Educación
Viernes 23 de Junio de 2017

Docentes luchan por sembrar la esperanza en un contexto hostil

Escuelas de vida. La muerte de Rodrigo Arellano vuelve a desnudar la triste realidad de los jóvenes con menos oportunidades. Los acecha la estigmatización, la discriminación, la droga y la muerte, ante la indiferencia de muchos

La muerte duele, y si es violenta duele más. La tragedia se conoció el domingo y volvió a golpear en una zona de extrema vulnerabilidad social. Las crónicas dieron cuenta de que esa madrugada Brian Martínez, un joven de 18 años, le disparó a otro de 27, y por error mató a un adolescente de 16 que en ese momento salía de su casa. Rodrigo Arellano fue la víctima fatal y su crimen volvió a desnudar la triste realidad de los jóvenes de los barrios postergados, que tienen menos oportunidades de forjarse un futuro y están permanentemente expuestos a la estigmatización, la discriminación, la droga y la muerte ante la indiferencia de muchos.


La desgracia ya había golpeado a su familia hace dos años: su hermano menor tomó la determinación de quitarse la vida. El luto apagó la alegría del adolescente, que de ser un chico risueño y divertido pasó a estar sumido en la tristeza. Era alumno de la escuela Guadalupe, y Paula Casís hasta el año pasado fue una de sus docentes: "A Rodrigo lo tuve durante los dos años que di clases en la escuela Guadalupe, en La Floresta. En la primera parte del 1º año, Rodrigo era el típico hincha bolas que se hacía el malo, esos que son tan pesados que los terminás queriendo muchísimo. En la segunda mitad, perdió su luz. Durante esas vacaciones de invierno, encontró ahorcado a su hermano menor en su propia casa. No volvió a mirar para arriba, no volvió a hablar, ni a gritar ni a insultar, perdió la vida de sus ojos. Al año siguiente fue mejorando (...)", contó en la carta que se viralizó. En un texto que conmueve, Paula señaló: "Lo mataron. Rodrigo Arellano, con una sonrisa hermosa y un espíritu especial. Y leo los comentarios de la gente en la noticia 'uno menos'. Escucho a la gente decirles 'negros de mierda, hay que matarlos de chicos, que no se reproduzcan'. Y no lo entiendo, y me da bronca y tristeza y pienso si pude haber hecho algo para que esto no le pasara a él ni a ninguno de los pibes que ya se fueron, y pienso qué puedo hacer con la gente que los sigue matando con la indiferencia, con la palabra, con el asco, el odio, el desamor, las armas. Qué hago con esa gente que les dice que ellos se merecen esa muerte".


Luego se supo que Brian, su asesino, también tuvo un hermano que se suicidó. Y en un contexto donde el futuro se escabulle y la muerte acecha irreverente a los jóvenes que no encuentran cómo defenderse de la violencia de una sociedad que los condena de antemano, les niega oportunidades de progreso, de un trabajo de digno, de la esperanza de salir adelante. Bajar los brazos se convierte en una opción, y matar o morir son moneda corriente.


En la escuela Guadalupe ahora tienen el enorme desafío de contener a los alumnos que eran sus compañeros, como el año pasado les tocó hacerlo cuando otro adolescente que estudiaba en la institución se quitó la vida. Devastados por el dolor, directivos y docentes buscan la forma de evitar nuevas tragedias, de ayudar a los jóvenes a forjar un proyecto de vida, de enseñarles a edificar sueños cuando muchos de ellos están expuestos a las constantes pesadillas de la discriminación y los prejuicios, de las drogas y la desidia de un Estado que suele abandonarlos a su suerte.


Silvia Barzola es la vicerrectora, y mientras habla la angustia se le cuela en la voz. "La escuela hace todo lo posible para contenerlos. Se trabaja desde el afecto. Procuramos darle a los chicos el espacio de escucha, que se sientan cómodos, integrados y contenidos", aseguró a UNO. Sin embargo, explicó: "Muchas veces hay circunstancias en la vida de los alumnos que escapan a la escuela. Por más que tenemos docentes que son referentes de los alumnos y que trabajan muy bien con los chicos, ante determinadas situaciones uno no sabe qué va a pasar: están seis horas acá y el resto del día en un mundo sumamente violento, y en algunos casos de consumo de drogas".


Barzola fue más allá y expuso el estado de vulneración de derechos a los que los jóvenes de la zona se ven sometidos: "Nosotros sentimos eso que refleja esa frase de (Eduardo) Galeano en Los nadies. Tenemos esa sensación porque casi todo el mundo da vuelta la cara cuando hacemos alguna intervención desde la escuela; nadie se hace cargo, no acusan recibo, no nos llaman. Y hablamos de la vulneración de distintos derechos. Hay otras situaciones en que organismos como la Fiscalía y el Juzgado de Menores han actuado perfectamente, pero son contados los casos".


