Día del Padre
Viernes 16 de Junio de 2017

Salvó la vida de su hijo donándole parte de su hígado y este domingo celebrarán en familia

Leonardo Spreáfico y su hijo Eugenio, oriundos de Crespo, comparten una cicatriz en la panza, que es símbolo de vida y esperanza. En vísperas del Día del Padre, una historia de amor incondicional

Leonardo Spreáfico y su hijo Eugenio comparten una cicatriz en la panza, que es símbolo de vida y del amor incondicional de un padre a un hijo. El pequeño oriundo de Crespo tenía un año y ocho meses cuando le diagnosticaron hepatitis fulminante, necesitó un trasplante de hígado y su papá fue el donante. Hoy Euge tiene seis años, junto a su hermana melliza cursa el primer grado en el colegio Sagrado Corazón y practica rugby. Este domingo festejarán un nuevo Día del Padre juntos, en familia, y Eugenio en particular abrazará con fuerza a ese súper papá que le devolvió la vida.


El peor de los diagnósticos: hepatitis fulminante


Eugenio debió ser internado en septiembre de 2012 afectado por una hepatitis fulminante, de etiología indefinida. Se agravó con el paso de las horas y fue puesto en lista de espera de emergencia nacional del Incucai para recibir el trasplante.


Cumplidas las exigencias del protocolo para la donación de órganos y al no producirse un donante, su padre fue quien le salvó la vida.

"La última noche antes de entrar en coma Euge se retorcía y gritaba, no parecía él. Después quedó inmóvil, lleno de tubos. No podía verlo así. Cuando se tiene un familiar enfermo, en general uno tiene que dejar todo en manos de los médicos, pero yo pude ir un poco más allá, ayudarlo. Poco tiempo después de la cirugía Euge comenzó a moverse, a reírse de nuevo y yo sentí una satisfacción muy grande. Haber podido salvar la vida de tu hijo es un regalo inmenso, una sensación difícil de explicar", contó a UNO.


Más allá de una medicación diaria de por vida (un inmunosupresor, para que su sistema inmunológico no ataque el injerto), un extremo cuidado durante su exposición al sol (por los efectos colaterales del medicamento) y controles anuales, la rutina de Eugenio es exactamente igual a la de su hermana melliza Matilda y a la de cualquier chico de su edad.


Cursa primer grado en el colegio Nº 10 Sagrado Corazón de Crespo, junto a su hermana y este 2017 comenzó a practicar rubgy, aún de manera recreativa. "Tenemos un control anual y cada seis meses el pedido de medicación, el resto una vida prácticamente normal", contó Flavia, su mamá.


Lo más llamativo para él es esa cicatriz en la panza que tanto lo diferencia de sus hermanos, pero que tanto lo acerca a su papá.



Otra percepción

"No sé si nuestros hijos se dieron cuenta de todo lo que pasó, el mayor tenía 10 años, eran muy chiquitos, pero a nosotros como padres nos dejó una enseñanza tremenda. Suena como frase hecha, pero cuando tenés un sacudón como el que tuvimos, lo entendés. Te pasas años proyectando la casa propia, el auto; en fin, cosas materiales, cuando la realidad es que lo verdaderamente importante son ellos. Aprendés a valorar los chicos, la familia, la salud y sobre todo a disfrutar los momentos cotidianos", dijo.


En agosto de aquel 2012 Eugenio comenzó a sentirse mal y no encontraban la causa, no era mononucleosis, ni hepatitis A. Se ponía muy amarillo y levantaba fiebre. En ese momento el pediatra diagnosticó que era hepatitis y empezó a buscar que tipo era. A los 15 días pareció que la situación de su hígado comenzó a revertirse, pero luego empeoró y fue cuando lo derivaron al Sanatorio del Niño en Rosario.

La hepatitis de etiología indefinida no paró de agravarse y derivó en una encefalopatía hepática que lo colocó en primer lugar en la lista de espera de emergencia nacional del Incucai.

A Leonardo se le realizó la cirugía de ablación de parte de su hígado en el Instituto Cardiovascular de Rosario. En aquel momento los médicos les decían que pensaran en el resto de la familia, en los otros cuatro hijos porque la realidad era que Leonardo podía morir en la intervención. "Sabía que si me pasaba algo estaba Flavia, que es una gran mamá", dijo y aseguró que su horizonte era ayudar a Eugenio por sobre todas las cosas.

Flavia Gareis y Leonardo Spreáfico son papás de Fidel, de 14 años, Regina de 12, Genaro de nueve años y de los mellizos Matilda y Eugenio, de seis años. Como cada Día del Padre, este domingo festejarán en familia, todos juntos homenajearán a este súper papá, y como en cada reunión, la fecha servirá para celebrar la vida.


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