Salud
Lunes 10 de Octubre de 2016

"La epidemia de obesidad no reconoce a sectores sociales"

La licenciada Antonella Prieto alerta sobre los casos cada vez más prematuros de obesidad infantil y enfermedades asociadas –tales como la hipertensión– y señala deficiencias del sistema primario público de salud

El crecimiento de la actual epidemia de obesidad –la cual no hace excepciones en cuanto a clases sociales– se asocia cada vez más con casos prematuros de hipertensión infantil, diabetes y problemas articulares, entre otras enfermedades. La nutricionista Antonella Prieto –quien desarrolla su actividad en el centro de salud Pagani, de la capital provincial– describe las características de este proceso, conexo con ello denuncia la falta de personal específico en los centros asistenciales públicos y la ineficacia de estos organismos en la prevención y promoción del bienestar nutricional de la población.


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Barrio tranquilo y sin cambios


—¿Dónde naciste?
—En Paraná, el 29 de enero de 1987.


—¿En qué barrio?
—San Martín –donde está el Club Paraná y el exhipódromo.


—¿Hasta cuándo viviste allí?
—Hasta los 23 años, cuando me casé. A la antigua, me casé y me fui de mi casa.


—¿Cómo era la zona en tu infancia?
—Hermosa; el típico barrio en el cual la gente tomaba mate en la vereda, hasta tarde. Se hizo hace unos 60 años, son casas bajas tipo chalet, techos de tejas y hay muchos árboles. A la siesta jugábamos con los amigos y en carnaval, con las bombuchas. Hay pocos casos de inseguridad.


—¿Hubo algún cambio en lo urbanístico?
—No, recién ahora, con la venta del hipódromo y con la construcción de la ciclovía en calle Maciá. La fisonomía general de las casas se mantiene.


—¿A qué jugabas?
—A la escondida, a la cachada y andábamos en bicicleta.


—¿Tenías algún límite del barrio que no podías trasponer?
—Siempre fueron muy miedosos y me dejaban andar alrededor de la manzana, y andar en bicicleta por la vereda.


—¿Personajes?
—No. Mi papá nombraba a algunos integrantes de la peña del Club Paraná.



—¿Qué actividades laborales desarrollan tus padres?
—Ambos son empleados: mi mamá se jubiló de Rentas de la Provincia y mi papá trabaja en la AFIP.


—¿Practicaste alguna afición durante cierto tiempo?
—Hice varias cosas pero poco tiempo: tenis me encantaba, me iba mal y se dieron cuenta de que era porque no veía bien. A los 5 años hacía gimnasia artística y participé de competencias. Hice natación pero le tenía miedo al agua. En la adolescencia quise aprender guitarra, fui un tiempo y abandoné.



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Una madre vegetariana


—¿Qué materias te gustaban de la Secundaria?
—Matemáticas y Contabilidad, y siempre decía que sería contadora. En el transcurso de la Secundaria hice cursos de Estética y cuando llegué a 5º año pensé que si era contadora, lo de la Estética quedaba de lado. Mi mamá ya se había hecho vegetariana y compraba revistas de Cormillot, yo también las leía y me interesó la alimentación y la importancia de los nutrientes, y fue cuando decidí ser nutricionista. Averigüé y el año anterior había comenzado la carrera en Santa Fe.


—¿Cómo fue esa decisión de tu mamá?
—Nunca le convenció el consumo de carne hasta que en un momento dejó de comer asado de cerdo y luego de vaca. Fue un proceso gradual, hasta que dejó todas las carnes, y yo estoy en el mismo proceso, ya que dejé de consumir carne de cerdo y vaca –porque la comía con idea–; sigo comiendo pollo y pescado pero mi idea es dejarlo. Es complicado por algunas cuestiones sociales pero no me ha costado. Mi marido me acompaña en la decisión ya que en las peñas con amigos come carne. Me encantaría ser vegana pero es un proceso que cuesta, porque en la realidad encontrás que todo tiene algún origen animal.


