Historia de vida
Lunes 03 de Julio de 2017

De Puerto Sánchez, sus historias y de ese río "que te da y a veces te quita"

Miguel López es nieto de uno de los fundadores de Puerto Sánchez y pescador desde los 8 años. Los estragos de la creciente, la solidaridad de la barriada ribereña, la tarea vecinal y el amor por el Paraná, su vida y la de sus abuelos contadas mientras rema, en una mañana de densa niebla

Miguel López es nieto de uno de los fundadores de Puerto Sánchez y desde hace más de 30 años pescador. Empezó a los 8 años, de la mano de su padre y se enamoró del oficio. Una nueva creciente del río Paraná y el interés sobre la situación que viven las familias ribereñas nos llevó hasta la pintoresca barriada ribereña, y allí conocimos a López, más conocido como El Pato, quien a bordo de su canoa Miguel Ángel nos contó su historia, la de sus abuelos, nos habló de su amistad y su respeto por el río, también nos dijo que cada vez que las aguas se ponen bravas, la unión y solidaridad de la gente de la zona es el mejor muro de defensa.


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El día era atípico, una intensa niebla cubrió Paraná hasta cerca del mediodía y en el río era imperceptible la línea que dividía las aguas del cielo gris. La isla Curupí era sólo una marcha verdosa entre la bruma, parecía que se terminaba el mundo. Del otro lado, en la costa la visión era más clara y podía verse a perros juguetones en montañas de arena, las canoas alineadas entre los camalotes que arrastró la corriente y se fueron colando entre las embarcaciones, los comedores de pescado que los vecinos instalaron a la vera del Paraná como una alternativa económica ante la mala situación que viven a diario, la callecita cada vez mas estrecha, las casas humildes con carteles en los frentes en los que aparecen estampados los apellidos de sus dueños y por supuesto, los "gurises de la costa", que fueron la inspiración del poeta Jorge Méndez rebotando piedritas en el agua. Todo eso se veía, mientras se sentía el golpe acompasado de los remos al chocar contra el agua.


Puerto Sánchez


No debe ser fácil vivir meses y meses colgados de la barranca cuando la creciente arrecia. Por estos días el coloso comenzó a bajar, pero López calcula que el proceso será lento.


Ni bien las aguas comenzaron a elevarse, entre todos comenzaron a llenar las bolsas que hoy hacen de muro de contención. Incluso vinieron familias de El Morro. "Muchos son pescadores y este es un paso habitual, así que trabajamos entre todos", contó el entrevistado. Aún así hay dos o tres casas con muestras de filtraciones y todo lleva a pensar en la necesidad de la construcción de un terraplén, ahí donde termina el asfalto y comienza el barrio.


La creciente del río (como la bajante) influye en todo. "En el pescador, en el acopiador y en el pescado. "Con la creciente el pescado se aplana y se le cierra la boca. No come, sólo vive de sus reservas de grasa. Sobre todo el dorado y el surubí quedan como aletargados. Eso sí, cuando la situación se normaliza, pescas con lo que se te ocurra, por el hambre", contó el pescador artesanal.


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Miguel López es pescador desde hace más de 30 años.
Miguel López es pescador desde hace más de 30 años.


Un día de trabajo

La rutina de López es muy similar a la de los otros pescadores. Sale a las cinco de la madrugada, recorre más de 17 kilómetros en busca del fruto del río. A las 19.30 a más tardar regresa, porque los acopiadores (las pescaderías que están a la entrada del barrio) les dan como plazo hasta las 20 para recibir la mercadería.


"No hay mal tiempo, ni viento, ni excusas. El que no sale a pescar, no come y saques mucho o poco, ese será tu día. Más allá de lo económico, la vida del pescador tiene más momentos lindos que duros y la tranquilidad que se siente, sobre todo en la zona de islas, es impagable", contó.


En tantos años de recorridos en su canoa, López tiene un sinfín de historias, pero hay una que le infla el pecho y que le recuerda el milagro de estar vivo.


"En una oportunidad, salimos a pescar con mi hijo de seis años. En una maniobra me lastimé un dedo con una cuchilla, un corte muy profundo y no podía darle manija al motor, que estaba apagado y se necesita de mucho esfuerzo para encenderlo. No me olvido la cara de mi nene, me miraba, miraba el motor y de pronto, en la desesperación, no se de donde sacó fuerzas, pero lo arrancó y me llevó hasta la orilla, me salvó la vida. Hoy, con 12 años, mi hijo es un pescador más", contó orgulloso.


