La Provincia
Viernes 24 de Julio de 2015

La mujer que respira arte en el barrio donde se hizo la historia

Mirada urbana. Elida Guzmán llegó al Parque Urquiza en 1945; tiene 93 años y recordó cuando Borges visitó su casa, el tranvía y la riña de gallos frente a la plaza Alvear. Fue la presidenta, durante dos décadas, de la Asociación Mariano Moreno

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


“Mi habilidad era acompañar cantantes como Lola Johnson. El último concierto fue al día siguiente de la venida de Mujica Láinez”, dijo Elida Guzmán en el escritorio de su departamento del barrio Parque Urquiza de Paraná. Contó que cuando el escritor terminó una conferencia, ella había preparado la comida de la noche, pero el hombre con sus acompañantes tenían que irse a Santa Fe. Empaquetaron sándwich, bocaditos y los acompañó hasta la capital vecina. “Viajé con ellos en lancha y se comieron todo. Antes de bajar compraron una botella de no sé qué. Caminamos mucho y Mujica llevó mi valija, al otro día tenía mi último concierto. Creo que fue por el 78”, agregó. 

Elida se dedicó durante más de dos décadas a la Asociación Mariano Moreno de la que fue presidenta, al Fondo Nacional de las Artes del que fue delegada y en sus paredes hay reconocimientos y medallas; también le dio vida a la Federación de Asociaciones Culturales de Entre Ríos. “Cuando la agarré había tres, la entregué con 18”, contó. 

Cada vez que llegaba un artista a la ciudad, debía pasar por el garage de su casa y firmar la pared. “Cuando terminaban de escribir ahí, recién pasaban a mi casa. Vino un montón de gente, Borges llegó con su mamá”, agregó como al pasar, como si fuera un pequeño hecho más en la vida de alguien. Hay crónicas que  aseguran que caminaron del brazo por la Peatonal.

El barrio Parque Urquiza es uno de los más pintorescos e históricos. Sus edificios, monumentos, las esquinas, sus espacios, cada metro fue construido desde los inicios de una ciudad que miraba al río, corriente de agua que le dio nombre. 

Entre esas calles vive hoy una de las mujeres que más conoció los inicios de su urbanización actual y Elida Guzmán, con sus 93 años habló con UNO sobre su vida, una dedicada a la música y al arte, a la cultura de Paraná y del país. La entrevista fue posible gracias a Valentina Uranga, integrante de la vecinal Parque Urquiza, quien aportó además, datos precisos de la historia y de la construcción de los edificios más importantes de la zona. 

El 14 de abril de 1922 Elida nació en Flores, el barrio del Ángel Gris. No terminó la Primaria –porque no veía bien y leer era imposible– hasta que su mamá le dictó los apuntes y en tres meses le dieron un título en la escuela Del Centenario. Así  pudo empezar a estudiar Música y el piano fue uno de sus principales compañeros de viaje, uno que adoptó desde sus 4 años. A sus 15, su padre se jubiló, corría 1945 y se instalaron en Paraná. 

“Se enamoró del barrio y salió a recorrer sus cuatro cuadras”, dijo ayer en el escritorio de su departamento. Compraron un terreno en el jardín de una familia de apellido Figueroa, en Laprida y San Martín. El tranvía tenía parada en su casa después de subir por la cuesta de La Paz. “A mitad de cuadra vivían los Palma, ahí había un reñidero de gallos. Y en la esquina donde está el Museo Histórico, estaba una casa que daba a Buenos Aires con un balcón hermoso, no se porqué no la dejaron; era una especie de conventillo y funcionaba la tintorería Los Mil Colores”, contó Elida. 

Durante 10 años viajó a Buenos Aires para tomar clases de piano, fue la que salió a tratar de conseguir –y lo logró– por todos lados las butacas del piso superior de la Biblioteca Popular. 

Recorrer su departamento de Alameda de la Federación es como estar en una muestra de arte. Obras con firmas como Castellán, Asiaín , grabados, dibujos, arañas, abanicos pintados a mano de 1920, esculturas, relojes de barcos que llegaban, mueblería antigua, es el santuario de alguien que eligió vivir en el arte. 

