Paraná
Miércoles 05 de Julio de 2017

Oscuridad, basura y olvido entre la calle y el exfrigorífico municipal

"Es un juntadero de mugre", definen los vecinos de ese edificio gris, enorme y sin utilización que se encuentra en La Floresta

Ángel Alberto Groh preparaba bolsas de pan llenas de sándwiches, más de dos por día. Eran para los obreros del frigorífico, para cuando había faena. Junto a su compañera vendían de todo: yerba, gaseosas,alimentos. Es que hace más de tres décadas tienen un almacén frente a ese edificio que hoy perdió el color, está vacío y la vegetación crece por donde quiere. El exfrigorífico municipal de La Floresta en Paraná es un desperdicio, así hablan en el barrio y es una de sus definiciones.


También dicen que es un "juntadero de mugre". Un poco le echan la culpa a la Municipalidad, que limpia de vez en cuando la vereda, y otro poco a los que van hasta las puertas del edificio y dejan sus bolsas de residuos todas las noches. Atrás de ellos llegan los perros, todo se desparrama y así permanece por mucho tiempo.


El edificio tiene construido un tapial más alto en algunas partes y las ventanas fueron tapadas; es muy poco lo que se puede ver de su interior. Aún quedan pintadas de pasadas elecciones, con los apellidos de los candidatos, de políticos de todos los colores; también hay una cruz esvástica hecha con aerosol negro y el signo "SS", pero nadie se ha acercado a borrarlo.


"Limpian, pero a los días está lleno de mugre. Hubo gente intrusada, pero después algún dueño cerró toda la vuelta, fue hace más de cuatro años y con eso dejó de entrar gente a vivir", comentó Groh mientras atendía a vecinas de La Floresta en su almacén, que también comentaron sus opiniones. Les preocupa que a veces, en algunos rincones, de noche se juntan muchachos, sobre todo en invierno,y es un poco oscuro.


Todos tienen posturas sobre los dueños del edificio, pero más o menos hay coincidencias: que pertenece a una firma de Santa Fe (o de Rosario), que el inmueble está a cargo de los hijos de un hombre que ya falleció, y que ni les interesa hacer nada con el predio.


En junio de 2014 el gobierno provincial declaró de utilidad pública y sujeto a expropiación a ese inmueble. El proyecto contemplaba la expropiación por deudas contraídas de parte de los dueños con la Municipalidad y con la Provincia y en el lugar decían que iban a construir viviendas sociales tanto del IAPV como del Procrear, y también un espacio cultural.


El edificio tiene un tamaño de 40.577 metros cuadrados y está enclavado entre Florentino Ameghino, Ernesto Clark, Enrique Acebal, y Gaudencio Erbetta. Son cuatro manzanas en un lugar que tiene su historia y un gran valor social, de hecho forma parte de la identidad de grandes barriadas que se construyeron a su alrededor y que hoy conviven con la cáscara de una producción que nunca más volvió.

Al principio comenzó a funcionar como matadero municipal en los primeros años del siglo XX y creció hasta que dejó de producir hace 26 años, aunque en el medio hubo algunos intentos de reactivación temporaria. Desde entonces ha generado inconvenientes en la zona.


Los vecinos saben que se quiso hacer un barrio, construir viviendas, uno señora en el medio de la cuadra aseguró que eso iba a ser una gran plaza, pero agregó que siempre se dijeron cosas y nunca pasó nada. La única certeza es el abandono. Hay un sereno que tiene una casa en una de las esquinas y dos perros que ladran con desesperación cuando uno quiere acercarse a golpear su puerta. El tronco de un árbol partido, está caído en uno de los techos de la casa.


También dicen que la Policía de vez en cuando ingresa al inmueble y realiza prácticas. "Se tiran con bolas de pintura", dijo una mujer. Lo del pintball no, pero las práctica fueron confirmadas por otros en la zona. No hay muchas respuestas sobre quién autoriza o quién abre la puerta para realizar la tarea.


Norma Centurión vive en la zona y por su trabajo bordea el gran tapial todos los días. Dijo que a veces le da miedo que pueda pasar algo, sobre todo cuando por la calle no hay nadie. "Es un peligro. Teniendo este espacio tan grande se debería hacer algo que dé trabajo, pero no pasa nada", dijo la mujer y es muy difícil no coincidir, sobre todo cuando eso que ella reclama, fue justamente lo que lograba aquel lugar: una fuente laboral, un espacio donde se producía desde temprano. Desde hace casi tres décadas, todo parece haber cambiado y no hay muchas certezas de lo que ocurrirá en el futuro. Lo único cierto es la oscuridad, la basura y el olvido.


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Desolado. En su interior, a simple vista, se advierte algún mantenimiento mínimo.
Desolado. En su interior, a simple vista, se advierte algún mantenimiento mínimo.




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Forma parte de la identidad


La vida de los vecinos de La Floresta está atravesada por la historia del frigorífico. Muchos de los antiguos trabajadores poblaron la zona y vieron extenderse la ciudad.


A su alrededor se mantuvieron pequeños comercios y otras actividades como las deportivas. La historia del inmueble data de principios del siglo XX. En La Floresta –en aquel momento eran las afueras de Paraná– funcionó el matadero municipal a cielo abierto y en el lugar se sacrificaba a los animales. Después creció tanto la urbanización como la actividad y se transformó en un frigorífico con administración de la comuna.


En la década del 70 lo trabajó un ente descentralizado entre organismos públicos locales y otros sectores privados hasta que fue comprado por una empresa de Santa Fe que quebró a mediados de los 80 y pasó a manos de otra firma. La producción se redujo cada año hasta que a principios de la década del 90 se abandonó su explotación.




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Números


26 son los años que hace que el exfrigorífico de La Floresta dejó de producir.

40.577 son los metros cuadrados que tienen el inmueble; sus ventanas fueron tapadas.



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Datos


Inició como matadero a cielo abierto, pero luego, al crecer la ciudad y quedar enclavado entre las barriadas, se transformó en un frigorífico.


En 2014, un proyecto propuso lotearlo en 200 parcelas para hacer viviendas sociales del IAPV y del Procrear.


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