La Provincia
Lunes 31 de Agosto de 2015

La comunicación del agro está en debate después del paro rural

A la dirigencia no debe llamarle la atención la escasa respuesta de la sociedad a la coyuntura que atraviesan productores del campo. Una razón en especial es que no existe una estrategia de comunicación para decir lo que sucede en el sector

Miguel Ruberto/ Especial para UNO
miguelruberto@gmail.com


Luego del fracaso de la última medida de fuerza del sector productivo, no debería llamar la atención a la dirigencia de las entidades gremiales, la poca respuesta del resto de la sociedad. No existe una estrategia de comunicación.
La agricultura en general y varias economías regionales están en situación de quebranto. La caída de los precios internacionales de las principales materias primas, y un dólar “atrasado” para las exportaciones, está llevando a muchos productores a una situación que se hace insostenible. Esto lo saben productores, dirigentes del sector y también los funcionarios de gobierno, que en público no lo reconocerán como es obvio, y menos a dos meses de las elecciones generales.
El tema que debería preocupar a los dirigentes agropecuarios no es la falta de diálogo con el gobierno; es más alarmante la falta de conocimiento que la sociedad tiene sobre esta situación.
El acompañamiento que tuvo el reclamo del sector en 2008, por el aumento a las retenciones, se fue diluyendo. Por estos días, cuando la coyuntura económica es más complicada que hace siete años, los reclamos quedaron fuera de la agenda pública y a nadie pareciera interesarle.
¿Alguien tiene la culpa?
Es cierto que la salida de Federación Agraria (conducida por Omar Príncipe) de la Mesa de Enlace restó a las otras tres entidades la capacidad de movilización que tienen los federados; pero también es cierto que desde hace mucho tiempo en la mesa de enlace se pasa más tiempo en discusiones internas que diseñando una estrategia que le permita lograr un espacio más importante en la agenda pública.
La comunicación
En Argentina y el mundo, salvo los denominados medios “grandes”, en general se subestiman los temas vinculados con la producción y por lo tanto en su staff no es sencillo encontrar un periodista agropecuario. Con seguridad hay un cronista (o dos) de espectáculos, esta información es más “taquillera”.
Las empresas o entidades del sector agropecuario hacen lo mismo. En Entre Ríos son contadas las que incorporan a un comunicador especializado, para que se ocupe de algo tan básico como es informar. Si existiera una estadística de inversión en este rubro, demostraría la escasa o nula importancia que se le da al tema.
En su gran mayoría los periodistas agropecuarios desarrollan su actividad en forma independiente y deben destinar más tiempo a conseguir publicidad para sostener sus espacios que a la labor profesional. Aquí también es bueno decir que la inversión privada y estatal es muy limitada y el esfuerzo para sostener un producto comunicacional es enorme y desgastante.
Ahora bien, hacer que los temas del agro sean más accesibles y atractivos al público general no es solo responsabilidad de los periodistas. Los referentes de cada eslabón de las cadenas agroalimentarias y los dirigentes de sus entidades gremiales, deberían ser sus principales voceros, para eso hay que entender la comunicación y luego planificar una estrategia a desarrollar. “El campo”, tiene el gran desafío de contar sus “historias”, para que el resto de la sociedad comprenda al sector cuando hace sus reclamos. Me permito compartir una interesante nota publicada en un medio español (Ver extracto en esta misma página) y que tiene que ver con la biotecnología y cómo se desarrolló una estrategia de comunicación para que la sociedad comprenda el aporte de la biotecnología en la producción de alimentos. La comunicación fue la clave.

(*)Periodista Agropecuario, conductor del programa Campo en Acción de las radios LT 15 y LT 14 y presidente de la Asociación Entrerriana de Periodistas Agropecuarios (AEPA).

