Ovacion Extreme
Domingo 08 de Mayo de 2016

La fotografía de Diego Alejo San Martín

El fotógrafo pasó por Paraná, realizó una charla con los reporteros gráficos de Diario UNO de Entre Ríos y conversó, en el marco del festival Entreverarte, con un importante grupo de fotógrafos en el centro cultural Juan L. Ortiz.   

Diego Alejo San Martín es un fotógrafo que nació en Lanús y vive en el centro de Buenos Aires. Llegó a Paraná el viernes a las 7 de la mañana después de realizar un viaje bastante cómodo. Agradecido, ingresó al hotel, descansó y a las 11 estaba en la redacción de Diario UNO de Entre Ríos para contarle a los reporteros gráficos algunas de las claves para sacar fotos de skate.
Después de una hora y media compartiendo sus imagénes, cuestiones técnicas y las historias de los que viven de la fotografía, quedó libre y se fue a patinar al skatepark.
Por la tarde, temprano, arribó al centro cultural  Juan L. Ortíz para mirar el espacio destinado al skate y arreglar las condiciones técnicas para la charla del sábado.
Cuando el frío, la falta de luces y un mínimo sonido, hizo del "espacio urbano" un lugar inóspito, algunos skaters locales siguieron andando en el miniramp hasta que llegaron los tambores de Raíz Nativa y empezaron a ensayar algunos toques de samba afro brasileña. 


El viernes fue muy largo y lo mejor que podía pasar era una cena para después descansar.
Al otro día aparecían muchas incógnitas que había que empezar a resolver desde temprano. 


Un imán

El sábado a mitad de mañana volvió al skatepark, se sacó las ganas de andar un rato a pesar de que los skaters con los que compartió sesión no tenían más de 10 años. Los niños circulaban por toda la pista y Diego los esperó con paciencia.
Otra vez por la costanera, rumbo al centro en un remís, almuerzo y charlas que mezclaron risas, cuando se acordó del Puente de los Suspiros en Paraná, y la amargura que le causan  las noticias políticas que llegan todo el tiempo.
Aumentos, apertura de importaciones “el que primero la paga es el que labura por su cuenta como yo”, arremete antes de pensar en la industria del skate, los viajes, Londres y la vuelta al centro cultural.
Linda sala, buen proyector, todo funcionaba, “estamos seteados”, lanzó.
Llegaron los fotógrafos, comenzó el taller, esta vez casi llegó a las dos horas de conversación.  
Salieron afuera, probaron los flashes, disparó y siguieron hablando de técnica hasta que el artista paranaense Maxi Boyero tocó algunas canciones en su guitarra y cantó para el público, escaso a esa hora, que circulaba por el festival y los que entraban a la carpa de circo  La Moringa. 
Un pucho, un trago, saludos con promesas de colegas y la idea de comer algo.
Encontrar una mesa en un bar superpoblado para una cena rápida, terminal y despida.
 

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