A Fondo
Lunes 18 de Abril de 2016

La noche fuera de control

Marcelo Medina / De la Redacción de UNO
mmedina@uno.com.ar


Pareciera que la tragedia de Cromañón no hizo mella en los empresarios y audaces que lucran con el negocio de la noche y la diversión. Pareciera que la muerte de 194 jóvenes en un boliche fue en vano. A más de 10 años de aquel trágico incendio, todas las medidas de control que se dijeron se iban a tomar se fueron desvaneciendo en el tiempo, que todo lo olvida. Fueron solo promesas. La plata que ponen los empresarios para “flexibilizar” los controles es mucho más importante que la vida. La muerte de cinco jóvenes (anoche se habla de seis, pero no estaba confirmado) en una fiesta electrónica dejó al descubierto, una vez más, la ausencia o la connivencia del Estado en los controles. 

La fiesta electrónica que se realizó en el Centro Costa Salguero en el marco de la Time Warp, con entradas con valor promedio de 600 pesos, contaba con dos ambulancias para 13.000 personas, por eso los organizadores debieron recurrir al SAME cuando se les empezaron a morir los consumidores, servicio que llegó al predio con ocho unidades ¿Dos ambulancias para miles de personas? ¿Quién habilitó la fiesta? ¿Quién controló los ingresos? Todos sabemos, y los mismos chicos lo fueron contando sin ponerse colorados, que en este tipo de eventos siempre hay drogas sintéticas. Es más, es una característica de estos encuentros multitudinarios. Esto plantea un desafío más: a los imprescindibles controles en cuanto a la seguridad en los locales y predios se debe sumar el de la venta de sustancias prohibidas por las autoridades sanitarias. 

En Paraná hay lugares que no tienen salidas de emergencia, boliches que no cuentan con agua potable y cubren sus techos con material inflamable. No solo hay lugares en forma irregular para bailar, sino también comedores y bares. En la zona de Sauce Montrull o de la ruta 18 se organizan fiestas que duran días .¿Quién las habilita? ¿Ninguna autoridad puede pasar por allí y ver qué pasa? Me podrán decir que cada uno hace lo que quiere en su casa, pero en esos encuentros, más allá de que se cobra entrada, el Estado tiene una responsabilidad directa en controlar cómo se desarrolla tal actividad. Pareciera que en Paraná se da rienda suelta a un “neoliberalismo autóctono” en el que la máxima ganancia deja lugar a que cualquiera invente una fiesta. 

La gestión del exintendente José Carlos Halle puede ser cuestionada por múltiples motivos, pero durante su gobierno se implementó un sistema de seguridad en la zona del Puerto Nuevo que era para destacar. Llegó a haber una ambulancia, una dotación de bomberos y personal de Tránsito y de la Policía. Es un secreto a voces que la presión de empresarios hizo que aquel plan se desarticulara. Hoy hay lugares donde concurren chicos que no cumplen con las medidas de seguridad imprescindibles. Pareciera que hasta que no nos golpee la muerte no vamos a hacer nada. Cuando suceda vamos a pedir que se cuelgue en la Plaza 1º de Mayo al intendente y sus colaboradores. Hay que prevenir. Los padres tienen que movilizarse. Y eso no pasa solo en Paraná. En otras localidades entrerriana hay boliches con muy precarias medidas de seguridad. Trabajan sin salida de emergencia, están pintados con pintura inflamable. Ni hablar de las “previas” que convocan a alrededor de 300 personas en una casa.  Algún día tenemos que tomar conciencia de que vida hay una sola y que muchas veces la dejamos en manos de empresarios o personas que lo único que les importa es la plata.
 

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