Reclamo vecinal
Domingo 14 de Mayo de 2017

Afectados por el arroyo Colorado, luchan por no perder sus casas y reclaman obras de contención

Situación dramática. Hace años que los vecinos de calle Cabildo Abierto piden ayuda, sin respuestas. Compraron sus viviendas hace cuatro décadas y hoy corren riesgo de derrumbe: el cauce se fue moviendo y socavó los terrenos

La mayoría de los vecinos que viven en calle Cabildo Abierto, en la vecinal Moreno en Paraná, se mudaron hace 41 años a un barrio que en ese entonces estaba recién construido. Algunos adquirieron sus casas con un crédito hipotecario y con enorme esfuerzo las fueron pagando.
Pero cumplir el sueño de la vivienda propia con el correr de los años se fue transformando en una especie de pesadilla: los extensos patios con los que contaban se fueron transformando en un abismo, socavados por el arroyo Colorado, cuyo cauce se fue modificando a lo largo del tiempo y, según afirman los vecinos, fue por la enorme cantidad de basura que arrastra. "Cuando vinimos acá mis nenas cruzaban el arroyo, que estaba limpio. Yo tenía un patio inmenso que fue desapareciendo. Todo esto se agravó en los último 15 años", contó a UNO Julio Ramón Sabre, uno de los propietarios damnificados no solo por la drástica mutación del terreno adonde se afincó lleno de ilusiones, sino también por las reiteradas promesas de autoridades municipales que les aseguraron a los vecinos del lugar que iban a hacer alguna obra de contención, que los salve del desbarrancamiento al que están expuestos y que significa un serio riesgo para sus casas y también para la integridad de quienes las habitan.
A su vez, señalando hasta dónde llegaba el predio que había adquirido y que hoy ya no existe, comentó: "Solamente cuando (Juan Carlos) Halle era intendente nos trajeran como 350 camionadas de broza para rellenar y pensamos que esto iba a arreglar en algo la situación, pero después el arroyo se llevó todo". Y si bien aseguró que se acostumbró a vivir con la pendiente pegada a su casa, no se resigna a que los movimientos del suelo que provoca el arroyo Colorado a su paso, con el consecuente deslizamiento de la barranca, vayan dejando notorias rajaduras en las paredes.
Son 13 los inmuebles afectados, pero el suyo, junto con los de otras dos vecinas que viven al lado, son los que vienen sufriendo las mayores consecuencias. Gabriel Massimino es el actual presidente de la vecinal Mariano Moreno y desde hace años forma parte de la comisión directiva. Fue el encargado de contarles la semana pasada a los concejales que fueron a sesionar en su barrio, cómo van lidiando con este problema y a través de la herramienta Voz Ciudadana pidió que las autoridades "reflexionen y se pongan aunque sea un momento en el lugar de los vecinos de calle Cabildo Abierto". En este marco, dijo: "Que vean la parte humana. Sus casas se están moviendo continuamente".
Con una abultada carpeta llena de expedientes, informes y denuncias hechas en el Municipio y en la Defensoría del Pueblo, aseveró: "Esto se agrava cada vez más, sobre todo con las lluvias de los últimos tiempos. No se hace ninguna obra de contención y el problema es cada vez peor, se siguen rajando las casas y además no hay ninguna clase ya de saneamiento. No cortan los pastos y ni siquiera vuelven a tirar tierra para que no se siga socavando".
"Si bien los mayores inconvenientes se generaron en los últimos 15 años, hay un problema que ya radica desde hace 40, desde el momento en que se hicieron las casas", dijo, en referencia al profundo desnivel del terreno que existe entre las demás manzanas de la zona, y agregó: "Las casas están allá abajo. Vive gente que las fue pagando durante años a la empresa que las edificó y ahora paga sus impuestos".
También recordó que Julio debería tener un patio de 30 metros pero se lo fue carcomiendo el arroyo y expresó: "Sé que una obra va a demandar millones de pesos, pero algo hay que hacer. Aunque sea poner una contención con piedras y una malla para que no se siga deslizando el terreno".
Elena Medina, otra de las residentes que vive en la cuadra desde hace cuatro décadas contó que en una reunión que con el intendente Sergio Varisco, él les explicó que es muy difícil que se entube el arroyo en esa área porque es muy caro. "Nos dijo que lo que se podía hacer es el mismo trabajo que efectuaron en las barrancas del Parque Urquiza, que es una contención escalonada con piedras, incluso dijo que se pueden sacar piedras de la zona del arroyo. Pero pasa el tiempo, prometen y después no vienen más. Ahora llegan las lluvias y estamos preocupados", confió la mujer y manifestó: "A mi patio lo contienen unos cañaverales, que no los podemos sacar porque es lo único que tenemos para evitar un derrumbe. Cuando vinimos acá los chicos jugaban al fútbol en el terreno que había y que se socavó; atrás de mi casa caminábamos y salíamos a mirar el arroyo, y eran muchos metros por donde se podía andar".
La situación de María Angélica Martínez es similar: al lado de su tapial se formó un pozo y sabe que en cualquier momento se derrumba. Y Yolanda de Leguizamón es quizás la más afectada: además de perder terreno por la erosión, una extensa rajadura atraviesa los ambientes de su casa y otras más se extienden por las paredes y el techo del hogar al que se mudó cuatro décadas atrás, con su esposo que más tarde falleció, y donde depositó sus sueños que también se fueron desbarrancado por la falta de respuestas ante la dramática situación que atraviesan. "Desde el año 1994 estoy presentando papeles, haciendo lo que hay que hacer, lo que se debe para que nos den una solución. El ante año pasado nos unimos los vecinos e hicimos presentación judicial. La intendenta de entonces, Blanca Osuna, que vino incluso a mi casa, nos contestó que no había plata. El único que hizo algo fue Halle que nos trajo aunque sea unas camionadas de tierra", indicó.
Yolanda contó que cuando les adjudicaron la casa fue un gran sacrificio pagarla, sobre todo en épocas de hiperinflación. Cuando al fin cancelaron el crédito con el banco, su esposo se enfermó y hace 10 años la mujer enviudó. Ahora vive con una hija separada con dos hijos adolescentes y concluyó: "Me quieren dar una vivienda del IAPV, pero la que tengo ahora es grandísima y no me quiero ir. Lo que necesito es que hagan algo para que no se siga socavando este lugar. Mi casa está en peligro y una jubilada como yo no puede vivir sacando créditos para arreglarla. No se puede vivir así".