En este marco, afirmó: "Hay una sensación de desprotección, como que no son nadie, como si hubiese una franja o un muro entre lo que es el centro y la zona periférica. Está la discriminación y el preconcepto de que porque el chico anda con una capucha o un gorrito me va a robar o va a hacer cualquier cosa". A su vez, recalcó: "Ni qué hablar de la persecución policial que reciben, que es terrible; a veces les pegan porque no tienen documento, cuando estamos viviendo en democracia y estamos hablando de menores".


Sobre el abordaje que hará la escuela frente a la muerte de Rodrigo, la vicerrectora señaló que están trabajando en un taller de apoyo desde el equipo interdisciplinario de la institución, constituido por un psicólogo, dos trabajadores sociales y una psicopedagoga. "El año pasado, cuando se suicidó uno de los chicos, se hizo el abordaje desde el equipo interdisciplinario y se realizaron varios talleres, procurando que los chicos expresaran todo lo que sentían a través del dibujo, de las palabras. Los resultados fueron muy buenos, pero ahora con lo de Rodrigo lo estamos encarando de otra manera, ya que pensamos que nuestros jovencitos están siendo vulnerados, que la droga está afectando muchísimo. Por eso haremos una reunión intersectorial para trabajar con las distintas instituciones sociales y las escuelas del barrio las problemáticas de la droga, de la violencia, del suicidio, de los asesinatos".


"Creemos que ya solos no podemos hacer nada, y que las otras instituciones también deben intervenir", agregó, y adelantó que el encuentro está planificado para hoy y que convocaron a la parroquia, a escuelas primarias y secundarias de la zona, como la Juan Manuel de Rosas, la Bazán y Bustos, La Baxada, Esparza, y otras. También anunció que con los chicos que cursaban con Rodrigo harán un cuaderno de bitácora y convocaron a artistas a pintar con los alumnos un mural en su homenaje.



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Escapándole a la muerte



Verónica Roldán también fue docente de Rodrigo Arellano y contó en su muro de Facebook: "Él no quería la vida que tenía, ni la quería para su madre ni para su hermano que se suicidó. Muchas veces no lo vi en su silla, en su banco, porque solía ir al Volcadero a buscar algo para comer. Había días que estaba bien, otros desaliñado, y por lo general era porque andaba escapándole a la muerte".


"¡Qué otra cosa quiere que haga señora! De este lugar no se puede salir, no queda otra", le respondía su alumno, y ella le decía que sí se podía: "Sé que el Estado que debía cuidarte te dio la espalda, que las organizaciones que tenían que velar por tu seguridad miraron para otro lado, como lo hace esta sociedad hipócrita, a la que solo le gusta señalar con el dedo", expresó la profesora, que al igual que su colega Paula Casís y otros tantos docentes y directivos denuncian la estigmatización que sufren los chicos en los barrios postergados.



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Acompañamiento de la escuela


Silvia Barzola confió que muchas veces los docentes sienten culpa por no poder detectar las señales de una tragedia, que muchas veces son indescifrables. "En la institución nos hacemos muchas preguntas. Por eso estamos planteando actividades y que por lo menos podamos tener un protocolo de actuación o poder advertir algunas cosas. Al suicida generalmente no se lo puede detectar, porque no da indicios y ya nos ha pasado, pero hay situaciones y accionen de los chicos que tal vez sí se puedan advertir. Tiene que ver también con todo un trabajo institucional con los chicos y los docentes. Estamos replanteándonos muchas cosas como equipo docente y directivo, para ver cómo hacer un abordaje no solo a nivel institucional sino barrial, porque la escuela es un referente y hay que trabajar también con los vecinos y otras instituciones".


Si bien Paula Casís ya no trabaja en la escuela, se refirió al tema de cómo brindar contención a los alumnos en estado de vulnerabilidad: "En la escuela siempre hay acompañamiento. En los barrios se da que todos se conocen; es una comunidad muy grande y que muera algún alumno nos afecta a todos. Si vas a la escuela te la encontrás empapelada con fotos de los chicos que se suicidaron o que fueron muertos con violencia, y con cartas y mensajes en las paredes expresando sus sentimientos por ellos".


En este marco, expresó: "La prevención del suicidio es muy difícil. Cuando nos convocaban a un taller para tratar el tema me cuestionaba sobre qué mensaje esperanzador le podemos dejar a un chico que está teniendo una vida sumamente complicada. A veces ni siquiera podemos dimensionar cuán difícil es y uno como docente tiene que tratar de darle fuerzas y de inculcarle eso de tener un proyecto de vida. Pero aunque detectemos un caso de depresión o de violencia, hay que trabajar esta situación desde aspectos más profundos. Porque esa situación no surge de la nada, sino que la viene arrastrando desde su niñez, desde su familia, en un contexto barrial violento y en una sociedad que estigmatiza, donde las políticas de Estado no acompañan en absoluto".


"Son los chicos los que viven en un contexto de inseguridad constante, no porque les roben, sino por no saber qué va a ser de sus vidas ni bien se levantan, o de tener que andar por la calle porque no quieren volver a sus casas por una situación familiar compleja", concluyó.


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