Tecnología
Domingo 25 de Junio de 2017

"Cualquiera puede utilizar el software libre, es más seguro y casi todo funciona"

Diálogo Abierto. Adrián Soliard –especialista informático y promotor de esa corriente de ideas– analiza bondades y debilidades del sistema Linux, y explica cómo acceder gratuitamente y sin mayores complicaciones a través de Internet

Al momento de defender la adopción, promoción y uso laboral del sistema de software libre Linux, Adrián Chino Soliard –técnico superior en programación y embajador en Argentina del proyecto Fedora, uno de los distribuidores de esa modalidad– valora la funcionalidad, los costos y la seguridad. "Al momento de hablar de privacidad, no se sabe cómo funciona Wasthapp y Facebook, ya que entre ambos hay cruces de datos que desconocemos y en algunos casos son sorprendentes", apunta.

Desde siempre, la computadora
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, en el Hospital San Martín. En esa época vivíamos en calle Montevideo –en una casa prestada. Después crecí en la casa de mi abuela y en la de mi viejo –en la zona de barrio Presidente Perón y por Santa Lucía.
—¿Hasta qué edad viviste en calle Montevideo?
—Hasta los 2 años, porque nació mi hermano más chico y nos mudamos a calle Ramírez y Miguel David, una zona linda y tranquila, que se terminó de poblar y no entra una casa más. Allí viví hasta los 24 años, cuando me echaron (risas).
—¿Hubo cambios importantes mientras residías allí?
—No; enfrente de mi casa siempre hubo un baldío.
—¿A qué jugabas?
—Era más de ir al club Talleres –hasta los 14 años– para hacer básquet. Jugaba al fútbol y con mi hermano al Playmobil. Iba a la escuela de Comercio y en 2002 me cambié a la Vera Peñaloza –en Oro Verde–, donde hice amigos.
—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?
—Mi viejo es ingeniero en construcciones –y viajaba mucho– y mi vieja trabajó en la administración pública –hasta 2002.
—¿Leías en la infancia?
—Sí, pero en general no. Novelas, cuando me pedían en la escuela. Mi vieja estudiaba Literatura, tenía muchos libros pero no me llamaba la atención. En general, todo lo que leo es técnico.
—¿Había libros de tu papá?
—Sí, pero nunca los entendí ni me interesaban. Tenía ganas de salir a la calle.
—¿Qué materias te gustaban?
—Biología, Física –aunque me llevaba muy mal– y algunos trabajos prácticos de Psicología; con Matemáticas me llevo mal hasta hoy. No sé qué futuro planeaba la gente sobre mí, porque era bastante conflictivo y tenía mucha falta de atención –por problemas en la vista que recién en 2011 me di cuenta que eran su origen. En la Escuela de Comercio me llevé tres materias a marzo, tenía que repetir pero rendí equivalencias en la Vera Peñaloza, me cambié y pasé. Fue un antes y después porque todas las amistades que tenía, las cambié –aunque las sigo viendo. Me costó adaptarme a la falta de ruido y volvía a mi casa con dolor de cabeza, porque estaba acostumbrado al ruido. Me llevé nueve materias y las saqué a todas –gracias a mi viejo.
—¿Había un mandato familiar en cuanto al estudio?
—Sí pero no. Mi viejo siempre quiso que estudiemos y fuéramos algo. Era hijo de ferroviario, y mi abuela, ama de casa. Me contó que se la pasó estudiando, no tuvo vida social y terminó la carrera en cinco años. Ahora retomé el estudio de la licenciatura pero me dijo que me buscara un buen trabajo y dejara de estudiar tanto. Por un lado, tiene razón. Si me ve sentado sin hacer nada, me dice que haga algo. Desde chico lo sufrí pero le estoy agradecido. Mi hermano más grande es arquitecto y el más chico estudia Filosofía.
—¿De qué origen es el apellido?
—Suizo-francés.
—¿Quiénes fueron los primeros en llegar?
—Lo estamos rastreando, porque en la aduana le cambiaban los nombres. Mi hermano más grande está buscando eso. Parece que quien llegó es el bisabuelo de mi viejo, pero no estoy seguro. Llegaron acá. Mi vieja es de Victoria.
—¿Mantuvieron costumbres de sus orígenes?
—No. Mi abuelo falleció cuando yo era muy chico.
—¿La informática fue tu vocación desde niño?
—A partir de los 11 años le decía a mi viejo que quería ser algo así como ingeniero en computación porque me gustaba y había leído un libro. Siempre quise estar delante de una computadora; le usaba la suya junto con mi hermano más chico y le hice gastar mucha plata, porque le mandábamos mano. Igualmente, mi relación con Internet comenzó a los 11 años, porque mi viejo la necesitaba para su trabajo. Terminé la escuela y era lo mío, así que me inscribí en la carrera sin dudar. La duda era entre ir a Córdoba –donde era muy difícil por la cuestión económica y no me comprarían una computadora– o quedarme acá. Tenía una computadora de 1992, así que me quedé acá, pero la computadora –que todavía tengo– la terminé comprando en 2007. Luego compré otra, hacía experimentos de Informática y me gustaba desarrollar jueguitos, pero ya se me pasó el entusiasmo.
—¿En la primaria tuviste computación?
—Sí, en la Escuela Santa Fe; un taller que era bastante bueno en el cual nos enseñaban a trabajar con procesadores de texto, uso de periféricos y media hora libre para jugar con las computadoras. Tuvimos mucha suerte.

