Mantienen y difunden la cultura gaucha
Domingo 24 de Enero de 2016

Experiencia de los jóvenes que custodian tradiciones

Son defensores de las costumbres rurales. Rondan los 20 años y, vestidos con bombacha y alpargatas, reivindican el legado que les dejaron sus ancestros.

Vanesa Erbes/De la Redacción de UNO
Suelen andar vestidos con bombacha de campo, camisa con pañuelo al cuello y alpargatas. Alternan la boina y el sombrero, según la ocasión. Rondan los 20 años y a una edad donde es habitual que lo foráneo penetre las costumbres cotidianas a través de la música y las prácticas culturales, ellos mantienen y custodian las tradiciones que les legaron sus ancestros, esos que cultivaron campo adentro una vida de sacrificios, pero también de bonanzas.
Lejos de las postergaciones comunicacionales a las que debían resignarse los gauchos de otros tiempos en los contextos rurales, los de la generación joven usan celular y tienen perfiles en Facebook, donde difunden las fotografías de glorioso momentos de payadas, fogones, jineteadas y memorables asados compartidos tras alguna yerra. Y aunque no vivan en el campo, sino en zonas urbanas o pueblos cercanos, están marcados por los hábitos y los conocimientos heredados de sus padres o sus abuelos. 
No viven ajenos a su contexto ni a los hábitos de los chicos de su franja etaria y están abiertos a otras culturas. Alguna que otra vez van a algún boliche bailable y escuchan a todo tipo de intérpretes, pero jamás dejan de priorizar lo propio, lo que desde chicos se fue enquistando en sus experiencias diarias.
Agustín Schefer es uno de los tantos jóvenes que en Entre Ríos mantiene las costumbres de sus antepasados que habitaron en zonas rurales. Nació en General Galarza hace 22 años. Hace un tiempo largo su familia se mudó a Aranguren, donde su papá trabajó como domador, hasta que se retiró para dedicarse a hacer artesanías en cuero. De él aprendió el oficio y los secretos de este arte y a eso se dedica en la actualidad. “Empecé a los 12 con los petisos, a los 14 me subí a los caballos más grandes y seguí hasta los 19. Después dejé un tiempo, hasta que volví a dedicarme a esto. Hoy estoy en un campo, domando unos caballos. Es un tiempo, hasta que encuentre un trabajo fijo”, explicó el joven jinete, que en su carrera también cultivó sendos premios en festivales de doma y de jineteada en Entre Ríos y otras provincias.
Sabe que es una actividad que conlleva sus riesgos, que algún potro bravío alguna vez puede hacerlo besar el suelo, pero es lo que le gusta y no está dispuesto a renunciar a lo que lo apasiona. “Uno tiene que estar preparado mentalmente cuando va a una jineteada. Sabemos que vamos, pero no tenemos la certeza de volver, o si volveremos sanos”, dijo, recordando alguna anécdota con un caballo que lo golpeó y lo dejó inconsciente en un festival en Esperanza, provincia de Santa Fe: “Fue una mala racha. Me recuperé y volví a montar. Ni siquiera puedo decir que esto es un deporte, para mí es algo que me gusta, es una pasión y hay que aguantársela”, afirmó con valentía.
Por otra parte, comentó que no son muchos los jóvenes que cultivan las tradiciones del campo y viven de acuerdo a ellas, y señaló que tampoco hay muchas mujeres, al menos en la zona, que se dediquen a la doma o a las jineteadas: “En Córdoba o Buenos Aires sí se ven más chicas en jineteadas o que participan a caballo en los desfiles de las agrupaciones tradicionalistas”, dijo.
En torno de la valoración de la gente de su edad sobre la cultura gaucha, sostuvo: “Muchos no conocen sobre el tema o no les interesa. Algunos se suman porque en la actualidad por ahí hay más peñas, desfiles y fiestas que se hacen seguido, pero les gusta un tiempo y abandonan. Es según los lugares. En esto hay que andar”, aseguró.
“En un par de oportunidades me invitaron a ir a la fiesta de disfraces en Paraná y también a una en Nogoyá. Cuando dije que no tenía disfraz, me respondieron que tenía boina y bombacha. Eso me dolió, porque mi vestimenta no es un disfraz”, contó como anécdota, y reflexionó: “Me gustaría que algún día seamos más y no solo unos pocos los que mantenemos las tradiciones. Cualquiera puede probar lo que es interactuar con un caballo. Aunque no sea en una jineteada, pueden participar en un desfile; de este modo también se hace Patria”, concluyó.

