Policiales
Viernes 14 de Agosto de 2015

La autopsia reveló que Priscila luchó por su vida y no fue abusada

En el juicio a Bressan, el médico forense Walter Aguirre dio detalles de la pericia practicada a la víctima

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


Durante casi tres horas, el médico forense Walter Aguirre declaró en el juicio a Facundo Bressan y explicó con detalles y paciencia la información que obtuvo de la autopsia practicada al cuerpo de Priscila Hartman, luego de ser hallado aquella noche del 26 de octubre de 2014 en un campo de San Benito. Las lesiones que tenía el cadáver denotaron la resistencia que opuso la joven de 22 años al ser atacada: luchó por su vida como una leona, pero el asesino la agredió hasta lograr su muerte por asfixia, con un guante colocado adentro de la boca. Además, actuó con una clara decisión de hacer sufrir a la víctima.

“Es un crimen muy particular, no fue como la media de nuestros crímenes que son casi casuales”, dijo Aguirre, quien explicó todo su trabajo desde la intervención en el lugar donde hallaron el cuerpo de Priscila, mientras exhibía las fotografías. Recordó que el cadáver estaba cubierto con hojas, y se observaba apenas el jean que tenía puesto. Al descubrirlo, constataron que el rostro estaba cubierto por la remera rebatida que tenía puesta la víctima. Luego lo trasladaron a la morgue, donde se lo examinó más exhaustivamente. Mientras pasaban las fotos por el televisor del salón de audiencias, Bressan ya no levantaba la vista.

Por la presencia de moscas, sus huevos y las larvas, se afirmó que la data de la muerte había sido cerca de la madrugada del viernes 24 de octubre, noche en que Bressan y Priscila se encontraron en San Benito.

El pantalón estaba prendido, pero no completamente colocado, faltaba pasar del todo el pie derecho, lo que según el médico “sugiere que vistieron el cadáver”. El cráneo no tenía heridas de bala ni fracturas por golpes con algún elemento.

Las lesiones que presentaba evidenciaron la resistencia de Priscila al ataque de su victimario. La radiografía del tórax mostró una desviación de la columna vertebral, lo que evidencia “movimientos de gran intensidad realizados por la víctima previo a su fallecimiento”, explicó el forense, y agregó: “Esto no se ve en las muertes tranquilas”.

El color del rostro (completamente negro) es “típico de las muerte asfícticas, que demuestran una lucha para vivir, porque la inundación sanguínea que se produce en esa zona es lo que da la coloración de la piel”, dijo Aguirre

A su vez, tenía golpes en los pies, golpes y fricción (con desgarramiento de piel) en la mano, “lo que indicaba tal vez un intento defensivo o de frenar algo, aseguró el médico, al igual que otra lesión similar en el codo.

Por otro lado, el forense explicó que la víctima tenía un golpe en el tabique nasal que le produjo un sangrado; un corte de la tráquea que se corresponde con una lesión corto punzante en el cuello, lo que definió como “una estocada” con un elemento corto punzante; evidencias de que se ejerció una compresión en el cuello con las manos; y luego al revisar la cavidad bucal observaron la presencia de un guante (del tipo utilizado para trabajos de fuerza), el cual obstruía completamente el pasaje de aire. Por esto, Aguirre concluyó: “Esta fue la causa de la muerte”.

Respecto del examen ginecológico, el médico dijo: “Es difícil encontrar lesiones desgarrantes en esta zona, salvo que exista un sadismo marcado en la agresión sexual, pero tampoco se encontraron lesiones en los muslos”. Solo se observó un “desgarro dudoso”.

Otros datos evidenciaron que el cuerpo estuvo un tiempo a la intemperie y luego fue cubierto e incluso la cabeza movida de su posición inicial. El asesino que lo arrojó en el campo, regresó entre 12 y 18 horas después para tapar el rostro con la remera y tapar el cuerpo con la vegetación.

