A Fondo
Martes 26 de Enero de 2016

La deuda social con los chicos

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


A miles de adolescentes y jóvenes de la ciudad , a lo largo del año, uno los puede observar en las calles yendo a los colegios, en los colectivos, en clubes, en distintas instituciones sociales y en lugares al aire libre.

Con actividades diversas aprenden y se recrean, disfrutan, se mueven por la ciudad, ocupan espacios. Tal vez no todo lo requerido, pero se los ve en acción, en convivencia, en grupos, compartiendo. Durante estos días de verano, cuesta encontrarlos. ¿Dónde están los jóvenes? ¿En qué actividad ocupan su tiempo?

No se los ve “copando” la Peatonal, la Costanera, el Parque Urquiza. Tampoco el gran espacio verde del exhipódromo; encima, la crecida les quitó la zona del Thompson.

Tiempo atrás, los adolescentes se reunían en el centro de Paraná y formaban una marea humana que se relacionaba y organizaba juntadas. No estuvo eso exento de problemas y enfrentamientos, y polémicas que finalmente desembocaron en su paulatina disgregación.

Lo mismo pasó en el Rosedal. Pero allí siempre está el tema de los vecinos y los ruidos molestos.  

Algunos podrán decir que van a quintas, a la pileta del club o a bailar. También vacacionan en algún punto turístico. Pero ¿una semana? ¿15 días? ¿Y el resto de los días? Del número de adolescentes que viven en Paraná, ¿cuántos están en condiciones de que sus padres puedan abonar un derecho de pileta, darle dinero para moverse hasta una quinta a diario o para salir a bailar incluyendo entrada y traslado? Pocos torneos deportivos o espectáculos se han realizado para captar su atención. El skate park es utilizado, pero no convoca gran cantidad de skaters. Tal vez falte, por ejemplo, sumar eventos como actuaciones de bandas, que sumen a más chicos, aquellos que no hacen acrobacias y destrezas en el aire. Y hablando de bandas, se vuelve a otro tema recurrente que es la falta de lugares para tocar en vivo. Bandas hay, y muchas, pero para presentarse en público no tienen espacios físicos.

La carpa de calle Racedo empezó a organizar talleres, espectáculos tanto para niños como jóvenes, pasando la gorra. Eso es un inicio.

Pero falta para captar la atención de chicos y jóvenes, estudiantes que durante el año tiene agenda completa y que por ahí, ahora tienen tiempo para descubrir algo que no sea la televisión, la computadora o el celular; tecnología que une virtualmente, pero aleja cada vez más. 

¿De qué sirve que se pasen en casa toda la tarde jugando en línea, con aire acondicionado, pudiendo disfrutar de un partido de vóley o fútbol, que gratuitamente se organice en un club del barrio? ¿O de una jornada de juegos, de arte, de espectáculos musicales?

Es muy importante el cuidado emocional y psíquico que merecen los jóvenes. Hoy, que disponen de más tiempo, son presas fáciles de las redes sociales y de los adultos, y sus mentes perversas, que abundan. Y algunos profesionales insisten en que es el inicio de muchos casos de ludopatía que se presentan en la sociedad. 

No hay que pensar que los jóvenes no van a participar de propuestas, hay que ocuparse y ofrecerles ámbitos para que puedan desarrollar su capacidad, imaginación, destrezas, ganas, esfuerzos. Esa es también parte de nuestra deuda social con la niñez, la infancia y la juventud. El ocio es bueno siempre y cuando esté fomentado en espacios y propuestas acordes para disfrutar de la recreación, de la convivencia, de compartir, claves para vivir en una comunidad.


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