La Provincia
Domingo 16 de Abril de 2017

Aquella Semana Santa, cuando la democracia estuvo en peligro

Se cumplen 30 años del levantamiento carapintada. La figura de Alfonsín y la defensa de derechos

Fueron cuatro días de máxima tensión en un país que afianzaba a paso lento su sistema democrático. Un jueves 16 de abril de 1987 un grupo de militares rebeldes encabezó un alzamiento contra el gobierno de Raúl Alfonsín, el primer presidente consagrado en las urnas en 1983 después de la dictadura cívico-militar. El levantamiento carapintada en Campo de Mayo, liderado por Aldo Rico, ocurrido 30 años atrás, es un hecho de la historia más reciente de la República Argentina que nos sigue interpelando como sociedad en cuanto al valor real que se le asigna a las instituciones democráticas, desde la perspectiva de los partidos políticos, las organizaciones sindicales y sociales y, claro, del ciudadano en toda su dimensión. De la famosa frase de Alfonsín en el balcón de Casa Rosada diciendo: "Felices Pascuas. La casa está en orden", dando por terminado el alzamiento militar, a la permanente amenaza castrense para detener el avance de los juicios por lesa humanidad contra los integrantes las Fuerzas Armadas, parecen quedar enfrentados claramente dos modelos de país. A la distancia, aquella Semana Santa recobra vigencia más que nada por el interés mediático que por un serio abordaje de la importancia que tuvo la movilización popular en defensa del Estado de derecho y de la legitimidad de las leyes sancionadas a partir de la presión corporativa y el ejercicio de la fuerza.
Actores sociales y políticos de nuestra provincia, que tuvieron protagonismo en aquellos sucesos, narraron en primera persona su vivencia, haciendo un necesario paralelismo con el momento institucional actual. El exdiputado nacional por la UCR, Rodolfo Parente, recordó que estando en el Congreso recibía información sobre los movimientos militares que se producían en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. "Participamos en la Casa de Gobierno de varias reuniones para ver cómo se podía conjurar el levantamiento, al cual prácticamente le asignábamos las características de un Golpe de Estado. Había versiones que indicaban que varios regimientos estaban convergiendo hacia Campo de Mayo para reprimir el alzamiento, nos trasladamos hacia ese lugar con el diputado José Canata y Alfredo Bravo, dirigente socialista lamentablemente fallecido. Había una impresionante movilización popular que presionaba para que los carapintadas depusieran su actitud", contextualizó el dirigente radical de Diamante.
La forma de comunicación era con tecnología incipiente, y así los legisladores se enteraron que Alfonsín estaba a bordo de un helicóptero viajando hacia Campo de Mayo. "Aguardamos con mucha ansiedad ese desenlace, cuando llegó golpeándose la pierna con la fusta el general (Ernesto) Alais que supuestamente tenía que reprimir el alzamiento. Tiene que haber sido el viaje entre Buenos y Rosario más largo de la historia, porque había salido en la madrugada del sábado y llegó a Campo de Mayo a las 18", apuntó.
Parente presenció el histórico discurso de Alfonsín en una Plaza colmada, y en ese marco dejó una sentencia para reflexionar: "Creo que estuvimos a minutos de haberse producido un desenlace sangriento, que afortunadamente no se produjo por la iniciativa de Alfonsín de presentarse en el lugar". Si bien el Presidente trató de restarle trascendencia a esa ingeniería militar, en la visión de Parente en realidad lo que sucedía era más grave. "Él no podía asignarle a ese levantamiento mayor valor; la pauta está dada en función de lo que vino después: a ese levantamiento le sucedieron otros como el de Monte Caseros. Había una ofensiva de sectores del Ejército tendientes a impedir que los juzgamientos de los responsables de la dictadura militar y fundamentalmente de la represión se llevaran a cabo", remarcó.
Para el abogado, que el intento desestabilizador no haya prosperado se debió a la inmensa movilización popular en todo el país y a la solidaridad de las fuerzas políticas, en especial del naciente Peronismo Renovador. "Enfrentar la represión era realmente complicado porque el Ejército estaba entero, los militares tenían poder y la dictadura estaba muy reciente", sostuvo en diálogo con UNO.

