Violencia de Género
Domingo 23 de Octubre de 2016

La prepotencia terrateniente como una fuente de femicidios

Mal congénito del Estado argentino, la concentración de la propiedad de la tierra en unos pocos privilegiados es una de las causas del maltrato social que hoy se expresa en la muerte horrorosa de tantas mujeres

La violencia y el despojo son dos patas principales del Estado argentino desde su creación. Si no miramos esta fuente del femicidio no encontraremos los modos de revertir el flagelo.

El patriarcado es ley, pero el gran macho argentino es terrateniente y excluye, expulsa, hacina a las mayorías en lugares exiguos.

El terrateniente se dice católico y se dice judío y está protegido por los jefes de antiguas religiones. Ahora se cumplen 500 años de su ingreso a estas latitudes desde el malogrado desembarco de Juan Díaz de Solís en 1516.

Sin embargo, estos católicos, protestantes y judíos incumplen preceptos centrales de su Biblia: aquellos que deploran la acumulación de la tierra. Son avaros nomás, su propio cielo los vomita.

De aquellos machos patrones estancieros, estos femicidios.


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Encerrados por herencia


La Argentina tiene tiempos violentos y tiempos tranquilos, pero el mar de fondo es la violencia. El violento arremete en Rosas, Sarmiento, Mitre, Roca, arremete con la fuerza de un ferrocarril contra la indiada, contra la barbarie, contra esas madres despojadas por la prepotencia del Estado.

Así nació el Estado argentino, masacrando. Fue regado con lágrimas de niñas.

En ese estado de cosas, un plus de violencia se convierte en un terremoto. Entonces los que estaban al borde caen al precipicio.

Ese plus es el soplido que faltaba. Aquí intentaremos explorar en las razones de que tantos (tantas) estén al borde, es decir: conocer ese piso de violencia en el ADN del Estado.

Mucho después de 1810, leyes no ya de la corona española sino de los gobernantes argentinos permitieron que una parte de la alta burguesía se quedara con la tierra y arreara a las mayorías al corral de las villas. Si lo sabrán los entrerrianos, en esta comarca de la expulsión, patria de los pueblos fantasmas y las taperas.

La ley se sostiene. Por eso las argentinas y los argentinos viven en su mayoría hacinados, mientras unos poquitos medran con toda la superficie que se apropiaron y que heredan porque ellos mismos hicieron la Constitución y las leyes.

Pocos heredan la estancia, muchos el hacinamiento.


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El patriarcado


La dictadura y la llamada democracia (para nosotros plutocracia) no se diferencian a la hora de mirar las estancias grandes, el gran capital y esos guetos que son las villas. Los gobernantes pasan, el gran capital queda, como un parásito, y es hereditario. Las villas se consolidan y multiplican.

En una sociedad con problemas crecientes de violencia, cada uno baja un poco a ese barro, y los sectores más vulnerables se pierden en un abismo.

El patriarcado y el machismo constituyen un problema cultural grave de la Argentina, como en muchos países del mundo, y se potencian con el sistema concentrado de propiedad y uso de la tierra que exige el destierro. Ahí la tormenta perfecta.

Oligarquía y patriarcado van de la mano. Son dos afluentes del gran río del hacinamiento y la violencia, y lo pagan caro las mujeres. El hacinamiento y la violencia son estructurales. En los tiempos con violencia adicional por conflictos varios (desocupación, adicciones, terror narco, promoción del consumismo, disputas banales, partidismos), el resultado no debe entonces sorprender. Ya estamos en un femicidio por día, y poco vamos a aportar con horrorizarnos.

Hoy se impone mirar las estructuras, no solo los detonantes. Si un terremoto destruye todas las casas hay que evaluar el terremoto, pero principalmente la construcción, que ya estaba en peligro aunque el hecho no se consumara.

Los cómplices del latifundio, los que han promovido el hacinamiento de millones, son responsables del delito de peligro en las villas, siguiendo las reflexiones del conocido fiscal Antonio Gustavo Gómez.

Por eso reiteramos: el peligro del patriarcado se multiplica en la intersección con el peligro del hacinamiento, que irrita más por las vastas superficies que están a la vista, asaltadas por unos pocos machos terratenientes y machos banqueros y vaciadas de personas. No hace falta dar nombres de la oligarquía, son más conocidos que la ruda.


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Machos de la tierra

Cuando el conjunto de la sociedad deriva hacia la violencia, los que ya sufren un tipo de violencia física o moral se las ven en figurillas porque los espacios y momentos de peligro, que ya eran graves, se multiplican.

Eso explica en parte la ola de femicidios. Algunos medios masivos de mayor alcance se solidarizan con las mujeres atacadas, pero es difícil que vayan a las causas porque esos mismos medios son pagos por los terratenientes/banqueros. Son las mismas personas, que pagan medios de incomunicación como pagan religiones.

