A Fondo
Viernes 24 de Abril de 2015

La naturalización de la violencia hacia las mujeres

Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar




La mutilación genital femenina es una práctica milenaria que se realiza principalmente en regiones de África y Medio Oriente como un modo de controlar la sexualidad femenina. La mayoría de sus víctimas son niñas y adolescentes, a quienes de forma intencional se les alteran o lesionan los órganos genitales.

Esta costumbre responde a causas culturales, religiosas y sociales, y como toda convención social, tiende a perpetuarse por la presión social a adaptarse a lo que tradicionalmente se impone.

Esta situación es repudiada en diversas partes del mundo y por distintos organismos internacionales, como la OMS, la ONU y Unicef. Sin embargo, se escuchan pocas voces que denuncien una práctica similar que se incrementa en muchos países, entre los cuales se incluye la Argentina, y se presenta como si fuese beneficiosa para la mujeres: las cirugías estéticas de la genitalidad femenina.

Según la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, en la última década en el país se quintuplicaron las consultas por este tipo de intervenciones en mujeres de entre 20 y 60 años. La operación que más se realiza es la labioplastía, que consiste en achicar o corregir los labios menores de la vagina. También se efectúan reducciones de los labios mayores y el capuchón del clítoris, y el estrechamiento y rejuvenecimiento de la vagina.

Entre sus publicidades engañosas, las clínicas indican que se trata de cirugías “mínimamente invasivas”, como si no conllevaran la posibilidad de secuelas severas e irreversibles, y pretenden hacer creer que no tener una vagina con determinada forma daña la autoestima, provoca problemas psicológicos, físicos, sexuales y hasta reproductivos. Esta operación cuesta unos 30.000 pesos y está de moda, por lo que significa un gran negocio para los cirujanos plásticos, que no siempre facturan sus servicios y evaden al fisco. Sin contar la impunidad con la que muchos se mueven por el vacío legal que existe en el país en torno de las cirugías estéticas.

Esta forma de violencia solapada se naturaliza y banaliza en los programas de televisión que entretienen a las masas, sin considerar la gravedad de lo que significa someterse a una mutilación para cumplir con un estereotipo impuesto, como un modo más de controlar la subjetividad de las mujeres.

 

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