—¿En qué fundamentó la decisión?
—Tenía la idea, siempre lo conversaba y decía que no había que comer carne. Mi abuelo también leía libros sobre espiritualidad y eso fue la base.


—¿Y tu papá?
—Está en el mismo proceso.


—¿Cómo era la alimentación en tu hogar antes de que tomara esa decisión?
—Siempre se comieron muchas verduras y en forma saludable, ya que nunca se hacían frituras. Mi abuela cocinaba siempre a base de verduras, aunque el domingo era típico el asado. Ahora –cuando nos juntamos a comer un asado– mi mamá se lleva sus ensaladas o se hacen verduras asadas.


—¿Leías cuando eras niña?
—Sí, no novelas pero información en el diario y leí El Principito.


—¿Había libros en tu casa?
—Estaba lleno, enciclopedias, novelas y de espiritualidad.


—¿Alguno que fue influyente?
—Uno que leí a los 10 años sobre espiritualidad –que era de mi abuelo. Hablaba mucho sobre la misión con la cual venimos y la necesidad de ir por el buen camino, más allá del aquí y ahora de lo terrenal.


—¿Cómo era la relación con ese abuelo?
—Vivíamos en la misma casa y también jugaba el papel de padre –al igual que mi abuela– cuando mi papá o mi mamá estaban trabajando. Fueron parte de mi crianza y falleció cuando tenía 9 años. Le preguntaba mucho sobre los autos y él me explicaba.


—¿Continuaste aquel tipo de lecturas?
—Dos o tres más que me los facilitó mi mamá, pero en la Secundaria y en la facultad los tiempos son otros.


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Mucho más que dietas


—¿Sentías alguna vocación?
—Quería ser veterinaria porque me encantan los animales, pero le tengo miedo a la sangre. Por ese motivo tampoco pensé en Medicina.


—¿Qué imaginabas sobre el trabajo de nutricionista antes de estudiar?
—Tenía la típica idea de la mayoría, que es la de hacer dietas para adelgazar. Pero el ámbito de trabajo es muy amplio porque trabajamos con personas enfermas que necesitan una adecuación de la alimentación. También, administrar servicios de alimentación, organizar económicamente la alimentación familiar y la educación alimentaria. El desconocimiento de esta labor hace que no se pueda trabajar en determinados ámbitos donde se podría. Se le da importancia a la alimentación pero las obras sociales no reconocen la labor. Tenemos mucha base médica en cuanto a las patologías y la alimentación específica. Hay que estar actualizado porque continuamente hay nuevos productos.


—¿Cuándo descubriste este panorama más amplio?
—En 3º año, con las materias específicas.


—¿Hubo alguien que particularmente fue importante durante la carrera?
—No. En el último año de la carrera tuvimos a una nutricionista de Santa Fe –una de las primeras en la ciudad con mucha experiencia. Resolvíamos de una forma pero ella te decía que estaba mal y te explicaba por qué. Salíamos de sus clases pensando que no sabíamos nada. Hasta ese momento nos manejábamos sólo con la teoría. Hay una profesional de Buenos Aires –Mónica Katz, con quien hice un posgrado sobre obesidad– y me gusta mucho su forma de pensar, porque relaciona el problema con lo psicológico y lo genético, entre otros factores. Dice que no somos máquinas, es antidieta y dice que hay que aprender a comer saludable en porciones adecuadas. No hay que prohibir nada, salvo por una cuestión de patología específica. El nutricionista no está para retarte por lo que comés sino para enseñar, por ejemplo, que podés comer ñoquis y acompañarlos con verduras.