Las olimpíadas y un profesor
—¿Cuál fue –de todas esas situaciones– la primera aproximación a este universo?
—Siempre me llevé bien con la computación y entendía muy bien los periféricos. Cuando rendí las equivalencias de computación para cambiarme de escuela, saqué dos 10 y durante el año me fue bien. Un profesor de la secundaria –Walter Elías– me metió en las Olimpíadas de Informática, se interesó porque aprendiéramos y le tengo que agradecer mucho, porque además me metió en el tema del software libre. En 2005 –cuando tenía 17 años– conocí a la agrupación LUG (Linux User Group) Paraná, fuimos a Rosario a una conferencia y antes había ido a otra conferencia en Puiggari. Después de las olimpíadas conocí a un amigo –Juan Soto– con quien comenzamos a intercambiar hardware y placas de video –desarmábamos y rompíamos– y en 2006 –cuando comencé la facultad– hice un curso de reparación de PC.
—¿En qué consiste una olimpíada de informática?
—Te dan un conjunto de ejercicios largos –con planillas de cálculo– que hay que resolver durante determinado tiempo. Participé de dos, en el ámbito escolar.
—¿Te considerabas bueno?
—Pensaba que me había ido re bien pero salimos 13º y me sentí un poco defraudado. En mi escuela teníamos computadoras bastante viejas –comparadas con la de escuelas privadas que participaron. En la informática es muy importante la audacia y la creatividad, y no tanto un título –aunque es una base importante.

La posibilidad de conocer todo
—¿Qué fue lo primero que te atrajo de la comunidad de software libre?
—El hecho de que podés ver cómo funciona todo, el código fuente, el programa en lenguaje persona, ya que un programa está hecho en lenguaje máquina –la cual sólo lee ceros y unos, interpreta y hace lo que tiene que hacer. El código fuente es el algoritmo, los pasos a seguir en lenguaje que un humano con conocimientos de programación puede entender. El software libre ofrece la posibilidad de verlo, tomar una parte y mejorarla, usarla en otro código que esté haciendo, y ahí están las libertades. Se puede estudiar, modificar, mejorar y distribuir gratuitamente. También hay software libre para Windows y otros sistemas operativos. Filosóficamente, es un mundo aparte, porque en el caso del software privativo no se sabe cómo funciona. Por ejemplo, no se sabe cómo funciona Wasthapp y Facebook, y entre ambos hay cruces de datos que desconocemos. Los interesados en el software libre estamos un poco más involucrados en la cuestión de seguridad informática y tenemos interés por la privacidad. Si meto mano en el código de un software y hago alguna maldad, no es que se aprueba y todo el mundo lo descarga, sino que habrá un montón de gente revisando y dirán que hay algo mal. A mucha gente le cuesta entender este comportamiento de la comunidad, porque tratamos de que todo funcione y que no haya maldad de ese tipo.
—¿La carrera que estudiaste se concilió con lo que pensabas sobre la informática?
—El primer año es un filtro, con muchas materias específicas de ingeniería –cuando yo soy más técnico. Matemáticas me cuesta muchísimo e Inglés lo hice libre. En 2009 tuve neumonía, dejé y en 2010 me anoté en la Universidad Tecnológica Nacional –que es más seria, la carrera es más técnica y algunos docentes son unos capos. Si no podés terminar la tecnicatura, evidentemente no serás programador porque enseguida te sientan delante de la computadora a programar. Está bueno porque no perdés tiempo en nada y la carrera está muy bien hecha. La tecnicatura tiene salida laboral a pleno en Paraná, ya que hay muchas empresas de desarrollo de software. Me gusta programar pero no me gusta trabajar de programador.
—¿Continuabas vinculado con el software libre?
—Mientras cursaba me quise tirar hacia Linux (software libre) y comencé a tener problemas con los sistemas, porque algunas cosas que se pueden hacer fáciles en Windows son más complicadas. Por eso me incliné hacia la administración de sistemas, me gustó más que la programación y en algunos aspectos tiene más desafíos. En 2012 me uní como colaborador al proyecto Fedora.