“Me hacía pensar en un psicópata”

Aguirre se explayó en otras interpretaciones y conclusiones de su trabajo pericial: “De acuerdo a las lesiones en la víctima es posible  establecer una probable personalidad de quien cometió el hecho. Todo acto humano tiene una interrelación de afectividad, inteligencia y voluntad. Se observó un ensañamiento profesionalmente innecesario para terminar con la vida de la joven. Quedó claro que el victimario tenía claro el objetivo: causarle la muerte. Pero además demostró precisión, serenidad, orden y sistematización para hacerlo. El homicida actuó con el deseo además de provocarle un sufrimiento a la víctima. El sello lesional de Priscila me hacía pensar en un psicópata”.

Además, en el sentido de esta idea, agregó: “El psicópata suele regresar al lugar, pero acá regresó siendo otra persona, no sé qué pasó, se compadeció de ese cadáver lleno de moscas y lo cubrió”.

Marcas y “submarino seco”

El forense fue interrogado brevemente primero por los fiscales Álvaro Piérola y Juan Malvasio, y por el querellante Marcos Rodríguez Allende, sobre los puntos que acreditan su hipótesis acusatoria. Luego fue el turno de los defensores Miguel Ángel Cullen y Guillermo Vartorelli, quienes obtuvieron algunas respuestas que servirán para fundamentar la inocencia de Bressan. Por un lado, fue consultado sobre su impresión en las entrevistas que tuvo con el acusado, y al respecto afirmó: “En las dos oportunidades que lo vi no me mostró signos de psicopatía”, lo cual no se corresponde con las posibles características del asesino que mencionó anteriormente. 

Luego se refirió a la revisión médica realizada a Bressan tras su detención. Sobre las marcas que presentaba en el lado derecho del cuello, aseguró que fueron producidas por una fricción con un elemento liso y fino, en horas posteriores a la muerte de Priscila, lo que descartaría que hayan sido efectuadas en un intento defensivo de la joven. Además, el médico aseguró que el acusado no tenía heridas ni marcas que se correspondieran con las lesiones defensivas de la víctima.

En la primera audiencia de formulación de cargos y prisión preventiva a la que fue llevado Bressan, llamó la atención la irritación que tenía en los ojos. Al respecto se había mencionado en aquel momento que era consecuencia de una reacción alérgica a la lavandina, con la cual había limpiado el piso de la Alcaidía donde estaba alojado. Pero consultado por los defensores, Aguirre dijo que tal irritación era compatible con la colocación de una bolsa plástica en la cabeza para producir una asfixia, lo que se conoce como “submarino seco”. Esto será valorado seguramente para argumentar los presuntos apremios ilegales denunciados por Bressan en su detención.

Con más testigos y con un final abierto, el extenso juicio continúa hoy.

El diálogo de la polémica y el arito sospechoso

Otro testigo importante de la jornada de ayer fue el delegado judicial que participó del allanamiento del galpón propiedad de la familia Bressan, Santiago Alfieri, quien dio detalles del procedimiento y la ampliación del mismo al predio lindero, un descampado donde encontraron la campera, las botas, los lentes y las llaves de Priscila.

Luego fue el turno del subjefe de la División Homicidios de la Policía, Carlos Schmunk, quien refirió su intervención en la investigación cuando la joven todavía estaba desaparecida, su entrevista con Bressan en calidad de testigo y las medidas posteriores al hallazgo del cuerpo.

La controversia mayor existió respecto de un diálogo entre Schmunk y Bressan, cuando el imputado ya estaba detenido en la Alcaidía de Tribunales. El comisario aseguró que había concurrido al subsuelo de Tribunales por otro caso que estaba investigando, se cruzó a Bressan y ambos se saludaron. Sin embargo, las preguntas de los defensores apuntaron a lo que sostiene Bressan, que fue interrogado en su celda por Schmunk.

También declaró sobre el hallazgo de un arito de Priscila debajo de un colchón en el mencionado galpón. Esta prueba fundamental apareció allí  cuando el mismo lugar ya había sido allanado por personal policial, lo que despertó sospechas en la defensa.
 

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