A Fondo
Lunes 13 de Abril de 2015

La bella tradición comunitaria y la colonialidad (Parte II)

Descubriendo Entre Ríos. De la chacra a la confederación. Vamos aquí por principios que funcionan de antídotos contra la colonialidad y aceitan el camino a la confederación comunitaria del Abya yala, con el mate por símbolo

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar

 

Hoy hablaremos de la colonialidad y su contrapartida: la unidad, el vivir bien (en la naturaleza, con equilibrio), y la organización confederal con participación ciudadana desde el pie, desde la chacra.


Para ello veremos la importancia de salirnos del hacinamiento de las urbes, volver a principios antiguos de este continente, el Abya yala (América), y reemplazar el régimen unitario y cerrado, europeísta, por la libertad de la confederación sin fronteras.


Estas reflexiones responden a nuestra conciencia sobre los efectos catastróficos de la invasión al continente para el saqueo que continúa en diversas manifestaciones actuales.


Colonialidad, llaman los estudiosos a un patrón de dominación, que involucra un conjunto de estructuras sociales, económicas, educativas, mentales, que preservan y naturalizan las líneas invasivas del colonialismo europeo y, por extensión, cualquier colonialismo.


La colonialidad, el racismo, continúan y pueden acentuarse aún cuando el colonialismo haya sido vencido. Pudimos derrotar al europeo en el gobierno, derrotar la dependencia soberana de otro estado, colocar gobernantes criollos, y eso no equivale a derrotar las secuelas del colonialismo en las relaciones sociales, en la educación, la economía, el trabajo, las vías del conocimiento, el prestigio.


Una corriente de sociólogos vincula la modernidad con la colonialidad, y ayuda a comprender la situación actual de nuestras comunidades. Sostiene que la modernidad no es sólo sinónimo de ciencia, tecnología, o apertura al conocimiento y democracia, sino sinónimo de invasión y genocidio y esclavización en el Abya yala.


 
Tomar conciencia


La colonialidad y sus productos y subproductos: ahí está nuestra inquietud. Aquí veremos por qué urge la de-colonialidad, desde la raíz misma, es decir, desde nuestra conciencia.


No hay manera de recuperar la unidad frente a la balcanización (ese divisionismo que nos miente y debilita); no hay manera de facilitar las condiciones para el vivir bien (sumak kawsay), si no tomamos nota de la perversidad de las estructuras de la colonialidad patriarcal uniformadora y a su vez atomizadora (nos divide para colocarnos el uniforme que conviene al imperio de turno), sea en el estado, las organizaciones, la escuela, la salud, las comunicaciones, las tecnologías, las iglesias, las corporaciones, como en nuestras familias y en nosotros mismos.


Nosotros, caídos en los tan modernos vicios del europeísmo, el individualismo, el divisionismo, el apuro, la competitividad, el consumismo, los títulos de propiedad, la adoración de la ciencia y el rebajamiento de diversos estados del conocimiento; el maltrato a la naturaleza y la subestimación de la armonía que de ella emana, la naturalización de los destierros y amontonamientos, y el apego a un régimen sostenido en la propaganda.


Nosotros, que heredamos el poder concentrado de la oligarquía y que padecemos la continuidad de ese poder en los medios masivos, el régimen tributario, la disposición de riquezas, las obras, la producción con modificaciones genéticas propias de un estado monstruoso. Y en la tendencia muy argentina a sobrevalorar lo que llega de la zona portuaria, con la fama que dan sus privilegios, en relación directamente proporcional al menosprecio por nuestros principios y talentos, en la línea de la dicotomía civilización versus barbarie que nos inocularon a sangre y fuego y que aún reina, con los padres del aula.


Aquí proponemos mirar los fundamentos de un mundo ocultado por el régimen, y mostrar que ese mundo está en nosotros pero menospreciado, marginado, disminuido, desacreditado. La colonialidad se manifiesta de distintas maneras en el mundo. En la Argentina, la colonialidad tiene en el unitarismo un cordón central, y una vía rápida (hay que decirlo) para conocer su dimensión. La oligarquía porteña (con sus tentáculos y socios de la burguesía) es una puerta a la colonia, y también una puerta para que nosotros espiemos un resumen de los modos de la dependencia.

 

Como las termitas


Sumamos aquí una mirada sobre relaciones que pueden colaborar en el redescubrimiento de nuestra condición. Relaciones para bien o para mal, pero que muestran no hechos aislados sino procesos, o impactos por acumulación. Por ejemplo, la sinergia (cada cosa cobrando nuevas energías y sentidos en relación con otras); la resiliencia (elasticidad para incorporar variantes, no como algunos pretenden en el sentido de soportarlo todo); o la estigmergia (capacidad conocida en el mundo de las termitas, para detectar y aprovechar lo hecho en positivo, y de paso, para detectar dónde debemos retroceder).