Mundos en pugna pero no tanto
—¿Percibiste contradicciones en la carrera?
—Sí, choca. En la facultad, el primer año dimos una hoja de programación que es de Microsoft –o sea software privativo– y en segundo año fue cuando quise migrar a Linux, porque enseñaban con Windows, y tuve complicaciones. Este choque fue el que me hizo inclinar por la administración de sistemas. El lenguaje de programación que dimos en primer año tiene mucha salida laboral y si no lo dan es una puerta menos, así que está justificado y estuvo bien. En el Estado, por ejemplo, hay cuestiones burocráticas. Las computadoras de Conectar Igualdad venían con Windows y Linux, o Huayra –una distribución que creó el Estado. Pero por defecto las computadoras se iniciaban con Windows. O sea que estaban repartiendo software libre pero no te enseñaban a usarlo. Fue un proyecto espectacular pero estuvo mal instrumentado. Muchos docentes quisieron capacitarse para el uso de Linux, otros siguieron con Windows... entonces los gurises terminaron sin usar nunca Linux en las computadoras. Fue muy rápido y no capacitaron a los docentes.
—¿Hay una tendencia de mayor acercamiento entre el "mundo Windows" y el "mundo Linux"?
—Sigue siendo lo mismo, ya que si comprás una computadora viene con Windows. En la carrera de tecnicatura en Programación –en la Uader– las computadoras tienen Windows y Linux, y hay un laboratorio de investigación sobre software libre y cursos sobre administración de sistemas Linux. Cuando (Sergio) Montiel creó la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), le dijo a todos los docentes que eran de planta permanente y no hubo más concursos, así que tenemos docentes que ni siquiera tienen paciencia y hay otros que no sirven para dar clases. En el ámbito de la Provincia hubo intentos de instalar software libre pero nunca se concretaron; en Santa Fe se hizo una ley, pero para vender humo, porque no se instrumentó.
—¿Qué ventajas le encontrás en tu caso, vinculadas con el mundo laboral?
—La funcionalidad. Esto que parece una computadora (la muestra) es un router (enrutador) wifi y con esto hago lo que quiero. Linux se usa constantemente; te conectás a Internet y tus datos en algún momento pasarán por Linux. El router que usés, tendrá Linux, los modem también; básicamente todo tiene Linux y seguramente no tiene Windows. Linux puede portar un router –porque es modular y se puede preparar específicamente para correr en sistemas embebidos– y Wndows no. Hay una plaquita que se llama blackberry –del tamaño de una tarjeta de crédito– que es una computadora y funciona con un cargador de celular. La gente compra un smart tv y tienen un sistema privativo –no se sabe lo que hace. Incluso han surgido problemas porque tenían un micrófono que escuchaba. Es lo que se llama "el Internet de las cosas" y este aspecto de la privacidad se desconoce. Hay aparatos de aire acondicionado con wifi. Trato de segurizar todo lo que puedo, pero hay cuestiones que desconozco. No hay nada que te puede garantizar tanta seguridad como Linux.
—¿La industria aprovecha los logros de Linux, como en el caso de los teléfonos móviles?
—Sí, exactamente. Android es Linux; tiene el núcleo que es de Linux pero hay cosas que son privativas y no sabés cómo funcionan.
—¿Qué etapas señalarías en lo personal en cuanto a tu relación con el software libre?
—Comencé en 2005 y seguí usando Windows; en esa época la Internet era algo novedoso y no masivo. En 2007 comenzamos con un compañero de la facultad un proyecto que se llamó Paraná no duerme, salíamos a los boliches y cubríamos eventos sociales, En 2007 comencé a trabajar en la Provincia como auxiliar de informática con un contrato de obra y en 2008 me compré mi primera notebook, a la cual le instalé Linux pero tuve problemas con los controladores de las placas wifi. No era fácil tener wifi en Linux, aunque hoy es muy fácil. Lo usaba conectado por cable, perdía la funcionalidad y entonces lo dejé. En 2011 volví y fui cambiando notebook, hasta hoy, que ya no están aquellos problemas. Hoy Linux es completamente funcional, lo instalás en una notebook y te andará todo, salvo, puede ser, que no te funcione una webcam. Cualquier puede usarlo, como el caso de mi hija mayor, que creció con Linux. Distinto es con gente que ya se instruyó con Windows.

