La Provincia
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Con su taller de arte rodante para niños sueñan con llegar a Alaska

Alexander y Vanesa tienen 30 años y en una combi partieron hace siete meses desde Viña del Mar, en Chile. Ya recorrieron 12.000 kilómetros, pintando murales en escuelas rurales, cosechando amigos y multiplicando experiencias

Vanesa Erbes
verbes@uno.com.ar

Alexander Vázquez y Vanesa Acosta tienen 30 años y son oriundos de Viña del Mar, Chile. Hace siete meses terminaron de acondicionar una Combi Volkswagen modelo 1989, renunciaron a sus empleos, y marcharon con la idea de llegar algún día a Alaska, pasando por escuelas rurales y también por barrios urbanos con su propuesta itinerante Pintando Sueños, que según explican en su Fanpage, es "un taller de arte para niños que tiene como eje central el promover la motivación por alcanzar los sueños en la vida".

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Primero recorrieron su país, y en el camino fueron encontrándose con otra gente que se fue sumando a este proyecto y acompañándolos en el viaje, como Martín, oriundo de Buenos Aires, que se subió al vehículo en Punta Arena y viajó con ellos por cuatro meses; y también Camille, una francesa que ya había hecho un trayecto antes con ellos, regresó a su país, y ahora volvió para seguir la ruta hacia donde el corazón les dicte cada día. En este contexto, Alexander, Vanesa y Camille arribaron el viernes a Paraná y hoy partirán hacia la provincia de Córdoba, a no más de 70 kilómetros por hora, que es lo que les permite el rodado. "Siempre nos gustó viajar. Lo hacíamos cuando estudiábamos en la universidad, durante las vacaciones y de mochileros, pero había que volver para asistir a clases y nos quedábamos con esa sensación de querer conocer qué había más allá, hasta dónde podíamos llegar", comentó a UNO Alexander.

Cuando se recibieron empezaron a trabajar, hasta que durante una escapada de fin de semana conocieron a una pareja en el norte de Chile, que había emprendido un viaje similar al que ellos están realizando ahora. Al respecto, señaló: "Habían dejado sus cosas, renunciaron a sus trabajos, vendieron su auto y salieron. A nosotros esa charla nos abrió un mundo. Nunca habíamos pensado en algo así, no cabía en nuestra cabeza, pero después de eso empezamos a averiguar y supimos que hay miles de personas viajando de esta forma; personas comunes que se atrevieron, de verdad lo deseaban y lo hicieron".

No obstante, Alexander y Vanesa se propusieron sumarle al viaje una labor social, como forma de agradecimiento: "De cierta forma queríamos retribuir lo bien que nos trata la vida: teníamos nuestros trabajos, nos iba muy bien, contamos con una hermosa familia y se nos presentó esta oportunidad. No surgió de un día para otro, sino que fuimos pensando durante cuatro años en este viaje. A partir de la experiencia de Vanesa, que es profesora de arte y con gran felicidad y con la participación de los niños de barrio había hecho un mural en el lugar donde vivíamos, se nos ocurrió ir replicándolo en todos los países que podamos visitar.

En un principio pensamos hacer uno por país y hasta ahora han sido muchos más", relató el joven. A la velocidad del paisaje Ya transitaron unos 12.000 kilómetros, dejando atrás los días en los que él trabajaba como ingeniero en exploración de riesgo en una mina y ella como profesora de artes, y destacaron lo positivo de la experiencia. No tienen una fecha definida de llegada y deciden quedarse en cada ciudad el tiempo que se sienten cómodos. "Hay una frase muy conocida que dice que la velocidad de la combi es la velocidad del paisaje", contó Alexander entre risas, en referencia a la lentitud con que se ven obligados a avanzar en un vehículo de esas características.

Hace unos días estuvieron en Gualeguaychú y rescataron la vivencia: "A través de couchsurfing conocimos a un chico llamado Catriel Villarreal. Pensamos quedarnos en su casa un día y al final estuvimos cinco. Él es voluntario del grupo La Cigarra, que realiza una labor social en el barrio Eva Perón, una zona vulnerable de esa ciudad. Nos invitó a hacer un mural y enseguida dijimos que sí", explicó Vanesa. En tanto, Alexander acotó: "Era un lunes y nos quedamos hasta el sábado, que había una peña. Fue un taller muy especial, con chicos muy enérgicos y alegres. Hasta el momento habíamos hecho trabajos en escuelas, y realizarlo en un barrio nos remitió al recuerdo del mural que Vanesa pintó en el nuestro, allá en Viña del Mar, pero en otro contexto".

A su vez, la joven profesora de artes resaltó las experiencias en las escuelas rurales que fueron encontrando en el camino, donde pudieron dejar plasmada su obra generosa y motivadora: "Existen realidades muy diversas en Chile, y hay chicos que viajan mucho tiempo para ir a la escuela, y para que suceda eso hay actores sociales, como los carabineros, que hacen una labor importante en acompañarlos para que puedan llegar los días de lluvia", comentó.

"También estuvimos en una que tenía solo dos alumnos, y la directora era también la docente, la cocinera, era todo, trabajando en condiciones difíciles pero dejando el corazón y realizando un trabajo muy lindo, en el que se notaba un compromiso de verdad", contó por último, feliz y agradecida de transitar este enriquecedor camino.


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