Los que dejan la posta
Carlos Espíndola es animador de festivales en La Paz y destacó que las fiestas populares vinculadas a la cultura del campo favorecen el acercamiento de los jóvenes a las tradiciones. “Incluso la trasmisión por televisión que se hace de las jineteadas ayuda a que haya más interés en competir de gurises y también de las gurisas. Hay casos donde ellas han ganado”, señaló. De todas maneras, expresó su anhelo de que más jóvenes se acerquen a compartir las costumbres que se forjaron tierra adentro y que se consolidaron como aspecto representativo de la Patria.
Por su parte, Orlando Schöllman, presidente de una agrupación gaucha de Crespo, comentó: “Hay más jóvenes interesados en las actividades tradicionalistas”, y destacó que también hay muchas mujeres jóvenes que se dedican a actividades hípicas y participan de los desfiles tradicionales que mantienen viva la cultura.

Con payadas evoca buenas costumbres
Miguel Balla tiene 20 años. Cuando hay peña o algún festival y lo convocan él despliega sus payadas, que dejan admirados a más de uno. Vestido con bombacha de campo, y con botas o alpargatas, desenfunda su guitarra e improvisa alguna copla para reflexionar sobre algún tema. “Empecé a dedicarme públicamente a esto hace dos o tres años, pero el don de improvisar es algo con lo que nací y con el tiempo lo fui puliendo”, contó a UNO.
Balla ya participó de numerosos festivales regionales, frente a 2.000 o 3.000 personas, incluso compartiendo el escenario con payadores de amplia trayectoria, sacándole melodías a su guitarra y coplas a su corazón. “Me gustaría estar en alguno grande, como Diamante. Admiro a Gustavo Guichón, el payador uruguayo”, dijo, y aseveró que hay mucha gente que lo impulsa para que continúe con este arte.
Asegura que nunca se quedó sin una rima para completar sus payadas, aunque confió que lo que representa un desafío a menudo es elegir el tema al que hará referencia frente al público que espera un remate ingenioso en cada estrofa.
En alusión a su estima por las costumbres gauchas, contó que sus padres y sus abuelos eran del campo y le trasmitieron el amor por las tradiciones. Él vive ahora junto a su familia en General Ramírez, pero cuando puede, vuelve al ámbito rural a andar a caballo y disfrutar del folclore típico del lugar. “Mi viejo me crió en ese ambiente. Con mis amigos o con mis excompañeros de la escuela nos juntábamos a veces y yo hacía una payada; a varios no les llamaba mucho la atención”, dijo, y reflexionó: “Me gustaría que la juventud, los chicos de mi edad y los que son menores también investiguen, que lean el Martín Fierro, que vayan al campo, porque hay muchos que no lo conocen. Creo que les va a gustar. Muchos se prenden con lo extranjero porque no tienen idea o no tiene la oportunidad de tener esta experiencia”.
Por otro lado, contó: “Tengo arraigo con las pilchas gauchas, me gusta la vestimenta y siento la pertenencia a esa cultura, y me pasa a diario que salgo con bombacha y alguno se ríe; no sé si es por reírse de algo o por ignorancia, pero está bueno que se conozca nuestra tradición y aunque escuchemos todo tipo de música, pongamos lo nuestro primero”.



Paisana nacional que reivindica los valores
En Entre Ríos hay fiestas en distintas ciudades y pueblos que impulsan el apego por las tradiciones. En estos ámbitos, entre otras actividades, se hacen desfiles de asociaciones tradicionalistas que por las calles invitan a que más personas se sumen a participar o a presenciar las largas filas de caballos montados por gauchos y paisanos, con sus vestimentas típicas. También los números artísticos vinculados al folclore ayudan a difundir la cultura gauchesca. 
Por citar algunas, en Diamante se realiza el Festival Nacional de Jineteada y Folclore; en Lucas González la Fiesta Nacional del Lino; en Nogoyá está la Fiesta Provincial de la Guitarra; en Santa Elena la Fiesta Provincial de la Chamarrita; en Urdinarrain la Fiesta Provincial del Caballo; en Villaguay se desarrolla la Fiesta Provincial del Encuentro Entrerriano de Folclore; en Federal la Fiesta Nacional del Chamamé y en San José de Feliciano está la Fiesta provincial del Ternero.
En este contexto, en Diamante se eligió a principios de mes a la Paisana Nacional. El título recayó sobre María Laura Bierschuvall. Oriunda de Crespo, la joven representó a la Agrupación Gaucha de su ciudad Los Menchos. Junto a otras finalistas, desfiló a caballo vestida de paisana y respondió preguntas de cultura general. Si bien vive en un ámbito urbano, comentó a UNO que los fines de semana suele ir al campo de sus tíos y conoce la realidad del contexto rural. “En mi ciudad muchos jóvenes bailan folclore, van a peñas y hay chicos que pertenecen a agrupaciones. Hay una gran participación de gente de mi edad en la difusión de las tradiciones”, opinó.
“Es una responsabilidad grande ser la Paisana Nacional. Es la primera vez que estoy en un certamen de este tipo, donde evaluaban otras cosas mas allá de la belleza”, destacó, y contó que esta significó una oportunidad de conocer el Festival de Diamante y sus particularidades.

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