A Fondo
Viernes 19 de Febrero de 2016

La lucha no termina

Lucía Romani / De la Redacción de UNO
lromani@uno.com.ar


“Carol”, una película del director estadounidense Todd Haynes, se estrenó a principios de febrero en Argentina y está nominada a seis Oscars en la próxima edición de la tan ansiada estatuilla. Protagonizada por dos grandes actrices como lo son Cate Blanchett y Rooney Mara, se basa en una novela de Patricia Highsmith, que narra la historia de un amor entre mujeres desde una perspectiva tan estética y nostálgica como pocos han logrado. Más allá de estar ambientada a principios de los años 50, la forma en que la historia se vuelca al espectador la convierte en una obra atemporal de esas que no pasan de moda. Por esos años, las parejas gays no eran bien vistas y su comportamiento se tildaba de peligroso. En torno a ello girará la trama que envuelve al largometraje: ¿cómo ceder a esas normas sociales tan estrictas?, ¿el de al lado siempre estará dispuesto a señalar y condenar? Si se tiene en cuenta que la producción se estrena 66 años después del libro que la inspiró, se podría pensar que todo cambió y que ser homosexual hoy es mucho más fácil que en aquellos tiempos. En ese sentido, hay que reconocer que Argentina ha sido pionera en la implementación de medidas políticas como el matrimonio igualitario, que aún sigue sin ser aceptado en muchos países. Sin embargo, nadie puede confiarse tanto. Entre quienes fueron a verla, seguramente habrá más de uno con el que me sentiré identificada, que se vio ingratamente sorprendido en la sala o un tanto molesto al ver interrumpida su interpretación de la secuencia por alguna risita que provenía de la butaca de al lado o algún comentario inapropiado en medio de la escena más esperada (la del beso o el primer encuentro entre las protagonistas). No hay que imaginar demasiado, basta con dar la vuelta a la esquina para toparnos con un homofóbico y esto se debe a que la problemática sigue presente entre nosotros. 

Quedó demostrado en un video que realizó un grupo de youtubers el mes pasado con el objetivo de indagar cómo es el trato que reciben las parejas del mismo sexo en los lugares públicos. Se trata de lo que ellos consideraron un “experimento social” donde, mediante una cámara oculta, se tomaron las reacciones de la gente en Buenos Aires frente a una pareja del mismo sexo que se besaba y se mostraba de la mano. Con más de 131.181 visitas a pocas horas de subirse, el clip rápidamente se viralizó y el hashtag #HomofobiaenBuenosAires se convirtió en Trending Topic en Twitter. Lo más triste de todo, fueron los resultados: insultos , miradas acosadoras , inclusive un padre que le tapa los ojos a su hijo para que no observe a la pareja. Ambas piezas audiovisuales se proponen el mismo objetivo: enfrentar a quien lo ve, con una realidad que nos toca de cerca y esta es que seguimos sin aceptarnos unos a otros a otros; en vez de buscar cosas en común entre pares, nos aferramos a eso que nos diferencia del otro y preferimos que esas acciones con las que no estamos de acuerdo permanezcan entre cuatro paredes y no nos molesten. Más allá de la ficción, en lo personal he compartido momentos con amigos y amigas homosexuales que simplemente están acostumbrados a no tener gestos de cariño con la persona que aman en reuniones, para evitar alguna reacción discriminatoria que pueda hacerles daño. 

“Yo soy lo que soy, mi propia creación y mi destino, quiero que me des tu aprobación o tu olvido...”, cantaba Sandra Mianovich por primera vez en 1984. Sin dudas, la letra del famoso musical sigue vigente y la lucha aún no termina.

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