Mundo
Jueves 25 de Junio de 2015

La odisea de una madre para salvar a su bebé luego de accidente aéreo

Encontrar sobrevivientes luego de un choque de avioneta pasa una vez en un millón y María Nelly, de 19 años, fue esa mínima posibilidad. Ella y su hijo se convirtieron en un milagro.  

¡Un milagro! Esa es la única razón que encuentra Rafael Caviedes, enlace Sar Aerocivil con la Fuerza Aérea Colombiana, por el rescate de María Nelly Murillo y su bebé de un año, después de cinco días del impacto de la aeronave en la que se desplazaban entre Nuquí y Quibdó, en el Chocó.

Encontrar sobrevivientes luego de un choque de avioneta pasa una vez en un millón y María Nelly, de 19 años, fue esa mínima posibilidad. Ella y su hijo se convirtieron en un milagro.

La tragedia comenzó el sábado por la tarde, cuando la aeronave tipo Cessna 303 de matrícula HK-4677G se accidentó a unos 50 kilómetros de Quibdó, en una zona selvática de difícil acceso que colinda con el nacimiento de un riachuelo.


En la avioneta viajaba el piloto, acompañado por María Nelly y su bebé. Apenas supo del impacto, Caviedes lideró la misión de rescate y al llegar al sitio se conoció la segunda noticia grave: el piloto Carlos Mario Ceballos estaba muerto.
Sin embargo, el domingo comenzó la busqueda de la aeronave y los otros tripulantes, pero estos no pudieron ser encontrados por ningún lado. “Vimos cómo estaba el avión, había comida, unos cocos pelados como si los hubiesen utilizado para pelar el agua y alimentarse, no veíamos por ningún lado el cuerpo de ella, ni siquiera encontrábamos rastros de sangre”, relató Cabiedes.
En ese momento, Cabiedes tuvo la corazonada de que María Nelly estaba viva.

El lunes, dos días después de la tragedia, el personal de socorro de la Cruz Roja llegó. La primera pista fue un calzado de la mujer dejada a propósito por ella para que la siguieran.
A María Nelly, la furia por salvar a su hijo la impulsó para tener la fuerza suficiente y abrir la puerta de la colisionada aeronave, esa misma fuerza la empujó a seguir dejando pistas por la selva del Alto Baudó, en Chocó.
La Cruz Roja y la FAC seguían una a una las pistas, la segunda también llegó el lunes, era el registro civil del menor que había dejado al lado de uno de los miles de árboles de la espesa selva.
Pese a los valiosos hallazgos, la búsqueda era infructuosa. “No sabíamos cómo estaba la mujer y el niño”, dijo Cabiedes. El martes, más personas de rescate llegaron a la zona por vía marítima, además de un perifoneo, una aeronave con un parlante desde donde se alentaba a la mujer para que no desfalleciera en su lucha por sobrevivir en la selva.
Ese mismo día encontraron celulares y más rastros de cocos. Mientras tanto, expertos de la FAC observaban la caída de la avioneta y notaron que la cabina del piloto estaba destruida, pero la parte de la tripulación, a pesar de estar deteriorada por los golpes, se encontraba en buen estado, en esa parte había cocos y pescados inmensos que sirvieron para que la mujer amortiguara el estruendoso choque.
Ante la imposibilidad de encontrar a alguien que la ayudara, decidió hacer un refugio con una cama artesanal para proteger a su hijo.

Mientras tanto, los organismos de socorro, inmersos en la selva, no perdían la esperanza de encontrar estable a la mujer, quien llegó hasta el riachuelo y en ese momento bajaba por la orilla del cuerpo de agua buscando socorro.
Fue ahí, a orillas del río, en el quinto día de su tragedia, que la mujer rompió en llanto al ver al voluntario Acisclo Rentería Palacios, de la Cruz Roja.

A María Nelly “la salvó el amor de madre” así como el conocer cómo es la tierra chocoana.




Esta mujer, que bien puede ser llamada heroína, sufrió quemaduras en sus brazos, piernas y rostro, pero logró su cometido: salvar a su bebé de la muerte. Actualmente, sus heridas son tratadas en un hospital de Quibdó.


Fuente Eltiempo.com

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