Día del Padre
Domingo 18 de Junio de 2017

Celebran el Día del Padre con un sentimiento especial sin barreras

Pocas familias adoptan un niño o una niña con discapacidad. Quienes dieron ese paso, son testimonio de un amor genuino y generoso

Vanesa Erbes
verbes@uno.com.ar




El Día del Padre evoca múltiples emociones, sobre todo cuando el mayor regalo que se recibe es el amor de los hijos. Hoy serán numerosos los hogares en los que la familia unida se sentará a la mesa a compartir un almuerzo, una mateada, una cena; donde abundarán recuerdos, anécdotas, vivencias, y también remembranzas de aquellos padres que ya no están.
Y en tantos casos el festejo será especial, ya que la voluntad de convertirse en padre trasciende los límites de la biología, las fronteras de las esperas burocráticas, las objeciones familiares o sociales, los prejuicios y los convencionalismos. En ocasiones, ese deseo irrefrenable se hace realidad cuando la adopción es una alternativa que muchos eligen. Y es una opción que irrumpe como una oleada de amor cuando un niño aparece en la vida de una persona o una pareja y despierta el sentimiento más profundo de ternura, con la generosidad más pura.
Tal fue el caso de Carlos Larrosa, que conoció a Leo cuando el pequeño tenía 6 meses. Su esposa, Alejandra, estaba sin empleo y alguien le ofreció cuidar a un bebé en el hospital materno infantil San Roque, en Paraná, que había sido internado con un cuadro de desnutrición y había quedado ciego. "Alejandra justo estaba sin trabajo y necesitaban una mamá muy especial. Todavía no estaba el sistema de cuidadoras del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf) y ella fue a cuidarlo. Un día la pasé a buscar y cuando vi a Leíto enseguida me encariñé con él", recordó Carlos, con visible emoción.
El niño era oriundo La Paz y tenía una historia familiar compleja. Estaba bajo la tutela del Copnaf y Carlos y Alejandra pidieron autorización para llevarlo los fines de semana u otros días a su casa. "Él cumplió su primer año de vida en el hospital, y para diciembre de 2002 nos dieron la guarda por un par de meses, para que esté en casa y pasara las Fiestas con nosotros. Y recién en 2003 nos dieron al guarda definitiva", señaló.
El matrimonio ya tenía dos hijas, que hoy tienen 24 y 21 años y en ese entonces eran pequeñas. La situación económica no era la mejor para la familia y la obra social les ponía algunas trabas para que los médicos pudieran atender al chico, porque todavía no contaban con la adopción definitiva, que les llevó 10 años concretar. Sin embargo, decidieron seguir adelante para convertirse en padres de Leo, con la ayuda incondicional de amigos y parientes.
Se ocuparon de llevarlo al hospital Garrahan, en Buenos Aires, para tratar de salvarle la vista de un ojo aunque sea, pero por inconvenientes burocráticos no pudieron lograr que lo operaran allí. Finalmente en Paraná un médico le realizó una cirugía pero Leo no pudo conservar su visión.
"Después de eso empezamos lo que es estimulación visual en la escuela Helen Keller, donde Leíto entró gateando y ahora con 15 años sigue yendo una vez por semana. Teníamos las dos nenas chicas, había que estar con él, convivir con un chico ciego. Uno parece que sabe todo y no es así. Había que enseñarle a caminar, a comer, fue todo un tema. Además tuvimos que armar un equipo en casa, coordinarnos para buscarlo, para llevarlo a la escuela, debimos dejar un par de cosas de lado para poder dedicarnos a él durante los primeros años", recordó, y confió que a medida que fue pasando el tiempo le fueron contando su historia de vida, de dónde venía y porqué vive con ellos.
"Él está bien y es lo fundamental. Ha aprendido a manejarse, va al gimnasio, practica básquet cuando quiere, pasa el tiempo con sus amigos y prácticamente no está mucho en casa", contó entre risas, y agregó: "Es muy decidido con sus cosas, está muy metido con la música, tiene una banda y está grabando un disco. Con todos nuestros hijos e hijas hemos ido cumpliendo un ciclo. Tenemos a las chicas grandes; Lucrecia es la mayor y ya se fue a vivir a otro lado, Rocío, la del medio, está estudiando en la Universidad, y Leo está creciendo y va buscando su camino".
Hoy se reunirán en familia y sobre el Día del Padre, Carlos reflexionó: "Siempre estoy atento y pendiente de mis tres hijos. Lo más difícil es ser padre, pero es lo más maravilloso que nos puede pasar en la vida".