Como antecedentes que repulsan al capitalismo y la modernidad, apuntamos la vida y el trabajo comunitarios, con raíz en pueblos antiguos y (en alguna medida) en experiencias modernas cooperativistas. Comunitarismo que nos simplifica la comprensión de la unidad (antiquísima) del litoral del Paraná – Uruguay en el Abya yala, es decir, en el continente de la sangre.


Imaginamos las chacras herederas del ayllu con una bella forma (hexágono) que entendemos expresa el contenido aunque no de manera excluyente, para cultivar el conocimiento, la vecindad, el diálogo, la participación, al tiempo que preservamos la biodiversidad, la armonía de la especie en la naturaleza, la diversidad productiva y la soberanía alimentaria, además de curarnos del hacinamiento y ofrecer un lugar y oportunidades de trabajo digno a todos.


Hay reformas necesarias a los fines de romper las rejas europeas, entre ellas la imprescindible recuperación de la soberanía en las regiones, lo que exige una conciencia acerca del predominio del capital financiero (con cabecera en el puerto) en la modernidad como sostén del estado de servidumbre. El régimen unitario es socio del capital financiero imperialista, que nos precisa divididos. Jamás recuperaremos la unidad del Abya yala en confederación si se conserva la uniformidad impuesta por la metrópolis colonial.


Recuperación de la soberanía para ser coherentes con esa unidad primigenia, y con la instauración de un federalismo desde el pie y ascendente (la soberanía particular que decía José Artigas), con las chacras mixtas como células y con aquella unidad superior como fuente.

 

Arraigo y emancipación


Debemos estudiar los alcances de estos cambios de mirada, para afrontar los atropellos de la oligarquía neocolonialista balcanizadora extractivista (y la alta burguesía que le sirve), y resistir la arremetida capitalista que en las últimas décadas se expresa en forma descarnada en la presencia abusiva del capital financiero y las multinacionales en todos los ámbitos de la economía regional (veamos Monsanto, Chevrón, Walmart, Barrick, etc), sin contar los brazos directos de distintos imperialismos.


Otro capítulo: la confederación comunitaria del mate en la que ya vivimos sin apreciarla, tal vez porque se expresa mejor en las rendijas, en las grietas.


Reconocemos en tradiciones como la gauchada, el ayllu y el mate unas líneas imperecederas de unidad y comunidad para nuestra reincorporación en la naturaleza y en el Abya yala, y tomamos conciencia de que este modelo de convivencia en libertad ofrece ámbitos de relación y conocimiento para que todos desplieguen sus aptitudes y gustos sin estropear la biodiversidad. Por eso la cosa es de vida o muerte: ni biocidio ni paisajicidio ni destierro: arraigo, armonía y emancipación. (Continuará).


(*) Adecuación de un ensayo presentado a una convocatoria de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres.

 

El mundo zurdeño por la resistencia


La libertad, la comunidad, la armonía del hombre en la  naturaleza que se expresan en las chacras es lo que en otras ocasiones hemos llamado “mundo zurdeño”, por el símbolo que constituye la vida austera, musical, en la naturaleza, consciente de los atropellos del imperialismo, auténtica, que llevó adelante y transmitió, siempre con un amargo de por medio, el argentino Miguel Ángel Martínez, el Zurdo.


No sabemos cuántos o quiénes pueden interesarse en estas reflexiones. Sí sabemos que un cambio de paradigmas generará expectativas y abrirá caminos a miles y millones, abrirá las puertas de un mundo que fue clausurado por el capitalismo pero que no murió.

 

¿Cuánta violencia estéril nos ahorraremos hacia futuro, si nos sentamos en una rueda de mate y evitamos los hacinamientos?


En quinientos años de engaños hubo resistencia. Veremos si estamos a la altura de esa necesaria rebelión.

 

Federalismo y chacras sobre propiedades y fronteras

 

Voces antiguas de este suelo definen la vida en armonía, la generosidad recíproca y otras tradiciones.


En estas reflexiones confluyen el amor por el Abya yala y por la unidad de los pueblos, la fidelidad a la naturaleza, la resistencia al extractivismo que hoy es ley, y una determinación a no ocupar todo el territorio porque sencillamente no tenemos derecho a la invasión.


