica que le da sabor a la región con sus dulces

Al almacén ubicado en el ingreso a Villa Urquiza todos los vecinos lo conocen como "Lo de Zulma", una mujer que, junto a su hija, mantiene desde hace un siglo la cultura del trabajo artesanal legada por sus padres y abuelos.

Los trinos de los pájaros se fusionan en un único chillido. El frío va en aumento y ningún vecino parece dispuesto a cumplir con el ritual dominguero de sentarse en la vereda a tomar unos mates y hablar. Son las seis de la tarde de un domingo de mayo y el termómetro no da descanso, la temperatura desciende estrepitosamente.



El escenario de una entrevista fraternal, amenizada con una picada casera, es en "Sabrosito", un histórico almacén ubicado en el acceso a Villa Urquiza. Este lugar permanece abierto de lunes a lunes de 8 a 21, aunque a veces los horarios se extienden varios minutos más.



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La casona antigua es amplia y huele a salame, queso. Dentro, hay un hogar encendido que calienta el lugar y hace agradable la estadía. El espacio está repleto de historia, de artefactos que a pesar del paso del tiempo, están intactos y vienen a revivir 1917. Resulta que hace 100 años, el padre de Zulma Restano, de 64 años, instaló este almacén que en esa época era de Ramos Generales y hoy prácticamente mantiene la misma esencia gracias a ella y su hija Fernanda, de 40 años.



Zulma accede a hablar con UNO sobre "Sabrosito". Durante el diálogo, al almacén no paran de aparecer clientes. Todos entran decididos no tan sólo a plagar sus paladares con los sabores caseros que prepara la mujer y su hija, sino que los visitantes experimentan una suave brisa de nostalgia o descubrimiento.



Para los más grandes, toparse con un teléfono del 1900 colgado en la pared, una cocina a leña que calienta el agua vertida dentro de una pava grande o una colección multicolor de botellas de antaño es volver el tiempo atrás. Mientras que para los más chicos, se trata de una montaña rusa de emociones porque de repente ven cómo era la "vida" hace 100 años atrás.



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Comienzos




El amplio horizonte de campo extendido frente a "Sabrosito" parece colarse en cada resquicio del lugar. Se trata de un bálsamo para la mente y el cuerpo porque es un espacio cálido y amigable. Ocurre que este almacén tiene una energía particular que lo hace ameno gracias al cúmulo de sensaciones que se experimentan. La combinación de aromas, texturas e imágenes son la clave para sentirse como en un hogar.



Al lado del salón principal, hay una habitación con amplios ventanales que está plagada de objetos de antaño. En una silla de madera y mimbre, Zulma se sienta y con una sonrisa pintada cuenta: "Todo me lo dejó mi padre. Ahora estoy a cargo y me ayuda mi hija y pretendo que en un futuro siga ella con mis nietas. Sí, así es, apuntamos a que pase de generación en generación".



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Mientras la mujer de 64 años habla de su padre y el almacén de Ramos Generales, en el salón principal impera una atmósfera de sonidos tenues que relaja a los pocos comensales que sin desesperar esperan la llegada de una sabrosa picada de campo. Todos están sentados alrededor de una mesa de madera con sillas haciendo juego. Luego de unos minutos empieza la fiesta: salame, queso, bondiola y pan casero generan en los visitantes una experiencia riquísima que termina con un postre exquisito: un dulce de la casa.



"Esta esquina se volvió histórica y aún conservo las cosas de mi padre, tal es así que en el subsuelo del almacén tenemos como un museo al cual invitamos a que los clientes pasen a ver y conocer", continúa Zulma y aclara que "para entrar no se necesita entrada ni nada, se trata de un espacio familiar que conservamos en el cual se exponen nuestras antigüedades".



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Sonriendo sin esfuerzo y con desbordante entusiasmo, la propietaria enumera los diferentes artefactos de 1900 que conservan en el almacén. Mientras, Fernanda atiende detrás del mostrador a las numerosas personas que entran a "Lo de Zulma", como le llaman al lugar los vecinos.



"Se trata de una colección propia, personal de cosas de antaño, antiguas. A la gente le encanta venir y ver. Todos quedan fascinados porque a los más grandes le genera nostalgia, les trae recuerdos. Mientras que los más chicos se sorprenden, no pueden creer cuando ven una radio, un teléfono u otras cosas", explica Zulma y cuenta que "la esencia de lo antiguo que tiene el lugar sigue intacta y no la vamos a cambiar porque es parte de la identidad de este almacén".



