La Provincia
Lunes 25 de Abril de 2016

La lucha por sacar a los chicos de las drogas en Concepción del Uruguay

La fundación El Eden trabaja con los jóvenes más vulnerables en un nuevo centro de rehabilitación. "Hay que lucharla, es muy difícil no caer en medio de la rehabilitación", aconseja su fundador, Julio Santa Coloma.

En medio del debate resurgido y alimentado por la muerte de cinco jóvenes tras el consumo de drogas sintéticas en una fiesta electrónica, la drogadicción sigue siendo un flagelo que no encuentra soluciones y sigue corriendo los límites alcanzando a cada vez más gente y con la muerte como un resultado final más rápido y certero.
Julio Santa Coloma, fue un adicto que estuvo al borde de la muerte y que logró recuperarse para dedicar su tiempo al rescate de esos chicos “a los que nadie les da bola”.
Porteño reconvertido casi en uruguayense, vive, sufre, lucha y busca soluciones a las adicciones de chicos de todas las edades, pero siempre del mismo estrato social.
“La idea siempre fue trabajar con los chicos de los sectores sociales más vulnerables, yo de chico siempre viví bien, a mí nunca me faltó nada, pero crecí a cuatro cuadras de las primeras villas que se establecieron en Buenos Aires, un lugar donde pude ver el sufrimiento de los chicos que no tienen nada más que la droga para pasar la vida. Crecí rodeado de narcos paraguayos, bolivianos y argentinos a esos chicos les dejan lo poco que tienen y de los que yo mismo supe ser de sus mejores clientes”, afirma Julio durante su entrevista en la Redacción de UNO.
El consumo en Concepción del Uruguay
Dentro de todo el flagelo que implica la droga, “al menos en eso los uruguayenses son un poco más vivos, si es que se los puede llamar así, pero al menos no hay porquerías circulando como hay en otras ciudades. En Concepción del Uruguay no hay pasta base, no al menos de forma generalizada, no hay 'paco'. Eso lo podés ver enseguida en una recorrida en los barrios. Yo los conozco a casi todos, sé de sus costumbres, se de sus comportamientos, y no encontrás a ninguno “enfriando la pipa” para el paco, no los encontrás destrozados e inconcientes. La pasta base es un camino imparable hacia la muerte, y eso aquí no hay. Y no entra porque aquí no la consumen, al menos en eso todavía son inteligentes. A la fundación nos han llegado chicos quemados por el paco de Gualeguaychú, de Concordia o de Paraná, pero no hay de Concepción. Sí hay mucha marihuana, sí hay mucha cocaína, si es que a eso se le puede llamar cocaína, porque podrá llegar a tener un 20% de cocaína, lo demás sabrá Díos qué es lo que tiene. Pero por sobre todas las cosas, en Concepción del Uruguay sí hay alcohol, mucho alcohol, y eso es tan grave como las otras sustancias, todavía no hay conciencia sobre el mal que hace el alcohol en los chicos, es tremendo”, afirma.
Ayudar
Según cuenta su fundador, El Edén nació como una salida para un grupo de personas que no tenían donde tratarse, gente que no tenía cabida en ningún lugar y sus vidas se estaban consumiendo, aquellos más desprotegidos de la vida que no tenían solución. Chicas y chicos pobres, mujeres adultas con hijos, jóvenes sin alternativas, padres desesperados. Para todos ellos nació El Edén.
“El laburo de ayudar a la gente surgió por iniciativa de la gente que se acercaba a un comercio que yo tenía en la Peatonal, casi todos padres que sabían de mi historia y me consultaban y después me traían a sus hijos. Yo solo hablaba con ellos, desde mi tragedia personal, mi recuperación y mis ganas de ayudar. Allá por el 2009 habrán pasado más de 40 chicos que hoy los veo y muchos de ellos son padres y madres de familia, con su laburo y sus ganas intactas de vivir. Hasta hoy se acercan y me agradecen. Ese fue el comienzo de un sueño que hoy es una realidad, y que no es otro que la Fundación El Edén, un logro gigantesco de un equipo de gente con compromiso, con ganas, con un profundo amor por los demás, capacitados y creciendo de forma constante, con experiencias de vida muy difíciles que pudieron revertir y hoy también quieren ayudar a otros”.
Lograr el reconocimiento de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico, más conocida como Sedronar, fue el primer paso. “Y lo logramos después de mucho esfuerzo a pulmón, con más ganas que recursos y con más amor y paciencia que programas. Estuvimos allí para el que nos necesitara y nos mantuvimos gracias a nuestro propio esfuerzo y al respaldo de las familias de los chicos”.
Crecimiento
Después de dos años de trabajo constante, allá por el 2009, con 30 familias adentro de la fundación, sobreviviendo a través de distintos medios y colaboraciones, El Edén funcionó como una organización informal que tuvo que resistir varios intentos de cierre por parte del Estado. Fue finalmente el Estado quien se plegó al trabajo de recuperación de adictos que venía haciendo la fundación, y ahora hace cuatro años que están trabajando formalmente habilitados.
“Cuando nos empezaron a auditar del Sedronar se asombraban que tuvieramos tantos adolescentes, nos preguntaban como hacíamos, y la respuesta siempre fue la misma: donde comen dos comen tres, y si la psicóloga puede atender a uno, de paso atiende a dos más. Y así nos arreglamos hasta que vieron que nuestro trabajo era serio, constante y responsable. Teníamos casi 20 chicos contenidos en trabajo permanente. En su mayoría adolescentes muy chicos, totalmente desprotegidos. Eramos los únicos que hacíamos algo por ellos. Finalmente se convencieron que tenían que ayudarnos, y así comenzaron a becarnos a los chicos. Primero a los adolescentes, después un turnos vespertino completo de 16 a 22, después otros turnos especiales para la gente que trabajaba, después pasamos a hospital de día y ahora estamos peleando para que nos habiliten como hospital de noche, con lo que cerraríamos el turno de asistencia completa para los chicos”.