En la Argentina, los terratenientes son banqueros, los banqueros terratenientes. En sus mansiones hay que buscar causas principales de la sangría. Sin embargo, los medios de mayor alcance suelen solazarse en el morbo. Esta niña murió estrangulada, aquella con 20 puñaladas, la otra violada, más allá una asfixiada o golpeada y otra empalada, y luego los detalles para esa tremenda puesta en escena que nos mantiene entretenidos e ignorantes.

¿Por qué ignorantes? Porque los que pagan los medios exigen que se oculte su responsabilidad principal.

Esos mismos espacios de "comunicación", puro entretenimiento, podrían compararse con la mampostería de una casa, las paredes, el cielorraso, pero las columnas de hormigón armado de esos espacios son los terratenientes, los banqueros.

Grupos muy poderosos que buscarán desacreditar a quien los señale, como aquel Alfredo Yabrán que se molestó por unas fotos. El gran capital es reservado con sus negocios.

Los machos de la tierra y las finanzas son los victimarios que pagan para que se esconda una de las causas reales de la masacre.


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Estancia de 30 países

Si sumamos las superficies de los 15 estados más pequeños del mundo llegaremos a la mitad de la tierra que posee una sola persona en la Argentina. Hay estancias a nombre de una sola empresa familiar que podrían contener 30 países como Liechtenstein, Andorra, Mónaco, Vaticano, Seychelles, San Marino, Dominica, en fin.

El mundo se asombra de las injusticias de la Argentina, y aquí el racismo está naturalizado.

¿Por qué racismo? ¿En qué consiste ese racismo? En que millones fueron empujados al hacinamiento y son sometidos y abusados con la mirada cómplice del conjunto, mientras unos poquitos medran con la posesión o el uso de la tierra al tiempo que cometen ecocidio.

Los grandes propietarios de la tierra, los pooles, el sistema de agronegocios, todo eso es fruto del atropello de los machos terratenientes y banqueros (y los políticos que les sirven). Como las personas les molestan, las echan y empujan al hacinamiento que genera violencia y la violencia mata. Por estos machos, vastas regiones de la Argentina y de Entre Ríos son privados de personas y también de montes.

No lo descubrimos nosotros. La denuncia viene de siglos atrás.


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Cómplices de racismo


El despojo lleva 500 años y se sostiene. Al naturalizar el sistema convalidamos el racismo. Lo mismo cuando tomamos como lógico el desarraigo y el destierro de tantas poblaciones, arrinconadas luego en el conurbano bonaerense, en la periferia de Rosario o en Paraná.

La villa es la consecuencia del despojo amparado por la Constitución y las leyes dictadas ¿por quiénes? Por los propietarios. Es obvio que si la Constitución y las leyes fueran redactadas en las villas otra sería la letra.

Si la ciudad autónoma de Buenos Aires cuenta con más de 3 millones de habitantes en 20.000 hectáreas, quiere decir que los 40 millones de argentinos podríamos reunirnos en 260.000 hectáreas. Y bien: un solo argentino posee el doble de esa superficie. Uno solo. Amparado por su constitución, sus leyes, sus jueces, sus medios masivos de incomunicación.


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La religión apaña


Católicos, judíos, protestantes, masones: desde su primera hora hasta el día de hoy los grandes terratenientes argentinos bancan religiones y organizaciones que aparentan fines benéficos y en verdad son responsables principales de la violencia, porque empujan la población al corral.

En tiempos del esclavismo, muchos vecinos honrados consentían esa relación porque la consideraban "natural". Hoy ocurre lo mismo. Renegamos del esclavismo de ayer, pero le esquivamos al racismo de hoy, el hacinamiento de millones de vecinos. ¿Confinados por quiénes? Por los que acaparan la tierra. La Biblia los escupe. Los obispos, pastores y rabinos les hacen masajes.

Un gran logro del sistema consiste en que la población en general lo naturalice. Esa es su victoria. Así naturalizamos que uno tenga 1 millón de hectáreas y el otro no tenga un metro cuadrado. Miles sin trabajo estable, sin obra social, sin un plato de comida, sin paz. Miles hurgando en los contenedores de la basura.

Mientras un señor acumula 1 millón de hectáreas pero no vive siquiera allí sino en Buenos Aires o en el exterior, 10 chicos de la villa duermen en una habitación de tres por tres.

Sumemos a eso el inveterado machismo, el consumismo que usa a la mujer de anzuelo y vía a través de la ultramachista propaganda del sistema (todo compatible con los templos), y tendremos como resultado los femicidios.

Después preguntémonos porqué en las marchas que gritan a coro "Ni una menos" se desprende un grupo para putear en la puerta del templo y pintar consignas en las fachadas de las instituciones. La "barbarie" le está pasando factura a la "civilización".