Inseguridad y otros problemas que se suman

A la falta de obras para evitar los efectos del arroyo Colorado en las viviendas de los vecinos de calle Cabildo Abierto, en la zona de Rondeau y Almirante Brown, también se suman otros problemas con los que deben lidiar. "A esta calle nunca la asfaltaron y ya ni entra el recolector. No hay ninguna clase de saneamiento, ni siquiera cortan el pasto", contó Gabriel Massimino, el presidente de la vecinal Mariano Moreno.
Por su parte, Elena Medina opinó: "Acá no tendría que haber casas, son terrenos que fueron rellenados y hay muchas vertientes. Yo me enteré de esto por mi papá, que conocían estos lugares. Y a esto se suma el gran problema de las cloacas, porque se extendió el barrio y todo desemboca en un caño mayor. Cuando llueve, en el patio tenemos que alzar la tapa, porque sino se me ha levanta hasta el piso y el baño se rebalsa con agua servida".
En tanto, Yolanda de Leguizamón se quejó porque a pesar de pagar en tiempo y forma sus impuestos, en el barrio no cuentan con la mayoría de los servicios esenciales: "Hasta para que nos corten el pasto enfrente tenemos que pagar, porque hay vecinos que no se hacen cargo".
En el lugar también hay falencias en el alumbrado público y proliferan los minibasurales, pero además la inseguridad es otro tema que los aqueja. "Esto es una boca de lobo", manifestó Yolanda, mostrando desde su patio el lugar por donde "todas las noches pasan amigos de los ajeno", según sus dichos.
El viernes, con la llovizna tenue pero constante que empañaba el paisaje urbano en Paraná, la calle cabildo Abierto se transformó en un lodazal por el que era difícil transitar. Las casas parecían más sufridas y el arroyo más violento. El lecho lleno de basura era una postal contundente del abandono. Los vecinos sin embargo se juntaron y exhibieron sus penurias, esperanzados en que alguien tome conciencia de la gravedad de su situación y haga algo, sobre todo antes de que sea tarde.

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