De estéticas y ventajas
—¿La estética es muy diferente?
—Hay alternativas en cuanto a los entornos de escritorio pero no es muy variado, incluso se pueden usar en una pantalla táctil (lo muestra en su computadora). Es bastante sencillo. Tiene una especie de Office –que también es libre–, reproductor de música...
—¿En qué tiempo lo puede aprender un usuario nuevo?
—El problema de los usuarios, en general, es que no leen.
—¿Cómo me convencerías para que deje Windows y cargue Linux, o que tenga los dos sistemas?
—Podés tenerlo en un pendrive y ejecutás Linux desde ahí, sin alterar el sistema. Vos no sabés lo que hace Windows y, hace poco lo que sucedió con el WanaCrypt –el virus que afectó globalmente– fue en sistemas de ese tipo. En lo que es seguridad y privacidad, te conviene Linux. Si sabés los precios de Microsoft y más todavía de Office, y los tenés que pagar... te das cuenta que no es negocio. Linux es gratuito y lo podés cargar y distribuir desde Internet. Casi todo lo que se rompe, se puede arreglar –sin reinstalar. La única diferencia –sobre todo para los gurises– son los jueguitos.
—¿Y las redes?
—Funciona perfecto y está todo hecho. Estamos pensando hacer una red libre, un Internet paralelo, con un servidor de música, películas, libros y de juegos. Igualmente, donar un software a centros de salud, porque son los más necesitados.
—¿La falta de desarrollo en el sector público se debe al desconocimiento o a los intereses económicos?
—No sabría decirte; hay cuestiones burocráticas y se deja afuera a la gente que sabe. Y la que sabe está atada a ciertas reglas o cuestiones económicas. Son varios factores.
—¿Conocés experiencias interesantes en el sector público?
—Un chico del grupo está haciendo un sistema para el hospital, para usar desde el celular. Brasil tiene una ley que si se necesita un programa, primero se busca la alternativa libre, si no está, se busca la posibilidad de desarrollarlo libremente –lo cual genera transparencia. En Latinoamérica hay mucho desarrollo pero tenemos el problema de que todo es caro y no es fácil viajar; Estados Unidos debe ser la vanguardia por la cantidad de empresas. En la Dirección de Informática de la Provincia utilizan software libre.

Comunidades libres, seguras y para todos
—¿Qué es el proyecto Fedora y cómo participás?
—Es una distribución Linux –el cual es sólo el kernel (núcleo del sistema operativo). O sea que al kernel tenés que agregarle las aplicaciones, entornos de escritorio, procesadores de textos, etc, con lo cual se generan las distribuciones, de las cuales hay varias –tales como Ubuntu, una de las más conocidas, Debian, etc– y todos los días se crean más. Algunas son con finalidades específicas para ciencias y servidores web. Fedora tiene varias ediciones –auditoría de seguridad informática, laboratorio de electrónica, diseño gráfico y juegos. Hay un Linux empresarial –pago– que financia el proyecto Fedora –el cual es comunitario y en el cual quienes hacemos algo, lo hacemos sólo porque tenemos ganas. Soy embajador del proyecto, entonces lo que hago es promocionarlo, así que trabajo en el área de marketing y diseño gráfico, y soy aprendiz de empaquetador de software.
—¿Dónde nació?
—Es mundial, pero debe haber nacido en Estados Unidos, porque la empresa es de allí.
—¿Cuáles son las exigencias?
—Te piden que escribas y hagas reportes de los encuentros que organizás. Cuando solucionás un problema, tenés que compartir la solución. Tiene un equipo de operadores –del cual soy parte– quienes tratamos de que la comunidad crezca, y hacer comunicaciones, noticias, traducciones –como en el caso de Paraguay, que se está haciendo al guaraní. Si estudiás inglés, podés colaborar traduciendo y a la vez practicás. Cuando ingresé, estudiaba programación, mientras que hoy me gusta la administración de sistemas. Nadie cobra y se hace cuando se tiene tiempo, porque hay gente que trabaja en empresas muy importantes.
—¿Quién puede integrarse?
—Cualquiera, es absolutamente abierto y no necesariamente tenés que ser un informático. En su momento hubo algunos problemas en Cuba ya que no podían descargar el proyecto.
—¿Y en cuanto a LUG (Linux User Group) Paraná?
—El Linux User Group Paraná es un grupo sin fines de lucro, cuyos miembros somos entusiastas del software libre y su filosofía. Tenemos como finalidad difundir el uso del software libre, y generar un punto de encuentro para gente que desee iniciarse. Trabajamos por las redes sociales, con lista de correo y organizando eventos de acceso libre y gratuito. Somos unos 19 miembros –algunos más antiguos que otros– y las decisiones tratamos de tomarlas en conjunto. Tenemos problemas para la coordinación pero hemos organizado lindos encuentros –como el caso del último FLISol (Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre). Hacemos lo que podemos y en esta última vez se sumó un chico de diez años.
—¿Cuáles son los contactos?
—lugparana.org es el sitio web institucional.
—¿Tienen previsto algún encuentro en el corto plazo?
—Para el viernes 28 de julio organizamos uno de acceso libre y gratuito, en las instalaciones de la Asociación de Personal Superior de la Municipalidad de Paraná –Monte Caseros 265– a partir de las 15. Se darán charlas en torno a la filosofía del software libre, también algunas con contenido técnico y habrá demostraciones de juegos y dispositivos. En cuanto a las "reuniones de 2600" (https://t.me/Parana2600 y www.buanzo.com.ar/sec/2600meet.html) tienen como finalidad juntarse a compartir y debatir sobre tecnología, y predominan temas relacionados con la privacidad y la seguridad informática. La diferencia con las de LUG Paraná es que no necesariamente son relacionadas con software libre. Se realizan el primer viernes de cada mes y el lugar todavía no es fijo, por lo que se usa un canal de distribución en Telegram para indicar dónde es.
—¿Cómo se puede descargar Linux?
—Por ejemplo, buscás fedoraproject.org y podés descargar una imagen, que grabás en un CD y ya está. Podés ejecutarlo antes de instalarlo para conocerlo y ver cómo te llevás con el entorno –el cual podés personalizar. En Linux, los errores de seguridad se reportan y se solucionan con más rapidez que en el software privativo, porque es comunitario.


