A Fondo
Sábado 30 de Abril de 2016

La danza como testimonio vigente de la cultura vasca

Diálogo Abierto. Ignacio Borrás tiene a cargo la formación y dirección de los talleres y cuerpos de baile de jóvenes y adultos de la Asociación Urrundik, de Paraná. Los registros de una tradición milenaria que se expande en la provincia.


Julio Vallana/De la Redacción de UNO
jvallana@uno.com.ar


La enseñanza de danzas vascas es una de las actividades que desarrolla la Asociación Urrundik, las cuales representan una parte fundamental de la cultura y el folclore del pueblo de dicha comunidad autónoma española. Ignacio Borrás brinda detalles de su significación y de los orígenes remotos de algunas de ellas, mientras que el presidente de la entidad se refiere al histórico enclave vasco en la zona de Puerto Viejo –de la capital provincial– y la necesidad de su recuperación y puesta en valor para propios y extraños.

 La Historia y el baile
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, el 28 de noviembre de 1984. 
—¿En qué barrio?
—Creo que nací en el Rawson; vivo en calle Alem. 
—¿Siempre viviste allí?
—Siempre, con mis padres. 
—¿Cómo era la zona en tu infancia?
—Actualmente ha cambiado mucho de como era por entonces, cuando se podía jugar en la calle con los chicos del barrio y amigos del Club Echagüe –donde pasaba todo el verano. Es un barrio tranquilo y nunca pasó nada. Hay casas viejas que fueron demolidas. Creció mucho y hay muchos edificios nuevos –del tipo monoambiente, para estudiantes.  Fui a la Escuela Entre Ríos en la primaria.
—¿Cuándo se produjo con mayor intensidad ese cambio?
—En los últimos 10 años, aproximadamente, y cada vez se hacen más edificios. 
—¿A qué jugabas en la infancia?
—Siempre jugué al básquet en Echagüe, hice mucho ajedrez y también natación, nada de play station, como ahora. Siempre estaba en actividad con amigos.
—¿A cuál le dedicaste más tiempo?
—Lo que más hice fue básquet y ajedrez.
—¿El ajedrez lo aprendiste por iniciativa propia?
—Comencé a los 7 años, por mi hermano, y me gustó; jugué un montón de torneos y viajé bastante. 
—¿Te enseñó tu hermano?
—No recuerdo quién me enseñó; luego me perfeccioné porque se convierte en una especie de estudio. Me iba bastante bien.
—¿Por qué cortaste?
—Porque… nada en particular. Fue cuando comencé la facultad, al igual que dejé el básquet. 
—¿También le dedicaste muchos años al básquet?
—Sí, desde chiquito hasta los 17 o 18 años y nunca corté.
—¿Qué materias de la Secundaria te gustaban?
—Me gustaba mucho Historia y las Ciencias Naturales. 
—¿Indagaste en la historia del País Vasco?
—Me interesé a partir de los bailes, para saber cuál era su origen, también me gustaba entender lo relacionado con los conflictos y trataba de actualizarme. Y tuve la suerte de viajar dos veces.