—¿La carrera tiene un enfoque o modelo dominante en cuanto a la alimentación? Lo digo en el sentido, por ejemplo, de que durante muchos años la pirámide nutricional fue una especie de dogma falaz.
—La pirámide era un modelo que no se hizo acá. De ahí se pasó al modelo del óvalo –hecho por nutricionistas de acá– y ahora es el del plato. Cuando comencé se hablaba del modelo del óvalo alimentario –el cual incluía todos los grupos alimentarios, de mayor a menor tamaño. El mayor estaba en las harinas y legumbres porque en el tiempo cuando se hizo, se focalizaba en la desnutrición. Luego seguían las frutas y verduras, y más chiquitito, los dulces. En el modelo del plato actual, un poco más de la mitad es frutas y verduras –por la epidemia de sobrepeso y obesidad. En la otra mitad del plato se distribuyen en distintas cantidades, los otros alimentos, y las harinas ya no predominan. Al igual, se recomienda menos sal, actividad física y abundante agua. En la carrera siempre se hablaba de una alimentación completa, razón por la cual –en el caso de Argentina– las carnes están incluidas, mientras que lo relacionado con alimentación vegetariana, no –salvo que lo vimos al pasar. Lo vegetariano lo aprendí porque hice un curso especial. No se estudia la alimentación de otros países u otras formas. En cuanto a las materias económicas se tiene en cuenta el acceso a los productos en función del contexto, que sea realista y que cualquier persona lo pueda hacer –según su poder adquisitivo. Se puede comer pescado de mar, pero la realidad es que la persona consume pescado de río.


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Analfabetismo nutricional


—¿No es paradójico que tratándose de una de las actividades esenciales del ser humano exista tanta ignorancia y desconocimiento al respecto?
—Tal cual. Se está intentando que desde la escuela haya cátedras de alimentación saludable, así como también se trabaja en los quioscos saludables. Si desde el nacimiento y la infancia se cuida la alimentación, se previenen muchísimas enfermedades –como la obesidad y la hipertensión. Mi papá es diabético, toma la medicación, se cuida –come ravioles pero al lado tiene su ensalada cruda– y hace actividad física. Si cuando sos adulto te dicen que sos hipertenso y tenés que cambiar los hábitos, es muy difícil. La parte de prevención es fundamental en lo nutricional.


—¿Qué ideas revisaste luego de egresada?
—Lo de la necesidad de consumir carne, sobre lo cual hay muchos libros que me hacen ruido. Siempre te ponen los beneficios pero nunca te muestran lo perjudicial. Igualmente hoy hay muchos pacientes con intolerancia a los lácteos y con problemas digestivos por las carnes –sobre lo cual trato de advertir e informo cómo se pueden reemplazar. Esta información debiera estar en la facultad –como sucede en la adventista.



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Las ideas y la realidad

—¿Cuál fue el primer contraste marcado entre lo que estudiaste y la realidad?
—Cuando ingresé al centro de salud, porque ahí se ve la realidad de cómo organizar la alimentación. Una vez me pasó que le pregunté a una señora si tomaba yogurt, me dijo que sí pero que era un gusto que se daban cuando el marido cobraba. Era un elemento de lujo. O no pueden comprar frutas y verduras porque no tienen un peso, y tal vez toda la semana comen fideos. O compran determinada marca porque ven la publicidad. Entonces –con lo que se puede– se explica que puede ser otro lácteo o postre, y esa diferencia económica se utiliza en otro producto. Dar información de que se pueden organizar en familias para comprar en el mercado El Charrúa y conseguir precios más baratos. O sobre las formas de cocción, ya que se les dice que la fritura es mala, pero no tienen horno sino un anafe. Entonces hay que dar alternativas.


—¿Cuál es el contexto social del centro de salud donde trabajás?
—No es tan complicado, más allá de estos casos. Va gente de distintos niveles socio económicos: quienes tienen obra social, porque les queda cómodo, y personas que, por ejemplo, tienen bajo peso y se les entrega leche.


—¿Un caso conmovedor?
—Situaciones de gente mayor con problemas para caminar que te dice que conviven con un nieto pero que no lo mandan a comprar porque se gasta la plata en otra cosa. Te da ganas de hacerle las compras. Son personas que van al centro de salud, hacen el tratamiento y les interesa mejorar. A veces terminamos haciendo de psicólogos porque te dicen que no pueden hacer la dieta porque el marido se quedó sin trabajo y otras situaciones familiares, y tratás de contenerlos.