En defensa del Hacker y por su resignificación
Soliard propone una mirada distinta sobre el hacker (ver Datos), destaca su función y lo reivindica como origen potencial de nuevas innovaciones, que luego la industria incorpora masivamente.
—¿Te atrajo desde el principio el espíritu comunitario del software libre?
—Es una de las cosas que me fascinó; últimamente comencé a participar en algunos encuentros de seguridad informática y conocí la otra parte. La palabra hacker está mal vista pero son quienes hacen que algo funcione por fuera de los parámetros normales. Si a un celular lo "rooteas" (acceder a partes del sistema operativo que normalmente están ocultas por el propio fabricante), ya está, eso es hackear. Obviamente, hay gente que utiliza el hacking para otra cosa. Trato que en la agrupación LUG Paraná no se hable de política, religión, fútbol ni nada que pueda generar divisiones, ya que queremos sumar.
—¿Hay un código ético o una declaración de principios?
—En realidad es un código ético. Disfruto del software libre, así que por qué voy a hacer una maldad. El kernel (núcleo) de Linux –el sistema operativo más usado en software libre– encabeza la lista de vulnerabilidades, pero se encuentran, se reportan y entre toda la comunidad se soluciona –con mucha más velocidad.
—¿En qué áreas se muestra más eficaz?
—Todo lo que es innovación respecto a informática, nació en Linux, como el caso de las computadoritas blackberry –aunque ahora hay versiones de Windows. Muchas tecnologías nuevas de desarrollo –como los micro servicios, contenedores y la virtualización–, también, y luego se propagó.

Datos
Software libre se refiere a la libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software.
No significa "no comercial", ya que debe estar disponible para uso, desarrollo y distribución comercial, aunque suele estar disponible gratuitamente.
En 1971 –siendo estudiante de primer año de Física en la Universidad Harvard– Richard Stallman (nacido en Nueva York en 1953) se convirtió en un hacker del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
En 1984 comenzó a trabajar en el proyecto GNU (para crear un sistema operativo totalmente libre) y un año más tarde fundó la Free Software Foundation (FSF).
Stallman introdujo una definición para free software y el concepto de "copyleft", el cual desarrolló para dar a los usuarios libertad y para restringir las posibilidades de apropiación del software.
El termino free, traducido al castellano, significa tanto libre como gratis, por eso muchas veces suelen confundirse el freeware con el software libre aunque entre ambos existen notables diferencias.
Stallman se refiere a los teléfonos móviles como "dispositivos portátiles de vigilancia y seguimiento" y dice que se niega a poseer un teléfono celular hasta que exista uno que se ejecute por completo en software libre.
En 1999 promovió la creación de una enciclopedia libre, la GNUPedia, considerada como un antecedente directo de Wikipedia.

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