La Provincia
Domingo 02 de Julio de 2017

Lescano, el raidista del Paraná

Crónica del sportman entrerriano que le dio importancia al desafío de adentrarse en la naturaleza

Hemos reflexionado aquí sobre los desafíos, las grandes distancias y ese deseo inherente al hombre en el cual confrontar lo que parece un imposible es un anhelo. O una meta o un destino. O una quimera o un desquicio. Hasta una locura o demencia puede ser un calificativo rayano al acierto. Pueden ser todas esas cosas y más, pero lo que sin dudas alude con certeza a ello es entenderlo como inexplicable.

No es posible entender las motivaciones de los hombres para sobrellevar alturas infinitas, profundidades inaccesibles, velocidades que se superan a cada instancia. Intentar doblegar el miedo, la insistencia del cuerpo en detenerse, la persistencia de la mente por imponer el raciocinio, la cautela. Pero sin embargo, el ser humano pugna por superar aquello que se le presenta como un vallado; o que solemos llamar límite.

Hacia las primeras décadas del siglo XX incluso se desconocían espacios geográficos, cauces hídricos e incluso asentamientos poblacionales que resultaban extraños a medida que iban tomando contacto entre sí.

En esas circunstancias, a pesar del desconocimiento que incita a la investigación y al descubrimiento, algunos sujetos por su propia cuenta se imponían puntos de llegada inusuales, en lugares inhóspitos y en condiciones exigentes y extremas.

Es el surgimiento y plenitud de los raids. Un palabra inglesa (por cierto, como muchas que ilustraban las páginas de los periódicos de la época) que conlleva en su significado una prueba atrevida y peligrosa.

Es cierto que hay más acepciones del término. Que también se lo usa en estrategia militar y en aeronáutica, pero los calificativos de atrevimiento y peligro estimo que vienen a definir el contexto de esta historia.



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El raidista



El joven Néstor Lescano practicaba la natación en el recientemente fundado Paraná Rowing Club. Ansioso de experiencias hídricas y travesías, de esas aventuras que solamente el ansia y los vergeles suelen permitir, nuestro nauta buscó el cobijo de la entidad. Claro que no imaginemos el estatus actual de la entidad, sino más bien aquel embrionario y originario de cualquier entidad.

Lo que sí tenía era una marcada vinculación al río. Fundado sobre la propia orilla, representaba a partir de allí un ícono en todo lo relacionado con los deportes náuticos: waterpolo, remo, natación. Pero insisto, hagamos un ejercicio por plantearnos en nuestra imaginación cuáles son las condiciones de los deportes y los clubes por los años 20.

No haremos un desarrollo de cada uno de ellos, por cierto. Pero sí diremos algo sobre la natación, En su bello y completo libro Paranaenses en el Río, Edgard Wilson dice sobre la natación: "Si bien desde la antigüedad civilizaciones como la de Grecia y Roma incluían a la natación como método de entrenamiento para sus guerreros, es recién en el siglo XIX que tomó difusión por las competencias en ríos y mares. Es también cuando aparecen las entidades que los agrupan, para fines de este siglo se había extendido por los países de Europa y EE.UU y Australia, siendo incluido este deporte en los primeros Juegos Olímpicos de Grecia de 1896"

Es verdad, como también que la natación reconocía una diversidad de estilos, modos y distancias. Con decir por ejemplo que los 1.200 metros de esos Juegos Olímpicos significaron llevar a los nadadores al mar en un barco, y dejarlos allí hasta que volvieran. O que se incluyeron entre las pruebas oficiales los 100 metros marineros, donde competían miembros de las respectivas Armadas Navales. O que no había piletas y menos con distancias estándares. Esos eran los albores.

Volviendo a nuestro atleta, queríamos significar con este recuerdo histórico que no había demasiadas chances de entrenamiento sofisticado o planificaciones estratégicas. Como cierta ventaja, apenas una cabecera de playa que daba pie a usar las embarcaciones para cruzar hasta la isla puente, bien frente a nuestras orillas.