Tratamientos
Hoy El Edén es un Hospital de Día con más de 40 pacientes que asisten a la Fundación en diferentes turnos de acuerdo a las necesidades de cada uno.
Hay chicos que solo asisten a consultorios externos, que pueden llegar a cualquier hora. Son los más avanzados. El Hospital de Día es una metodología que implica una labor con el paciente durante jornadas completas, desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche. También existe la media jornada, que se da en aquellos pacientes que en su mayoría trabajan. En ese marco las modalidades de tratamiento con los pacientes son variadas y se busca tener todas las modalidades vigentes dentro del programa de recuperación, para tener alternativas que permitan el tratamiento para todos los chicos.
“Las jornadas son intensas, no hay espacio para dudas, hay profesionales trabajando continuamente con ellos, hay contacto con la sociedad, hay contención espiritual, hay ocupaciones y contacto con la naturaleza, y por sobre todas las cosas, hay afecto y recuperación de los valores, muchos valores que nunca ejercieron y que hoy son pilares, como son la familia, el respeto, el trabajo, la dignidad, el valerse por si mismos. Todo eso forma parte de un trabajo constante”. 
Regreso a la vida
Si hay entorno familiar la cosa siempre es más fácil. Porque el período riguroso de la internación es necesario para que el chico vuelva a ver lo que se está perdiendo, para que recupere la noción de los valores principales que están todos en el afecto familiar. “La familia siempre está para ayudar. Por eso, en cuanto el pibe comienza a recuperar su conciencia y se da cuenta que hay gente que lo quiere, con todas las ganas de contenerlo y cuidarlo, la internación sigue, pero en su casa, con nosotros siempre atrás, pero trabajando con su familia y con nosotros constantemente presentes para ayudar en todo momento, ante cualquier problema siempre estamos nosotros. Por eso decimos que la internación es lo más fácil. El pibe está internado y controlado. El tratamiento comienza cuando toca la calle. Allí está el problema de nuevo. Ahí hay que fortalecerlo y acompañarlo”, señala.
Los tiempos apremian en todo sentido, y los padres, siempre los más preocupados por el futuro de los chicos, esperan respuestas que permitan avizorar un futuro de recuperación. “Lo importante es reinsertarlos prontamente en la sociedad, ese el objetivo de la nueva Ley de Salud Mental, y nosotros lo hemos comprobado en la práctica que esto debe ser realmente así. En la modalidad de internación ésta debe ser breve, tres meses, máximo seis. Puede ser un mes, pueden ser tres semanas. La idea es que no pierda contacto con la sociedad. Está internado pero sigue yendo a la escuela. Va a trabajar y vuelve a la institución, va a hacer un mandado y vuelve a la institución. Nosotros lo llevamos y lo buscamos, tenemos nuestro propio vehículo a disposición. La idea es hacer un seguimiento constante pero siempre en contacto con la sociedad. Hay algunas comunidades que los tienen encerrados más de dos años, y el golpe con la sociedad después de ese tiempo es muy fuerte, y muchos de ellos recaen y después de tanto tiempo de encierro no hay forma de hacerlos volver a internarse”, afirma Santa Coloma.
Avances y caídas
Todo comienza con una internación completa por el tiempo que sea necesario. Hay gente que ha pasado solo dos meses por la institución y hoy los vemos y son hombres y mujeres sanos con sus familias y sus trabajos. Hay gente que necesita más tiempo de internación, después evoluciona a un hospital de día, luego a media jornada todos los días, y después sólo algunos días específicos o cuando el paciente lo necesite. Pero en el medio de todo esto surgen las caídas, las recaídas, comportamientos erráticos, violentos, consumo nuevamente, y allí todo vuelve a empezar. Con la diferencia que, casi siempre, los tiempos son mucho más cortos que la vez anterior y los resultados más prolongados. “Es prácticamente imposible que no haya recaídas en el comienzo del tratamiento, es lo que estamos esperando siempre, para eso estamos ahí. Te lo pueden decir todos los operadores del país de todas las comunidades, no hay prácticamente chicos que no hayan recaído en los primeros tiempos. Con constancia, finalmente el objetivo se logra. Y la recuperación del paciente es prácticamente total. Esto es gente que tomaba cocaína, marihuana, ácidos, barbitúricos mezclados con alcohol, todos ellos pasan a tener una vida normal, donde el mayor desarreglo puede llegar a ser una cerveza con amigos un fin de semana”.
El tratamiento completo para recuperarse de una adicción a las drogas lleva de uno a seis años. “La vida la podes comenzar a recuperar en los primeros meses, pero para considerar que estás totalmente limpio deberás esperar al menos cinco años. Es el tiempo que demorás en madurar, en reaprender todo, en recuperar mucho de lo perdido”. Esa recuperación forma parte de las alegrías que se viven con cada fiesta de egresados que celebra la fundación. Hace pocas semanas se congregaron todos en el Auditorio Scelzi para celebrar una de estas verdaderas fiestas. Personal de la fundación, pacientes, egresados y decenas de familias, vivieron la alegría de recibir ese diploma como símbolo del regreso a la vida. Cada abrazo y cada lágrima fue la rúbrica del deber cumplido. 

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