A Fondo
Miércoles 19 de Agosto de 2015

La ausencia de docentes en el fútbol infantil

Edgardo Comar / De la Redacción de UNO
ecomar@uno.com.ar


Hoy, hablar de asombro sería mentir. A decir verdad ya no me sorprende nada a esta altura. Sí tomo mis precauciones como padre de un hijo en edad escolar, que eligió la práctica del fútbol como esparcimiento en sus ratos libres. Más allá de que sigo de cerca sus pasos, acompañándolo a las prácticas y también cuando tiene algún partidito, sé que puedo estar tranquilo el día que no pueda acompañarlo. Tengo el pleno convencimiento de que estará bajo muy buena custodia; bien cuidado. Poco me interesa si corrige su disparo de izquierda, derecha, si perfecciona su cabezazo o en su circunstancial condición de arquero volea bien o corta los centros con precisión. En el núcleo del que es parte hay docentes que le enseñan valores más útiles que un gol. Los mismos se emparentan con el respeto, los buenos modales. 

Soy un convencido de que en el fútbol infantil se necesitan maestros -no hago referencia al del colegio- por encima de técnicos. Hoy, con mucho desagrado, en mi condición de periodista, leo también comentarios en las redes sociales destacando el éxito o el fracaso de un resultado. “Ganamos y vamos por más”. “Qué pena, perdimos por penales”. “Estamos en semifinales y vamos por el campeonato”. “Dale campeón...dale campeón”, son algunas de las frases reiteradas en un  micrófono abierto y cuanto medio otorgue libertad de expresión a los que dicen o creen ser responsables de un equipo compuesto por niños cuyas edades no superan los siete, ocho, nueve, diez años. Lo peor, muchos se consideran descubridores o formadores de talentos. ¡Por favor! 

Detrás de esa carcasa de DT, hay un tipo discriminador que en el afán de obtener un triunfo poco le importa el precio a pagar. No le interesa nada dejar sin participar a algunos chicos dentro de una cancha... “porque los que están adentro juegan mejor”. Aquellos que agrupan a lo más potenciados en el Equipo A y a otros que no lo son tanto en el Equipo B no se dan cuenta del daño moral que le hacen a los pequeños. Diplomados los que marcan: “Los titulares por acá y el resto por allá”. Son los mismos grandes sabedores futboleros que le indican a sus dirigidos que cuando van ganando por poco margen “tienen que hacer tiempo, para defender el resultado”. Pobres aquellos faltos de cultura y educación que le hacen ver a los purretes que los que están con otra camiseta son rivales, cuando seguramente muchos de ellos comparten horas jugando en la plaza del barrio o en el patio de un mismo establecimiento educativo.

No pido que le enseñen a perder a los chicos, solamente reclamo que le inculquen la importancia de divertirse corriendo detrás de una pelota. Hoy tengo la sensación de que son los mayores los que no comprenden que el fútbol o cualquier deporte infantil se trata de un juego en el que ganar o perder es una simple circunstancia que no debe dejar espacio para el fervor exagerado y menos aún para el drama.

Señores padres a la hora de seleccionar un club, entidad o escuelita para sus hijos, no miren los resultados que vienen logrando. Interiorísense bajo la responsabilidad o irresponsabilidad de quiénes estarán sus chicos. Privilegien docentes y no técnicos.


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