—¿Has detectado casos de desnutrición?
—Ahí, pocos, lo que veo en general son casos de sobrepeso incluso en chicos de 7 u 8 años, además de adolescentes –quienes también tienen hipertensión y problemas en las rodillas y otras articulaciones. Estos casos son complicados porque hay que modificar el ámbito familiar y observar lo que el chico hace en la escuela, ya que comen a escondidas. El 90% de los casos, son problemas de sobre peso (Ver Datos). Es muy importante frenar la obesidad infantil porque eso se arrastra a la adultez, y tendrá que cuidarse de por vida.


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Una epidemia que hace estragos


—¿Cuándo comenzaste a observar hipertensión infantil?
—Está relacionado con los casos de obesidad infantil –que antes no había. El problema comienza a observarse cuando corren, se agitan mucho y les duele mucho la cabeza.


—¿Siempre está asociada con la obesidad?
—Las veces que he atendido, sí. Es similar a los adultos. Antes era raro ver estos casos.


—¿Cuál es el caso de menor edad que conocés?
—Un nene de 4 años. A veces influye lo genético y también hay que analizar lo hormonal.


—¿Cuántos años hace que trabajás allí?
—Cuatro años.


—¿La epidemia de obesidad es transversal y tiene las mismas características en las diferentes clases sociales?
—El denominador común es la mala alimentación, mientras que el factor económico es indistinto. En las personas que no tienen como para comprar variedad de alimentos, el sobrepeso se da, tal vez, por comer muchas harinas y carnes. En el caso de quienes tienen mucho poder adquisitivo, viven a gaseosas, comidas rápidas, son totalmente sedentarios porque tienen vehículo y no caminan ni una cuadra. La mala alimentación se puede observar en cualquier estrato social.


—¿Cómo inciden las características de la dieta argentina en determinadas patologías?
—En la región lo que se observa es el alto consumo de harinas, en vez de predominar las frutas y verduras. Vas a las oficinas y a cualquier casa, o te juntás a tomar mates, y te encontrás con los bizcochitos o las galletitas. Y las consecuencias las veo en los pacientes. Además, el consumo de comidas con grasas no saludables o de mala calidad, y de jugos y gaseosas –asociados a problemas por la falta de consumo de agua. Poco consumo de agua, la cual es reemplazada por esos jugos y gaseosas.


—¿Hay una alta incidencia por la comida basura?
—Me parece que acá no es tanta como en otros países –como el caso de Estados Unidos donde está más arraigada– ya que no hay tantos locales de comidas rápidas. Acá, la típica comida rápida de hamburguesa con papas fritas cada vez es más grande. Te hacen una hamburguesa con varios pisos y el vaso de gaseosa también es más grande, y te agrandan el combo por 5 pesos adicionales. Igualmente pasa con las botellas de gaseosas, que antes eran de un litro y ahora son de hasta dos litros y cuarto. En Paraná se le está dando mucha importancia a la alimentación vegetariana, vegana y orgánica, y hay muchos locales en los cuales podés conseguirla, al igual que viandas. Se ha diversificado mucho, al igual que en las dietéticas.


—¿Cómo analizás las respuestas del Estado vinculadas con este tema?
—En los centros de salud lo que faltan son profesionales de distintas áreas, porque no todo el mundo puede asistir. Hay gente con determinadas problemáticas y patologías, pasa el tiempo y no se acercan al centro de salud, entonces habría que ir a domicilio para captar esos casos. Hay mujeres quienes pasan muchos años sin hacerse un control. A veces no hay cantidad de personal para hacer ese trabajo. Otras veces asiste gente que no sabe que hay un nutricionista, porque hace diez años que no se hacen un control. La prevención y promoción de la salud falla por eso, y esa es la función del centro de salud. Cada tanto sale un contrato, cuando en realidad se necesitan 10 o 15 profesionales.