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Machos y racistas


En virtud de columnas anteriores nos han preguntado porqué el hacinamiento que padecen millones en las villas es una marca de racismo. ¿Son acaso todos sus habitantes negros, por caso?

Pensadores como Ramón Grosfoguel explican que la marca más reconocida como racismo ha sido el color de la piel, pero el racismo ni siquiera nació contra la negritud.

Grosfoguel sostiene que el racismo apareció a fines del siglo XV con la decisión de la monarquía católica de Castilla de conquistar Al Ándalus, la zona habitada por musulmanes desde hacía siglos en casi toda la extensión de lo que hoy son Portugal y España.

Entonces el poder católico empezó a expulsar o eliminar a musulmanes y judíos, y a vigilar a los conversos.

Con la teoría de la sangre pura estábamos en el origen de un protorracismo porque los no católicos aún seguían siendo considerados personas humanas.

Ya con la expansión hacia el Abya yala (América), dieron un paso decidido hacia el racismo: al no creer en su dios no teníamos alma aquí, y por lo tanto no éramos personas.


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Aquel debate

La discusión duró unas décadas y las conclusiones están resumidas en el debate entre Juan Ginés Sepúlveda y Bartolomé de la Casas.

Para Grosfoguel, las dos líneas son racistas y continúan hoy.

Por razones biológicas o culturales, siempre colocan al europeo encima de los demás.

Una línea derivará en las masacres biorracistas y otra línea derivará en las masacres del tipo "civilización o barbarie" que fue y es tan común en la Argentina y la región, con la sangría de los pueblos de la Patagonia, la Mesopotamia, el Paraguay, en fin.

La revolución federal encabezada por José Artigas integraba a negros, zambos, indios, gauchos, mujeres, e incluso devolvía estancias para su arraigo y garantizaba la autonomía a través del principio de la soberanía particular de los pueblos.

Pero esa revolución fue derrotada, y se impuso en cambio el poder occidental porteño.

Tierra para pocos, manejo de la aduana desde la elite porteña.

Así es que la Constitución y las leyes garantizaron la apropiación de vastos territorios y la paulatina expulsión de habitantes de las zonas de sacrificio, como la nuestra. Las familias se amontonaron en la periferia de la metrópolis.

Hoy el sistema es racista. El Estado puede atacar actos grupales o individuales del orden de los prejuicios pero no racistas, porque son aislados, no afectan hondamente la vida social. Sin embargo, ese mismo Estado reproduce un sistema racista que deja las mayorías en el hacinamiento y a unas minorías muy selectas en el manejo de los medios de producción.


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Extirpados del paisaje

¿Cómo podemos registrar la marca de racismo en el hacinamiento?

1-Las personas hacinadas perdieron la relación con el resto de la naturaleza, fueron extirpadas del paisaje y conminadas a vivir en un encierro donde se alimentan y reproducen vicios varios y se les priva de un espacio donde generar sus alimentos sanos y cultivar sus vínculos con la biodiversidad.

2-Sus modos de pensar y vivir fueron distorsionados, menospreciados, arrinconados, y reemplazados por un modo uniforme. El desarraigo y el destierro destruyeron culturas y esa destrucción fue completada con el hacinamiento, donde esos saberes no encuentran sentido.

3-Esos barrios fueron convertidos en zonas del no ser (siguiendo a los estudiosos mencionados), zonas donde la gestión de los conflictos se realiza por la vía de la violencia (soborno, punteros, subsidios para la compra de conciencia, gatillo fácil, cárceles repletas de habitantes de las villas, naturalización del despojo, etc).

4-En esas zonas del no ser, por debajo de la línea de lo humano (Grosfoguel), los saberes, modos, relaciones de esas culturas quedan en el abismo. El pensamiento abismal (Boaventura de Sousa Santos) permite un debate pero solo dentro de los límites eurocéntricos/occidentales, y margina, excluye, invisibiliza todo lo demás.

5-Como consecuencia de una suma de exclusiones, la mujer y el hombre del barrio hacinado tendrán marcas inconfundibles, marcas de racismo que los dejarán bajo esa línea de lo humano, y que actuarán en sinergia, se potenciarán unas a otras, para explotar en los puntos más debilitados. El femicidio es un triste ejemplo.

Con frecuencia planteamos una de las vías para superar el estado de cosas: generar conciencia sobre los males del patriarcado y el hacinamiento, devolver el humano al paisaje, y empezar por una libertad de vientres para que, a través de la manumisión de los niños, toda la comunidad recupere una expectativa.

Para ello tendremos que librarnos del macho terrateniente y banquero que por ahora sigue manejando el dinero, la tierra, el comercio, los grandes medios masivos, la iglesia y la política, es decir, el amo de las instituciones. La lucha no será fácil, pero qué lindo desafío ¿no?

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