Era ese el campo de entrenamiento y diversión de Néstor Lescano, junto a otros audaces e intrépidos caballeros adictos al deporte acuático. Allí enfrente, en la soledad del islote y ante el incesante torrente del río que no se detiene, los decididos muchachos se lanzaban al río, calculando las distancias y haciendo el mejor de todos sus esfuerzos. Sin cronómetros ni bebidas energizantes, apenas con el irrefrenable deseo que suele ser el motor originario nadaban sobre la costa, para luego exigir su esfuerzo al máximo al regresar por una cuestión que el baqueano conoce: vuelve contra la corriente.




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De valientes



En otras oportunidades, comentamos en nuestra columna sobre las proezas de Candiotti y de Enrique Thompson. También lo haremos sobre otros raidistas como Izaguirre y Elortondo. Pero hoy nos detenemos en Néstor Lescano.

Aquel joven sentía el vigor de la necesidad de los desafíos. Esa cosa innata que taladra la razón y nutre las voluntades, que arenga la indecisión hasta convertirla en ideas. Ideas que se reformulan en proyectos y proyectos que solo pretenden realidades. Es un círculo virtuoso, en el cual lograr la meta es un sueño, pero intentarlo es un deber.

Lescano debe haber planeado algo así en aquellos años. Una mañana de enero de 1928 les pidió compañía a algunos de sus amigos. Desde el Balneario de la Isla Puente (ese que esporádicamente surge) se lanzaron buscando la costa santafesina a nado. El día 3 de enero, después de 7 horas de nado, salió del agua en la playa del Club Regatas de Santa Fe.

Eso le dio ánimos y fortaleza. Se impuso otro desafío y era nadar desde Hernandarias hasta Paraná y muy bien venía en ese camino. Sus fuerzas estaban intactas y los kilómetros quedaban atrás, pero una tormenta importante dio por tierra (literalmente) con el raid y tuvo que dejarlo pendiente.

Pero el entusiasmo es impertinente. Néstor Lescano aún no había perdido la concentrada mirada en amansar la correntada y con paciencia y determinación esperó un nuevo verano para una nueva distancia, esta vez unir Paraná con Diamante.



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La larga marcha



En enero de 1929, cuando habían pasado dos años de la experiencia a Santa Fe, Lescano percibió el momento. La instancia, la situación, el minuto justo que la vida suele colocar a todas las personas y donde tomar la acción determina a veces la línea de la frustración y el conformismo. Lescano no dudó: el 2 de febrero de 1929 se lanzaría a nadar los 62 kilómetros que separan por río al puerto de Paraná con la ciudad de Diamante.

Insisto en lo que indicamos más arriba. Sin auspiciantes, sin planos de navegación o estimulantes acordes. Apenas con ganas, pero muchas, Lescano buscó su norte. Son horas, muchas horas sobre el agua. Solo y con apoyo, pero la ayuda es imposible. Nadie puede suplantar el esfuerzo del nadador, sobrellevar los fantasmas que aparecen en forma de cansancio y calambre. En el miedo al fracaso, la sensación de frío y el ahogo. Los camalotes sobre la cara, el agua que cambia de temperatura y el sol que quema la piel a pesar de las capas de lanolina con que se untaban la piel. Nadie lo puede suplantar, como aquellos guerreros romanos y griegos que describiera Wilson.

Y nadie lo suplantó, porque Néstor Lescano se sobrepuso a todo. Al hambre, la sed, la sorpresa, el frío, el temor. Todo fue quedando tan atrás como los 62 kilómetros de distancia.

Llegando al pueblo de Diamante habían pasado 10 horas y 23 minutos. Poco tiempo para cualquiera, tan importante en la historia de un hombre.

Al tiempo, cuando la imagen de su proeza tomaba una dimensión enorme, le hicieron un reportaje en uno de los diarios de la ciudad. Después de contar los sucesos y sus particularidades, un solo deseo cerraba su opinión: que los entes oficiales y los particulares pudientes de la ciudad apoyaran al club que enseñaba a nadar.



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Fuentes: Serie realizada en exclusiva para Diario UNO a partir de la documentación obrante en diferentes reservorios (Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional de la República Argentina, Archivo General de la Provincia de Entre Ríos, Archivo Histórico Patrimonial de Valparaíso y otros).


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