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El camino vegetariano


—¿Por qué decidiste comenzar a hacerte vegetariana?
—Porque me hacía ruido el saber que estoy disfrutando un plato con un animal que sufrió. Y también porque sentía malestar en cuanto a que la comida me caía pesada, así que pensé que podía ser eso. También dejé los lácteos y mejoré muchísimo.


—¿Cómo influyó esto en lo profesional?
—Ahora, cuando, por ejemplo, hago una recomendación sobre la cantidad de lácteos, dejo de lado un poco esa forma de pensar, aunque me encantaría a cada paciente convencerlo de que, también, vaya dejando las carnes.


—¿Has recomendado criterios vegetarianos?
—Sí, sí. Me han servido mucho en casos como los de intolerancia a los lácteos. Tienen la opinión de que tienen que consumirlos, entonces les digo cómo pueden reemplazarlos. O personas que consumen carne pero no tienen una necesidad muy fuerte, entonces pueden reemplazarla por otros productos más saludables. Y notan los cambios en el organismo. También personas que quieren cambiar y estaban en la duda, entonces les explico cómo tiene que ser la nueva alimentación, porque hay muchos alimentos de reemplazo. Otros son vegetarianos y quieren hacerse veganos, entonces les hago la adaptación –aunque en este caso se trata de productos más raros, como los brotes, pero se dan muchos talleres y cursos para aprender.


—¿Cómo es tu relación con los médicos?
—Muy relativo. Me ha pasado de tener contacto con médicos que hacen cursos de alimentación y hablamos el mismo idioma. Pero también te cruzás con los que tienen el librito de "esto no" y "esto no", el paciente viene con eso y es muy difícil cambiarlo, porque predomina la palabra del médico. Todo tiene que ver con las actualizaciones que cada uno hace. No me ha pasado de un caso de una familia que quiere hacerse vegetariana, y el pediatra se oponga.


—¿Tres o cuatro consejos que darías para la población en general?
—Hay poco hábito de tomar agua, la cual es fundamental. A veces se toma agua saborizada, que tiene azúcar. Hay que hidratarse bien porque es la forma en que el organismo se limpia. Siempre que se pueda, frutas y verduras, teniendo en cuenta la época porque tiene que ver con el precio. Hay que aprovechar las verduras y alimentos de estación, como sucede, por ejemplo, con la época de los cítricos o las frutillas. Y planificar las compras en cuanto a cantidades según lo que se consumirá, para que las frutas y verduras no se pierdan. En cuanto a las grasas no saludables, tratar de consumir alimentos desgrasados, al igual que reducir el consumo de sal –que se consume el doble o triple de lo que se debiera. El sodio que necesitamos lo podríamos obtener solo de las frutas y verduras que consumimos, así que lo que agregamos como condimentos o alimentos salados, es un extra. Es fundamental tener el hábito desde chico, que a la papilla del bebé no se le agregue sal, porque se acostumbra el paladar. El paladar demora tres meses en acostumbrarse a un nuevo hábito. A todo esto, habría que sumarle la actividad física, porque muchas de las patologías que mencionábamos, mejoran mucho con ella. Desde lo mínimo que se pueda, como subir por las escaleras en vez de ascensor, hasta salir a caminar o ir a un gimnasio. Hay que mantenerse activo para prevenir.


—¿Cuándo es y en qué consiste el taller que desarrollarán?
—Es un taller de alimentación saludable –denominado Nuevas miradas sobre la comida, cuerpo y mente–, el miércoles 12 –a las 18– en calle Villaguay 182, planta alta. La idea es hablar de cómo influye la percepción que tenemos de los alimentos y del cuerpo. Lo haremos conjuntamente con Andrea Avellaneda –quien es psicóloga. Es un cupo limitado y pueden inscribirse en la página de Facebook Triskel o a través del teléfono 4222563.