El abuelo Alcain y su programa
—¿Por qué la aproximación a la cultura vasca?
—Por mi abuelo Alcain, una persona muy frontal –como todo vasco– pero muy abierto siempre a dar una mano, innovador en algunas cosas, culto y siempre con proyectos. Tuvo la visión de hacer el programa radial Presencia vasca –que en ese momento era algo inédito– y continúa siendo el de más antigüedad.  
—¿Quiénes fueron los primeros Alcain en llegar a Argentina?
—Creo que sus padres o abuelos; llegaron desde un pueblito de Iparralde –en la parte norte del país vasco–, aunque no sé si se instalaron directamente en Paraná u otra zona. Mi abuelo Alcain nació en Paraná.
—¿Qué relatos hacía? 
—Le gustaba mucho la Historia –y a mí también. Tal vez teniendo otra edad lo hubiera disfrutado más, porque en esa época yo era chiquito. En la década de 1980 participó de un congreso mundial –el cual se continúa haciendo– y recordaba ese viaje. Sabía algunas palabritas en vasco y cuando llegaba algún vasco, le daba la mano y lo saludaba con palabras del idioma.
—¿En su casa se mantenían las tradiciones?
—En la comida, el arroz con leche –que es de origen vasco y mucha gente no lo sabe. Él lo preparaba y le gustaban mucho los dulces –que también elaboraba. Es muy de los vascos, el reunirse en la casa vasca y compartir la comida, y esa tradición la mantenemos familiarmente. 
 —¿Qué comidas son típicas?
—Siempre son abundantes y acompañadas de algún vino o bebida; sobre todo son comidas con productos de mar, pinchos y cazuelas –de lentejas y garbanzos, bien condimentados. También los postres tradicionales, como las peras al vino.
—¿Cómo se le ocurrió lo del programa?
—Yo era muy chico, tenía 6 años, y recuerdo haber ido con mis padres a la radio. Fue su idea y es uno de los programas más antiguos de la diáspora en todo el mundo. En ese sentido fue un visionario, más porque en ese momento era complicado ya que no había Internet ni las facilidades que existen ahora para actualizarse e informarse. Tenía contactos con la gente de allá y hay un archivo  importante de notas con celebridades.
—¿Compartiste el aire alguna vez?
—Sí, fui un par de veces, pero mi hermano Federico fue quien más lo acompañó. 

Los antiguos aquelarres y las coreos
—¿Cuándo comenzaste a bailar?
—Desde muy chiquito, cuando se creó el grupo de baile de Urrundik –en 2000– y siempre integré el cuerpo de baile, pasando por todas las etapas. Luego –en 2008– pasé a ser director y estuve muchos años trasmitiendo mis conocimientos a los chikis –muchos de los cuales hoy bailan en el cuerpo de los mayores, conmigo. Hace tres años se creó un grupo de adultos que no tenían ninguna experiencia. 
—¿Puede bailar cualquiera?
—Sí, no hace falta ningún conocimiento, solo tener las ganas, mientras que el sentimiento y el cariño se transmite solo, con el transcurrir del tiempo.
—¿Cómo enfocabas la enseñanza de este tipo de danzas en el caso de los chicos?
—Bailar no les gusta mucho y su tiempo de atención es muy corto, así que hay que hacerlo un rato, y mezclarlo con juegos y canciones. Pero también es algo muy lindo por lo que te transmiten.
—¿Y en el caso de quienes no tienen experiencia de baile?
—Es la mayoría de la gente que integra el cuerpo de baile, se acercaron porque les gustó o porque vieron bailar en una fiesta. Somos muy abiertos y puede bailar cualquiera que tenga ganas.  
—¿Cuáles son las danzas más típicas y tradicionales?
—Originalmente las danzas eran de hombres, luego comenzó a haber de mujeres y posteriormente se mezclaron un poco. El problema de los vascos –un pueblo milenario– es que no había mucho registro escrito e histórico. Una de las más típicas y populares es el fandango (ver recuadro), que es uno de los más movidos. Si bien no es original del País Vasco, se baila mucho, hay bailes de varones –como es el ezpata–, de mujeres –kaskarots– y otros que son en rondas –donde bailan todos. Normalmente hay bailes en las fiestas, en los cuales intervienen todos, con un maestro de ceremonias que toca la música. También para las cosechas, ceremonias religiosas y otras de origen pagano –desde antes de Cristo. Las más nuevas son con coreografías. 
—¿Cuáles son consideradas las más antiguas?
—Los aquelarres (Ver recuadro), que eran bailes circulares vinculados con las brujas. La danza representa personajes mitológicos, es en ronda, alrededor de un fuego, en las montañas. El idioma tiene aproximadamente 10.000 años y se estima que son de esa época. 
—¿Cuándo comenzaste a entender la esencia de estas danzas?
—En la adolescencia comencé a interesarme más y a indagar qué era lo que representaban. En 2005 participé de un evento de capacitación internacional, y aprendí sobre bailes y cultura, al igual que hice cursos e intercambios con gente que viene del País Vasco. 
—¿Por qué te atrae?
—Lo siento en el alma diariamente, no es un trabajo y es difícil dejarlo, los pies se mueven solos y le dedico muchas horas.   
—¿Algún ballet te ha impresionado particularmente?
—A Paraná han venido muchos y muy buenos. Particularmente, hace poco se presentó una obra de teatro y baile a cargo del grupo de danza contemporánea Kukai –dirigido por Jon Maia, que vendría a ser “el Julio Bocca del País Vasco”. Hace muchos años tuve la suerte de verlo a él, allá, y me había impresionado. Los bailes continúan evolucionando técnicamente y requieren mucho ensayo, y nosotros tratamos de estar a esa altura. 
—¿En qué ocasiones se bailan?
—Hace años que organizamos un festival en el cual mostramos todos los bailes preparados durante el año, con propuestas renovadas. También participamos de un evento nacional –la Semana Nacional Vasca– donde se encuentran los cuerpos de baile de todo el país, y algunos del extranjero. 

