La Provincia
Martes 24 de Mayo de 2016

La música como llave de inclusión para los chicos en Concepción del Uruguay

Marisel Galarraga y Mariela Fillastre son artífices de una pelea diaria por demostrar que todos los chicos son capaces de cosas maravillosas si se les brinda el espacio, el tiempo y el amor.


Por Héctor De Los Santos
De la Redacción de UNO

 
Enseñarle música a los chicos daría la impresión de ser una tarea entre tantas otras. Ahora, con esos chicos conformar una orquesta, es un tanto más complicado. Y si a eso se le suma que muchos de esos chicos proceden de barrios muy pobres, donde viven precariamente, y con realidades familiares y sociales extremadamente complejas y frágiles, esa orquesta, finalmente lograda, termina siendo un oasis de vida, la ventana a un mundo nuevo, y una enorme fuente de esperanza para niños y niñas que descubrieron sus propias capacidades y la oportunidad de una vida diferente.
Nada de esto ha sido obra de la casualidad. Marisel Galarraga y Mariela Fillastre, una pareja pionera en la lucha por la igualdad de derechos, son las artífices de este pelea diaria por demostrar que todos los chicos son capaces de cosas maravillosas si se les brinda el espacio, el tiempo, la dedicación y el amor que demanda el rescate de vidas que parecen condenadas a perderse en el círculo interminable de pobreza, exclusión y ausencia de oportunidades.
“Nosotros comenzamos hace más de 10 años, con una orquesta en la Escuela 113, también una zona con chicos con muchos problemas de base social, fue algo hecho a pulmón, ad honorem, con nuestros propios instrumentos y con mucho esfuerzo. A partir de esa experiencia, hace unos cuatro años, presentamos un proyecto ante el Gobierno Provincial, y con el apoyo de Sofía Riquelme y Delma Bertolyotti, el Ministerio de Cultura, por medio del plan de Orquestas, Bandas y Coros Juveniles, nos respaldó en el trabajo. Pese a que el laburo involucra muchos chicos y sus familias, siempre fuimos muy pocos trabajando, al principio fuimos Jorge Tallafer, Mariela y yo. Hoy vamos por el cuarto año de trabajo y sólo estamos nosotras dos, yo desde lo formal, pero con Mariela a mi lado siempre ayudando, colaborando, sumado y siendo una parte importante de todo esto que hemos logrado”, afirma Marisel en su diálogo con UNO.
La Orquesta “Música en Clave” tiene su base en el Centro Integral Comunitario (CIC) del barrio 30 de Octubre, una de las zonas más vulnerables de la ciudad. Cuenta con 25 chicos que completan una formación variable que incluye guitarras, teclados, violines, flautas, chelo, viola y acordeona, entre otros tantos instrumentos. Con variado repertorio de música popular, ya son parte de la grilla de espectáculos musicales de la ciudad, y brindan conciertos brillantes que causan admiración en quienes los escuchan por primera vez.
“Lo social trasciende lo musical. La música es sólo un instrumento, una herramienta. Podría ser cualquier otra. Nosotras elegimos la música porque es lo que mejor sabemos hacer, pero el objetivo central, el centro de nuestras expectativas de todos los días, el resultado que realmente buscamos, es la recuperación social de los chicos, es brindar un nuevo horizonte a niños y niñas que jamás habían soñado que tocarían un instrumento, es brindarles la posibilidad de reconocerse a si mismos con talentos y potencial a través de un violín, de una guitarra, o de una flauta. Es la posibilidad de ver que hay otras oportunidades más allá de sus necesidades, de sus limitaciones y carencias de todos los días. Los aplausos, los viajes, el reconocimiento a su trabajo, su propia superación en cada ensayo, les muestra ese camino que no sabían que existía hasta que entraron a la orquesta”, relata emocionada Marisel, mientras Mariela la mira asintiendo y como reviviendo cada una de esas realidades.
“Ella no deja nada librado al azar”, remarca Mariela. “Ante cualquier duda le llega a la familia de cada uno de los gurises, habla con las madres, los padres, los hermanos, pregunta si los chicos tienen algún problema, si se los puede ayudar en algo, como podemos colaborar, los invitamos a que se sumen al trabajo de la orquesta, y la respuesta ha sido siempre positiva, las familias de los chicos están integradas a la orquesta, van a los recitales, viajan con nosotros, ayudan, y tenemos padres que hasta se animaron a tocar algún instrumento, y también los sumamos a la formación”, dice Mariela con una sonrisa de satisfacción.  
Valores
Hábito, trabajo en grupo, solidaridad, compañerismo, respeto, la importancia de la familia, todos estos valores son los que se tratan de inculcar en el trabajo de la orquesta. Valores muchas veces desconocidos para muchos chicos que se han criado desamparados, muchos de ellos abandonados por sus padres, en ambientes muchas veces violentos, y con demasiadas carencias.
“Es un trabajo muy duro que no permite descanso. Todos los días los estás perdiendo, y tenés que estar ahí firme para que no te los chupe la calle, las tentaciones, las malas juntas. Hay una etapa de consolidación y regularidad, son los chicos que están entre los 8, 9 años, hasta los 11, 12. A partir de los 13, la finalización de la primaria, la adolescencia, ahí empieza otra forma de trabajo que nos cuesta mucho esfuerzo revertir. En esa etapa hemos ya perdido cuatro violinistas de primera, gurises brillantes con un talento impresionante y que brillaban cuando tocaban. No los pudimos retener. Ahí es donde estoy convencida que necesitamos apoyo, algún otro tipo de respaldo que nos permita mantenerlos incentivados en lo que saben hacer, para que no vuelvan a la calle. He pensado en algún tipo de beca, algún incentivo directo y concreto que permita orientar de forma definitiva a esos jóvenes en un rumbo diferente a la calle, pero las becas hoy son trámites largos que no terminan de cerrar para este tipo de chicos. Es una lástima”. 
