Educación
Domingo 17 de Septiembre de 2017

La fantasía de producir fórmulas y descubrir secretos es la clave para acercar la ciencia a los niños

En el taller Pequeños Científicos, que se dicta en el CIC de Oro Verde, cada año hay lista de espera de niños desde 8 años. Trabajan una propuesta similar en el Museo Interactivo Puerto Ciencia

La ciencia atrae a los niños de una manera comparable con la melodía del flaustista de Hamelin, aquel cuento clásico de los Hermanos Grimm; o con la magia que prometen en la escuela Hogwarts en la saga de Harry Potter.
Con elementos que están al alcance del bolsillo se puede producir masas pegajosas, lograr magnetismos invisibles y disfrutar de los colores, las formas, las texturas.
El entusiasmo innato en cada pequeño se debe a la posibilidad inagotable de su imaginación y la ciencia -en este caso guiada por apasionados divulgadores- propone un sinfín de posibilidades. De ahí el éxito, y también la necesidad de generar espacios para que se puedan volcar conceptos y generar proyectos.
Lejos de pantallas digitales o de televisión, atraídos por hacer y crear, un grupo de chicos desafía sus sentidos a partir de la experimentación científica. Tienen entre 8 y 11 años, y en Oro Verde –una comunidad con verdadero espíritu educativo–, disfrutan de un taller denominado Pequeños Científicos, que se desarrolla desde hace siete años como proyecto de extensión de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en el Centro Integrador Comunitario (CIC).
Pese al trayecto recorrido, la iniciativa constituye una experiencia inédita al trabajar con un segmento etario que no cuenta con ofertas de este tipo por fuera del ámbito educativo formal. Si bien la divulgación científica ha progresado en los últimos años, esos avances cristalizados en la creación de clubes de ciencias o en el éxito de las participaciones en Ferias de Ciencias alcanzan a adolescentes o jóvenes de 12 años en adelante.

A menor edad, los niños que atraviesan el nivel escolar Primario no cuentan con oferta extracurricular relacionada a la ciencia, a la que se la indica como vital para el desarrollo y progreso de un país. O en realidad, son muy escasos los espacios para que los niños se acerquen y disfruten de las ciencias, o para desarrollar un proceso que cultiva desde pequeños el saludable y creativo camino del conocimiento. Y esa vacancia se contrapone con el interés real de muchos de ellos, y de sus padres.

Es por eso que el taller Pequeños Científicos funciona desde hace varios años en Oro Verde, con cupo completo, y listas de espera de 35 o 40 chicos que pugnan por un lugar. Está a cargo de bioingenieros y estudiantes que transmiten su pasión por la ciencia ad honorem. Para la tarea cuentan con la colaboración y apoyo de la Municipalidad de la Ciudad universitaria.

Debido a esa situación que se venía produciendo, desde este año se dispuso un esquema de funcionamiento, dividido en dos grupos. El taller, que eran tres horas semanales, pasó a ser de dos horas en cada grupo, con una integración entre ambos de media hora.

Fundamentado en esa buena recepción de la comunidad, uno de los impulsores del proyecto allá por 2011, Exequiel Porte, contó que ya fue aprobado por la Facultad de Ingeniería de la UNER el proyecto para llevar adelante una experiencia similar de taller anual continuo con un encuentro semanal en el Museo Interactivo de Puerto Ciencia para chicos de 6 a 12 años.

"El taller Pequeños Científicos surgió en 2011 con un grupo compuesto por una docente y estudiantes próximos a recibirse en Bioingeniería, con el propósito de devolver a la sociedad lo que nos estaba dando la universidad pública. En Oro Verde notamos que había una demanda, y también que teníamos recursos a partir de las facultades de Ingeniería y de Agronomía, el observatorio astronómico e incluso se puede mencionar hasta la morgue forense. Es una ciudad con mucha ciencia, entonces nos propusimos hacer algo, convocar y unirnos para dar un poco todo ese conocimiento que hay. Ahí arranca esto de darle algo distinto a la comunidad, de lo que ya había; incluso algo distinto que no había en casi ningún lado del país, creo", explicó a UNO.
Si bien la experiencia nació hace siete años, reconoció que hubo una explosión desde 2013. "Todos los años hay lista de espera de hasta 35 o 40 pibes por querer entrar en los talleres. La demanda nos superaba ampliamente a nosotros como talleristas", contó Porte.
Por eso, este año se armaron dos grupos. Cada viernes, unos 20 chicos asisten al CIC a partir de las 17 y hasta las 18.30; y otros 20 aproximadamente, de 18.30 a 20. Entre medio realizan una integración de media hora.
A partir de la experiencia, y también de ese compromiso y pasión por acercar la ciencia a la sociedad, es que surgió el interés por implementar un taller similar en Paraná en el Museo Interactivo Puerto Ciencia.
De hecho, contó Porte, el proyecto de extensión ya ha sido aprobado por la Facultad, y se han comenzado a dar los primeros pasos en el armado del esquema de trabajo mediante el desarrollo de los prototipos que permitirán encarar el proceso de aprendizaje.
Y en esa organización, ya iniciaron las reuniones con la comisión vecinal Sáenz Peña, donde está enclavado el museo, para encarar la prueba piloto con niños de esa jurisdicción. "En muy poco tiempo más vamos a empezar las actividades", indicó sobre la experiencia, que será abierta a toda la comunidad.

Planes
"La idea y la dinámica será la misma, con un horario fijo semanal. Hoy faltan estos lugares, y por eso queremos traerlo a Paraná. Buscamos que desde la pedagogía se reconozcan, adviertan lo que sienten y lo que les pasa, que se sorprendan, hablen, analicen y conozcan que la ciencia está en todos los aspectos de la vida cotidiana", fundamentó.

En ese sentido, explicó que el taller se inicia en cada oportunidad con algún juego o dinámica que permita descontracturar a los chicos para entrar en ritmo: "A los chicos les gusta jugar, y luego de eso, hacemos una puesta en común sobre el tema específico que vamos a abordar. Si trabajamos el tema de las palancas, se habla qué son, dónde las podemos ver, cómo se usan, si ellos vivenciaron alguna experiencia de esos mecanismos simples. Y la idea luego es que ellos hagan prácticamente lo que nosotros queremos mostrarles y explicarles. La clave es que ellos, con una actividad sencilla y práctica, puedan mostrar qué comprendieron".

En el taller próximo a presentarse en el Museo de Puerto Ciencia, se trabajará también con chicos de 6 a 12 años. Sobre la importancia de iniciar un proceso de acercamiento a las ciencias con niños a esa edad, planteó: "Hay varios estudios que se han realizado. Entre los 6 y 12 años, los chicos están en el período que preguntan, observan y exploran todo. Entonces si a ellos los incentivás en lo que están buscando en ese momento, aprovechan mucho más la información. Tal vez pueda haber cosas que nos las entienden como dice la teoría, pero ellos a la idea se la quedaron. Entonces cuando vos sembrás la semilla del conocimiento en los chicos, el pibe ya lo tiene y cuando lo vea más adelante lo va a recordar porque ya lo hizo y lo experimentó. A diferencia de otro rango de edad, como los adolescentes, que están en otro período de búsquedas", reflexionó.

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