Energía que transforma
Domingo 30 de Agosto de 2015

Energía que transforma: Trascender con la fuerza de la educación

En el corazón del conflicto narco de paraná. Son jóvenes que conviven con la violencia, la discriminación    y la exclusión, y abrazan los estudios universitarios para progresar y mirar al futuro con sueños y esperanzas

Por Daniel Caraffini / dcaraffini@uno.com.ar
En un contexto en que prima el sobrevivir ante situaciones cotidianas que ponen en peligro la propia vida; donde cuesta pensar el mañana en un clima de balaceras constantes; en un terreno donde la droga coarta el futuro de muchos, de grandes y de chicos; donde se siente en lo más profundo del ser la crueldad que impone la discriminación; ellas apuestan a que la educación sea la llave para crecer, progresar, mejorar, dar ese paso que trastoque y modifique esa realidad muchas veces agobiante. Que un hijo de esa golpeada comunidad se eduque, se forme, quiera crecer, también es un logro de la escuela pública, porque hay mucho esfuerzo y mérito; y también una verdadera convicción de que uno puede trascender, ir más allá, superar obstáculos, a partir de la formación educativa profesional.
No es casual que a la convocatoria de UNO para charlar con jóvenes universitarios en el corazón del conflicto narco de la capital provincial hayan asistido todas mujeres, una de ellas madre de una beba de 6 meses y otra a poco de dar a luz. Como ocurre en tantísimas oportunidades, son ellas, las mujeres, quienes alzan la voz, quienes motorizan cambios, desafían, se rebelan: son quienes engendran vida, y son también quienes después más la defienden.
En esa zona en que cunde la apología al negocio narco o se rotula a la población toda bajo un mismo paraguas, o donde solo se oyen las voces o repercuten las acciones de quienes representan esa cultura de la muerte, voces disonantes muestran que hay muchas otras personas con sentimientos y proyectos de progreso, de mejoras, que luchan y tratan de hacerse fuertes desde el silencio, desde el esfuerzo y el convencimiento de que se pueden hacer bien las cosas, y encontrar la salida.  
La charla en el centro comunitario de la comisión vecinal Ricardo Güiraldes reunió a chicas de la zona, de esa jurisdicción y del Municipal. Sus crudos relatos hablan de experiencias de discriminación, del dolor por los que sufren desde falta de comida hasta de oportunidades en la vida; de adversidades, miedos; y desde ahí desobedecer un estado de cosas que parece sellado. 
Frases como: “Quiero darle futuro a mi hijo”; testimonios como: “Hay chicos que no tienen oportunidades, porque cayeron presos, porque robaron, y por eso no quieren darle la oportunidad de trabajar”, u otros como: “Hay chicos demasiado flacos, que no comen y prefieren drogarse”. Y una convicción: “La educación empieza por casa”.
Iniciando el camino de los estudios terciarios o universitarios, las jóvenes charlaron y reflexionaron junto a UNO sus miradas de la realidad y sus perspectivas para el futuro.
Elizabeth Romero cursa el 2º año de Profesorado en Educación Inicial en la Universidad Autónoma de Entre Ríos; Vanesa Simón estudia la Tecnicatura en Acompañamiento Terapéutico, que ofrece la misma Universidad. Marina Berón quiere ser profesora de Educación Física y mientras tanto realiza un curso de cuidado de niños; Florencia Sandoval cursa Gestión de Salud y también Auxiliar Farmacéutica; y Graciela Giampietri también estudia Gestión de Salud.
Son hijas de la escuela pública, ya que cursaron sus estudios primarios y secundarios en las escuelas de la Toma Nueva, Magnasco, Lomas del Mirador, Libertad, Bavio, Marcelino Román, Záccaro, y una de ellas tuvo su paso por la Virgen de la Medalla Milagrosa.

