Corrupción
Martes 28 de Junio de 2016

La corrupción es la garantía de este sistema

Estamos acostumbrados a ver corrupción solo cuando alguien mete la mano en la lata. No es para menos, cuando un exfuncionario revolea bolsos llenos de dólares a un convento. El periodismo de investigación en los 90 y las denuncias contra el gobierno kirchnerista centraron los actos de corrupción política en el enriquecimiento de funcionarios y empresarios que manejaron el poder o en el dinero enviado al exterior. Hay otras acciones que están naturalizadas como decisiones de gestión o política económica de un gobierno. Por ejemplo, aquellas medidas que buscan beneficiar a un sector concentrado y poderoso de la economía en perjuicio de la mayoría.


Tal vez el caso insignia de la corrupción es la deuda externa. No hubo gobierno que no infringiera la Constitución en los endeudamientos, los pagos, los canjes y las innumerables tramoyas para someter al país a un sistema de atraso y dependencia. Las cifras que nos saquearon en las últimas décadas en forma ilegítima son inconmensurables al lado de los bolsos de López, las cuentas en Suiza de los Báez, los bienes no declarados de los Kirchner o el dinero de Macri en Bahamas y Panamá. También podemos mencionar las maniobras que Néstor y Cristina implementaron para beneficiar, por ejemplo, a los monopolios cerealeros exportadores, a determinadas petroleras o al ingreso de capitales chinos a sectores clave de la economía. O las medidas de Macri para eximir del pago de regalías a las empresas mineras, más aún de lo que lo hizo el gobierno anterior. Así como la devaluación que aniquiló nuestros salarios y favoreció a los grandes exportadores y a los bancos. Acá también hay lobby de empresarios con funcionarios; acá también hay acuerdos entre cuatro paredes y con intercambio de favores. No serán bolsos, no habrá licitaciones oscuras de obra pública, pero sí una entrega del patrimonio y las riquezas nacionales, la contracara del empobrecimiento del pueblo.


Esto también es corrupción, pero generalmente se discute como si fuera un tipo de política, una forma de pensar, un modo de gestión o una ideología, cuando en realidad es pura rapiña. En fin, el sistema se mueve así en cualquier lugar donde funcione el capitalismo. Sin corrupción no hay tal, y viceversa. En nuestro país, la corrupción es la forma de gestión de la dependencia, su garantía y perfeccionamiento.


Sin embargo, es como si aquello que no se ve o no se entiende, no tenga la fuerza suficiente para asombrarnos. Esa es la trampa. Como si tuviéramos que ver a los ejecutivos de los fondos buitre subir valijas desbordantes de nuestro dinero a un avión en Ezeiza, apresurados antes de que nos diéramos cuenta de la estafa. Como si necesitáramos el video subtitulado de la operación con la que Cristina habilitó a los chinos la instalación de una estación espacial/militar. De hecho, tuvo que existir un José López lanzando dólares para que algunos se desencajaran un poco del relato. Somos exigentes con las pruebas.


Eso que la ley sanciona como "traición a la Patria" no parece ser un delito para los jueces en Argentina, ni nos escandaliza como un acto de corrupción. El Código Penal, en el artículo 214 sanciona con prisión perpetua a quien "ejecutare un hecho dirigido a someter total o parcialmente la Nación al dominio extranjero o a menoscabar su independencia o integridad". Las cárceles quedarían chicas.

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