—¿Tenés alguna página en Internet?
—No, un correo electrónico: nutri_anto@hotmail.com.


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Alimentación, medicina, mitos y nuevos hábitos


La licenciada Prieto cuestiona determinadas opiniones instaladas como verdades absolutas y se pronuncia por una alimentación variada, acompañada de hábitos saludables. Además denuncia falsedades y publicidad engañosa en torno a los productos dietéticos o "light".


—¿Dos o tres mitos instalados en torno a la nutrición?
—Las cosas que surgen permanentemente y que ayudan a adelgazar. Por ejemplo, el café verde –que es súper estimulante. Entonces la gente piensa que es la solución mágica, lo compra y se toma un litro, sin saber las consecuencias. Así con muchos productos y con las dietas de moda. En el caso de los diabéticos, les dicen "no pan", "no pasta", "no papa", "no remolacha" –porque es dulce–, vienen con ese miedo y en realidad pueden comerlo, en una porción chica y acompañada de verduras crudas. Cuando se hacen los controles de glucemia, están perfectos. Si comen papa, acompañarla, por ejemplo, con una ensalada de rúcula. Son mitos que cuesta desterrar, porque tal vez lo dice el propio médico. Otra cuestión son los quemadores de grasa, que si no hacés una buena alimentación y actividad física, no hacen nada.


—¿Cuán "light" es lo "light"?
—(risas) Depende; con este tema tenemos para charlar una hora más. No hay una regulación que diga que determinado producto es light porque tienen menos de determinadas calorías. Una empresa larga un producto común y otro que dice "light", que lo es respecto del producto común, lo cual no significa que sea reducido en calorías o que calóricamente sea adecuado para un persona que quiere bajar de peso. Hay que tener muchísimo cuidado por más que diga "light", y hay que comerlo moderadamente. Hay productos comunes que tienen las mismas calorías que los denominados "light". Como sucede con las barritas de cereales. Es otro de los mitos que habría que agregar.


—¿Hasta qué punto tiene fundamento establecer determinada cantidad de consumo calórico?
—Nosotros hacemos un cálculo calórico que es real. Se trata de una fórmula matemática que incluye la edad de la persona, si es masculino o femenino, la altura y el factor de actividad física. Es una fórmula matemática pero no somos robots, iguales unos a otros. Hay veces que se hace un cálculo y no es tan específico, sino orientador. En un deportista te puede dar que tiene que consumir 2.800 calorías y una persona que tiene que bajar de peso, 1.500 calorías. Ahí se observa un abismo de diferencia, entonces lo que trato de inculcar es la importancia de una dieta saludable, con frutas y verduras, y productos desgrasados. Cambiando hábitos y calidad de alimentación –sin específicamente tener en cuenta las calorías– se puede bajar muchísimo de peso. Obviamente que hay personas que, por ejemplo, tienen problemas renales y en esos casos hay que ser muy minuciosos en los cálculos, porque si te excedés en las proteínas e hidratos, dañás los riñones. En el centro de salud, en vez de dar una dieta, comenzamos por los consejos –sin considerar cantidades– y es impresionante cómo bajan de peso.


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Datos

Según estadísticas nacionales, el 60% de la población mayor de 18 años padece obesidad, el 10% tiene diabetes, cerca del 35% sufre de hipertensión, un 25% tiene colesterol alto, entre el 15% y el 20% presenta síndrome metabólico, el 20% tiene anemia –en su mayoría mujeres–, y un 15% de ellas tiene síndrome de ovario poliquístico. Estas afecciones, entre otras, suelen estar ligadas al estilo de vida de quienes las padecen y al ambiente obesogénico en el cual viven.

En Sudamérica, los argentinos son los más gordos de la región, en base a cifras relevadas en 193 países durante 2014.

El sobrepeso y la obesidad se encuentran entre los principales factores de riesgo de muerte y de carga de enfermedad en el ámbito mundial.