Elida se escribe sin acento porque así se llamaba su mamá. Su segundo nombre es Rosa, pero no lo usa tanto. En la mesa de su escritorio, debajo del vidrio entre fotos viejas y recordatorios, había una frase de Lao-Tsé: “Quien vence a todos los otros es fuerte. Quien se vence a sí mismo es poderoso” y es como un mensaje, uno que da esta mujer que donó su piano, que abrió asociaciones culturales, que fue reconocida por artistas y escritores de todo el país y que guarda una elegancia con estilo propio. 

Los amigos de la sobrina de Celia Torrá

En el garage de Laprida 19, donde Elida Guzmán tenía un modesto escritorio, le firmaron las paredes  Jorge Luis Borges, María Esther de Miguel, Fermín Chávez, Augusto Cortazar –primo de Julio y director en los 60 del Fondo Nacional de las Artes– entre otros referentes como Mujica Láinez. 

Además de estar al frente de entidades de la cultura local durante más de dos décadas, Elida fue la que compró el piano Steinway, como parte de su gestiones; el instrumento ahora está en la Universidad Católica de Paraná.

“El piano se tiene para tocar y yo le había prometido a mi tía Celia Torrá que lo iba a donar”, dijo, y por eso, el suyo propio y de media cola ahora está en la escuela de Concepción del Uruguay que lleva el nombre de la violinista.






Está desde siempre; no tiene fecha de fundación

Al principio, antes del añorado Barrio del Tambor, eran apenas unas casas desperdigadas. Por su geografía un curso de agua crecía los días de lluvia por la traza de la actual Cervantes e imposibilitaba a los vecinos llegar a la iglesia. En 1822 se inició entonces la construcción de un templo que fue terminado en 1825 y que más tarde, con una nueva obra, se levantaría la actual iglesia San Miguel. Detrás de su actual emplazamiento hoy reflotan las ideas de contar con un paseo que atraviese Buenos Aires hasta San Martín.

Pero entonces había un paraje conocido como el El Molino,  propiedad de Juan Garrigó a principios del siglo XIX. El vecino donó parte de su propiedad para la construcción de una plaza y en 1836, con una ley municipal, demarcaron a la entonces General Echagüe, que luego se llamaría igual que la iglesia, aunque que más tarde sería cambiada por Alvear. En ese entonces se dispuso la apertura de una calle que llevaría el nombre de Alameda de la Federación.

Valentina Uranga está al frente de la subcomisión de Cultura de la Vecinal Parque Urquiza y conoce la historia de sus monumentos y edificios históricos; aportó una síntesis de cada uno de ellos: de la iglesia San Miguel, del Carmen, de las escuelas Centenario, Sarmiento, Nacional y Pueyrredón; de los museos de Ciencias Naturales, el Histórico y el de Bellas Artes, del que fue directora. Ella conoce el origen de las fuentes y las plazas, de la cuesta de Los Vascos, de la diagramación y exigencias de la mujer de Urquiza para donar el terreno donde luego se levantaría, majestuoso, el parque más atractivo de la capital provincial. Sabe también del monumento a ese hombre y de las baterías que apuntaban al río para la defensa de la ciudad. Contó de la arquitectura de la Casa de Gobierno.

“La mayoría de las escuelas fueron construidas entre finales del siglo XIX y principios del XX. Este centro cívico es un barrio con historia, acá están las bibliotecas”, explicó.

Además tiene anécdotas precisas, como la obra de teatro que encaraban los Corujo, donde simulaban en su bar un asesinato para que los comensales lo creyeran cierto; hasta el día que metieron preso a su padre, el odontólogo Uranga, cuando fue la disputa de los azules y colorados: en un pizarrón en la calle escribió una crítica por la voladura del puente de La Picada.  

Pero también, aportó apellidos que son históricos en la zona: Coronado, Badano, Osinalde, Porto, Uranga, Montoya, Arín Boeri, Vitas, Imaz, Nanni, Santoro, Arce, Gallino, Aranguren, Tejeiro Martínez y  Salgado entre otros. “Laurencena, que fue gobernador, vivió donde ahora es LT 14”, dijo entre otras familias que habitan o habitaron un lugar privilegiado en la ciudad.  





La comunidad del parque

San Martín, Laprida, Catamarca, Tejeiro Martínez, Nux, Osinalde y Laurencena delimitan la vecinal Parque Urquiza. El presidente es Jorge Mauro y en abril empezaron a reflotarla. En mayo lo lograron y ya comenzaron a dar sus primeros pasos en la comunidad. 



 

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