Apertura e inclusión
Marisel hace 27 años que trabaja en la zona, Barrio 30 de Octubre, Reinaldo Bonnet, Malvinas I, Malvinas II, 25 de Mayo, Las Moras. “Todo eso es mi tierra. Hace 27 años que trabajo desde las 7 de la mañana hasta la una de la tarde, y gran parte de las tardes y las noches paso allí. Conozco a todos, y todos me conocen, eso me permite llegar siempre a todos, ser siempre clara, directa. Esto forma de trabajo, siempre junto a las familias, nos ha permitido dejar de lado cualquier tipo de malentendido o suspicacia, sobre todo por nuestra condición sexual, todos saben que nosotras jamás escondimos nada, dimos la cara, nos casamos, y todo eso nos ha permitido ganarnos la confianza de todos”, reseña Marisel.
A diferencia de otras orquestas juveniles que funcionan en la ciudad, muchas de las cuales se sustentan con más de 11 profesores, “Música en Clave” cuenta sólo con Marisel y el aporte ad honorem de un amigo y vecino de ellas, Abel Rodríguez, que se ha sumado a esta cruzada cultural y social con sus conocimientos de música y enseñando guitarra. Hasta Mariela, que no es música, tuvo que aprender a tocar flauta y flauta traversa, para sumarse así al plantel de enseñanza que muchas veces se ve sobrepasado por la demanda de nuevos interesados.
“Todos los días aparecen chicos que se quieren sumar, no sabemos como vamos a entrar en el lugar, ni como vamos a hacer con los instrumentos, pero recibimos a todos, siempre nos arreglamos”. 
Para todas las edades
Los chicos del barrio saben de la orquesta. Los que ya la integran se saben parte y se sienten orgullosos de pertenecer. Y con cada nuevo integrante los conocimientos se refuerzan, porque los más grandes también aportan lo que aprendieron. Ayudan en los ensayos, suman sus metodologías y crecen como músicos.
“Hoy tenemos una violinista que llegó con 5 años, es maravillosa, apareció con su violín chiquitito y ya está entre nosotros. A eso también se han sumado padres, y hoy tenemos una madre tocando el chelo. Todo es posible en nuestra orquesta. Los instrumentos, por ejemplo, son responsabildiad de cada uno. Ellos se llevan su instrumento a la casa, lo cuidan, lo limpian, lo lustran. Lo mantienen hasta en el más mínimo detalle, y jamás ha faltado ninguno, ni tampoco se ha roto ninguno. La responsabilidad también es un hábito, como la higiene antes de tocar, las manos y la boca perfectamente higienizadas, el tratamiento hacia el instrumento. Todo se transforma en hábito y suma experiencias que también tienen réplicas para la vida diaria”, detalla Mariela.
La orquesta hace presentaciones todos los años y en distintos ámbitos, participa de eventos en toda la provincia y se lleva los aplausos de la gente en cada concierto.
En el auditorio Carlos María Scelzi, en la UCU, en el teatro 3 de Febrero de Paraná, en escuelas, en actos, en diferentes localidades del departamento Uruguay y en otras ciudades, han sido siempre objeto de admiración y respeto. 
Salir y conocer
“Una de las cosas más maravillosas que nos suceden son los viajes. Aquí se ve todo lo que han aprendido, no solo en lo musical, sino en los valores. Aquí se pone a prueba la convivencia, el compañerismo, la solidaridad. Además todo lo que aprenden, hay chicos que jamás habían viajado, menos conocer un teatro como el 3 de Febrero. Cada cosa es una experiencia inolvidable, los hoteles, los paseos, hasta los desayunos. Todo, todo es maravilloso para ellos, y ver esas caras es una gratificación para el alma de todos nosotros”, señala Marisel.
La experiencia de los viajes no solo es para los chicos, muchos de los padres que se han integrado al trabajo de la orquesta son parte de estas excursiones “y viven y disfrutan tanto como los chicos, hay gente que jamás había salido del barrio, todo esto sirve, porque hay gente que se incentiva, quiere crecer, quiere repetir la experiencia, tiene anécdotas impensadas y conoce cosas nuevas”, señalan.
En este sentido no dejan de remarcar el respaldo que siempre les ha brindado la ciudad. “Hemos tenido siempre el apoyo de todos a quienes hemos recurrido, no solo del Estado, sino también de instituciones y personas que siempre colaboran. Por ejemplo, para viajar el Instituto Bilingüe nos facilita su colectivo, la municipalidad pone el combustible, la Provincia te provee de algún utilitario para llevar más gente. Siempre hay gente apoyándonos, en el CIC los chicos pueden comer, el personal mismo del CIC está siempre atento y servicial para todo, siempre colaborando. Siempre tenemos apoyo, y eso hay que decirlo y no dejar de reconocerlo”.
La orquesta sigue, sus integrantes inflan el pecho y se sienten parte de algo importante. Ellos se sienten importantes, y allí está el secreto de todo este inmenso trabajo. Hacer que estos chicos se reconozcan a si mismos como armadores de su propio destino, más allá de las carencias. Cada acorde es un paso más hacia una oportunidad que hasta hace poco no tenían. Cada concierto es un aliento, cada paseo una ventana a lugares y experiencias nuevas. Cada chico con un instrumento es hoy una esperanza que busca romper el círculo de la exclusión y la pobreza.
Marisel y Mariela están convencidas y siguen adelante. Para ellas la música es la clave.

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