Como en la propia tierra
—¿Conocés el País Vasco?
—Sí, fui por primera vez en 2004 –cuando tenía 19 años– estuve tres meses y tuve la suerte de bailar con un cuerpo de baile de allá, comparando sus formas de ensayo, cómo lo vivían y aprendiendo mucho. Fui a muchas fiestas de pueblos cerca de Pamplona –aunque esta es la más conocida. Fue una experiencia que me abrió la cabeza y mi sentimiento vasco se acrecentó. 
—¿La primera impresión al llegar?
—Tomé un tren desde París a Bayona y cuando llegué ya vi gente con los rasgos vascos, y me sentí como en mi casa, como si ya hubiera vivido allí, aunque fue una emoción grande. 
—¿Descubriste algo?
—Me sorprendió –además de los lugares hermosos– la gente: el vasco, cuando te abre las puertas, te trata como uno más y, seguramente, te habla de algún pariente que se fue hacia Argentina. No pensaba que fuera así. Se lo ve como una persona cerrada y parca, pero cuando sucede eso, es increíble. 
—¿Dominás el idioma?
—Muy elementalmente porque es muy antiguo y difícil –al provenir del latín. No hay palabras similares a las nuestras. Ahora hay un curso que dicta mi tía, cuando puedo nos juntamos y hablamos un poco, para que no se pierda lo poco que sé. 
—¿Qué reflexionaste –al estar allí– en torno al conflicto histórico?
—Tengo varios amigos y tuve la suerte de ir a distintos eventos para recaudar fondos para vascos detenidos en cárceles que están a mucha distancia de allí, lo cual es una gran complicación para los familiares. Recuerdo lo de un chico que fue detenido solo por manifestarse y quemar un contenedor, y fui a una manifestación en su favor. Estoy totalmente en desacuerdo con la violencia. Los derechos humanos tienen que ser para todos. Durante la época de Franco hubo mucha gente que sufrió represalias, sobre todo los mayores, se prohibió el euskera e ingresaban a sus casas arbitrariamente. 
—¿Un personaje?
—Conocí a una especie de Papá Noel que se llama olentzero, un personaje mitológico de la tradición navideña, que llega desde la montaña con regalos y carbón, y obsequia a los niños. Estuve con quien lo hace en Vitoria.
—¿Un lugar?
—Me gustaron los pueblos chiquitos, donde más sentí lo vasco; las ciudades grandes como Bilbao, Pamplona o San Sebastián son hermosas pero me gustaron más esos pueblos por sus caseríos y porque se siente el idioma. Estuve en un lugar que se llama Sara –en Iparralde– el cual está detenido en el tiempo, es muy antiguo y los caseríos se transmiten de generación en generación. Hay un tren que sube a la montaña, desde donde se observa todo el valle. 
—¿Qué caracteriza a esos pueblitos, comparados con las grandes ciudades?
—Tienen otro ritmo de vida comparado con Bilbao o Vitoria. En los pueblos mantienen más las tradiciones y se percibe muy fuerte la cultura, el idioma y la gente se junta mucho en los bares. 
—¿Fiestas en las cuales participaste?  