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Miguel López es pescador desde hace más de 30 años.
Miguel López es pescador desde hace más de 30 años.


De España a Paraná, con escala en La Paz


El Pato aseguró que sus abuelos fueron unos de los primeros en llegar a Puerto Sánchez.


"Mi abuelo, de apellido Sánchez, vino desde España a La Paz (norte entrerriano), allí conoció a mi abuela, hija de pescadores. Ella le enseñó el oficio. En algún momento le comentaron que había un lugar muy lindo a la orilla del río y se vinieron para acá. Hoy, de esa gran familia que luego formaron sólo quedamos acá mi hermano y yo", mencionó.

A los ocho años, el padre de El Pato lo llevó por primera vez a pescar. "No me bajé más. Yo tengo otro trabajo, tengo recibo, pero acompaño la lucha de mis compañeros pescadores y le sigo siendo fiel al río", contó.


La labor vecinal

López es integrante de la comisión vecinal de Puerto Sánchez y junto a Mariana Ríos, presidenta de la misma y otros vecinos juntan dinero de su propio bolsillo para alimentar a los pescadores y sus hijos en época de "malaria". Por el momento dan dos veces la copa de leche e intentan sumar un día más y la cena tres veces por semana.


"La municipalidad nos da dinero para la copa de leche, pero contemplado para 30 niños y acá vienen en total 120, mayormente de Puerto Sánchez y El Morro. En los últimos meses la demanda aumentó significativamente y no podemos con este frío decirles a los chicos que no tenemos nada para darle, por eso nos juntamos entre todos. Hoy justamente nos aseguraron desde el municipio de Paraná que llega una partida de alimentos, y nosotros hace un mes que tenemos el comedor", dijo.


En la zona hay unos 32 pescadores. Recolectan entre 20 y 30 kilos de pescado por día, porque es eso lo que les pide el acopiador.


"En estos momentos, en vez de dar una mano, los acopiadores compran menos y encima bajan el precio. Pagan 15 pesos por kilo de pescado para freír y a los clientes se los venden a 60 pesos.


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Miguel López es pescador desde hace más de 30 años.
Miguel López es pescador desde hace más de 30 años.


En el '86 la peor inundación


López era chico y aún recuerda el grito de su madre. Es que por la noche, el caudal de agua creció tanto que al bajarse de la cama tenían el agua hasta la rodilla. Era algún día del año 1986, pero los recuerdos aún están muy latentes. Aún así, el amor por el río es incondicional.


"El pescador es respetuoso del río, y más que nada es amigo, es hermano. Vos no podes creer que te vas a pescar sin ni siquiera un pedazo de pan, y en una recorrida sacas 30 kilos de pescado, y fue en 20 minutos. El río te da y a veces te quita, nosotros jugamos con eso".



Siete vidas salvadas


El pescador entiende que la gente juega con el río, y pierde de vista que no tiene gajos. En los últimos ocho años López salvó siete vidas, muchos de ellos eran niños. "El año pasado tuvimos cuatro casos en un mismo día. Dos gemelas que salvamos junto a mi hermano, un hombre mayor y un chiquito de El Morro. Hubo otros que no pudimos salvar. Un chico que se crió con nosotros, que fue nadador de la maratón Villa Urquiza – Paraná se tiró para salvar a su hermano y los perdimos a los dos. No tenés idea de cómo odie el río en ese momento, por un año y medio no anduve de nuevo en el río. Ahora nos amigamos de nuevo", contó emocionado El Pato.


Mallas, cuchillos y la canoa Miguel Ángel, herramientas de una raza de estirpe espinelera que pasas sus horas y sus días en un rincón costero acurrucado a los pies de la barranca, en medio de fogones barranqueros y coletazos rabiosos de algún sábalo en su último estertor.



Puerto Sánchez marcha a ritmo propio, en un mundo sideralmente alejado del ajetreo de la ciudad que se mueve a muy pocas cuadras de ahí. En sus inicios el lugar se utilizaba como puerto natural donde se cargaban palos, frutos y vacas. Fue conocido primero como La Falda del Morro y con el tiempo el nombre cambió, en honor a sus primeros habitantes.

El Paraná tiene historias de pescadores en todo su cauce, pero Puerto Sánchez es especial, con gente que se arraigó como juncal a la orilla.



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