Miradas
—Qué motivos encontraron o por qué eligieron la carrera?
Elizabeth Romero: —Somos dos en la familia que seguimos estudiando, con mi prima. Elegí Educación Inicial porque me gusta trabajar con chicos; yo estaba estudiando otra carrera y la dejé porque no me gustaba. 
Vanesa Simón: —Yo la elegí por lo laboral, porque tiene mucha salida laboral (Acompañamiento Terapéutico). Me gusta. Estaba estudiando otra carrera pero no me gustó.
Marina Berón: —Siempre quise estudiar Educación Física, pero como no podía empecé otra cosa. Pero ahora sí la estoy haciendo.
Florencia Sandoval: —Con mi prima (Vanesa) elegimos, porque nos comentaron un poco cómo era el tema. 
Graciela Giampietri: —Más que nada por la salida laboral y para darle un futuro a mi hija. Me separé del padre de la nena y quiero darle lo mejor a ella. Porque no es que acá son todos haraganes, sino que hay gente que estudia y trabaja.
—¿Si hubiesen tenido la oportunidad, hubiesen optado por otra carrera, y por distintos motivos no pudieron hacerlo? 
F.S.: —Ella estudiaba Policía, pero no le gustó (por Marina Berón).
V.S.: —A mí me hubiese gustado estudiar Biología Marina, pero no podía por los costos, por los ingresos de mi familia no podía ir a estudiar al sur y mantenerme. Pero esa era la carrera que me gustaba.
E.R.: —A mí siempre me gustó médico forense, pero son carreras que hay que pagar mucho, y cuando en una familia son muchos, no se puede. 
—Cómo ven la realidad del barrio, del lugar donde viven?
G.G.: —Nos discriminan mucho; la gente que vive acá lo sabe. Viene gente de afuera y lo queman al barrio. Por ejemplo, son amigos de alguien y vienen acá. Hay chicos que andan en la droga y todo, pero quieren progresar, estudiar, pero no tienen oportunidades, porque cayeron alguna vez presos, porque robaron una cartera, y por eso no quieren darle la oportunidad de trabajar, o de terminar la Secundaria. No pueden ir a una escuela, a la ENET. Porque lo discriminan o por las peleas entre bandas.
V.S.: —Porque entre bandas se tienen bronca. Son algunos; hay gente que trabaja y quiere progresar como nosotros, pero hay también de malvivir.
G.G.: —Depende de cada uno. Yo me mato laburando para mi hija, pero hay gente que no le importa un carajo. Prefiere vivir de un plan, ponele de 500 pesos y listo, y no progresar, quedarse en lo mismo.
V.S.: —Yo también trabajo, me las rebusco como puedo, trabajo como niñera. Tengo una rotisería en casa, vendo ropa para poder tener mi plata, porque también he tirado currículum por miles de lugares, pero te discriminan. Con la dirección donde vivís ya te discriminan. 
G.G.: —Yo fui a una entrevista de trabajo para trabajar de cocinera. Y me preguntaron dónde vivía y le dije en El Municipal y me dijeron enseguida ‘Ah, disculpame, ya tomamos a otra persona’. Te dicen porque esa zona es muy peligrosa y nosotros tenemos que tener gente de confianza. Ahí ya te discriminaron mal, ¿entendés? Sin conocerte. Yo les dije que ellos no eran quiénes para decir una cosa así, si ni siquiera te probaron un día. Todos merecen una oportunidad en su vida.
—¿Todas sufrieron algún tipo de discriminación?
–Sí (respondieron al unísono).
F.S.: —La misma gente del centro te dice: ‘Ah sos de ese barrio’. 
V. S.: —O por ejemplo yo he estado siempre en grupos de amigas y te  preguntan dónde vivís. “Ah sos del Municipal”, te dicen. También pasa cuando vamos a la facultad, que vamos a una casa a estudiar y me pasa a mí que yo no puedo invitar a mis compañeras a casa…
F. S.: —Yo tampoco.
V. S.: —A mí me pasa que yo no traigo a mis compañeras a casa. Yo no le puedo decir sí vamos, y no sé la seguridad del barrio. No sé si vamos a entrar. Son todas del centro.
F.S.: —Ellas ya tienen otra vida.
V.S.: —Nosotros acá vivimos con la inseguridad y la balacera constante, tenés que llamar cómo está el barrio para saber si podés entrar.
—¿Qué opinan de las drogas?
G.G.: —Eso va en cada uno. Yo tengo 27 años y me he juntado con cada uno, y te dicen ¿querés un porro? Nunca probé y no me interesaría; cada uno hace lo que quiere; el que quiere matarse que se mate.
V.S.: —En el último año de la Secundaria me pasó de ver muchas chicas con drogas. Yo sabía de la droga, pero no en chicas. Y me pasó que tenían un grupo de amigas que se drogaban, que fumaban porro. Y yo les decía ustedes hagan lo que quieran, todo bien, pero a mí no me interesa. Pero me llamaba la atención que era en chicas.
G.G.: —Yo veo en el barrio que  uno fuma porro, y le dice  a otro probá y el otro prueba para no quedar como bobo, como dicen. Lo hacen para agradar a los otros.
—¿Por dónde piensan que podría pasar la posibilidad de cambio, para que los chicos no dejen la escuela?