—Mundialmente la de Pamplona –en Navarra– es una de las más conocidas pero en cada territorio histórico hay distintas celebraciones y algunas son muy grandes y con participación de muchos extranjeros, como las Fiestas de Bayona –destacadas por su gastronomía y bailes que acontecen en las calles. Como esta, hay muchas otras. 
—¿Observaste diferencias en cuanto a las danzas, comparado con lo que hacen acá?
—Fue muy emocionante verlos. No hay diferencias, aunque obviamente hay bailarines profesionales y muy buenos –en los cuales sí se nota la diferencia. Pero hay otros cuerpos de baile que están en nuestra misma situación. En algunos pueblos y fiestas descubrí algunas danzas, y a la vez tienen su vestimenta propia. La mayoría son bailes guerreros –los de hombres, que transmiten mucha fuerza y presencia– pero actualmente son mixtos; hay muchos bailes con elementos tales como palos, espadas y arcos, otros que son solo de mujeres, algunos que corresponden a la época precristiana, paganos, del carnaval, y otros representativos del cristianismo, relacionados con vírgenes y santos –como el baile de San Miguel. Compartí ensayos con grupos de allá y fue lo máximo. Fui a un show de Jon Maia y fue increíble, porque nunca había visto algo de semejante nivel, ya que son profesionales.
 —¿No pensaste en radicarte?
—Sí, tuve muchas ganas de quedarme pero también se extraña a la familia, las raíces, los amigos, sobre todo cuando te sentís un poco solo o sufrís algún inconveniente. Estuve unos días enfermo y en ese caso es cuando más se extraña y sufre.  
—¿Cómo transmitiste lo aprendido?
—Cuando volví, vine con todas las pilas y quería transmitir todas las experiencias y las formas de ensayo, así que renové algunas cuestiones con los chikis. 
—¿Volviste?
—Sí y ya sabía con lo que me encontraría, así que traté de estar con gente amiga, más que volver a determinados lugares. 
—¿Has profundizado en las características de la inmigración vasca en Entre Ríos?
—He leído que fue de las dos inmigraciones más importantes que hubo en Argentina. Después de Buenos Aires, Entre Ríos es la provincia que tiene más descendientes de inmigrantes vascos. Paraná tuvo un asentamiento muy grande en la zona de la Bajada de los Vascos (Ver nota de Juan Carlos Borrás). Allí también está la plaza Euskadi –donde hay un frontón en el cual se juntaban a jugar a la pelota vasca, un deporte propio. 
—¿Qué características presentaba la denominada Bajada de los Vascos?
—Cuando llegaban los vascos siempre se agrupaban y en el caso de Paraná se radicaron en esa zona. Muchos llegaron para trabajar en el campo ya que sobresalían en ese tipo de tareas, razón por la cual, también, se radicaron en la zona de Victoria. Las características de aquella zona se mantuvieron durante mucho tiempo y actualmente se conserva, por ejemplo, la casa de los Etchevehere. En la asociación tratamos de mantener la costumbre del País Vasco en cuanto se reúnen a comer en los caseríos. 
—¿Qué significa ser portador de esta cultura milenaria?
—Es un orgullo, lo siento en el alma y trato de transmitir todo lo que puedo en cuanto al baile, la cultura y otros aspectos de los vascos.