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Ventajas de la dieta vegetariana

Antonella Prieto / Especial para UNO
editor@uno.com.ar


Hace pocos días –el 1º de octubre– fue el Día del Vegetariano, así que me pareció importante referirme al tema.

Hoy en día es cada vez mayor el número de adeptos a la alimentación vegetariana. Esto se ve reflejado en el aumento de consultas nutricionales, negocios que ofrecen comidas o viandas vegetarianas y aquellos donde se consiguen variedad de productos vegetarianos/veganos, que antes no era posible (la única opción era viajar a Buenos Aires).

A pesar de estos cambios, es un tipo de alimentación que genera muchas dudas, sobre todo respecto de si se puede estar bien alimentado y la respuesta es sí, pero como en toda alimentación, debe ser variada para no tener déficits de nutrientes.

Según la Asociación Americana de Dietistas (Craig WJ y Mangels AR, 2009): "Las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas son saludables, nutricionalmente adecuadas, y proporcionan beneficios para la salud en la prevención y el tratamiento de determinadas enfermedades".

A esta postura, se sumó la Sociedad Argentina de Nutrición en el marco del XIX Congreso Argentino de Nutrición.

Hay varias formas de clasificar a quienes hacen una alimentación vegetariana, pero la más usada es separarlos en vegetarianos y veganos:

Vegetarianos: no consumen ningún tipo de carnes. Hay varios subtipos: Ovo-lacto-vegetarianos: consumen huevo, leche y derivados lácteos. Ovo-vegetarianos: consumen huevo; no consumen lácteos. Lacto-vegetarianos: consumen leche y derivados lácteos; no consumen huevo.

Veganos: se los denomina vegetarianos estrictos, ya que además de no consumir carnes, no consumen ningún tipo de alimento de origen animal (por ejemplo: lácteos, miel), ni tampoco productos de generen sufrimiento en los animales (cuero, seda, marcas de cosméticos que experimentan con animales o que dañan el medio ambiente).

Existen formas más estrictas de alimentación vegana:

Crudiveganos: consumen solo alimentos crudos o calentados a no más de 42° (RawFood o alimentación viva). Se utilizan técnicas como el remojo, la germinación y la deshidratación, conservando los nutrientes.

Frutarianos: consumen exclusivamente frutos (no confundir con frutas). Basan su alimentación en alimentos que no destruyen la planta para ser obtenidos: frutas frescas y secas, semillas y sus aceites, y algunas verduras como tomate y pepino, pero evitan otras como la lechuga o zanahoria.

Algunos beneficios para la salud son: menor aporte de grasas saturadas y colesterol, mayor aporte de fibra, ácidos grasos omega 6, antioxidantes y fitoquímicos, menor densidad calórica (más volumen con menos calorías).

Considero que no hay desventajas, siempre y cuando se haga una alimentación variada, ya que hay nutrientes a los que se denomina como críticos y debemos prestar atención: proteínas, ácidos grasos Omega 3, Vitamina B12, Vitamina D, Vitamina A, Calcio, Yodo, Hierro, Zinc.

Algunos le atribuyen como aspecto negativo el que hace complicadas las relaciones sociales, particularmente en países como el nuestro donde el consumo de carnes se encuentra muy arraigado. Obviamente esto dependerá mucho de la personalidad (respecto de si necesita la aprobación de sus pares), familia, amigos, etc. Yo particularmente, no lo veo como un impedimento.

Un dato a tener en cuenta: el intestino de los animales carnívoros es corto, lo que permite una rápida evacuación, evitando la putrefacción de la carne dentro del organismo. En el hombre, debido a que el intestino es largo, la carne permanece mucho tiempo, generando toxinas que deterioran el organismo.

Si tenés dudas respecto de la alimentación vegetariana, o recientemente estás incursionando en la misma, es importante que te acerques a un profesional idóneo, para que puedas llevar adelante tu alimentación cubriendo todos los requerimientos nutricionales.

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