Policiales
Miércoles 16 de Marzo de 2016

La golpeó el ex, lo denunció en la comisaría pero nadie hizo nada

Violencia de género. Eli Rodríguez está desesperada: su expareja, José Antonio Britos, le dio una brutal paliza el domingo y ahora teme que la mate. Hizo la denuncia, por segunda vez, pero hasta ayer nadie hizo nada con el violento

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


Eli Rodríguez repite dos palabras en cada oración que pronuncia: “Tengo miedo”. Se la ve aterrada en la cocina de su casa. Todavía le cuesta caminar, respirar, sentarse, mover el cuello y los brazos. Su historia es la que se repite en miles de víctimas de violencia de género: cuando José Antonio Britos le pegó, decidió terminar la relación. Luego vinieron las promesas de cambio, y el domingo a la mañana le mostró que no va a cambiar.

En la madrugada le mandó un mensaje al celular: “No sea cosa que tengás visitas temprano”. Ella no lo vio porque dormía. A las 7.30 Britos llegó a la casa de calle Ituzaingó, destrozó la puerta, entró a su habitación y la despertó a las trompadas. La llevó al patio y después la arrastró hasta la calle, donde le siguió pegando piñas y patadas y la quemó con un cigarrillo. Todo adelante del hijo de Eli, de 7 años.

A semejante violencia, le siguió el abandono institucional: hizo la denuncia en la comisaría quinta, pero hasta ayer nadie se comunicó con ella ni le puso los puntos al agresor.

“Me duelen las costillas, tengo el cuello tieso, el pie hinchado, me duele el brazo. Me agarró como si yo fuera un hombre, me pegó en la cara también. Entró y no le importó que estuviera mi nene, que sufre de asma y entró en un estado de crisis”, contó a UNO.

Cuando le estaba pegando en la calle, ningún vecino se metió: “Él le decía a los vecinos que no se metan porque se la iba a cobrar. Como que ‘me dejan matarla o los mato a todos juntos’. Llamaron a la Policía y se fue, vino el que estaba en una moto en el puente y no vino nadie más. Fui a la comisaría quinta, y como que me dijeron ‘arreglate como puedas’, como si las mujeres fuéramos un objeto. Mientras tanto estoy a la deriva”, lamentó Eli.

Esa mañana la llevaron a un médico que la revisó, constató las lesiones que sufrió en el ataque y la dejaron de nuevo en su casa. “Yo pensé que lo iban a llevar preso, pero no, así que hubiese podido venir el domingo a la noche otra vez”, aseguró.

Su vida ahora parece que no es suya. La golpiza, además de los dolores y el terror, le sacó la libertad de hacer lo que ella quiera: “No duermo, no puedo dormir tranquila porque tengo miedo que entre de nuevo y me haga algo, tenemos que poner el sillón contra la puerta pero yo sé que lo va a poder mover. Tengo miedo, tengo miedo de que venga y me lastime mal, yo tengo que seguir por mi hijo. Estoy estudiando enfermería en la Facultad, hoy (por ayer) entro a las 5 pero tengo miedo de ir, y no me siento bien por los golpes, me duelen las costillas, no puedo caminar bien, el brazo me duele, me siento mal todavía, tengo miedo y vergüenza de que me vean así. Tengo miedo porque él sabe dónde estoy estudiando, estoy encerrada y él sigue haciendo su vida”.

Otra consecuencia de la violencia fue que Eli tuvo que llevar a su hijo a que esté con su padre: “Porque tengo miedo que venga otra vez, porque lo que vivió el domingo es terrible para él, estar durmiendo y de golpe ver que a tu mamá le están pegando”.

La Policía no notificó al violento

A principios de febrero, tras tres años de relación, Britos la golpeó, y ella tomó coraje y lo denunció, y así le puso punto final a la relación. La causa recayó en el Juzgado de Familia N° 2 a cargo de María Victoria Solari. El 19 de ese mes la jueza dictó una resolución en la que ordenó: “Prohibir a José Antonio Britos realizar actos violentos, molestos o perturbadores hacia Silvana Elizabeth Rodríguez, y demás miembros del grupo familiar, tanto en el domicilio como en la vía pública, o en cualquier lugar donde se encuentre, bajo apercibimiento de ordenar su exclusión del hogar, en forma inmediata si las agresiones no cesan”. Libraron oficio a la comisaría quinta para “notificar personalmente al denunciado y a los fines de asegurar el cumplimiento de lo ordenado”.Recién la semana pasada, la nota llegó al domicilio, pero al de la víctima, donde antes vivía el agresor. Y encima se la tiraron por la ventana. Así, ¿cómo un violento no se va a sentir impune? Después de tantas charlas, paneles y festivales de música por el Día de la Mujer, ¿de qué lado está el Estado, los funcionarios y las personas que cobran abultados sueldos en los organismos competentes? Ahora, cuando lo llamen a Tribunales, el violento se podrá excusar de que no estaba notificado de que no le podía pegar a su expareja. Así funciona el sistema, claramente del lado de los hombres agresores.

Ayer Eli recurrió a un grupo de mujeres que hacen, gratis, lo que deberían hacer varios que cobran: la Asociación Mujeres Luchadoras Positivas (Por contacto llamar al 0343-154470108). A la tarde, Mónica Olivera la acompañó a hacer la denuncia en la Fiscalía, donde funciona la Unidad Fiscal de Violencia de Género y Abuso Sexual. Hoy la fiscalía dictaría una restricción para el golpeador.

Eli sabe bien que su problema es el de miles de mujeres: “Digo yo, hacen algo cuando ya no estamos más las mujeres, cuando directamente ya estamos muertas, y no es así, porque nosotros también somos seres humanos y no cualquiera puede venir a quitarte la vida, y aparte un hombre nació de una mujer, y es de cobarde hacer eso”. Por eso, pide ayuda: “Yo quiero que no se me acerque más, no cruzarlo, no estar con miedo continuamente, no puedo dejar la carrera que estoy haciendo, porque de esto depende también mi hijo. Estoy presa en mi casa, mientras él hace su vida, no puedo salir ni a la esquina por miedo. Con solo decirte que tengo miedo de ir a la Fiscalía porque él trabaja por ahí, capaz de cruzarlo y no sé, porque dice que no le tiene miedo a nadie”.

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