► Ver: En Paraná: una zona digna de una nueva puesta en valor

Un variopinto de orígenes, tradiciones y significados
Las danzas vascas –un verdadero compendio de aspectos de diferentes épocas, rasgos y restos de costumbres– se mantienen de generación en generación durante años y siglos, y en ellas se puede encontrar infinidad de influencias y mezclas que se manifiestan en fiestas, juegos, conmemoraciones y celebraciones religiosas. Son una parte muy importante de la cultura y la fundamental de su folclore ya que cada localidad tiene su danza que se acostumbra a bailar en las fiestas mayores. 
En algunos casos son muy antiguas y en otros se trata de recreaciones o nuevas coreografías de aquellas. Así se destacan los bailes de romería o plaza –basados en los que se celebraban en las romerías y cuya participación era popular–, las danzas de espadas –ligada a una conmemoración o rendición de honores– y las de fin de fiesta –como el caso del carnaval.
Antiguamente solo los hombres eran quienes participaban, sin embargo en la actualidad muchos de los bailes desaparecidos se han recuperado gracias al creciente protagonismo femenino –como es el caso del denominado El ciego.
El fandango se trata, en origen, de una danza en parejas, de ritmo ternario y que en el período Barroco causó escándalo al considerarse “erótica y deshonesta”. Con esa fama se extendió a partir de 1870 en Euskal Herria y a pesar de las prohibiciones y reprobaciones, resultaba de gran atractivo para los vascos que lo adoptaron con gran éxito. 
En cuanto al aquelarre, el centro de la mitología vasca es la diosa Mari –que personifica a la madre Tierra– preside una auténtica religión naturalista y entronca con el matriarcalismo vasco, con mujer de la casa como eje vertebrador del caserío y la sociedad. Su contrapunto es el Aker –o macho cabrío– que representa la sexualidad masculina al servicio de la diosa Mari. El aquelarre –o campo del macho cabrío– hace referencia al encuentro del Aker con las sacerdotisas de Mari –las sorgines– en una ceremonia de carácter sexual. Ritos que se celebraban, por ejemplo, en las montañas navarras de Zugarramur.
Durante todo el año se llevan a cabo fiestas especiales, carnavales, rituales y grandes festivales en multitud de poblaciones vascas, razón por la cual en cada territorio sobresalen los bailes más representativos. Entre ellos se destacan aurresku –como signo de respeto y bienvenida en actos públicos y ceremonias privadas de importancia como las bodas u homenajes–, kaxarranka –se baila en Lekeitio, el día de San Pedro, encima de un cajón sostenido a hombros por ocho pescadores, dantzari –conjunto de nueve danzas, todas con mucho ritmo y fuerza–, ezpata –de varones, se compone de tres danzas con espadas y bastones–, xemeingo –se baila el día de San Miguel en el barrio de Arretxinaga de Markina-Xemein, los dantzaris llevan unos escapularios del arcángel e interpretan el combate entre el bien y el mal–, arku y zinta, son antiguos bailes masculinos, hoy interpretados por mujeres que se presentan ataviadas como hilanderas; el baile de la Era –danza circular de hombres y mujeres por parejas–; martxak –bailado por las comparsas de carnaval que recorren pueblos–, bolant –con la cual se “toma” la plaza tras el cortejo carnavalesco–, y esku – juego de coordinación a base de palmadas que se bailan por parejas–, entre muchos otros. 
Actividades de Urrundik y un mes con festejos
El taller de danzas tradicionales se inició recientemente, se desarrolla en la sede de la entidad –España 430–, es totalmente gratuito y está orientado a interesados de ambos sexos. Los horarios y días son los siguientes: jóvenes, sábados de 17 a 20, y adultos: miércoles de 20.30 a 22. 
Asimismo  comenzó la actividad para niños con la forma de taller de danzas y juegos vascos –los viernes de 17 a 19– a cargo de Dana Villanueva, también totalmente gratuito. 
En el mismo, los niños comparten actividades como dibujo, juegos, canciones y danzas, entrelazando vínculos de amistad y compañerismo, y no se requieren conocimientos previos ni pertenencia a la comunidad.
Otros talleres
“Con la apertura de la entidad –sostiene su presidente, Juan Carlos Borrás– pretendemos estar insertos en la cultura paranaense. A través de distintas expresiones la gente se acerca y de esa forma comienza a conocer la cultura vasca.”
En ese sentido se desarrollan talleres de danzas folclóricas argentinas, los jueves de 19.30 a 21, a cargo de Yanina Figueroa, ajedrez, los sábados, de 10 a 11.30, a cargo de Raúl Acosta y José Saluso, tango, los unes de 20 a 21.30, a cargo de Mario Cano, teatro, los artes de 9.30 a 12, a cargo de Augusto Carballal, yoga: los lunes de 15.30 a 16.30 y miércoles de 17 a 18, a cargo de Cintia Legarreta, técnica vocal, los lunes de 18 a 19.30, a cargo de Verónica  Mendieta, e introducción al euskera, los viernes, de 14 a 16, a cargo de Laura Alcain.
Los interesados pueden recabar informes al teléfono 4317676, al e-mail urrundik@gigared.com  o concurrir  directamente a la sede de la entidad los días y horarios indicados. 
En tanto, el domingo 15 se festejarán los aniversarios de Urrundik y del programa radial Presencia Vasca, con un almuerzo de camaradería a realizarse en el salón de fiestas del Hotel Círculo –Belgrano 157 de la ciudad de Paraná– para el cual las tarjetas se encuentran a la venta y pueden reservarse llamando al teléfono 4317676.
 

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