A Fondo
Lunes 15 de Junio de 2015

La invasión de los necios

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar


El escritor y filósofo italiano Umberto Eco causó revuelo en estos últimos días tras declarar que las redes sociales “le dan la palabra a una legión de idiotas, es la invasión de los necios” y le pidió a la prensa “crear un filtro para mejorar la calidad de la información en los medios”.  Según informó el diario italiano La Stampa, Eco dijo en Turín que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios”. 

Coincidir con lo dicho por Eco es, a primera lectura, imperioso. Pero el problema no reside en que un idiota se exprese. En especial si tenemos en cuenta la etimología de esa palabra proveniente del griego ídios, que se refería a  “lo privado, lo particular, lo personal”; por lo tanto, el idiota era simplemente aquel que se preocupaba solo de sus intereses privados y particulares, dejando a un lado los asuntos públicos.  

Y las redes sociales son –primordialmente– el espacio donde personas particulares comparten experiencias, opiniones e información de carácter privado. Pero, por razones que tienen que ver con la urgencia de los tiempos que corren y la dictadura de la inmediatez, ese caudal de información irrelevante ha sido vertido de lleno a los medios de comunicación. Y es en este punto donde la idiotez –en el sentido etimológico, por supuesto– se mezcla con los asuntos públicos .

Eco, ganador del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2000, instó a “crear un filtro de información con un equipo de especialistas en Internet, porque nadie es capaz de entender hoy en día si un sitio es de confianza o no”. La intención del italiano es buena, pero su propuesta es prácticamente imposible. La innovación tecnológica y la irrupción de los dispositivos digitales móviles conlleva una propagación desmedida de (des)información, que supera exponencialmente la capacidad humana –y análoga– de controlar y filtrar dicha (des)información.

Queda, entonces, librada al ámbito de la subjetividad la responsabilidad del uso de los datos que circulan en el ámbito de la idiotez. Solo los comunicadores responsables pueden levantar barricadas contra la invasión denunciada por Eco.


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