"Era previsible"
Eduardo Chancha Ayala transitaba en los 80 su etapa más activa como militante de la Juventud Peronista: ocupaba la presidencia de la Federación Universitaria de Entre Ríos (Fuer) y tenía un mano a mano frecuente con los actores políticos de la época, tanto que era consciente del inminente accionar del grupo comandado por Rico. Había estado seis años encarcelado por el gobierno de facto. "No nos tomó por sorpresa, era algo previsible", reconoció. Opinó que en ese momento político "el poderío militar golpista era mucho más visible que el que tuvo en la posteridad. Todavía estaban intactas muchas estructuras militares. Se da un alzamiento para condicionar los avances en el derecho que impulsó el primer gobierno democrático después de la dictadura. Esa postura era que ni se les ocurriera juzgar a los militares". Citó el caso de el entonces mayor Ernesto El Nabo Barreiro, juzgado por crímenes de lesa humanidad, y de su "amigo" Aldo Rico, quien comandaba las tropas rebeldes al sistema democrático. "Como resultado de su alzamiento, la democracia salió a defender sus derechos, pero consiguieron algunas cosas, incluso hubo otros alzamientos. Todas esas cuestiones estaban en una lucha de los derechos contra el poder que no quería de ninguna manera que le vinieran a pedir cuentas de sus acciones", argumentó.
Ayala sostuvo que en esta puja de poder este grupo de militares consiguió imponer sus condiciones, logrando la Ley de Obediencia Debida y el freno a los juicios por crímenes de lesa humanidad. "La democracia hizo lo que pudo", justificó. En respuesta a aquella avanzada de una porción de militares que públicamente aparecía como el más belicoso, el movimiento estudiantil en la provincia se organizó realizando asambleas en la Facultad de Ciencias Económicas, en consonancia con el Foro por la Democracia que se había convocado en la Municipalidad de Paraná. "Se discutían las metodologías de lo que había que hacer. Recuerdo con gran placer que el argumento que me tocó llevar adelante ante los representantes estudiantiles no era instalarse a defender la universidad, sino que no podíamos quedarnos a defender una parte insignificante de la historia argentina, cuando el pueblo estaba convocándose en las plazas. La Universidad no debía estar junto al pueblo, sino en el pueblo. Fuimos a la Plaza 1º de Mayo. Fue el primer Nunca Más que hubo en la historia argentina", reivindicó.
Aquella movilización reunió no solo al aparato político sino también a las fuerzas vivas de la comunidad. Entre los dirigentes que levantaron esas banderas nombró a los hermanos Miguel y Emilio Ruberto, Diego Fernández, el actual gobernador de la provincia, Gustavo Bordet y el diputado Pedro Báez.
"Los regimientos de la provincia marcharon hacia La Paz, en dirección a la localidad de Monte Caseros en Corrientes, plegándose al movimiento rebelde. No hubo enfrentamiento pero tomaron lugares estratégicos. No era importante eso, sino la respuesta popular que habla del hermoso pueblo que tenemos en nuestro país; cuando tiene que salir a defender sus derechos lo hace sin nada, sin piedras, sin palos", sintetizó.

Busti y el llamado a Cafiero
Jorge Pedro Busti era candidato a gobernador por el peronismo renovador en ese convulsionado abril de 1987. Había ganado las internas con una alta participación de afiliados, pero no le era ajeno el intento militar de desestabilizar el despertar democrático. "Llevábamos cuatro años de democracia y Alfonsín no había tenido la crisis de la hiperinflación, por lo tanto se lo valorizaba mucho más que ahora. La gente se acostumbró a votar, a tener libertad y quería otros derechos. Y la democracia no se los había dado. Era un problema de todas las democracias en general", expresó.
Enterado del levantamiento, el tres veces mandatario provincial consultó entre sus allegados si era necesario viajar a Buenos Aires. "El único que lo acompañó a Campo de Mayo fue (Antonio) Cafiero que se quedó en el exterior del predio. Era muy homogéneo el respaldo a Alfonsín y a la democracia, en contra de la rebelión carapintada. Lo que vino después fue la Obediencia Debida y el Punto Final, lo que significó volver para atrás en muchas investigaciones que se estaban haciendo", indicó.
Su relación con Cafiero lo llevó a entablar una comunicación en plena negociación para destrabar el plan después fallido de los embetunados liderados por Rico. "Le pregunté: 'Si querés agarro el auto y me voy para allá', a lo que me respondió: 'Esto es inminente. Al Presidente lo vamos a acompañar, si es necesario lo vamos a acompañar hasta Campo de Mayo, pero esto es grave y tenemos que cortarlo de cuajo ahora'",
Sobre la continuidad del sistema de gobierno democrático y todas las implicancias que ello conlleva, el referente político planteó: "Se dan fenómenos políticos que no había en ese momento, aumentó la desigualdad económica, creció el narcotráfico que era prácticamente inexistente y hay un debilitamiento de la política en general. Tampoco es el fin de la política; los jóvenes como advierten algunos autores se expresan de otra manera, como los indignados en Europa, los movimientos de Derechos Humanos, entre otros".