fotoleo.png


> La enseñanza que aporta un vínculo especial

Matías Schimpf vive en General Ramírez, junto a su esposa, María Fernanda Weigandt, y su hija Stefy, de 6 años. Hoy va a pasar el día en Basavilbaso, en una reunión familiar con ellas, su papá Luis y sus hermanos.
Hace cinco años que la pareja adoptó a Stefy, y a medida que pasa el tiempo Matías celebra con mayor alegría esta fecha particular, ya que poco a poco se advierten los progresos que la pequeña va teniendo, gracias al amor que le prodigan: ella nació con hipotonía muscular y un retraso madurativo, padecía una fisura del corazón y estaba desnutrida, y los médicos no estaban seguros de que pudiera sobrevivir. Su mamá biológica no podía hacerse cargo y una mujer bondadosa, llamada Elsa Pamberger, fue su madre acogedora hasta que apareciera una familia dispuesta a adoptarla.
Y a pesar de que son pocas las personas que se animan a adoptar a un niño o una niña con discapacidad, el destino cruzó las vidas de Stefy y Matías, que la conoció por casualidad en la casa de Elsa y enseguida hubo una conexión entre ellos: la nena, que apenas balbuceaba, sorpresivamente le dijo “papá”. Con emoción él recuerda ese momento, y contó a UNO que con María Fernanda iniciaron los trámites ante el Registro Único de Adoptantes de Entre Ríos, aún cuando el pronóstico sobre su salud era desalentador. “La verdad es que todos los Día del Padre realmente se festejan, porque gracias a Dios ella va mejorado y teniendo cambios favorables. Ahora está aprendiendo a caminar, está dando sus primeros pasos para comer sola”, comentó.
Por ella sus padres proyectaron hace tiempo un centro de equinoterapia en General Ramírez, al que denominaron Pequeños Gigantes, y en ese entonces UNO compartió su historia. Los caballos y esta disciplina forjaron milagros en Stefy y los beneficios se expandieron a más personas, que hoy la practican en la zona.

fotonena.png

A la nena, que cumplirá 7 años en agosto, se la ve feliz y su enorme sonrisa da cuenta de cómo el amor puede transformar una vida, aunque la adversidad impere. Sobre la posibilidad de adoptar a una criatura con discapacidad, Matías destacó: “Está en la decisión de cada uno y hay que considerarla si uno quiere ser padre realmente. En nuestro caso el destino marcó que nos teníamos que encontrar y ser el papá de una niña con discapacidad me deja la enseñanza de disfrutar de las cosas simples, del día a día, y valorar y festejar cada uno de sus avances, por más mínimos que sean. Hoy en día me siento más preparado para relacionarme con otra persona que está atravesando algún problema de salud que con alguien que no lo padece”, recalcó.
A su vez, analizó: “Creo que nada es casualidad en la vida, y el vínculo que uno pueda forjar con una criatura que está a la espera de un hogar es maravilloso. Aún cuando a los chicos con discapacidad les cuesta hablar, decir ‘te quiero’ o desenvolverse solo en la vida cotidiana, son muy agradecidos y esperan el beso, el abrazo”.
“Stefy es mi cable a tierra, disfruto y me emociono con ella, que es tan chiquita y me brinda una felicidad inmensa. Vale la pena seguir luchando y no preocuparse por cosas que no tienen sentido”, subrayó emocionado y feliz.



Comentarios