Salud
Miércoles 16 de Agosto de 2017

Instan a erradicar los factores de riesgo cardiovascular infantil

Hay cada vez más casos de obesidad en niños, que sumada al sedentarismo predisponen a futuro a contraer enfermedades del corazón

Habitualmente las enfermedades cardiovasculares se vinculan a la población adulta. Sin embargo, la dinámica social de la vida actual y los hábitos arraigados desde hace varios años obligan a pensar en acciones de prevención en la infancia. En este marco, la Federación Argentina de Cardiología lanzó este mes una campaña, denominada "El Corazón de los niños es un tema de adultos", dedicada a la salud cardiovascular de los más chicos. "Creemos que es un tema de adultos, porque somos los adultos los que debemos bregar por disminuir los factores de riesgo en ellos", explican sus organizadores.
Al margen de las patologías congénitas, existen en la niñez un conjunto de factores de riesgo que muchas veces son desatendidos desde el propio hogar, generados por prácticas culturales que alejan a los más pequeños de una alimentación y una rutina saludables. La obesidad y el sedentarismo son dos grandes enemigos de la salud y en esta franja etaria contribuyen a incrementar las chances de otras enfermedades a futuro, en gran medida prevenibles.
Si bien en Paraná se promulgó hace más de un año la Ordenanza 9.361, que dispone que se instalen kioscos saludables en todas las escuelas de la ciudad para promover un mayor consumo de productos que contribuyan a una correcta alimentación, existen costumbres que son difíciles de revertir, no solo en el ámbito educativo, sino en el seno de las familias de los chicos.
Fernando Olmedo, jefe del Servicio de Cardiología del hospital materno infantil San Roque, de Paraná, comentó a UNO: "Hacemos hincapié en la alimentación, porque lamentablemente estamos perdiendo la batalla con los alimentos que tienen alto contenido de glucosa y grasas trans, como papas fritas, chizitos y otros snacks; también afecta la ingesta de gaseosas, como una moda, y sobre todo la falta de incorporación de fibras en la dieta de los niños, tanto de verduras como de legumbres".
"Es una cuestión cultural. En un niño hasta los 2 años siempre tiene que ser una dieta equilibrada basada en proteínas, con un contenido de grasas también. El problema es que ya a edades más avanzadas, la ingesta de grasas y de azúcares, sobre todo, es muy elevada. Eso predispone al sobrepeso, que asociado a una falta actividad física generada por el uso de las tecnologías muchas horas al día, con chicos de 10 años promedio que ya tienen su celular, su computadora, su tablet, incrementa los factores de riesgo", sostuvo el especialista en cardiología infantil, y señaló que en general el sedentarismo en la edad infantil va predisponiendo a ser un factor de riesgo para enfermedades coronarias e hipertensión arterial en los pacientes adultos: "Todos sabemos que la actividad física por sí misma disminuye los niveles de colesterol, de triglicéridos, ayuda al metabolismo. En general el riesgo cardiovascular infantil está asociado sobre todo a la obesidad, al sedentarismo y también a enfermedades hereditarias, como diabetes e hipertensión arterial (HTA), que en el caso de los niños no es adquirida hasta cierta edad sino que es una cuestión genética, siempre y cuando se haya presentado a edades tempranas en los padres", dijo.
En referencia a cómo revertir estos hábitos, indicó: "El niño no es quien va y compra una caja de alfajores, o las gaseosas que están en la heladera de su casa, o las papas fritas. Los padres somos los responsables. En cualquier reunión adonde uno va hay este tipo de comida; en los restaurantes el 90% de las familias tienen papa fritas en sus mesas, y piden de poster flan con dulce de leche o helado, en lugar de una ensalada de frutas".
"Si no cambiamos en casa, van a fracasar todas las políticas de salud que apunten a incorporar hábitos saludables, como los kioscos que se promueven en las escuelas. Si no podemos cambiar los hábitos alimentarios básicos, no podemos pretender que el chico vaya a la escuela a comer una fruta, o tome un licuado o un yogurt. Es más fácil comer una galletita, un bizcocho, un sandwich de jamón y queso, porque es más rico, pero no es saludable", concluyó el médico.

Prevenir desde temprana edad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más grave del siglo XXI en el mundo, y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. "La prevalencia ha aumentado a un ritmo alarmante. Se calcula que hay más de 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo, de los que cerca de 35 millones viven en países en desarrollo", indican en el organismo.
Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siéndolo en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Al respecto, el cardiólogo infantil Fernando Olmedo señaló a UNO: "Hay una responsabilidad que tenemos los adultos. Cuando un padre viene con su hijo con sobrepeso al consultorio, les indico que si a la dieta la va a hacer uno solo, en el 100% de los casos fracasa, pero el tema es cómo convenzo yo al padre que viene de trabajar cansado y que toda su vida comió milanesa con papas fritas. Es una cuestión cultural que es muy difícil de cambiar".
"El 40% o 50% de nuestra dieta es a base de proteína, carnes y el queso, a diferencia de otros países, donde predominan las legumbres, las verduras, el arroz. En el Mediterráneo la dieta es a base de pescado y la mayoría no tiene problemas de colesterol y triglicéridos", ejemplificó el profesional, quien a su vez contó que en la provincia de San Luis se intentó implementar toda una política que incluía "quioscos saludables, plazas saludables con juegos tipo gimnasios, con charlas orientativas sobre el tema", pero no hubo respuesta de la gente: "Asistieron muy pocos. No fue de interés porque se les dice lo que no les gusta oír", afirmó.
Por otra parte, se refirió al estilo de vida que tienen sobre todo los países más desarrollados, en especial en las grandes ciudades, con grandes exigencias: "El estilo de vida ha cambiado de tal modo que hay un estrés asociado a las obligaciones que tiene que cumplir un niño, con tantas actividades a diario, como inglés, música, por ejemplo, yendo de un lado a otro". Sin embargo, opinó: "No es culpa de los padres, pero es terminar con la actividad lúdica de jugar en la puerta de la casa, como antes, ya sea por una cuestión de seguridad, de protegerse de peligros, robos. Ya no hay canchitas de fútbol y las nenas ya no se juntan en la vereda a jugar con sus amigas. Estos cambios han ido en contra de un estilo de vida saludable, pero es la realidad que nos toca hoy", concluyó.

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