Aldo Rico no se arrepintió nunca por sus actos
Aldo Rico, el exmilitar carapintada que lideró dos levantamientos contra el gobierno de Raúl Alfonsín, no se mostró arrepentido de sus actos contra la democracia en la Semana Santa de 1987, aunque elogió la figura del expresidente radical y criticó a los actuales integrantes de la clase política argentina.
Al cumplirse 30 años de la primera sublevación de una facción de las Fuerzas Armadas tras la recuperación de la democracia, Rico, quien luego fue elegido diputado nacional, convencional constituyente e intendente de San Miguel por la voluntad popular, sentenció: "No me arrepiento y si lo hiciera no sería públicamente".
En declaraciones a Radio El Mundo, el militar retirado también se refirió a la actuación de las Fuerzas Armadas durante la última dictadura al asegurar: "Si los soldados no hubiéramos derrotado a los subversivos, (Raúl) Alfonsín no hubiera sido presidente. En ese sentido estamos tranquilos porque derrotamos al enemigo".
"Alfonsín era un hombre de coraje, inteligente", consideró Rico, quien criticó a los dirigentes de la UCR actuales al señalar que "ahora los radicales están en el Gobierno pero no tienen a nadie que se le asemeje a Alfonsín".
En su crítica a los dirigentes políticos, el principal referente de la rebelión carapintada de 1987 manifestó: "Los radicales usan lo que decía Alfonsín cuando les conviene, igual que los peronistas con (Juan Domingo) Perón". Al analizar la situación actual del país, el exintendente de San Miguel sostuvo: "Estamos igual o peor que en esa época".

Los alzamientos que llegaron después
Los alzamientos carapintadas no acabaron en la Semana Santa de 1987, sino que se prolongaron hasta 1990, cuando una resuelta represión a los alzados terminó con la actividad de seis décadas del denominado "Partido Militar". Ocho meses después de rendirse en Campo de Mayo, Rico escapó del arresto domiciliario donde esperaba un juicio por rebeldía y se atrincheró en el regimiento de la localidad correntina el Monte Caseros, con el mismo programa de reivindicación militar.
La tercera intentona carapintada fue encabezada en diciembre de 1988 por Mohamed Alí Seineldín, un nacionalista católico de buena reputación militar por su actuación en la Guerra de Malvinas, que tomó el destacamento militar de Villa Martelli, hoy convertido en el predio de Tecnópolis. Miles de civiles rodearon el cuartel en la última de las cuatro jornada que duró el alzamiento, que concluyó con un baño de sangre con una decena de muertos por balas disparadas por la policía y desde el cuartel luego de la rendición.
El 3 de diciembre de 1990, ya con Menem en el poder, el mismo militar y sus seguidores tomaron el edificio Libertador hasta que un general artillero -y también veterano de Malvinas- recibió autorización presidencial para reprimirlos "con todos los medios". La derrota de los amotinados incluyó muertos, cañonazos y la humillación de ser exhibidos de rodillas y sin borceguíes, además de la posterior destitución y condena a prisión perpetua de su líder, amnistiado 12 años más tarde. La tarea fue cumplida por Martín Balza, quien con el grado de coronel y destino en Neuquén, había ofrecido refugio a Alfonsín en la Semana Santa de 1987.

Inédita movilización
El alzamiento carapintada de Semana Santa de 1987 fue derrotado por una eficaz combinación de movilización popular espontánea y convocatoria política amplia, según coinciden hoy diversos protagonistas de aquellas jornadas en que la democracia estaba en peligro. "Fue un punto de inflexión histórico porque por primera vez se convocó al pueblo de manera amplia bajo una consigna que era un parteaguas: democracia o dictadura", evoca Leopoldo Moreau, que en aquellos días integró el "comité de crisis", que funcionó en el corazón de la Casa de Gobierno, junto a la oficina del presidente Raúl Alfonsín.

Testigo de un hecho histórico:
"Nos salvó de una masacre"
Víctor Bugge, jefe de Fotografía de la Casa Rosada, desde hace décadas acompaña a todos los presidentes. Ha vivido momentos históricos y conoce detalles íntimos del nivel más alto de la política como pocas personas en la Argentina. Pero pocas jornadas son tan inolvidables para él como aquella en la que acompañó al expresidente Raúl Alfonsín a dialogar con el líder de la rebelión militar “carapintada” contra la democracia, Aldo Rico, en 1987.
En entrevista con Ahora Vengo, Bugge contó los detalles de aquel momento. Lo hizo mientras recordaba a quien consideró como “un gran hombre, un gran presidente”.
"Aquel día, con el país paralizado, subimos al helicóptero y nos dirigimos a Campo de Mayo, en donde se encontraban los militares rebeldes"”, relató. "“Yo estuve allí y, de hecho, fui el único civil, por eso lo que cuento a mí nadie me lo contó: lo viví"”, advirtió el fotógrafo. "Es un recuerdo en el que se mezclan la emoción y el miedo de los momentos que vivimos", agregó.
El reportero destacó que Alfonsín solo, sin más apoyo que los militares leales, “ "salvó al país de una masacre y eso la gente no lo sabe y le reprocha lo que vino después, cuando volvimos a la Casa Rosada”. Allí fue cuando salió al balcón y dijo aquella frase que tanto se le reprochó: “ 'La casa está en orden. Felices Pascuas”'". El fotógrafo, a través de su objetivo, capturó estos momentos históricos para la posteridad.
Recordó cómo fue el recorrido hasta Campo de Mayo. "Desde el helicóptero, vimos cómo gente de las más diferentes condiciones sociales, de La Cava, San Isidro, Los Piletones, estaba movilizada en defensa de la democracia", aseguró.

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