La dueña de "Sabrosito" detalla que a diario reciben clientes y dentro de todo les va bien, "aunque nos gustaría que nos vaya mejor". "Queremos aparecer en la carta turística de la región así viene más gente a conocer no tan sólo nuestro almacén, los objetos antiguos y el museos, sino también nuestros dulces, los cuales son de producción propia", amplía.



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Fábrica propia



Zulma es una mujer fuerte y emprendedora. Hace unos 15 años encaró el audaz desafío de hacer sus propios dulces y venderlos en la región. Este trabajo hoy tiene marca y es "Sabrosito", el nombre de los productos que cocina la mujer de 64 años con su hija. Juntas, más la ayuda de dos personas, se levantan alrededor de las 6 y ponen manos a la obra: lavan las frutas, las pelan, las hierves y más.



La propietaria de este almacén empezó a hacer duces en 1992. En ese momento los hacía con un hombre con quien rompió sociedad al tiempo. De esta manera, por 2001, Zulma accedió a un crédito provincial para emprendedores que le permitió instalar su propia fábrica en el fondo del almacén y así cocinar sus exquisiteces.



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"Hago de todo un poco; desde dulce de leche, dulces en almíbar, mermeladas hasta salsas de tomate y picles", señala y agrega: "Todo es casero y de fábrica. Lo hacemos nosotros en la fábrica que instalamos en el fondo del almacén. Se trata una producción cien por ciento propia con materias primas que a veces compramos en la zona y otras vienen de nuestra huerta".



El lugar en donde Zulma, Fernanda y dos personas más hacen los dulces está perfectamente acomodado y limpio. Esta fábrica, que tiene 15 años, cuenta con todo lo necesario para la elaboración de los productos "Sabrosito". Delante de esta habitación, hay otra en la cual se lleva a cabo el empaquetado de todo. Es así que sobre una larga mesa o en varias repisas, descansan cientos de frascos con mermeladas y dulces. Todos a puntos de ser comercializados.



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Durante mucho tiempo, los productos "Sabrosito" fueron vendidos no tan sólo en Villa Urquiza, sino también en Paraná y otras localidades entrerrianas. Zulma participó de diferentes encuentros y hasta tuvo un puesto en la Feria de Salta y Nogoyá, pero lo que ocurrió es que al tiempo se complicó y no lo hizo más.



"Por diferentes cuestiones decidimos vender nuestros productos en nuestro almacén. Lo hacemos al por mayor o al por menor. Pero lo bueno es que mucha gente viene por nuestros dulces de conserva", aclara la mujer y enumera algunas localidades que se endulzan con sus mermeladas: "Viene gente a comprarnos al por mayor desde Victoria, Paraná, Nogoyá, Santa Fe y Córdoba".



De esta manera, el emprendimiento de Zulma trascendió las fronteras y se volvió un éxito. Tal es así que en la región la consideran una referente y en 2009, el entonces intendente de Paraná, José Carlos Halle, le otorgó un reconocimiento por sus productos.



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"A diario nos invitan a que participemos de encuentros de emprendedores o de ferias para que expongamos nuestros dulces, a veces vamos y otras no porque no podemos dejar el almacén solo", relata Zulma al tiempo que manifiesta desazón: "La cultura del emprendedor se está perdiendo bastante. Hay que saber diferenciar lo que es la producción cien por ciento propia de la que no, porque los procesos de elaboración llevan mucho tiempo, por ejemplo, para hacer un dulce de mamón, primero pelamos la fruta y éso lo hacemos con cuchillo o pela papa, luego viene el agua, la azúcar y demás. Pero todo es natural y hecho por nosotros lo cual es muy diferente a comprar el producto ya elaborado y ponerle una etiqueta propia".



Mientras Zulma cuenta cómo elabora sus dulces, Fernanda, su hija, invita a UNO a pasear por el museo familiar que está en el subsuelo del almacén. En este espacio, se puede ver objetos de todo tipo como lo son elementos para la cocina, una carreta, un toca discos, una radio y almanaques del 1900. Todo está bien conservado y cuidado, y viene a revivir de alguna manera los 100 años de trayectoria de este lugar.



Tras un breve recorrido por la enorme casona antigua, Zulma se reúne con su familia detrás del mostrados del salón principal. Ríen, intercambian unas palabras y posan para una foto. Todos están contentos y entusiasmados, más que nada la mujer de 64 años, quien con trabajo y esfuerzo, logró sostener un almacén con el paso de los años e instaló un emprendimiento propio que endulza la región.


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Datos



Ubicación: Acceso a Villa Urquiza, un municipio que está ubicado a 42 kilómetros al norte de Paraná.


Teléfono: 0343-4994005


Dirección de correo electrónico: sabrositotomate2003@hotmail.com

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