Biotecnología y referéndums
Hace pocos años dirigí una tesis doctoral que analizaba la actitud del consumidor frente a los nuevos alimentos, entre ellos los modificados genéticamente. Los resultados mostraron cómo el desconocimiento acerca de la biotecnología, los alimentos transgénicos o la ingeniería genética es, al menos, preocupante. Porcentajes elevadísimos de la población afirmaron que jamás consumirían un producto lácteo en cuya elaboración haya sido empleado un microorganismo ni comerían un tomate que llevase genes. A pesar de estas sorprendentes respuestas (decenas de derivados lácteos se elaboran usando microorganismos y todos los tomates llevan genes), la mayoría de la población encuestada no tenía reparos al afirmar rotundamente que estaba absolutamente en contra de la biotecnología y de los alimentos transgénicos.
El rechazo de la población a los productos transgénicos va asociado a un desconocimiento de los conceptos más básicos de biotecnología y las consecuencias son devastadoras para el sector biotecnológico. La falta de cultura científica, unida a la presión ejercida por determinados colectivos, ha provocado que, a diferencia de otros continentes donde la ingeniería genética está a la orden del día, muchas empresas biotecnológicas hayan tenido que abandonar la UE por motivos que poco tienen que ver con el debate científico.
¿Quiénes son los responsables de esta caótica situación? ¿Es el consumidor culpable de su falta de conocimientos? ¿Hay solución posible? Para dar respuesta a estas preguntas voy a contarles una historia que ocurrió hace 17 años en Suiza y de la que, según los resultados mostrados en la tesis anteriormente citada y las posturas actuales de determinados partidos políticos, hemos aprendido muy poco.
En 1998, una iniciativa popular llamada ‘Iniciativa para la Protección Genética (IPG)’, formada principalmente por grupos ecologistas, algunas ONG y el Partido Verde, logró que el gobierno suizo convocara un insólito referéndum en el que el pueblo debía decidir, ni más ni menos, si frenaban los avances de la ingeniería genética.
Basándose en los posibles riesgos de la biotecnología, IPG logró que fuese el pueblo suizo quien decidiera en referéndum sobre tres importantísimos aspectos: la prohibición de todos los animales transgénicos, la prohibición de todos los trabajos de campo con plantas transgénicas y la prohibición de la concesión de patentes asociadas a la modificación genética de animales y vegetales. Los primeros sondeos fueron demoledores para el futuro de la biotecnología. Una amplia mayoría de la población suiza estaba en contra de la ingeniería genética. Además de los enormes intereses económicos en juego, se calcula que entre 4.500 y 5.000 científicos, y en total unos 40.000 empleos estaban en la cuerda floja. A la biotecnología le quedaban pocos meses de vida. La situación era de alto riesgo y solamente un giro de 180 grados podía provocar un cambio en el panorama... y este llegó de la única forma posible.
Investigadores, profesores, académicos y otros profesionales que empleaban la ingeniería genética como herramienta decidieron dejar la ‘torre de marfil’ en la que trabajaban diariamente, totalmente alejada de la sociedad, y participaron de forma activa en el debate. ¿Cómo? Echando mano de la divulgación científica. Los biotecnólogos salieron a la calle para establecer puentes de entendimiento entre sus conocimientos especializados y una población que difícilmente puede seguir el acelerado ritmo de los descubrimientos científicos si no se les explica claramente. Impartieron charlas a la gente explicando los beneficios de sus investigaciones, participaron en debates en los medios de comunicación, organizaron jornadas destinadas al gran público citando las ventajas e inconvenientes de los transgénicos... incluso convocaron una conferencia de prensa en la que todos los suizos galardonados con un Premio Nobel apoyaron la biotecnología.
Durante las semanas previas al referéndum, los biotecnólogos le contaron al pueblo suizo algo que hoy en día es necesario volver a repetir. A lo largo de la historia las modificaciones genéticas siempre han estado presentes gracias a los procedimientos clásicos de mejora genética animal o vegetal que han dado lugar a especies con mejor aspecto, sabor o aroma. La ingeniería genética solamente es una herramienta que provoca modificaciones genéticas mucho más precisas seleccionando cuidadosamente los genes que deben ser modificados.
Extracto de nota publicada en el diario La Verdad de Murcia, España, por José Manuel López Nicolás; profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Murcia.




Controles sanitarios




Hay que recordar que los alimentos transgénicos no han provocado ningún problema de salud. De hecho, los controles sanitarios que se les exigen son infinitamente superiores a los que pasan los alimentos convencionales y ningún transgénico sale al mercado sin los pertinentes informes de las autoridades oficiales. Tampoco, a diferencia de lo que muchos creen, han aparecido problemas medioambientales como consecuencia del uso de la ingeniería genética mayores a los surgidos con la agricultura tradicional. Además, no solamente la alimentación es susceptible a este tipo de tecnología. La insulina que se administran los diabéticos procede de la ingeniería genética. El algodón que se emplea en la mayoría de la ropa o en los billetes de euro es transgénico. En la industria de los productos de limpieza muchísimos detergentes utilizan en su composición enzimas procedentes de modificaciones genéticas... y podríamos seguir enumerando decenas de productos de uso diario donde los transgénicos están presentes.

Pues bien, durante varias semanas los biotecnólogos suizos les contaron todas estas cosas a sus compatriotas empleando la divulgación científica como arma. Por fin, el 7 de junio de 1998 Suiza decidió en referéndum el futuro de la biotecnología. Los sondeos previos dieron un vuelco espectacular en las urnas. La iniciativa popular contra las manipulaciones genéticas solo fue apoyada por el 33,4 % de los votantes, mientras el 66,6% decidió dejar abierta la puerta a los organismos modificados genéticamente. A pesar de que no creo que los referéndums populares sean la mejor opción para decidir sobre el progreso de la ciencia, sino todo lo contrario, los resultados permitieron respirar a los científicos helvéticos y gracias a ellos Suiza es actualmente uno de los países europeos punteros en biotecnología.

En definitiva, la sociedad es capaz de entender los más complicados aspectos científicos si se le explica con un lenguaje asequible.

 

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