G.G.: —Hoy en día no van a la escuela, entonces le dan 10 pesos y le dicen qué tienen que hacer y no les importa nada, es plata.
F.S.: —Desde mi punto de vista, la educación inicial empieza en la casa. La escuela te forma y después uno es grande y decide. Pero la educación inicial es clave.
G.G.: —El tema son los padres. Le dicen a los chicos andá a jugar que quiero ver la novela. Y los chicos siguen en la calle hasta las 4 de la mañana, y después ese chico te termina robando. Yo tengo un proyecto: hay chicos demasiado flacos, los he visto, entonces quiero hacer un comedor, para verlos comer. Hay chicos que ni comen, que prefieren drogarse. Estaba hablando hoy con Mónica (Martínez, presidenta de la comisión vecinal Ricardo Güiraldes) para que los chicos vengan a comer. Después que hagan lo que quieran: pero uno ve por ejemplo que las criaturas comen. Hay padres que les dicen andá a trabajar, y se están rascando y fumando pucho mientras el gurí va a trabajar o robar para traer. Y no es así, el chico debe estudiar, no tiene que salir a trabajar. Chicos de 10 u 11 años y esas criaturas tienen que estar en el colegio, no en la calle. Hay muchos chicos que dejaron la escuela.
V.S.: —Sí, son muchos.
G.G.: —La mayoría no va a la escuela. La dejan porque a los 11 años empieza la rebeldía, no quiero ir a la escuela. ‘Ah bueno no vayas, pero andá a trabajar’ le dicen, pero no es así. Hay que ser exigentes y que vayan a la escuela.
Todas tienen algún tipo de ayuda del Estado para continuar sus estudios. En el caso de Graciela, el inicio de los estudios terciarios lo acompaña con la finalización del Secundario, a través del programa Fines, que subsidia para completar ese nivel educativo. El resto de las entrevistadas recibe alguna ayuda, como el Plan Progresar.
“Yo tengo el plan Fines para sacar las materias que me faltan de la Secundaria, pero no me pagan para estudiar. A mí no me interesa. El tema es que hay chicos que van a estudiar para calentar banco y cobrar, y no es así”, sostuvo.
Y ante la última consulta acerca de sus aspiraciones o deseos para el futuro, dónde les gustaría trabajar, desarrollarse o vivir, coincidieron: “Yo quiero mi título, formarme e ir creciendo de a poco, teniendo mis cosas”, dijo Vanesa, como testimonio del resto de las chicas. Y el otro anhelo es vivir en un barrio distinto.
La deuda pendiente de la “Universidad de los Trabajadores”
El grito histórico de lucha de los universitarios por una “universidad de los trabajadores” que fue canto y bandera en los duros años 90 de intentos privatistas sigue siendo una causa pendiente, más allá de los avances experimentados en los últimos años, tanto en materia de escolarización universitaria como de oferta educativa. La situación y evolución es dispar en el país.
Un proyecto de investigación realizado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos se propuso analizar y evaluar las políticas de Educación Superior de los últimos años. Estuvo a cargo de la licenciada en Economía Mariana Heredia, y considera que en ese análisis preliminar “los resultados de estos indicadores estarían revelando que hay un cambio positivo incipiente en la democratización de la universidad”, aunque aclara que el éxito de las políticas ejecutadas por el gobierno “no es concluyente”, ya que sería necesario profundizar más sobre el origen socioeconómico de los estudiantes universitarios. Hablar de democratización es plantear la necesidad de que los grupos sociales menos favorecidos puedan acceder a la educación superior.
De acuerdo con la investigación, los datos del sistema educativo superior argentino reflejan que el perfil de los jóvenes que acceden a él no incluye a los sectores más desfavorecidos en términos socio-económicos. Incluso, el acceso a la educación se encuentra desigualmente repartido en el territorio nacional.
En los últimos años –precisamente el estudio marca desde 2003– se pusieron en marcha programas de becas, se amplió la oferta educativa (se crearon nueve universidades públicas), y programas de calidad educativa, además de mayor financiamiento para el sistema.
En cuanto a la escolarización universitaria, en Entre Ríos un 13,2% de los jóvenes entre 18 y 24 años son universitarios; en el extremo superior del país está Capital Federal, con el 34,9%; en lo más bajo, Santiago del Estero con el 6,3%.
Por otra parte, la tasa de graduados en la provincia pasó del 3% al 5% de la población, entre los censos 2001 y 2010. Los índices positivos se registraron en todas las jurisdicciones del país. 

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