Paraná
Miércoles 21 de Junio de 2017

El destino del exhipódromo de Almafuerte vuelve a foja cero

Una década después. El error de entregar a manos de inversores inmobiliarios, un proyecto urbano en el corazón de la ciudad. Decisiones en el pasado sin consenso social, que terminaron con la confirmación que no habrá shopping

Con poco de seriedad y mucho de improvisación, con incumplimientos que datan de casi una década, con normas urbanas modificadas a su gusto y medida, con decisiones públicas sin sustento social, el grupo inversor nacional e internacional propietario de la manzana más amplia del exhipódromo Almafuerte de Paraná ahora propone nuevos destinos para el corazón de la ciudad. Se trata, según remarcó un funcionario municipal consultado por UNO, solo de una idea transmitida a la actual gestión, que aún no tiene un expediente formal, pero que apunta a mutar el proyecto original y transformar el caído shopping en un centro comercial a cielo abierto.


La decisión había sido transmitida por los propios empresarios del grupo inversor Libertad –dominado por capitales franceses–, ya en 2016 al intendente, Sergio Varisco. "No lo vamos a hacer, pero queremos revender el predio", fue el mensaje. Para ello necesitan que se instrumenten y se autoricen cambios en los usos y destinos de parcelas –entre otros aspectos técnicos– que permitan que los futuros dueños, encaren otros emprendimientos, a su medida.


Ajenos a estudios técnicos y ambientales, hasta estratégicos y de calidad de vida en la zona y para la ciudad –con un serio déficit de espacios verdes en la zona este, la más excluida de pulmones urbanos– se avanzó años atrás en el loteo del predio que ostentara el Jockey Club de Paraná, a pocos metros de Cinco Esquinas.


El argumento era que la gente quería un shopping para no irse a Santa Fe; el tendal que dejaba ese emprendimiento en el comercio local por su impacto no era considerado entonces. Hoy, el grupo inversor sostiene que la ecuación no cierra, que ya no es conveniente un emprendimiento de este tipo, por su rentabilidad. Entre responsabilidades compartidas, vaya entonces un reconocimiento a funcionarios y técnicos que avalaron ese emprendimiento infructuoso, amparados en la supuesta multiplicación de empleos en la construcción.


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En 2007. Intento privatista. 
En 2007. Intento privatista.



"La ciudad está pagando la falta de planificación, desde que se eliminó el Plan Estratégico de Paraná", confió ayer una de las fuentes municipales consultadas. Ese proyecto implementado en los años 90, ampliamente participativo, no tuvo más experiencias desde los primeros años de este siglo. Hoy todo queda supeditado a lo que resuelva una comisión compuesta por funcionarios del Ejecutivo, del Concejo Deliberante y algunos sectores profesionales vinculados a los rubros inmobiliarios y de la construcción. No hay participación de instituciones sociales, de vecinos, de comisiones vecinales, de escuelas. Un grupo reducido, selecto, calificado, puede decidir los rumbos del desarrollo urbano.


En aras de la modernidad, de la inversión, y de la generación de empleo, en el último día de su gestión el intendente Julio Solanas vetó una ordenanza mediante la que el Concejo Deliberante declaró área natural al Parque Nuevo –por entonces sin el nombre de Humberto Varisco–. La rápida reacción del sector ambientalista hizo que José Carlos Halle y el nuevo cuerpo legislativo tomaran la decisión de mantener firme esa norma de preservación del lugar, convirtiendo ese acto en casi uno de los primeros de esa gestión. El veto al área natural era impulsado por sectores vinculados al desarrollo inmobiliario y urbano, que querían lotes y termas en la zona.


Hoy, pasado el tiempo, a casi nadie se le ocurriría lotear, levantar edificios y construir casas en el Parque Varisco. Favorecer la inversión privada no significa necesariamente renunciar a los derechos de una comunidad para vivir mejor, o no establecer determinados condicionantes, marcos legales que aseguren que por encima del poder económico tienen que estar los intereses de la gente y fundamentalmente de las futuras generaciones.


El predio del exhipódromo no solo es un pulmón verde; en estos últimos años se ha producido una masiva apropiación de las familias, de los clubes o grupos de deportistas que lo utilizan para su rutina, y hasta de escuelas de la amplia zona del entorno que lo utilizan con fines didácticos, recreativos y deportivos.


Alrededor de la gran manzana propiedad de capitales internacionales hay también inversores locales, algunos de los cuales no habían ocultado su acompañamiento a algún proyecto de expropiación por parte del Estado para poder viabilizar allí un gran parque público. Esa fue una idea que había sido presentada en un proyecto legislativo, por ejemplo, hace dos años por la diputada socialista Emma Bargagna.


"Desde la gestión apostamos a una articulación entre lo público y lo privado. Bajo esa concepción observamos y pretendemos resolver el futuro del exhipódromo", confió la fuente consultada por UNO, que recordó que fue así como en los años 90, en pleno auge neoliberal y de retiro del Estado en todos los órdenes, la Municipalidad de Paraná incorporó a su patrimonio unas 100 hectáreas que pertenecían a la empresa cementera Loma Negra. La inversión fue de 1,4 millones de pesos –en época de la convertibilidad del 1 a 1 del dólar y del peso–, con un crédito pagadero en cuotas; y al mismo tiempo, se vendieron ocho hectáreas por 2 millones de dólares o pesos al hipermercado actualmente ubicado en avenida Larramendi y Anacleto Medina.


Hubo entonces una decisión con perspectiva de futuro, similar a lo que debe haber ocurrido cuando se donaron tierras para la construcción del Parque Urquiza, primero a fines del siglo XIX y con sus ampliaciones en el siglo XX. Y lo mismo debe pasar hoy: es fácil pensar en seguir llenando de edificios determinadas zonas en lugar de tratar de ir generando nuevos desarrollos en otras áreas o zonas urbanas donde la ciudad pueda crecer, con los servicios públicos adecuados.


Una década transcurrió desde aquellas promesas de un hipódromo modelo en Oro Verde, con un nuevo Jockey Club, con más deportes. Hoy, ese predio en La Ciudad Universitaria está casi abandonado, como ocurre con la gran manzana del exhipódromo –entre las calles Salvador Maciá, 3 de Febrero, José María Cocuzza y Carmen Salvay de Germano–, donde es recurrente observar altos pastizales detrás de la cerca perimetral.


El shopping ya fue; el proceso que languidece es la experiencia para no volver a repetir errores.




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