También la admiración por la vida comunitaria que se ha recreado por milenios; el estado de alerta por el agotamiento de las fuentes de energía que sostienen el sistema (petróleo dependencia) y que el sistema busca reemplazar con búsquedas desesperadas de altísimo riesgo como la fractura hidráulica, los represamientos, la fisión nuclear.


Lo mismo, la conciencia de que una porción mínima de la humanidad ha dictado o hecho dictar leyes que le permiten adueñarse del planeta, o sostiene esa aberración con el poder de las armas, lo que obliga al resto a trazar estrategias de supervivencia y revertir este estado de cosas, empezando por el conocimiento.


Y confluyen los desvelos por la alimentación sana, sencilla y accesible, y por la naturalidad de los alimentos; la conciencia de que el imperialismo y sus expresiones internas nos tienen fuera del futuro porque han trazado lugares de sacrificio; la conciencia de que la concentración de las riquezas y en especial del uso del espacio traen aparejada la desocupación o el empleo precario y distanciado de la naturaleza, y que esa ley antinatural se puede revertir en regiones como la nuestra que se caracterizan por desterrar a sus hijos.


Además, la seguridad de que a los problemas del sistema capitalista se añaden aquí los del centralismo, de una metrópolis parasitada por la oligarquía, lo que se presenta como un obstáculo de magnitud para la emancipación y la unidad; la lectura de pensamientos de distintos continentes y experiencias que advierten el desequilibrio del sistema actual y sus límites; la tradición del vivir bien (sumak kawsay) propia de este suelo; el apego al sistema federal que costó sangre a nuestros hermanos, y que debe ser revisado y cultivado, asociando el federalismo a las chacras mixtas, y siempre en conciencia de que el capital financiero es un obstáculo y que nuestra meta es devolvernos un estado de cosas en armonía y con lugar para todos, donde vivir y conocernos.


Consideramos además la existencia de raíces vivas de organizaciones que sintetizaron momentos clave de historias de este suelo como la Liga de los Pueblos Libres; nuestra identidad expresada en la rueda de mate como tradición y símbolo de arraigo por sobre fronteras y épocas, y de comunión con la naturaleza; la misma identidad expresada en modos, voces, oficios, ritmos, instrumentos, historias, luchas, que muestran a la comunidad integral, abierta al mundo; y el espíritu de rebeldía que heredamos de pueblos antiguos de esta región y que izamos hoy con nuestra banda roja y nuestra wiphala.

 

Tekohá y jopói


Nos acercamos así al nudo de nuestro análisis y nuestra propuesta, que no es muy original porque traduce líneas antiguas de unidad y comunitarismo.


Decimos confederación comunitaria en Abya yala (América). Confederación habla de unidad más allá de estilos, idiomas, vestimentas; y recupera la unidad que está por debajo de cualquier diferencia, cualquier límite caprichoso impuesto por el invasor o el imperio de turno para dominarnos.


Comunitaria, por la relación entre pares y con el suelo, el tipo de relación de trabajo y de vida más extendido en los milenios en este continente (hoy desplazado por el capitalismo). Aquí nos interesa muy puntualmente la cosmovisión del tekohá (un término guaraní para definir el lugar donde se despliega el vivir bien en comunidad, en una relación estrecha de la especie humana con el monte, en el monte), y el jopói, que expresa en ese idioma la actitud de dar mutuamente, de las manos abiertas sin esperar nada a cambio, de la complementariedad como principio (principio familiarizado con la dualidad cósmica, chachawarmi en aymara), lo que nos lleva a hacer las cosas como se deben hacer, sin especulaciones, sin temores, sin recompensas (ni siquiera con la esperanza de la salvación o del cielo).

 

 

El mate, arriba


Nos interesan las experiencias de vida solidaria en los más diversos ámbitos, la gauchada por caso, como eje de nuestras raíces sin contrato.


Y decimos confederación comunitaria del mate, no como un invento sino como la observación de lo que ya es, en el fondo, y permanece ocultado y atacado por los cuatro flancos, desde un sistema que tiene los días contados porque en su propia esencia lleva la semilla de la autodestrucción: el capitalismo.


Confederación comunitaria del mate y no como nombre (que puede ser) sino como esencia. Ningún nombre, por atinado que sea, acabará de explicar la complejidad, sencillez y hondura de esta verdad.


Ahora, ¿por qué el mate? Porque estamos ante un símbolo en el centro de nuestros saberes milenarios, por encima de límites espaciales, temporales, psíquicos, sociales, humanos.

 

 

Datos
Tekohá: lugar donde se despliega el vivir bien en comunidad, en la  naturaleza.
Jopói: actitud de las manos abiertas mutuamente.
Chachawarmi: dualidad complementaria.

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